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Purificación y ascensión de los espíritus.




Remordimientos y arrepentimiento

Yo no quiero que se manche vuestro espíritu ni que encuentre la muerte a la vida
verdadera. Por eso os toco con mi justicia cuando os encuentro entregados a los goces
y placeres insanos. Vuestro espíritu ha de llegar limpio a mi seno, como salió de él.
Todos los que dejan un cuerpo en las entrañas de la Tierra y se desprenden de este
mundo en estado de confusión, al contemplar mi presencia, manifestada en la luz del
infinito que ilumina las conciencias, despiertan de su profundo sueño, en medio del
llanto y de la desesperación del remordimiento. Mientras dura el dolor en el hijo para
librarse de sus penas, también sufre el Padre.
Remordimientos y torturas que provienen de la falta de saber, sufrimiento por
carecer de espiritualidad para disfrutar aquella vida, esto y más existe en la expiación
de los espíritus que llegan manchados o sin preparación a los umbrales de la vida
espiritual.
Ved cómo el pecado, las imperfecciones o la perversidad de los hombres, no puedo
tomarlos como una ofensa hecha al Padre, sabiendo que el mal se lo hacen los
hombres a sí mismos.
Cuan luminosa sería vuestra vida y cuan grande y adelantada vuestra ciencia si
amaseis a vuestros semejantes e hicieseis la voluntad de vuestro Padre, si sacrificaseis
algo de vuestro libre albedrío y obraseis de acuerdo con lo que os dicta la conciencia.
Vuestra ciencia entonces tocaría lo sobrehumano al traspasar los límites de lo
material, porque hasta ahora ni siquiera se ha acercado a esos límites.
Qué sorpresa siente el espíritu del científico cuando abandona este mundo y llega a
presentarse ante la verdad divina. ¡Ahí inclina avergonzado su faz, rogando que su
orgullo le sea perdonado! Creía saberlo y poderlo todo, negaba que existiese algo que
estuviese más allá de su conocimiento o de su comprensión; pero al hallarse frente al
Libro de la Vida, ante la obra infinita del Creador, tiene que reconocer su pequeñez y
que revestirse de humildad ante quien es sabiduría absoluta.
No temáis llegar al valle espiritual pensando en todo lo que habéis pecado en la
Tierra; si dejáis que el dolor os lave, que el arrepentimiento brote del corazón; si
lucháis por reparar vuestras faltas llegaréis dignos y limpios ante mi presencia y
nadie, ni vuestra conciencia, se atreverá a mencionar vuestras pasadas imperfecciones.
En la mansión perfecta existe un lugar para cada espíritu el cual aguarda en el
tiempo o en la eternidad la llegada de su poseedor. Por la escala del amor, la caridad,
la fe y los méritos, llegaréis uno a uno a mi Reino.

La justicia compensadora

Pocos discípulos he tenido en este mundo y en menor número los que han sido cual
imagen del Divino Maestro. En el valle espiritual, es donde tengo muchos discípulos,
porque es en donde más se adelanta en el estudio de mis enseñanzas. Allí es donde
mis párvulos los sedientos y hambrientos de amor reciben de su Maestro lo que la
humanidad les negó. Allí es en donde brillan por su virtud los que por su humildad
fueron ignorados en la Tierra y en donde lloran tristes y arrepentidos los que brillaron
con falsa luz en este mundo.
En el más allá, es en donde os recibo como no lo esperabais en la Tierra, cuando
restituyáis llorando, pero bendiciéndome. No importa que a lo largo de vuestra
jornada, hayáis tenido un instante de desesperación, Yo tomaré en cuenta que tuvisteis
días de grandes dolores y que en ellos demostrasteis resignación y bendijisteis mi
nombre. También vosotros dentro de vuestra pequeñez habéis recorrido algunos
calvarios, aunque éstos hayan sido causados por vuestra desobediencia.
He ahí, que por unos instantes de fidelidad y de amor a Dios, logréis tiempos de
vida y de gracia en el más allá. Así responde mi amor eterno, al amor momentáneo
del hombre.
Toda buena acción, tendrá su recompensa; la que no será recibida en la Tierra,
sino en el Más Allá. Mas cuántos quisierais gozar de esa gloria aquí en el mundo, sin
saber que el que nada labra para su vida espiritual, al penetrar en ella se encontrará sin
méritos y grande será su arrepentimiento.
El que vaya buscando honores y alabanzas del mundo, aquí las tendrá; pero ellas
serán de poca duración y de nada le servirán el día de su entrada en el mundo
espiritual; el que vaya en pos del dinero, aquí tendrá su retribución, porque fue a lo
que aspiró; mas, cuando sea llegada la hora de dejarlo todo aquí, para presentarse en
el Más Allá, no tendrá el menor derecho a reclamar compensación alguna para su
espíritu, aunque crea haber hecho mucho en pro de la caridad.
Por el contrario, el que siempre haya renunciado a los halagos y favores, el que
haya renunciado a todo galardón material, ocupado en sembrar el bien, gozando al
realizar la caridad, ese no estará pensando en galardones porque no vivirá para la
satisfacción propia, sino para la de sus semejantes. ¡Cuan grande será su paz y su
felicidad cuando sea en el seno de su Señor!
En este tiempo vengo a traeros una enseñanza limpia y perfecta, por lo que os
digo, que al final de vuestra jornada, sólo os será tomado en cuenta lo que con
verdadero amor hayáis hecho en la vida, porque demostrará que conocisteis la verdad.
No porque ignoréis al instante de llevar a cabo una buena obra el valor que ella
tuvo, penséis que nunca vais a saber el bien que hicisteis, Yo os digo que ninguna de
vuestras obras quedará sin galardón.
Ya veréis cuando estéis en el Reino espiritual, cómo muchas veces una obra
pequeña, en apariencia de escasa importancia, fue el principio de una cadena de
beneficios, cadena que otros fueron prolongando, pero que colmará siempre de
satisfacción al que la inició.
Os inspiro a que hagáis méritos, pero que no os mueva el interés egoísta de
vuestra salvación, sino que realicéis vuestras obras pensando en vuestros hermanos,
pensando en las generaciones venideras, cuyo gozo será muy grande cuando
encuentren el camino preparado por los primeros. Entonces vuestra felicidad será
infinita, porque la alegría y la paz de vuestros hermanos llegarán hasta vuestro
espíritu.
Qué distinto de aquellos que sólo procuran su propia salvación y su felicidad,
porque ellos, al llegar al lugar que con sus obras se labraron, no pueden tener un
instante de paz ni de alegría, contemplando a los que atrás se quedaron, soportando el
fardo pesado de sus sufrimientos.
En verdad os digo que los verdaderos discípulos de esta Doctrina, serán justos y
limpios en sus obras como lo es su conciencia, que es mi propia luz.
Si os portáis con humildad, vuestro caudal espiritual aumentará en la vida que os
espera. Entonces obtendréis la paz, que os dará la sensación más hermosa de vuestra
existencia. Y nacerá en vuestro espíritu el anhelo de servir al Padre, siendo un fiel
guardián de todo lo creado por Mí, siendo un consuelo para el que sufre y paz para el
que no tiene sosiego.

El ascenso de los espíritus al Reino de Dios

Éste es el Tercer Tiempo, en el que ya vuestro espíritu, desde la Tierra, puede
comenzar a soñar en moradas muy altas y en conocimientos muy grandes, porque el
que parte de este mundo llevando en su espíritu el conocimiento de lo que va a
encontrar y el desarrollo de sus dones espirituales, ése pasará por muchos mundos, sin
detenerse en ellos, hasta llegar al que por sus méritos le corresponda habitar.
Estará plenamente consciente de su estado espiritual, sabrá desempeñar su misión
doquiera que se encuentre, conocerá el idioma del amor, de la armonía y la justicia y
sabrá comunicarse con la pureza del lenguaje espiritual que es el pensamiento. No
tendrá escollos, turbación, ni llanto, y comenzará a vivir el supremo goce de estarse
acercando a las mansiones que le pertenecen, porque ellas le corresponden como
herencia eterna.
En la escala divina hay un número infinito de seres, cuya perfección espiritual les
permite ocupar diferentes peldaños según el grado de evolución que han alcanzado.
Vuestro espíritu fue creado con atributos adecuados para evolucionar por esa escala
de perfección y llegar hasta determinado fin en los altos designios del Creador.
El destino de esos espíritus no lo sabéis, mas Yo os digo que es perfecto como
todo lo creado por Mí.
Aún no comprendéis los dones que os dio el Padre, mas no temáis porque más
tarde os daréis cuenta de ellos, y les veréis manifestarse en plenitud.
El número infinito de espíritus que como el vuestro habitan diferentes moradas, se
encuentran unidos entre sí por una fuerza superior que es la del amor. Fueron creados
para la lucha, para su elevación, no para la inmovilidad. Los que han cumplido con
mis mandatos han llegado a ser grandes en el amor divino.
Sin embargo os recuerdo, que aún habiendo alcanzado vuestro espíritu grandeza,
poder y sabiduría, no llegará a ser omnipotente, ya que sus atributos no son infinitos
como lo son en Dios. Sin embargo, ellos os bastarán para llevaros a la cumbre de
vuestra perfección por el camino recto que os trazó desde el primer instante, el amor
de vuestro Creador.
Siete etapas espirituales tendrá que recorrer vuestro espíritu para alcanzar su
perfección. Hoy que vivís en la Tierra, no sabéis en qué peldaño de la escala os
encontráis.
Sabiendo Yo la resolución de esta pregunta de vuestro espíritu, no debo decírosla
por ahora.
Cada escala, cada peldaño, cada morada, ofrece al espíritu una luz mayor y un
gozo más perfecto, pero la paz suprema, la felicidad perfecta del espíritu, está más
allá de todas las moradas pasajeras de los espíritus.
Cuántas veces estaréis creyendo presentir la dicha perfecta en el seno de Dios, sin
daros cuenta que esa dicha es apenas la promesa del mundo inmediato, a donde
tendréis que pasar después de esta vida.
Cuántos son los que sueñan en morir, con la esperanza de que ese momento sea el
de su llegada ante Mí para adorarme eternamente en el Cielo, sin saber que el camino
es infinitamente más largo de lo que ellos han podido creer. Para ascender un peldaño
de la escala que os conducirá hacia Mí es necesario haber sabido vivir la vida
humana. La ignorancia es la que hace que muchos contundan la esencia de mis
lecciones.
Por causa del hombre, los elementos de destrucción se han desatado. La guerra ha
sembrado su simiente en todos los corazones. ¡Cuánto dolor ha sentido la humanidad!
¡Cuánta desolación, miseria, orfandad y luto ha dejado a su paso! ¿Creéis que ha
perecido el espíritu de aquéllos que han caído en la contienda, o que ha dejado de
existir esa parte de vida, de eternidad que habita en el hombre?
No, pueblo. El espíritu sobrevive a la guerra y a la muerte. Esa parte de mi mismo
Espíritu se ha levantado de los campos de dolor y busca en mi camino un nuevo
horizonte, para seguir viviendo, desarrollándose y evolucionando.
Os he dado la Tierra para que la poseáis todos por igual, para que viváis en paz y
la toméis como un hogar temporal, en el que desarrollaréis vuestros dones y preparéis
vuestro espíritu para que ascienda a su nueva morada.
Yo os he dicho: "En la casa del Señor hay muchas moradas"; vosotros las
conoceréis a medida que vayáis elevándoos. Cada una en grado ascendente os
acercará a Mí y serán alcanzadas por vosotros según vuestras obras, porque todo está
sujeto a un orden y justicia divinos.
Nadie podrá impedir vuestro paso de una escala a otra y en el final de cada una de
ellas habrá regocijo y fiesta en vuestro espíritu y en el Mío también.
Así os preparo para que sepáis que el camino que tenéis que recorrer es largo y no
os conforméis con vuestras primeras obras, creyendo que ellas os abrirán la puerta de
esas moradas.
También os digo que es bello y satisfactorio para un espíritu llegar al final de una
etapa y detenerse para mirar hacia atrás el camino recorrido, con sus grandes luchas,
sus días de amargura y sus horas de paz, después de haber vencido los innumerables
obstáculos.
Y al fin el triunfo, la compensación y la justicia resplandeciendo en derredor
vuestro y el Espíritu de vuestro Padre presente, glorioso, bendiciendo al hijo,
haciéndolo descansar en su seno, en tanto es preparado para su siguiente escala y así
pasando de una a otra, hasta llegar al sumo cumplimiento al final, para morar
eternamente en Mí.
La chispa que hace al hombre semejante a su creador, se irá acercando a la flama
infinita de donde brotó, y ese destello será un ser luminoso, consciente, vibrante de
amor, pleno de saber y de fuerza. Ese ser va a disfrutar del estado de perfección, en el
cual no existe el menor dolor o la más pequeña miseria, en donde está la felicidad
perfecta y verdadera.
Si no fuera ese el fin de vuestro espíritu, en verdad os digo que no os habría dado
a conocer mi Doctrina a través de tantas lecciones, porque os hubiese sido suficiente
la Ley del Primer Tiempo para que vivieseis en paz en la Tierra.
Pero si meditáis en que Yo vine a habitar con los hombres y a prometerles un
mundo infinitamente mejor más allá de esta vida, y si
además recordáis que prometí volver en otro tiempo para seguiros hablando y para
explicaros todo lo que no hubieseis comprendido, concluiréis por entender que el
destino espiritual de los hombres, es más, mucho más elevado que todo lo que podáis
suponer, y que la dicha prometida es infinitamente más grande de lo que podáis
presentir o imaginar.

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