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Redención y Salvación eterna.




La corrección de conceptos sobre la Redención

Muchos han sido los hombres que han aceptado que todas las lágrimas de este
mundo han sido causadas por un pecado de los primeros pobladores y en su torpeza
para analizar la parábola, han llegado a decir que Cristo vino a lavar con su sangre
toda mancha. Si tal afirmación hubiera sido cierta ¿Por qué a pesar de que aquel
sacrificio ya fue consumado, los hombres siguen pecando y también sufriendo?
Jesús vino a la Tierra para enseñar a los hombres el camino de perfección, camino
que enseño con su vida, con sus hechos y con sus palabras.
Todos alcanzaréis la meta mediante el cumplimiento de vuestra misión, para ello he
venido a entregaros mis enseñanzas que son inagotables, para que ascendáis por la
escala de vuestra evolución. No es mi sangre la que os salva, sino mi luz en vuestro
espíritu la que os rescatará.
Nueva cruz me será dada en el Tercer Tiempo, ésta no será visible a los ojos
mortales, mas desde su altura enviaré mi mensaje de amor a la humanidad y mi
sangre, que es la esencia de mi palabra, será convertida en luz para el espíritu.
Los que en aquel tiempo me juzgaron, hoy arrepentidos dan luz con su espíritu, al
corazón de la humanidad para reparar sus faltas.
Para que mi doctrina triunfe sobre la maldad de los hombres, antes tendrá que ser
azotada y burlada como Cristo en la columna. Es menester que de cada herida brote
mi luz para iluminar las tinieblas de este mundo falto de amor; es necesario que mi
sangre invisible caiga sobre la humanidad para enseñarle nuevamente el sendero de su
redención.
Os digo una vez más, que en Mí será salva toda la humanidad. Aquella sangre
derramada en el Calvario es vida para todo espíritu, mas no es la sangre en sí, puesto
que ella cayó en el polvo de la tierra, sino el amor divino que en ella está
representado. Cuando os hable de mi sangre, ya sabéis cuál es y qué significado tiene.
Muchos hombres han derramado su sangre al servicio de su Señor y por el amor a
sus hermanos; mas ella no ha representado el amor divino, sólo al espiritual, al
humano.

La sangre de Jesús sí representa el amor divino, porque no hay ninguna mancha en
ella, en el Maestro nunca hubo un pecado y de su sangre os dio hasta la última gota,
para haceros comprender que Dios es todo para sus criaturas, que a ellas se entrega
completamente, sin reservas, porque las ama infinitamente.
Si el polvo de la tierra bebió aquel líquido que fue vida en el cuerpo del Maestro,
fue para que comprendieseis que mi Doctrina habría de fecundar la vida de los
hombres con el divino riego de su amor, de su sabiduría y de su justicia.
El mundo, incrédulo y escéptico de las palabras y ejemplos del Maestro, combate
mi enseñanza diciendo que Jesús derramó su sangre por salvar del pecado a la
humanidad y que a pesar de ello, el mundo no se ha salvado; que peca más cada día a
pesar de estar más evolucionado.
¿En dónde está el poder de aquella sangre de redención? Se preguntan los
hombres, mientras los que deberían enseñar los verdaderos conceptos de mi Doctrina,
no saben satisfacer las preguntas de los hambrientos de luz y sedientos de conocer la
verdad.
Os digo que en este tiempo, tienen más fondo y mayor sentido las preguntas de los
que no saben, que las respuestas y explicaciones que a ellas dan los que dicen conocer
la verdad.
Mas Yo he venido nuevamente a hablaros y he aquí mis palabras para los que
piensan que aquella sangre alcanzó el rescate de los pecadores ante la justicia divina,
de todos aquellos que estaban perdidos y condenados al suplicio.
Yo os digo que si el Padre que todo lo sabe hubiera creído que la humanidad no
iba a aprovechar y entender toda la enseñanza que en sus
palabras y obras les dio Jesús, de cierto que nunca lo hubiese enviado, porque el
Creador nunca ha hecho nada inútil, nada que no esté destinado a dar su fruto; mas si
Él lo envió a nacer, crecer, padecer y morir entre los hombres, es porque sabía que
aquella vida radiante y fecunda del Maestro, quedaría marcando con sus obras un
camino imborrable, como huella indeleble, para que todos sus hijos encontraran el
sendero que los llevara al verdadero amor y que cumpliendo con su Doctrina los
condujera a la mansión en la que los esperaba su Creador.

También sabía que aquella sangre que hablaba de pureza, de amor infinito, al
derramarse hasta la última gota, enseñaría a la humanidad a cumplir con fe en su
Creador la misión que la elevara hasta la Tierra Prometida, donde al presentar su
cumplimiento pueda decirme: "Señor, todo está consumado".
Ahora puedo deciros que no fue la hora en que se derramó mi sangre en la cruz, la
que marcara la hora de la redención humana. Mi sangre aquí quedó, en el mundo
presente, viva, fresca, trazando con la huella sangrienta de mi pasión, el sendero de
vuestra restitución que os llevará a conquistar la morada que os tiene prometida
vuestro Padre.
Os he dicho: Yo soy la fuente de la vida, venid a lavaros de vuestras manchas para
que caminéis libres y salvos hacia vuestro Padre y Creador.
Mi fuente es de amor, inagotable e infinita, de eso es de lo que os habla mi sangre
derramada en aquel tiempo, ella selló mi palabra, ella rubricó mi Doctrina.
Ahora, a muchos siglos de distancia de aquellos acontecimientos, os digo que, a
pesar de haber derramado mi sangre por toda la humanidad, sólo han logrado alcanzar
su salvación los que han tomado el camino que Jesús vino a enseñaros, mientras que
todos aquellos que han persistido en la ignorancia, en su fanatismo, en sus errores o
en el pecado, aún no están a salvo.
Yo os dije que si mil veces me hiciera hombre y mil veces muriera en la cruz,
mientras la humanidad no se levante a seguirme, no habrá alcanzado su salvación. No
es mi cruz la que debe salvaros, sino la vuestra; Yo lleve la mía a cuestas y en ella
expiré en cuanto hombre, y desde ese instante fui en el seno del Padre. Vosotros
debéis imitarme en mansedumbre y en amor, llevando a cuestas vuestra cruz con
verdadera humildad hasta alcanzar el final de vuestra misión para llegar a ser también
con vuestro Padre.

No hay quien no quiera encontrar la felicidad, y mientras más duradera sea, mejor,
porque Yo vengo a enseñaros un camino que conduce a la suprema y eterna felicidad;
sin embargo, sólo os muestro el camino y luego os dejo elegir el que más os agrade.
Os pregunto: ¿Por qué si anheláis felicidad, no la sembráis para luego recogerla?
¡Cuan pocos son los que se han sentido impulsados a entregarse a la humanidad!
Errónea es la idea que tenéis de lo que significa la vida en la tierra, de lo que es el
espíritu y de lo que es el valle espiritual.
La mayoría de los creyentes piensa que viviendo con cierta rectitud o que
arrepintiéndose en el postrer instante de la vida de las faltas cometidas, tiene
asegurada la gloria para su espíritu.
Ese falso concepto que priva al hombre no le permite perseverar durante toda su
vida en el cumplimiento de la ley, y hace que su espíritu, cuando abandona este
mundo y llega a la mansión espiritual, se encuentre con que ha llegado a un sitio en el
que no contempla las maravillas que se había imaginado, ni siente la dicha suprema a
la que creía tener derecho.
¿Sabéis qué es lo que sucede a esos seres que tenían la seguridad de llegar al cielo
y que en lugar de ello sólo encontraron confusión? Al no seguir habitando en la tierra,
porque les faltó el punto de apoyo de su envoltura material y no poder elevarse a las
alturas en que se encuentran las moradas de la luz espiritual, crearon para sí, sin darse
cuenta de ello, un mundo que ni es humano ni es profundamente espiritual.
Entonces es cuando se preguntan los espíritus: ¿Ésta es la gloria?, ¿Ésta es la
morada destinada por Dios a los espíritus, después de tanto caminar en la Tierra?
No, dicen otros, éste no puede ser el seno del Señor, donde sólo la luz, el amor y
la pureza es lo que puede existir.
Lentamente, por la meditación y el dolor, llega el espíritu a la comprensión.
Comprende la divina justicia e iluminado por la luz de su conciencia juzga sus obras
pasadas y las encuentra que fueron pequeñas e imperfectas, que no eran dignas de
merecer lo que él había creído.

Entonces, con esta preparación, aparece la humildad y nace el deseo de retornar a
los caminos que dejó para borrar las manchas, reparar los yerros y hacer verdaderos
méritos ante su Padre.
Es menester esclarecer a la humanidad estos misterios, para que comprenda que la
vida en la materia es una ocasión para que el hombre haga méritos para su espíritu,
méritos que lo elevarán hasta merecer habitar en una morada de espiritualidad
superior, en donde nuevamente deberá hacer méritos para no estacionarse y seguir
escalando de peldaño en peldaño, porque "en la casa del Padre hay muchas moradas".
Estos méritos los haréis a través del amor como os lo ha enseñado la ley eterna del
Padre. Y así de peldaño en peldaño, por la escala de perfección, irá vuestro espíritu
conociendo el sendero que conduce a la gloria, a la verdadera gloria, que es la
perfección del espíritu.
En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre,
vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el
pecado de los hombres no ha cesado, ni han querido redimirse en el recuerdo de
aquella sangre derramada por Mí en el Calvario y que fue una prueba de mi amor por
la humanidad. Pero he venido en espíritu para evitaros la afrenta de contemplar la
obra de quienes me Juzgaron y sentenciaron en la Tierra.
Todo está perdonado; pero existe en cada espíritu algo de aquello que derramé por
todos en la cruz; aquel aliento y aquella sangre no creáis que se diluyeron o perdieron,
ellos representaban la vida espiritual que Yo derramaba desde aquel instante en todos
los hombres; mas, por aquella sangre que selló mi palabra y confirmó cuanto hablé e
hice en la Tierra, los hombres se levantarán en pos de la regeneración de su espíritu.
Mi palabra, mis obras y mi sangre, no fueron ni serán en vano..Si a veces os llega
a parecer que mi nombre y mi palabra casi se han olvidado, veréis de pronto cómo
surgen de nuevo, llenos de vigor, de vida y de pureza, como una semilla que a pesar
de ser incesantemente combatida, no muere jamás.
La sangre de Jesús convertida en luz de redención, penetró y sigue penetrando en
todos los espíritus como salvación. Eternamente mi Espíritu está dando salvación y
luz, continuamente hago penetrar los rayos de mi luz en donde las tinieblas existen,
instante tras instante mi Divino Espíritu se derrama, no en sangre humana, sino en
esencia, en vida espiritual, sobre todos mis hijos.

El "Cielo" deberá ser ganado

Los hombres, arrastrados por la tuerza de sus pasiones, han descendido tanto en
sus pecados, que habían perdido toda esperanza de salvación, mas no hay ninguno que
no pueda ser salvo; porque el espíritu, cuando se haya convencido de que las
tempestades humanas no cesarán mientras no escuche la voz de la conciencia, se
levantará cumpliendo con mi ley hasta llegar al final de su destino que no está en la
tierra sino en la eternidad.
Los que creen que es absurda la existencia y piensan en la inutilidad de la lucha y
del dolor, son los que ignoran que la vida es el maestro que modela y el dolor el cincel
que perfecciona. No penséis que Yo hice el dolor para ofrecéroslo en un cáliz, No
penséis que Yo os haya hecho caer. El hombre cayó en desobediencia por sí mismo, y
es por eso que debe levantarse también por su propio esfuerzo. Tampoco penséis que
solamente el dolor os perfeccionará, no, también practicando el amor llegaréis a Mí,
porque Yo soy amor.
Orad más con el espíritu que con la materia, porque para salvarse no basta un
instante de oración o un día de amor, sino una vida de perseverancia, de paciencia, de
obras elevadas y acatamiento a mis mandatos. Para ello os he dado grandes potencias
y sentidos.
Mi obra es como un arca de salvación que invita a todos a penetrar. Todo el que
cumpla con mis leyes, no perecerá. Si os guiáis por mi palabra, seréis salvos.
Pensad que sólo lo que es perfecto llega a Mí; por lo tanto vuestro espíritu
penetrará en mi Reino sólo cuando haya alcanzado la perfección. Brotasteis de Mí sin
experiencia, más habréis de volver engalanados con la vestidura de vuestros méritos y
virtudes.

En verdad os digo que los espíritus de los justos que moran cerca de Dios, con sus
propias obras labraron el derecho a ocupar ese lugar, no porque Yo se los haya dado;
Yo sólo les enseñé el camino y les mostré al final de él un galardón.
Benditos sean los que me dicen: "Señor, vos sois el camino, la luz que lo alumbra
y la fuerza para el caminante. Vos sois la voz que indica el rumbo y nos reanima en la
jornada y también sois el galardón para el que llega al fin". Si, mis hijos, Yo soy la
vida y la resurrección de los muertos.
Hoy no preguntará el Padre: ¿Quién puede y está dispuesto a rescatar con su
sangre al género humano? Ni responderá Jesús: Señor, Yo soy el Cordero que está
dispuesto a trazar con mi sangre y mi amor, el sendero de la restitución de la
humanidad.
Tampoco enviaré mi Verbo a encarnar en este tiempo. Esa Era ya pasó para
vosotros y dejó su enseñanza y elevación en vuestro espíritu. Ahora he abierto una
nueva etapa de adelanto espiritual en la que seréis vosotros los que hagáis méritos.
Os quiero a todos felices, en paz y habitando en la luz, para que lleguéis a
poseerlo todo no sólo por mi amor, sino también por vuestros méritos porque
entonces vuestra satisfacción y dicha serán perfectas.
Yo vine a mostraros la belleza de una vida superior a la humana, a inspiraros las
obras elevadas, a enseñaros la palabra que prodiga amor, a anunciaros la dicha no
conocida, aquella que espera al espíritu que ha sabido escalar la montaña del
sacrificio, de la fe y del amor.

Todo esto debéis reconocer en mi Enseñanza, para que al fin comprendáis que son
vuestras obras las que acercarán a vuestro espíritu a la verdadera felicidad.
Si para ir de un continente a otro de la Tierra, tenéis que cruzar por montes altos y
bajos, por mares, por pueblos, ciudades y países, hasta alcanzar la meta de vuestro
viaje, pensad que para llegar a aquella tierra prometida, tendréis que viajar mucho,
para que en el largo tránsito recojáis experiencia, conocimiento, desarrollo y
evolución del espíritu. Ése será el fruto del árbol de la vida, que iréis al fin a saborear,
después de haber luchado y llorado mucho por alcanzarlo.
Sois hijos del Padre de la Luz, mas si por debilidad vuestra habéis caído en las
tinieblas de una vida llena de sinsabores, de errores y lágrimas, estas penas pasarán
porque os levantaréis a mi voz, cuando os llame y os diga: "Aquí estoy, iluminando
vuestro mundo e invitándoos a escalar el monte en cuya cima encontraréis toda la paz,
la dicha y la riqueza que en vano habéis querido atesorar en la Tierra".
Cada mundo, cada morada, fue creada para que en ella el espíritu evolucionara y
diese un paso hacia su Creador y así, avanzando más y más en la senda del
perfeccionamiento, pudiese tener ocasión de llegar blanco, limpio y modelado al fin
de su jornada, a la cima de la perfección espiritual que es precisamente habitar en el
Reino de Dios.
¿A quién le parece imposible llegar a habitar en el seno de Dios? ¡Ah pobres
mentes que no sabéis reflexionar! ¿Ya olvidasteis que brotasteis de mi seno, o sea que
ya antes habéis habitado en Él? Nada extraño tendrá que todo cuanto brotó de la
fuente de la vida, a ella retorne, a su debido tiempo.
Todo espíritu al brotar de Mí, fue virgen, mas luego en su camino muchos se
mancharon; sin embargo, estando todo previsto en forma sabia, amorosa y justiciera
por Mí, por vuestro Padre, me adelanté a poner en el camino que los hijos habrían de
recorrer, todos los medios necesarios para su salvación y regeneración.
Si aquella virginidad espiritual fue profanada por muchos seres, llegará algún día
en que purificando todas sus faltas, adquieren su pureza original, y esta purificación
será ante mi mirada muy meritoria, porque la habrá logrado el espíritu a través de
grandes e incesantes pruebas para su fe, su amor, su fidelidad y su paciencia.
Todos volveréis por el camino del trabajo, de la lucha y del dolor al Reino de la
Luz, desde el cual ya no tendréis necesidad de encarnar en un cuerpo humano, ni
habitar en un mundo de materia, pues para entonces vuestro alcance espiritual ya os
permitirá hacer sentir vuestra influencia y enviar vuestra luz de un mundo a otro.

La fuerza más poderosa para la Redención

He aquí el camino, venid por él y os salvaréis. En verdad os digo que no es
menester haberme escuchado en este tiempo para alcanzar la salvación; todo aquel
que en la vida practique mi Ley divina de amor, y ese amor inspirado en el Creador se
traduzca en amor hacia su semejante, ése está a salvo, ése da testimonio de Mí en su
vida y con sus obras.
Si el sol irradia luz de vida sobre toda la Naturaleza, sobre todas las criaturas, y si
las estrellas irradian también luz sobre la Tierra, ¿Por qué el Espíritu Divino no había
de irradiar luz sobre el espíritu del hombre?
Vengo a deciros ahora: humanidad, deteneos, dejad que la luz de la justicia que
procede del amor, se extienda por el mundo, dejad que mi verdad os persuada de que
sin amor verdadero no alcanzareis la salvación.
Mi luz es para todos mis hijos, no sólo para vosotros que habitas este mundo sino
para los espíritus que viven en diferentes moradas. Todos serán libertados y
resucitados a la vida eterna cuando con sus obras de amor hacia sus hermanos
cumplan mi divino precepto que os pide que os améis los unos a los otros.
Pueblo amado: éste es el tercer día en el que vengo a resucitar mi palabra entre los
muertos. Éste es el Tercer Tiempo en el que me aparezco ante el mundo en forma
espiritual, para decirle: éste es el mismo Cristo que visteis expirar en la cruz, que
ahora viene a hablaros porque Él vive y vivirá y será por siempre.
En cambio, veo que los hombres a pesar de que en sus religiones manifiestan estar
diciendo la verdad, llevan el corazón muerto a la fe, al amor y a la luz. Creen que con
orar en sus templos y asistir a sus ritos, tienen asegurada su salvación, mas Yo os digo
que es menester que el mundo sepa que la salvación sólo la alcanzará mediante la
realización de obras de amor y de caridad.
Los recintos sólo son la escuela, las religiones no sólo deberán concretarse a
explicar la Ley, sino a lograr que la humanidad comprenda que la vida es el camino
en donde debe aplicar lo que en la Ley divina haya aprendido, poniendo en práctica
mi Doctrina de amor.
Cristo se hizo hombre para manifestar ante el mundo el amor divino, pero los
hombres son duros de corazón y de entendimiento reacio, olvidan pronto la lección
recibida y la interpretan mal. Yo sabía que la humanidad llegaría a confundir la
justicia y el amor, con la venganza y el castigo, por eso os anuncié un tiempo en que
volvería espiritualmente al mundo a explicar a la humanidad, las lecciones que no
había comprendido.
Ese tiempo anunciado es éste en que vivís, y os he dado mi enseñanza para que se
manifieste mi justicia y mi sabiduría divina, como una perfecta lección del amor
sublime de vuestro Dios. ¿Creéis que Yo haya venido por el temor de que los
hombres llegaran a destruir las obras de su Señor o aun la misma vida? No, Yo vengo
sólo por amor a mis hijos, a los que quiero ver llenos de luz y de paz.
¿Verdad que es justo que también vosotros vengáis a Mí únicamente por el amor?
Mas no por el amor a vosotros mismos, sino amando al Padre y a vuestros hermanos.
¿Creéis que se inspire en el amor divino aquél que huye del pecado sólo por miedo al
tormento, o aquél que hace buenas obras pensando sólo en el premio que con ello
puede alcanzar al conquistar un lugar en la eternidad? El que así piensa, ni me conoce,
ni viene por amor a Mí, obra únicamente por amor a sí mismo.
Toda mi Ley se condensa en dos preceptos: el amor a Dios y el amor al prójimo.
Ése es el camino.

Salvación y Redención para cada espíritu

Ahora no vengo a levantar muertos en cuanto al cuerpo, como lo hice con Lázaro
en el Segundo Tiempo, hoy viene mi luz levantando a los espíritus que son los que me
pertenecen. Y éstos se levantarán con la verdad de mi palabra a la vida eterna, porque
vuestro espíritu es el Lázaro que ahora lleváis en vuestro ser y al que Yo resucitaré y
sanaré.
La vida espiritual también está tejida por leyes y cuando os alejáis de ellas muy
pronto sentís el resultado doloroso de aquella desobediencia.
Mirad cuan grande es mi anhelo de salvaros; hoy, como en aquel tiempo, cargaré
la cruz para elevaros a la vida verdadera.
Si mi sangre derramada en el calvario conmovió al corazón de la humanidad y la
convirtió a mi Doctrina, en este tiempo será mi luz divina la que estremezca al
espíritu y a la materia para haceros volver al camino verdadero.
Quiero que vivan eternamente los que han muerto a la vida de la gracia; no quiero
que vuestro espíritu habite en las tinieblas.
Ved cómo muchos de vuestros hermanos, esperan en el seno de su idolatría la
venida del Mesías. Mirad cómo muchos en su ignorancia, creen que sólo vendré a
descargar mi justicia sobre los malos, salvar a los buenos y destruir al mundo, sin
saber que estoy entre los hombres como Padre, como Maestro, como Hermano o
Amigo, lleno de amor y humildad, extendiendo mi caridad para salvar, bendecir y
perdonar a todos.
Nadie ha nacido por casualidad, y por humilde, torpe o pequeño que se crea, ha
sido hecho por la gracia del Ser Supremo quien le ama igual que a los seres que él
considera superiores y tiene un destino que le llevará como a todos, al seno de Dios.
¿Veis esos hombres que como parias cruzan las calles, arrastrando el vicio y la
miseria sin saber quiénes son ni a dónde van? ¿Sabéis de los hombres que aún habitan
en selvas rodeados de bestias? Ninguno está olvidado por mi caridad, todos tienen una
misión que cumplir, todos poseen el germen de la evolución y están en el camino
donde los méritos, el esfuerzo y la lucha llevarán al espíritu de peldaño en peldaño
hasta Mí.

¿Quién es aquel que no ha deseado, aunque sea por un solo instante, mi paz
anhelando libertarse de la vida terrestre? Todo espíritu siente nostalgia del mundo que
antes habitó, del hogar donde nació. Aquel mundo espera a todos mis hijos
invitándoles a gozar de la vida eterna que algunos desean mientras otros tan sólo
esperan la muerte para dejar de ser, porque llevan turbado el espíritu y viven sin
esperanza y sin fe. ¿Qué puede alentar a esos seres a luchar por su regeneración?
¿Qué puede despertar en ellos el anhelo de eternidad? Sólo esperan el no ser, el
silencio y el fin.
Mas ha vuelto la luz del mundo, el camino y la vida para resucitaros con mi
perdón, para acariciar vuestra frente fatigada, para consolar vuestro corazón y hacer
que el que se sentía indigno de existir escuche mi voz que le dice: Yo os amo ¡Venid
a Mí!
Podrá el hombre caer y hundirse entre tinieblas y sentirse por ello alejado de Mí,
podrá creer que cuando muere todo ha terminado para él; en cambio, para Mí ninguno
muere, ninguno se pierde.
¡Cuántos hay que en el mundo pasaron como seres perversos y hoy están llenos de
luz! ¡Cuántos que dejaron como huella la mancha de sus pecados, de sus vicios y sus
crímenes, ya han alcanzado la purificación!
Cierto es que muchos van manchando a su espíritu, mas no les juzguéis porque no
saben lo que hacen. A esos también los salvaré, no importa que ahora se hayan
olvidado de Mí, o que me hayan cambiado por los falsos dioses que en el mundo han
creado. También a ellos los llevaré hasta mi Reino, aun cuando ahora por ir tras de los
falsos profetas, se hayan olvidado del dulce Cristo que les entregó su vida para
enseñarles su doctrina de amor.
Nadie es malo para el Padre, ninguno puede serlo si su principio está en Mí.
Equivocados, ciegos, violentos, rebeldes, así han sido muchos de mis hijos, en virtud
del libre albedrío con que fueron dotados, mas en todos se hará la luz, y mi caridad los
conducirá por el sendero de su redención.
Todos sois mi semilla, y el Maestro la recoge; si entre la buena simiente viene la
semilla de cizaña, también la tomo con amor entre mis manos, para transformarla en
dorado trigo.

Veo en los corazones semilla de cizaña, de fango, de crimen, de odios, y sin
embargo os recojo y os amo. A esta semilla la acaricio y la purifico, hasta que brilla
como el trigo en el sol.
¿Creéis que la potencia de mi amor no sea capaz de redimiros? Yo os sembraré
después de lavaros, en mi jardín, donde daréis nuevas flores y nuevos frutos. En mi
divina tarea está la misión de dignificaros.
¿Cómo podrá perderse irremisiblemente para Mí un espíritu, si lleva en sí un
destello de mi luz que jamás se extingue y doquier que vaya me tiene delante? Por
muy larga que sea su reaciedad o muy duradera su turbación, nunca serán esas
tinieblas más largas que mi eternidad.
Tan meritorio es ante Mí que un ser manchado con la huella de las más graves
faltas se purifique inspirado en un elevado ideal, como que un ser que ha perseverado
en la pureza, luche hasta el fin por no mancharse, porque él desde un principio amó la
luz.
¡Cuan distantes de la verdad andan quienes piensan que los espíritus turbados
poseen distinta naturaleza a la de los espíritus de luz!
Injusto sería el Padre si eso fuese verdad, como también dejaría de ser
Todopoderoso si careciese de sabiduría o de amor para salvar a los manchados, a los
impuros, a los imperfectos y no poder reuniros con todos los justos en una misma
morada.
Aun aquellos seres a los que llamáis de tentación o demonios, de cierto os digo
que no son mas que seres turbados o imperfectos de los cuales el Padre se sirve
sabiamente para llevar a cabo sus altos designios y planes.
Pero esos seres, hoy envueltos sus espíritus en las tinieblas y muchos de ellos
haciendo un mal uso de los Dones que Yo les he concedido, serán puestos a salvo por
Mí a su debido tiempo.
Porque llegará el momento, ¡Oh Israel!, en el que todas las criaturas del Señor me
estarán glorificando eternamente; dejaría Yo de ser Dios, si con mi poder; mi
sabiduría y mi amor, no lograse rescatar a un espíritu.
¿Cuándo los padres en la Tierra han amado solamente a los hijos buenos, y
aborrecido a los malos? ¡Cuántas veces les he visto ser más cariñosos y solícitos
precisamente con los que más les ofenden y hacen sufrir! ¿Cómo es posible que
vosotros pudieseis hacer obras de amor y de perdón mayores que las mías? ¿Desde
cuándo se ha visto que el Maestro tenga que aprender de los discípulos?
Sabed, por tanto, que a nadie juzgo indigno de Mí y que por eso el Camino de
salvación eternamente os está invitando a recorrerle, así como las puertas de mi
Reino, que son la luz, la paz y el bien, están perennemente abiertas en espera de la
llegada de quienes estaban alejados de la Ley y la verdad.

Glorioso futuro de los hijos de Dios

No permitiré que se confunda ni que se pierda uno solo de mis hijos. A las plantas
parásitas las convierto en fructíferas, porque todas las criaturas han sido formadas
para llegar a alcanzar un fin perfecto.
Quiero que vosotros gocéis conmigo en mi Obra; ya antes os he participado de
mis atributos porque sois parte de Mí; si todo me pertenece, también a vosotros os
hago dueños de mi Obra.
No dudéis de mi palabra; en el Primer Tiempo os cumplí mi promesa de liberar a
Israel de la esclavitud de Egipto que significaba idolatría y tinieblas, para llevaros a
Canaán, tierra de libertad y culto al Dios viviente. Allí os fue anunciado mi
advenimiento en cuanto hombre, y la profecía fue cumplida palabra por palabra en
Cristo.
Yo, aquel Maestro que habitó y os amó en Jesús, prometí al mundo hablarle en
otro tiempo, manifestarme en Espíritu; y aquí tenéis el cumplimiento de mi promesa.
Hoy os anuncio que tengo reservadas para vuestro espíritu maravillosas regiones,
moradas, mansiones espirituales donde podáis encontrar la libertad verdadera para
amar, para hacer el bien y extender mi luz. ¿Podréis dudar de ello, después de haberos
cumplido mis anteriores promesas?
Mi divino anhelo es el de salvaros y llevaros a un mundo de luz, de bellezas y de
amor, donde vibréis por la elevación del espíritu, por la nobleza de los sentimientos,
por el ideal de perfección; mas, ¿No descubrís en ese divino anhelo mi amor de
Padre? Ciertamente, quien no lo comprenda así debe estar ciego.
¡Mirad! Todas las galas de este mundo están destinadas a desaparecer, para que a
su tiempo vengan otras; mas vuestro espíritu seguirá viviendo eternamente y
contemplará al Padre en todo su esplendor, al Padre de cuyo seno brotó. Todo lo
creado tiene que volver al lugar de donde provino
Yo soy la luz, la paz y la felicidad eternas y como vosotros sois mis hijos, quiero
y debo haceros partícipes de mi gloria y para eso os enseño la Ley como el camino
que conduce al espíritu a las alturas de aquel Reino.
Tened siempre presente que el espíritu que alcanza los altos grados de la bondad,
dé la sabiduría, de la pureza y el amor, está más allá del tiempo, del dolor y de las
distancias. No está limitado a habitar un sitio, puede estar en todas partes, y encontrar
en todo un supremo deleite de existir, de sentir, de saber, de amar y saberse amado.
Ése es el cielo del espíritu.

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