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Libre albedrío y conciencia.




La trascendencia de la Conciencia

Oíd, discípulos: El hombre tiene como dones espirituales el libre albedrío y la
conciencia; todos al nacer están dotados de virtudes y pueden hacer uso de ellas. En
su espíritu está la luz de la conciencia; pero a la vez que la materia se desarrolla, con
ella se desarrollan las pasiones, las malas inclinaciones, siendo éstas las que luchan
contra las virtudes.
Dios así lo permite, porque sin lucha no hay méritos, y así lo necesitáis para
ascender en el camino espiritual. ¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios, si no
lucharan? ¿Qué haríais si vivieseis llenos de felicidad, como lo deseáis en el mundo?
¿Rodeados de comodidades y riquezas, podríais esperar el progreso espiritual?
Estaríais estancados porque no existe el mérito donde no hay lucha.
Mas no os confundáis, porque al hablaros de lucha, Yo me refiero a la que
desarrolláis para vencer vuestras debilidades y pasiones. Esas luchas son las únicas
que permito a los hombres para que dominen su egoísmo y su materialidad, a fin de
que el espíritu tome su verdadero sitio iluminado por la conciencia.
Esa batalla interior sí la autorizo, mas no aquélla que hacen los hombres con el
deseo de engrandecerse, cegados por la ambición y la maldad.
Lucha el espíritu por alcanzar su elevación y su progreso, mientras la materia cede
a cada paso a las atracciones del mundo; mas podrían armonizar espíritu y materia,
tomando ambos lo que lícitamente les corresponde, eso es lo que os enseña mi
Doctrina.
¿Cómo podréis en cada paso practicar mi Ley? Escuchando la voz de la conciencia
que es el juez de vuestros actos. No vengo a ordenaros lo que no podríais cumplir;
vengo a persuadiros de que el camino de la felicidad no es una fantasía, sino que
existe y la forma de transitar por él, es la que os estoy revelando.
Sois libres de escoger el camino, pero es mi deber de Padre mostraros el verdadero,
el más corto, aquel que ha estado siempre iluminado por la luz del faro divino que es
mi amor a vosotros, que sois los discípulos sedientos siempre de escuchar nuevas
palabras que vengan a afirmar vuestros conocimientos y a vivificar vuestra fe.
He puesto la conciencia en vuestro ser para que ella esté de por medio en todos
vuestros pasos, ya que la conciencia sabe distinguir el bien del mal, y lo justo de lo
que no lo es. Con esa luz no podréis ser engañados, ni llamados ignorantes. ¿Cómo
podría el espiritualista engañar a su semejante o tratar de engañarse a sí mismo, si
conoce la verdad?

El hombre en la Tierra es un príncipe a quien mi amor y mi justicia dieron ese título
y la orden que recibió desde el principio fue el de señorear la Tierra.
Sobre el divino don de su libre albedrío puse un faro de luz que iluminara la senda
de su vida: la conciencia
Libertad para obrar y la luz de la conciencia para distinguir el bien del mal, son
dos de los mayores dones con que mi amor de Padre heredó a vuestro espíritu. Están
en el hombre antes de que nazca y después que muere. La conciencia lo guía y no se
aparta de él en la desesperación, ni en la pérdida de la razón ni en la agonía, porque
está íntimamente unida al espíritu.
El espíritu goza del don del libre albedrío, medio por el cual debe hacer méritos
para salvarse.
¿Quién guía, orienta o aconseja al espíritu, durante su libre trayecto, para
distinguir lo lícito de lo ilícito y por lo tanto para no perderse? La conciencia.
La conciencia es la chispa divina, es una luz superior; y es una fuerza para ayudar
al hombre a no pecar. ¿Qué mérito habría en el hombre si la conciencia tuviera fuerza
material para obligarlo a permanecer en el bien?
Yo quiero que sepáis que el mérito consiste en escuchar aquella voz, en
persuadirse de que ella nunca miente ni se equivoca en lo que aconseja y en obedecer
fielmente sus dictados.
Como vosotros podréis comprender, para escuchar claramente aquella voz, se
requiere preparación y concentración en sí mismo. ¿Quiénes practican esta obediencia
en los tiempos presentes? Contestaos vosotros.
La conciencia siempre se ha manifestado en el hombre; pero la humanidad no ha
alcanzado el desarrollo necesario para guiar toda su vida por esa luz. Ha tenido
necesidad de leyes, enseñanzas, preceptos, religiones y consejos.
Cuando los hombres lleguen a penetrar en comunión con su espíritu, y en vez de
buscar lo espiritual hacia el exterior, lo busquen en su interior, podrán escuchar la voz
suave, persuasiva, sabia y justa que estuvo siempre vibrando en ellos sin que la
escuchasen, y comprenderán que en la conciencia está la presencia de Dios, que ella
es el verdadero medio por el cual debe el hombre comunicarse con su Padre y
Creador.

Todos lleváis mi luz, todo espíritu posee esa gracia; pero, mientras que en unos
esa luz ha ido aumentando, creciendo, saliendo al exterior para manifestarse, en otros
sólo permanece en estado latente, oculta, ignorada. Mas os digo en verdad, que por
muy retrasado que sea espiritualmente un hombre, siempre podrá distinguir entre el
bien y el mal, por lo que todos sois responsables de vuestras obras delante de Mí.
Debo deciros que la responsabilidad crece en vosotros según se desarrolle vuestro
conocimiento, porque iréis siendo cada vez más sensibles a los dictados de la
conciencia.
Quiero que sepáis que sois entre todas las criaturas de este mundo, el ser
predilecto dotado de espíritu y conciencia; os he dado el libre albedrío para que
toméis por vuestra voluntad el camino recto que conduce a Mí; no es el camino
florido el que os ofrezco, sino el de oración, penitencia y lucha y por ese sendero os
guiará vuestra conciencia.
¿Qué sería del espíritu privado de su libre albedrío? En primer lugar no sería
espíritu y por lo tanto no sería creación digna del Ser Supremo; sería algo así como
esas máquinas que vosotros hacéis; algo sin vida propia, sin inteligencia, sin voluntad,
sin aspiraciones.
Yo di libre albedrío al hombre, mas si éste en su ofuscación llegase a reclamarme
por ello, le diré que también le di voluntad y entendimiento, a la vez que le revelé mi
ley, que es el camino para no tropezar ni perderse y encendí en él la luz de la
conciencia que es el faro interior que ilumina el camino del espíritu y lo conduce a la
vida eterna.
¿Por qué existe el pecado, predomina el mal y se desatan las guerras? Porque el
hombre no escucha los dictados de la conciencia y hace mal uso de su libre albedrío.
El mundo no está escuchando porque la voz de estas materias por las que me
comunico tienen escaso alcance, es entonces la voz de la conciencia que es mi
sabiduría la que habla a la humanidad sorprendiendo a muchos, que encerrados en su
egoísmo, están sordos al llamado de aquella voz, atentos sólo a la adulación y a la
adoración terrestre, recreándose en su grandeza y en su poderío.

El abuso del libre albedrío

Hoy me encuentro con una humanidad desfalleciente en lo espiritual, a causa del
abuso que ha hecho del don del libre albedrío. Yo tracé un camino de justicia, de
amor, de caridad, de bien; el hombre ha creado otro de aparente luz, el cual le ha
conducido al abismo.
Al volver, mi palabra os marca el mismo camino, aquel que no habéis querido
tomar; y sería injusto e insensato el que dijera que esta doctrina confunde o aletarga.
Contemplad a la humanidad ocupada en destruirse y odiarse, en arrebatarse el
poder unos a otros sin detenerse ante el crimen, el hurto o la traición. Ahí tenéis a los
hombres que por millones sucumben víctimas de sus semejantes y otros que perecen
bajo el efecto del vicio, ¿Hay luz en ello? ¿Habla el espíritu que en ellos existe? Lo
que hay es tiniebla y dolor, resultado del abuso del don del libre albedrío y de no
escuchar la voz interior, de no mirar la luz de esa chispa de Dios que todos lleváis en
vuestro ser y que es el destello divino al que llamáis conciencia.
El libre albedrío es la expresión mas alta, es el don mas completo de la libertad
que le fue concedida al hombre en el camino de la vida, a fin de que su perseverancia
en el bien, lograda por el consejo de la conciencia y por la lucha en el cumplimiento
de las pruebas, le hiciese alcanzar el seno del Padre. Mas el libre albedrío ha sido
sustituido por el libertinaje, es desoída la conciencia y solo se atiende a los dictados
del mundo y la espiritualidad ha sido sustituida por el materialismo.
Ante tanta confusión y tanto desvío, mi doctrina les parecerá absurda a los
hombres de este tiempo; mas Yo os digo, que es la enseñanza justa para lograr que los
hombres se libren del letargo en que se encuentran.
Mi palabra es el camino, es la divina ley que os guía hacía la perfección, es la luz
que eleva al espíritu pero que se ha visto empañada cuando la carne, por su dureza, se
ha impuesto desoyendo el llamado interior de su conciencia.
Entonces ¡Ay del espíritu que ha cedido bajo el impulso de la materia y se ha
dejado dominar por la influencia del mundo que le rodea, cambiando su puesto de
guía por el de un ser indefenso el cual llevan de un lado hacia otro las pasiones y las
flaquezas humanas, a semejanza de las hojas secas cuando son llevadas por el viento
sin dirección fija!

El hombre más amante de la libertad teme someterse a la voluntad divina,
temeroso de que su espíritu llegue a sujetarle privándole de muchas satisfacciones
humanas que él sabe que le dañan y abandona el camino que lo lleva a la vida
verdadera.
El tiempo en que los hombres han tomado el libre albedrío para emplearlo en
placeres, bajas pasiones, odios y venganzas, está llegando a su fin. Mi justicia está
cerrando las veredas del pecado y abriendo, en cambio, la senda de la reconciliación y
de la regeneración, para que puedan encontrar el camino de la paz que en vano han
buscado por otros medios.
Yo os di el don del libre albedrío y he respetado esa bendita libertad concedida a
mis hijos; pero también puse en vuestro ser la luz divina de la conciencia para que
guiados por ella, encauzaseis vuestros dones y Yo os digo que en la lucha del espíritu
y la materia ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco le
ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad que soy Yo.
Su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo de su abismo se
levantará cuando su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas no las pueda soportar
más. El dolor será su salvación y oyendo la voz de su conciencia, se levantará fuerte y
luminoso, ferviente e inspirado, tomando nuevamente sus dones; pero ya no con
aquella libertad de aplicarlos al bien o al mal, sino consagrándolos tan sólo al
cumplimiento de las leyes divinas, que es el mejor culto que podéis ofrecer a mi
Espíritu.

La obediencia a los impulsos de la Conciencia

¡Cuan lejos de la realidad se encuentran en estos instantes millones de seres, que
sólo viven para su presente material! ¿Cómo podrán abrir sus ojos a la realidad?
Solamente escuchando la voz de la conciencia. Esa voz que para ser oída requiere de
la concentración, de la meditación y la oración.
Siempre que queráis saber si el camino que seguís es el de la evolución,
consultaréis a la conciencia y si en ella hay paz y en vuestro corazón se alberga la
caridad y la buena voluntad para vuestros hermanos, estaréis seguros de que vuestra
luz aún ilumina y vuestra palabra consuela y sana.
Mas si descubriereis que en vuestro corazón ha germinado la codicia, la mala
voluntad, la materialidad y la lujuria, podréis estar ciertos de que vuestra luz se ha
tornado en tiniebla, en impostura. ¿Queréis que cuando el Padre os haga el llamado,
presentéis en vez de trigo dorado una cosecha inmunda?
Discípulos: Si no queréis sufrir equivocaciones o errores, analizad vuestros actos a
la luz de vuestra conciencia, y si hay algo que la empañe, examinaos a fondo y
encontraréis la mancha, para que podáis corregirla.
Dentro de vosotros existe un espejo donde podréis miraros y ver si estáis limpios
o no.
El espiritualista deberá ser reconocido por sus actos, los cuales para que sean
limpios, tendrán que haber sido dictados por la conciencia. Quien así practique, se
sentirá con derecho a llamarse mi discípulo.
¿Quién podrá engañarme a Mí? Nadie. Yo no vengo a juzgaros por lo que hacéis,
sino por la intención con que lo hacéis. Estoy en vuestra conciencia y más allá de ella.
¿Cómo podéis pensar que Yo pueda ignorar vuestros actos y el móvil de ellos?

La lucha entre el libre albedrío y la Conciencia

Cuando los primeros seres humanos habitaron la Tierra, en ellos puso el Creador
su amor y les dotó de espíritu, encendió su luz en la conciencia, a la vez que les era
dado el libre albedrío.
Y mientras unos lucharon por perseverar en el bien combatiendo todas las
tentaciones con el fin de permanecer limpios y dignos del Señor y de acuerdo con su
conciencia, otros, de pecado en pecado y de falta en falta, fueron forjando una cadena
de pecados, eslabón por eslabón, guiados sólo por la voz de los sentidos, dominados
por sus pasiones, sembrando el error y la tentación entre sus hermanos.
Pero al lado de estos espíritus turbados, también han venido mis profetas como
ángeles mensajeros de mi Divinidad, a despertar a la humanidad, a prevenirle de las
acechanzas y a anunciarle mi llegada.
Dura y rebelde fue la carne para seguir los dictados de esa luz interior que llamáis
conciencia y le fue más fácil seguir los impulsos que le encaminaban hacia el
libertinaje de sus instintos y de sus pasiones.
Mucho ha recorrido la humanidad la senda de la vida en esta Tierra, en plena
lucha entre la conciencia que nunca ha callado, y la carne que quisiese hacer del
materialismo su culto y su ley, no habiendo vencido hasta ahora ni la materia ni el
espíritu puesto que la lucha continúa.

¿Me preguntáis quién vencerá? Y Yo os digo que ya no tarda mucho el triunfo
absoluto de la conciencia, obrando a través del espíritu en la carne.
¿No presentís que después de tanta lucha y tanto combatir, tiene que doblegarse la
materia que es humana y pasajera, ante la conciencia que es mi luz eterna?
Comprended que después de tan prolongado combate, el hombre al fin alcanzará
la sensibilidad y la docilidad que nunca ha tenido ante esa voz y esa vida espiritual
que vibra y palpita dentro de su ser.
Hacia ese punto marcháis todos sin que os deis cuenta, mas, cuando miréis en la
Tierra el triunfo del bien y de la justicia, entenderéis el porqué de la lucha, de los
combates y las pruebas.
Ved cómo el hombre está antes y por sobre todo cuanto le rodea; que es el único
ser dotado de libre albedrío y de conciencia. De ese libre albedrío han provenido
todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son errores pasajeros ante la
justicia y la eternidad del Creador, porque luego se impondrá la conciencia sobre las
flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu, con ello vendrá el triunfo de
la luz, que es saber sobre las tinieblas, que son ignorancia; será el triunfo del bien, que
es amor, justicia y armonía, sobre el mal, que es egoísmo, libertinaje, injusticia.
Para mí nada es imposible, mi voluntad se ha cumplido y siempre se hará, aún
cuando haya ocasiones en que parezca que es la voluntad del hombre la que domina y
no la mía.

En la senda del libre albedrío del hombre, su reinado sobre la Tierra, los triunfos
de su soberbia, el dominio que con su fuerza llega a veces a imponer, son tan fugaces
comparados con la eternidad, que en forma alguna pueden hacer variar los planes
divinos, pero mañana o en el curso de su cumplimiento irá manifestándose la voluntad
de mi Espíritu sobre todos los seres, dejando lo bueno y borrando lo impuro.
Tiempo llegará en que las fronteras de este mundo sean borradas por el amor y en
que los mundos se acerquen unos a otros por espiritualidad.
Mientras, seguirá la lucha entre la conciencia y el libre albedrío, del cual toma y
se aprovecha el hombre para hacer de su vida lo que le place.
La lucha entre esas dos fuerzas llegará a su culminación y el triunfo se inclinará
de parte del espíritu, el cual, en una entrega absoluta de amor hacia su Padre, le dirá:
"Señor, renuncio a mi libre albedrío, hágase en mí sólo vuestra voluntad".
Yo bendeciré al que así llegue delante de Mí y lo envolveré en mi luz, mas le haré
saber que esa bendita libertad de que fue dotado, nunca se la quitaré, pues el que hace
la voluntad de su Padre, el que es fiel y obediente, es digno de la confianza de su
Señor.

La Conciencia a través de la Nueva Palabra de Dios

Mi Doctrina, llena de luz y amor, viene a fortalecer al espíritu, con el fin de que
llegue a imponer su potestad sobre la carne y sensibilizarla de tal manera, que cada
vez le sean más perceptibles las inspiraciones de la conciencia.
Espiritualidad es la meta que la humanidad debe perseguir, ya que a través de ella
llegará a identificarse en plenitud con la conciencia y llegar por fin a distinguir el bien
del mal.
Porque a causa de la falta de elevación espiritual de los hombres, aquella voz
interior, profunda y sabia, recta y justa, no ha podido ser debidamente escuchada e
interpretada, y por lo tanto, el hombre no ha llegado a tener un conocimiento absoluto
que le permita distinguir verdaderamente el bien del mal.
Y no solamente eso, sino que también encuentre en sí la fuerza necesaria para
seguir todo impulso bueno y obedecer toda inspiración luminosa, rechazando al
mismo tiempo cualquier tentación, pensamiento o sentimiento impuro o malo.
¿Cuan fácil será para los humanos entenderse cuando penetren en meditación y
escuchen la voz de su razón superior, la voz de ese juez a quien no quieren oír, porque
saben que les ordena todo lo contrario de lo que están haciendo.
Puedo deciros que si no habéis estado dispuestos a escuchar los dictados de
vuestra conciencia, tampoco habéis sido obedientes y mansos para practicar mi
doctrina. La reconocéis en teoría, mas no la lleváis a la práctica; le reconocéis esencia
divina, decís que fue muy grande Cristo y que su enseñanza es perfecta; pero nadie
quiere ser grande como el Maestro, nadie quiere llegar hasta Él, imitándolo
verdaderamente, y debéis saber que Yo vine, no sólo para que supieseis que soy
grande, sino también para que todos vosotros lo seáis.

Yo reuniré a todos los hombres y a todos los pueblos en torno a mi nuevo
mensaje, les llamaré como el pastor a las ovejas y les prepararé la paz de un aprisco,
donde se refugien de las inclemencias y de las tempestades.
Ya veréis cómo a pesar de que muchos aparentemente no tienen la menor huella
de fe o de espiritualidad, conservan en lo más puro de su espíritu, los principios
inmortales de la vida espiritual; ya veréis cómo muchos de los que os parece que no
tienen culto alguno, llevan en lo más íntimo de su ser, un altar indestructible.
Ante ese altar interior se habrán de postrar espiritualmente los hombres, a llorar
sus faltas, sus malas obras, y sus ofensas, arrepentidos sinceramente de su
desobediencia. Allí, ante el altar de la conciencia se derrumbará la soberbia humana,
dejando los hombres de considerarse superiores por sus razas. Entonces vendrán las
renunciaciones, la restitución y finalmente la paz, como fruto legítimo del amor y la
humildad, de la fe y la buena voluntad.

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