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Desarrollo del Espíritu a través de Reencarnacione




La ley de la evolución

Yo os digo que es menester que la humanidad sepa que su espíritu ha venido
muchas veces a la Tierra y que aún no ha sabido levantarse en el camino de mi Ley
para alcanzar la mimbre de la montaña.
¿Por qué si la humanidad ha visto el desarrollo de la ciencia y el descubrimiento de
lo que antes no hubiese creído, se resiste a la evolución natural del espíritu? ¿Por qué
se obstina en lo que lo estaciona y aletarga? Porque no ha querido asomarse a la vida
eterna.
Comprended que aunque aparentemente la Creación ha sido terminada, sin
embargo todo evoluciona, todo se transforma y se perfecciona. ¿Podría vuestro
espíritu escapar a esa Ley divina? No mis hijos. Nadie podrá decir la última palabra
sobre lo espiritual, sobre la ciencia ni sobre la vida, porque son obras mías que no
tienen fin.
Cuántos hombres, por el saber que han alcanzado, creen poseer la grandeza
espiritual y no son para Mí mas que unos niños estacionados en su camino de
evolución; porque deben de considerar que no es tan sólo el desarrollo de su mente
por la que pueden lograr la elevación de su espíritu, sino que debe ser por el
desarrollo del conjunto de su ser y hay muchos dones en el hombre que es necesario
desarrollar, para lograr alcanzar la plenitud.
Por eso es que instituí, como una de mis leyes de amor y de justicia, la
reencarnación del espíritu, para concederle un camino más extenso, que le brinde
todas las oportunidades necesarias para lograr su perfeccionamiento.
Cada existencia es una breve lección, porque de otra manera sería muy corta la
oportunidad de un hombre para abarcar en ella el cumplimiento de toda mi Ley; pero
es necesario que conozcáis el sentido de esta vida, para que toméis de ella su esencia
y alcancéis su armonía, que es la base de la perfección humana, para que podáis pasar
a un plano superior, hasta llegar a la vida espiritual, donde tengo guardadas para
vosotros tantas lecciones que debo enseñaros y tantas revelaciones que aún debo
haceros.
¿Por qué mientras todo crece, se transforma, se perfecciona y desarrolla sin cesar,
sólo vuestro espíritu ha de tener que permanecer estancado a través de los siglos?
Ya que mucho habéis descubierto y aprendido por medio de la ciencia, no ignoráis
la evolución incesante que existe en todos los seres de la creación; pues Yo quiero que
comprendáis que no debéis dejar abandonado a vuestro espíritu en ese retraso y en ese
estancamiento en que le habéis hundido tanto tiempo ha, y que debéis luchar por
lograr la armonía con todo cuanto os rodea, a fin de que llegue para los hombres un
día en que la Naturaleza en vez de ocultar sus secretos, los revele y en vez de que los
elementos os sean hostiles, lleguen a ser siervos, colaboradores, hermanos.

La "resurrección de la carne" bien entendida

Ahora el mundo sabrá la verdad sobre la resurrección de la carne, que es la
reencarnación del espíritu.
Reencarnar: volver al mundo material para nacer de nuevo en cuanto hombre;
surgir el espíritu en un cuerpo humano para continuar una misión. Ésa es la verdad
sobre la resurrección de la carne, de que os han hablado vuestros mayores dándoles
tan torcidas como absurdas interpretaciones.
La reencarnación es un don que Dios ha concedido a vuestro espíritu para que no
se limite nunca a la pequeñez de la materia, a su efímera existencia en la Tierra, a sus
naturales debilidades; sino que, procediendo el espíritu de una naturaleza superior,
pueda tomar cuantas materias le sean necesarias para el desempeño de sus grandes
misiones en el mundo.
Por este don, el espíritu demuestra su inmensa superioridad sobre la carne, sobre
la muerte y sobre todo lo terrestre, venciendo a la muerte, sobreviviendo a un cuerpo a
otro y a todos cuantos le sean confiados; vencedor del tiempo, de los escollos y de las
tentaciones.
¿Cómo habéis podido creer que en el día del juicio resuciten los cuerpos de los
muertos y se unan a sus espíritus para penetrar en el Reino de Dios? ¿Cómo podéis
interpretar así lo que en otros tiempos se os enseñó?
La carne es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre y
vuelve a la vida de donde brotó. "Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es
nacido de mi Espíritu, espíritu es". La resurrección de la carne es la reencarnación del
espíritu y si unos creen que ésa es una teoría humana y otros creéis que es una nueva
revelación, de cierto os digo que esta revelación comencé a darla a conocer al mundo
desde el principio de la humanidad; prueba de ello podéis encontrarla, en el texto de
las Escrituras que son un testimonio de mis obras.
Mas en este tiempo ha llegado esta revelación a vuestros espíritus en un grado
mayor de evolución y en breve será tenida en justicia como una de las leyes más
justas y amorosas del Creador. Desechad la creencia que teníais acerca del "Día del
juicio", que no es un día de los vuestros, porque es un tiempo, y el fin del mundo no
es el del planeta en que vivís, sino el de la vida egoísta que sobre él habéis creado.
El misterio de la "resurrección de la carne", lo ha esclarecido la revelación de la
reencarnación del espíritu. Hoy sabéis que la finalidad de esta ley de amor y de
justicia, es la de que el espíritu se perfeccione, de que no se pierda jamás, porque
siempre encontrará una puerta abierta como oportunidad que le da el Padre para su
salvación.
Mi juicio en cada espíritu, por medio de esta ley, es perfecto e inexorable.
Sólo Yo sé juzgaros, porque cada destino es incomprensible para los hombres. Así,
nadie es descubierto ni delatado ante los demás.
Y después de perderse en los pecados, de tantas luchas y vicisitudes v de tanto
caminar, llegarán los espíritus ante Mí llenos de sabiduría por la experiencia,
purificados por el dolor, elevados por los méritos, fatigados por su largo peregrinaje,
pero sencillos y gozosos como niños.

El desarrollo de los espíritus

Tiempo ha que vuestro espíritu ha brotado de Mí, sin embargo, no todos han
progresado en forma igual en el camino espiritual.
Todos los destinos son diferentes aunque os llevan al mismo fin. A unos les están
reservadas unas pruebas; a otros, otras. Una criatura recorre un camino, otra sigue
distinta jornada. Ni todos habéis surgido a la existencia en el mismo instante, ni todos
retornaréis en el mismo instante.
Unos caminan delante, otros detrás, pero la meta a todos os está esperando. Ninguno
sabe quién está cerca, ni quién viene distante, porque aún sois pequeños para tener
este conocimiento; sois humanos y vuestra vanidad os perdería.
En todos los tiempos, aun en los más remotos de la historia de la humanidad,
habéis tenido ejemplos de hombres de espíritu elevado. ¿Cómo podríais explicaros
que desde los primeros tiempos ya hubiese hombres de espíritu evolucionado, si antes
no hubiesen pasado por reencarnaciones sucesivas que les ayudaron a elevarse?
Es que el espíritu no nace al mismo tiempo que la envoltura, ni el principio de la
humanidad coincide con el del espíritu. En verdad os digo que no existe un sólo
espíritu que haya venido al mundo sin antes haber existido en el más allá. Y ¿Quién
de vosotros puede medir o conocer el tiempo que haya vivido en otras moradas antes
de haber venido a morar la Tierra?

El conocimiento de vidas terrenas anteriores

Mientras el espíritu se encuentra fundido a la materia, no distingue ni puede saber
los méritos que haya hecho en sus vidas anteriores; pero ya sabe que su vida es la
eternidad, un continuo desenvolvimiento, tratando de alcanzar la cúspide, pero que
hoy no sabéis qué altura habéis alcanzado.
Vuestra mente no recibe las impresiones o los recuerdos del pasado de vuestro
espíritu, porque la materia es como un velo espeso que no alcanza a penetrar en la
vida del espíritu. ¿Qué cerebro podría recibir las imágenes e impresiones que el
espíritu ha recogido en el trayecto de su pasado? ¿Qué inteligencia podría coordinar
con ideas humanas lo que le es incomprensible?
Por todo esto no os he permitido hasta ahora saber quiénes sois espiritualmente ni
cuál ha sido vuestro pasado.
Todas mis obras están escritas por Mí en un Libro que se llama: "Vida"; el
número de sus páginas es incontable; lo infinito de su sabiduría, fuera de Dios que es
su autor, no podrá ser alcanzada por nadie; pero allí, en cada una de sus páginas,
existe un resumen en el que el Padre ha limitado cada una de sus obras, para ponerla
al alcance de todo entendimiento.
También vosotros estáis escribiendo el libro de vuestra vida, en el que quedarán
escritas todas vuestras obras y cada uno de vuestros pasos a lo largo del camino de
evolución. Ese libro quedará escrito en vuestra conciencia y será la luz del saber y la
experiencia con que mañana iluminéis la senda de vuestros hermanos menores.
Todavía no podéis presentar a nadie vuestro libro, porque ni siquiera conocéis su
contenido; pero, pronto se hará la luz en vuestro ser y podréis mostrar a vuestros
hermanos las páginas que hablan de vuestro desarrollo, de vuestra restitución y de
vuestras experiencias. Seréis entonces un libro abierto delante de la humanidad.
Bienaventurados los que se posesionen de su misión, ellos sentirán que ascienden
por la escala que en sueños vio Jacob, que es el camino espiritual que conduce a los
seres hasta la presencia del Creador.

Amor como requerimiento para el desarrollo

Así como vuestro cuerpo para vivir busca el aire, el sol, el agua y el pan, también
el espíritu necesita del ambiente, de la luz y del sustento propio de su ser. Cuando se
ve privado de la libertad de elevarse en busca de lo que a él lo alimenta, se debilita, se
marchita, se entorpece, como si a un niño se le obligase a permanecer siempre en su
cuna y encerrado en su alcoba. Se paralizarían sus miembros, palidecería, se
debilitarían sus sentidos y se atrofiarían sus facultades.
¡Ved cómo también el espíritu puede ser un paralítico! ¡Si Yo os dijese que el
mundo está lleno de paralíticos, de ciegos, de sordos y enfermos del espíritu! El
espíritu que vive encerrado y sin libertad para desarrollarse, es un ser que no crece, ni
en sabiduría, ni en fuerza, ni en virtud.
En verdad os digo que lo que puede elevaros es el amor, porque en el existe
sabiduría, sentimiento y elevación. El amor es un compendio de todos los atributos de
la Divinidad y Dios ha encendido esa llama en toda criatura espiritual.
¡Cuántas lecciones os he dado para que aprendáis a amar! ¡Cuántas oportunidades,
vidas y reencarnaciones os han proporcionado la misericordia divina! La lección se ha
repetido cuantas veces ha sido necesaria, hasta que ha sido aprendida. Una vez
cumplida, no existe razón para ser repetida, porque tampoco podrá ser olvidada.
Si pronto aprendieseis mis lecciones, no tendríais por qué sufrir, ni por qué llorar
errores. Un ser que en la Tierra aprovecha las lecciones en ella recibidas, podrá volver
al mundo, pero siempre será con mayor adelanto y en mejores condiciones, entre una
vida y otra siempre tendrá una tregua, necesaria para meditar y descansar antes de
emprender la nueva tarea.

Razones diversas para las reencarnaciones

En verdad os digo, que en ninguna época de la vida humana ha carecido el
hombre del conocimiento de mi ley, porque de la chispa divina, que es su conciencia,
jamás le ha faltado un destello en el espíritu, una intuición en su mente o un
presentimiento en su corazón.
Sin embargo, vuestro espíritu ha vuelto hacia el más allá con una venda de
oscuridad, y Yo os digo, que quien no se aprovecha de la lección que encierra la vida
en este mundo, en este valle de pruebas, tiene que volver a él para terminar su
restitución y sobre todo, para aprender.
En otros mundos, también gozan los espíritus de libre albedrío y pecan y se
desvían, o perseveran en el bien y así logran elevarse, igual que como lo hacéis
vosotros en la Tierra; mas llegado el instante marcado, los que están destinados a
venir a este mundo, descienden a él unos para cumplir una noble misión, otros para
expiar su restitución.
Mas según ellos quieran ver esta Tierra, así se les presentará como un paraíso para
algunos o como un infierno para otros. Por eso es que, cuando ellos comprenden la
misericordia de su Padre, sólo ven una vida maravillosa sembrada de bendiciones y
enseñanzas para el espíritu, un camino que los acerca a la Tierra Prometida.
Unos se van de este mundo deseando retornar, otros lo hacen con el temor de
tener que volver, y es que vuestro ser aún no ha llegado a comprender la armonía en
la que debéis vivir con el Señor.
Nadie se rebele ante la idea de tener que volver a este planeta en otro cuerpo, ni
penséis en que la reencarnación es un castigo para el espíritu. Todos los espíritus
destinados a tener que morar en la tierra, han tenido que pasar por la ley de la
reencarnación, para poder alcanzar su evolución y llevar a cabo la misión que les he
confiado.
No sólo los espíritus de poca elevación tienen necesidad de volver a encarnar;
también los espíritus elevados vuelven una vez tras otra, hasta dejar concluida su
obra.
Elías es el más grande de los profetas que ha venido a la Tierra, y a pesar de las
grandes obras que hizo y de las grandes pruebas que dio, hubo de volver a este mundo
en otro tiempo, en otra materia y con otro nombre.
Esta ley de amor y de justicia fue ignorada mucho tiempo por la humanidad,
porque de haberla conocido antes, hubiera podido caer en confusiones; sin embargo,
el Padre os hizo algunas revelaciones y os dio algunas señales que fueron la luz
precursora de este tiempo, del esclarecimiento de todos los misterios.

El camino hacia la perfección

Extenso es el camino por el cual llegaréis a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene
un camino más largo que el del espíritu en el cual el Padre, el Divino Escultor que
pule y modela a vuestro espíritu, le da la forma perfecta.
En verdad os digo que para que lleguéis a la completa limpidez, aún tendrá
vuestro espíritu que purificarse mucho en este mundo y en el valle espiritual.
Cuantas veces os sea necesario tendréis que volver a este planeta y mientras más
desaprovechéis las oportunidades que vuestro Padre os concede, tanto más retardaréis
vuestra definitiva entrada en la vida verdadera y prolongaréis más vuestra estancia en
el valle de lágrimas.
Todo espíritu debe demostrar en cada existencia terrestre el adelanto y los frutos
de su evolución, dando en cada vez un paso firme hacia adelante.
Tened presente que el único bien que redunda en beneficio propio, es aquel que se
hace por verdadero amor y caridad con los demás, aquel que, además, se hace
desinteresadamente.
En el hombre hay dos fuerzas que siempre están en lucha: su naturaleza humana,
que es pasajera, y su naturaleza espiritual que es eterna.
Ese eterno ser sabe muy bien que habrán de pasar tiempos muy largos para que
logre alcanzar su perfeccionamiento espiritual; presiente que ha de tener muchas
existencias y que en ellas pasará por muchas pruebas, antes de lograr la felicidad
verdadera. El espíritu presiente que después de las lágrimas, del dolor y de haber
pasado muchas veces por la muerte corpórea, llegará a la cumbre 'que su anhelo de
perfección siempre ha buscado.
En cambio la materia, el ser frágil y pequeño, llora, se rebela y a veces se niega a
seguir los llamados del espíritu, y sólo cuando éste ha evolucionado, es fuerte y
experimentado en la lucha con la carne y con cuanto lo rodea, es cuando logra
dominar a la materia y se manifiesta por ella.
Largo es el peregrinaje del espíritu, extenso su camino, muchas y muy variadas
sus existencias, y diversas en cada instante sus pruebas, poro mientras las cumple, se
eleva, se purifica, se perfecciona.
A su paso por la vida va dejando una huella de luz, por eso muchas veces al
espíritu elevado no le importan los gemidos de su materia, porque sabe que son
pasajeros y que el no puede detenerse en su jornada por sucesos que le parecen
pequeños.
Momentáneamente fija su atención en las flaquezas de su carne, pero sabe que no
puede amar demasiado algo que vive poco y que pronto desaparece en las entrañas de
la Tierra.

La escuela universal de la vida

Desde el principio de la humanidad existe la reencarnación del espíritu como una
ley de amor y justicia y una de las formas en las que el Padre ha demostrado su
infinita clemencia. La reencarnación no es sólo de este tiempo, lo es de todos los
tiempos, mas tampoco penséis que es hasta ahora cuando os ha sido revelado ese
misterio. Desde los primeros tiempos existió en el hombre la intuición sobre la
reencarnación del espíritu.
Mas esta humanidad, buscando ciencias materiales y riquezas del mundo, se dejó
dominar por las pasiones de la carne endureciéndosele aquellas fibras con las que se
percibe lo espiritual, convirtiéndose en sorda y ciega para todo lo que corresponde al
espíritu.
Antes de vuestra creación estabais en Mí; después, como criatura espiritual, en el
lugar donde todo vibra en una perfecta armonía, en donde se encuentra la esencia de
la vida y la fuente de la verdadera luz, que es de la que vengo a alimentaros.
El dolor no fue creado por el Padre. En los tiempos de que os hablo, no teníais por
qué gemir, nada teníais que lamentar, sentíais la gloria en vosotros mismos, porque en
vuestra vida perfecta, erais el símbolo de esa existencia.
Pero cuando dejasteis aquella morada, di al espíritu una vestidura y fuisteis
descendiendo más y más. Después poco a poco vuestro espíritu fue evolucionando
hasta llegar al plano donde ahora os encontráis, donde brilla la luz del Padre.
El fin de todo espíritu es el de fundirse en la Divinidad, después de su purificación
y de su perfeccionamiento. Por ello inundo de luz vuestro camino y doy fuerza a
vuestro espíritu, para que escaléis peldaño tras peldaño. De acuerdo con la elevación
que poseáis cuando dejéis esta tierra, será la morada espiritual que habitéis en el más
allá, porque el universo fue creado como una escuela de perfección para el espíritu.
Si os lo hubiese dado todo en esta vida, ya no estaríais deseando ascender un
peldaño más, pero lo que no habéis alcanzado en una existencia, lo buscáis en la otra,
y lo que no alcanzáis en aquella, os lo está prometiendo otra más elevada, y así
sucesivamente hasta el infinito, en el camino sin fin de los espíritus.
Cuando escuchéis mi palabra, os parece imposible que vuestro espíritu vaya a ser
capaz de alcanzar tanta perfección, y Yo os digo, que hoy ponéis en duda el alto
destino del espíritu, porque sólo miráis lo que alcanzáis a ver con vuestros ojos
materiales, pequeñez, ignorancia, maldad, pero eso se debe a que el espíritu en unos
está enfermo, en otros se encuentra paralítico, hay quienes son ciegos y quienes van
muertos espiritualmente. Y ante tanta miseria espiritual tenéis que dudar del destino
que la eternidad os tiene reservado.
Y así vivís en este tiempo de amor al mundo y de materialismo; mas ya la luz de
mi verdad ha llegado hasta vosotros disipando las tinieblas de la noche de un tiempo
que ya pasó y anunciando con su aurora la llegada de una era en la que el espíritu
recibirá la iluminación de mi enseñanza.
Muchos de vosotros ya no tendréis una nueva oportunidad de venir a la Tierra, a
reparar en ella vuestras faltas, no poseeréis ese instrumento que hoy lleváis y que es
vuestro cuerpo, en el que os apoyáis. Es menester que comprendáis que el venir al
mundo es un privilegio para el espíritu, que nunca es un castigo, por tanto, debéis
aprovechar esta gracia.
Después de esta vida iréis a otros mundos a recibir nuevas lecciones y allí
encontraréis nuevas oportunidades para seguir escalando y perfeccionándoos. Si
habéis cumplido vuestros deberes como hombres, dejaréis este mundo con
satisfacción por la misión cumplida, llevando en vuestro espíritu la tranquilidad.
Mi voz está llamando a las grandes multitudes porque para muchos espíritus se
está acercando el final de su peregrinaje en la Tierra.
Ese abatimiento, ese hastío, esa tristeza que llevan en el corazón, son la prueba de
que anhelan ya una morada más alta, un mundo mejor.
Pero es necesario que la última etapa que recorran en el mundo, la vivan
obedeciendo los dictados de su conciencia, para que la huella de sus últimos pasos en
la Tierra sea de bendición para las generaciones que después vengan a cumplir sus
diversas misiones en el mundo.
Este mundo no es eterno, ni se necesita que lo sea. Cuando esta morada deje de
tener la razón que ahora tiene para existir, desaparecerá.
Cuando vuestro espíritu ya no necesite las lecciones que da esta vida, porque otras
más elevadas le esperan en otro mundo, entonces, con la luz adquirida en esta lucha,
dirá: Con cuánta claridad comprendo ahora que todas las vicisitudes de esta vida sólo
fueron experiencia y lecciones que Yo necesitaba para comprender mejor. Cuan larga
me parecía esa jornada cuando los sufrimientos me agobiaban; en cambio ahora, que
todo ha pasado, cuan breve y fugaz me parece ante la eternidad.
Alegraos, humanidad, pensad que sois aves de paso en este mundo lleno de
lágrimas, de pobrezas y sufrimientos. Alegraos porque no es vuestra morada para la
eternidad. Mejores mundos os esperan.
Así, cuando os despidáis de esta Tierra, lo haréis sin amargura y aquí quedarán los
ayes de dolor, los trabajos, las lágrimas. Diréis adiós a este mundo y os elevaréis
hacia aquéllos que en las alturas os esperan. Desde ahí veréis la Tierra como un punto
en el espacio a la cual recordaréis con amor.

El poder de convicción de la Reencarnación

La luz del Espiritualismo está revelando al mundo la verdad, la justicia, la razón y
el amor que existen en el don espiritual de la reencarnación; sin embargo, el mundo al
principio tendrá que combatir encarnizadamente esta revelación, dándole un cariz de
doctrina extraña y falsa, para hacer desconfiar a los hombres de buena fe.
Inútiles y vanos serán los esfuerzos que las religiones hagan por conservar a sus
fieles en la rutina de antiguas creencias y métodos fuera de tiempo, porque nadie
podrá detener la luz divina que penetra al fondo de los entendimientos, despertando al
espíritu a una Era de revelaciones, de divinas confidencias, de esclarecimientos de
dudas y misterios, de liberación espiritual.
Tampoco nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad
cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento, de espíritu y de fe.

Etapas de la Reencarnación de un espíritu

Estoy llamando a todos los caminantes para que oigan mi voz que les invita a la
elevación y a poseer la vida eterna.
En este día en que el Verbo Divino se hace oír, aprovechad su palabra e iluminaos
con ella porque en el saber está la luz y vuestra salvación.
Si mi ley os enseña la moral, la rectitud y el orden en todos los actos de vuestra
vida, ¿Por qué buscáis caminos adversos labrándoos con ello el dolor, y cuando partís
al más allá dejando vuestro cuerpo en la Tierra, lloráis, porque habéis amado mucho
esa envoltura?
Al sentir que ya no os pertenece la materia y que tenéis que seguir el camino hasta
llegar a Mí, os he dicho: Hijo mío, ¿Qué me hacéis presente? ¿Habéis vivido en la
Tierra cumpliendo mis mandatos?
Y vosotros avergonzados y cabizbajos, porque no lleváis un presente de amor para
quien tanto os ama y tanto os ha concedido, habéis formado cadenas que abruman a
vuestro espíritu, y éste, habiendo perdido la gracia, aparece sin luz, llora y se lamenta,
sólo oye la voz del Padre que le llama, mas como no ha evolucionado ni se siente
digno de llegar a Él, se detiene y espera.
Pasan los tiempos y el espíritu vuelve a escuchar la voz, y en medio de su pena
pregunta quién le habla y esa voz le dice: Despertad, ¿No sabéis de dónde habéis
venido, ni a dónde vais? -Entonces eleva sus ojos, ve una inmensa luz, ante cuyo
esplendor se contempla mezquino, reconoce que antes de haber sido enviado a la
Tierra ya existía, ya era amado por el Padre que es de quien provenía la voz y que
ahora al verle en doloroso trance, sufre por él, conoce que ha sido enviado a distintas
moradas para recorrer el camino de lucha y alcanzar por sus méritos su galardón.
Y el hijo pregunta: Si antes de ser enviado a la Tierra he sido vuestra criatura muy
amada, ¿Por qué no he permanecido en la virtud y he tenido que descender, que sufrir
y trabajar para volver a vos?
La voz le ha contestado: Todos los espíritus han sido sometidos a la ley de
evolución y en ese camino mi Espíritu de Padre los protege siempre, y se complace en
las buenas obras del hijo. Ciertamente os he enviado a la Tierra para que hagáis de
ella una mansión de lucha, de perfeccionamiento espiritual, no un valle de guerra y
dolor.
Os he dicho que os multipliquéis, que no seáis estériles, y cuando volvéis al valle
espiritual no traéis cosecha alguna, sólo lloráis y venís sin gracia con que Yo os he
revestido; por eso os envío una vez más y os digo: limpiaos, buscad lo que habéis
perdido y labrad vuestra elevación.
El espíritu vuelve a la Tierra, busca un pequeño y tierno cuerpo humano para
descansar en él y dar principio a la nueva jornada; encuentra el pequeño niño que le es
señalado y lo toma para restituir sus faltas a mi ley. Con conocimiento de causa viene
el espíritu a la Tierra, sabe que es aliento del Padre y conoce el encargo que de Él
trae.
En los primeros años es inocente y conserva su pureza, permanece en contacto
con la vida espiritual, después empieza a conocer el pecado, mira de cerca el orgullo,
la soberbia y la rebeldía de los hombres ante las leyes justas del Padre, y la carne
reacia por naturaleza, empieza a contaminarse con el mal. Caído en tentación, olvida
la misión que trajo a la Tierra y se levanta haciendo obras adversas a la ley. Espíritu y
materia toman los frutos prohibidos, y cuando han caído en el abismo les sorprende la
última hora.
Vuelve el espíritu a encontrarse en el espacio, cansado y doblegado por el peso de
sus culpas. Entonces recuerda la voz que en otro tiempo le habló, que aún le llama, y
después de llorar mucho, sintiéndose perdido sin saber quién es, recuerda que ha
estado \a en aquel sitio.
Y el Padre que lo ha creado con tanto amor, aparece en su camino luciéndole:
¿Quién sois, de dónde venís y a dónde vais?
El hijo reconoce en aquella voz la palabra de quien le ha dado el ser, la
inteligencia y los dones, al Padre que siempre perdona, lo purifica, le aparta de las
tinieblas y le conduce a la luz, éste se estremece porque sabe que está ante el Juez y
habla diciendo: "Padre, mi desobediencia y mis deudas contigo son muy grandes y no
puedo aspirar a vivir en tu morada porque no tengo méritos, hoy que he retornado al
valle espiritual veo que sólo he acumulado faltas, las que debo restituir".
Mas, el Padre cariñoso le señala una vez más el camino y vuelve a encarnar, a
formar parte de la humanidad.
Entonces el espíritu ya experimentado, con mayor fuerza, doblega la envoltura
para sobreponerse y obedecer los dictados divinos, se entabla la lucha, combate con
los pecados que hacen caer al hombre y quiere aprovechar la oportunidad que le ha
sido concedida para su salvación; lucha de principio a fin y cuando las canas brillan
en su sien y su cuerpo, antes robusto y fuerte, va doblegándose por el peso de los años
y perdiendo energías, el espíritu se siente fuerte, más desarrollado y experimentado;
¡Qué grande y repugnante le parece el pecado! se aleja de él y llega al final; ya sólo
espera el momento en que el Padre lo llame, porque ha llegado a la conclusión de que
la ley divina es justa y !a voluntad de Dios es perfecta. Que ese Padre vive para dar
vida y salvación a sus hijos.
Y cuando llegó el día postrero, palpó en su carne la muerte y no sintió dolor, se
apartó callada y respetuosamente, contemplóse en espíritu, y como si tuviese delante
de él un espejo, se miró hermoso y radiante de luz. Entonces la voz le habló y le dijo:
Hijo ¿A dónde vais? Y él que sabía quién era, acercóse al Padre, dejó que su luz
invadiera su ser y habló así: ¡Oh Creador, oh amor Universal, vengo a vos para
descansar y entregaros el cumplimiento!
La cuenta estaba saldada y el espíritu se encontraba sano, limpio y sin cadenas de
pecados, y vio delante de él el galardón que le esperaba.
Sintió después que se fundía en la luz de aquel Padre, que su gozo era mayor y
contempló una mansión de paz, una tierra santa y un silencio profundo y quedó
descansando en el seno de Abraham.

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