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Culpa y penitencia, pruebas y sufrimientos.




La necesidad de arrepentimiento y expiación

Si muchas veces permito que apuréis el mismo cáliz que disteis a vuestros
hermanos, es porque hay quienes solamente así comprenden el mal que causaron y
pasando por la misma prueba que hicieron pasar a otros, conocerán el dolor que
hicieron sentir, ello hará luz en su espíritu y hará brotar la comprensión, el
arrepentimiento y por consiguiente el cumplimiento a mi Ley.
Mas si queréis evitar pasar por el dolor sin apurar el cáliz de amargura, podéis
lograrlo saldando vuestra deuda con arrepentimiento, con buenas obras, con todo lo
que vuestra conciencia os diga que debéis hacer. Así saldaréis alguna deuda de amor,
devolveréis una honra, una vida o la paz, la salud, la alegría o el pan, que alguna vez
hubieseis robado a vuestros hermanos.
Ved cuan distinta es la realidad de mi justicia, de aquella idea que os habíais
formado de vuestro Padre.
No olvidéis que si he venido a deciros que ninguno de vosotros se perderá, también
es cierto que os he dicho que toda deuda deberá quedar saldada, y toda falta borrada
del Libro de la Vida. A vosotros toca elegir el camino para llegar a Mí. El libre
albedrío aún es vuestro.
Si preferís la ley del Talión de los antiguos tiempos, como aún la están practicando
los hombres desde sus orgullosas naciones, ved sus resultados.
Si queréis que la vara con que medís a vuestros hermanos, os mida también, ni
siquiera esperéis vuestra entrada en la otra vida para recibir mi justicia, que aquí
cuando menos lo esperéis, os veréis en el mismo trance en que pusisteis a vuestros
hermanos.
Mas si queréis que una ley más elevada, venga en vuestra ayuda, no sólo para
libraros del dolor, que es lo que más teméis, sino también a inspiraros los nobles
pensamientos y buenos sentimientos, orad, llamadme, e id luego a vuestro camino a
luchar para ser cada vez mejores, para ser fuertes en las pruebas, en una palabra, para
llegar a pagar con amor la deuda que tenéis con vuestro Padre y con vuestros
semejantes.

Alguno suele preguntarme: Maestro, si perdonáis nuestras faltas ¿Por qué dejáis
que con dolor las lavemos? A lo que os digo: Yo os perdono, pero es necesario que
reparéis esas faltas para que devolváis a vuestro espíritu su limpidez.
Yo os he dicho que hasta la última mancha será borrada del corazón del hombre,
mas también os digo que cada quien deberá lavar sus propias manchas. Recordad que
os dije: "Con la vara que midiereis seréis medidos" y "Lo que se siembra se cosecha".
De las ofrendas materiales que la humanidad me ofrece, sólo recibo la buena
intención, cuando ésta en verdad es buena, porque no siempre una ofrenda representa
una intención elevada y noble. Cuántas veces los hombres me presentan su ofrenda
para cubrir sus maldades o para exigirme algo a cambio. Por ello os digo que la paz
del espíritu no se compra, que sus manchas no se lavan con la riqueza material, así
pudieseis ofrecerme el mayor de los tesoros.
Arrepentimiento, pesar por haberme ofendido, regeneración, enmienda, reparación
de las faltas cometidas, todo ello con la humildad que os he enseñado, y entonces sí
estarán los hombres presentándome las verdaderas ofrendas del corazón, del espíritu y
del pensamiento, que son infinitamente más agradables a vuestro Padre, que el
incienso, las flores y las lámparas.

La ley de la expiación

Habéis tenido una oportunidad tras otra, y en ello podéis comprender mi amor
infinito por vosotros, porque os he dado y concedido a vuestro ser la oportunidad para
reparar errores, purificar y perfeccionar vuestro espíritu, en vez de castigaros o
condenaros eternamente como solíais pensar antes.
¿Quién que conozca estas lecciones y tenga fe en que encierran una verdad, osaría
apartarse de su misión en el mundo, sabiendo que con ello está preparando una
restitución aún más dura para su espíritu?
Porque si bien es cierto que mi justicia os ofrece nuevas ocasiones para borrar
manchas y reparar yerros, también es cierto que en cada oportunidad aumenta el
número de pruebas, y que los trabajos y sufrimientos son más intensos cada vez,
como más intensos fueron los errores cometidos.
Vuestro deber, para no hablar de castigo, será reparar, restaurar, restituir y saldar
hasta la última cuenta. Nadie," ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos de la
Tierra o del valle espiritual, harán lo que sólo vosotros debéis hacer, aunque debo
deciros que Yo siempre acudiré a vuestro llamado, que cuando os miréis solitarios o
abandonados, sentiréis mi presencia y que el mundo espiritual vendrá siempre para
ayudaros con el peso de vuestra cruz.
Sólo mi amor y mi justicia pueden amparar ahora a los que tienen hambre y sed de
ellas. Sólo Yo sé recibir en mi justicia perfecta a quién atenta contra su propia
existencia.
Si supiesen que la soledad del espíritu es más tremenda que la soledad de este
mundo, esperarían con paciencia y fortaleza hasta el día postrero de su existencia.
Yo no destruyo a ninguno de mis hijos por mucho que me ofendan, los conservo y
les doy oportunidad de corregir su falta y retornar al camino que habían dejado. Mas a
pesar de que los he absuelto encuentran el fruto de sus obras y éstas son las que le
juzgan y les señalan el camino recto.

La razón de pruebas y padecimientos

Conoceos a vosotros mismos. He contemplado la existencia de la humanidad de
todos los tiempos y sé cuál ha sido la causa de todos sus dolores y desdichas.
Desde los primeros tiempos, he visto a los hombres quitarse la vida por causa de
la envidia, por el materialismo, por la ambición del poder; siempre han descuidado su
espíritu, creyéndose materia solamente, y cuando ha llegado la hora de dejar en la
Tierra la forma humana, sólo ha quedado lo que hicieron en su vida material, sin
recoger ninguna gloria para el espíritu porque no la buscaron, no pensaron en ella ni
les preocuparon las virtudes del espíritu, ni el saber. Se conformaron con vivir sin
buscar el camino que los conduce a Dios.
Ahora, a pesar del adelanto de vuestra civilización, os habéis alejado cada vez más
de la Naturaleza material, así como también de lo espiritual, de lo puro, de lo que es
de Dios, por ello en cada etapa de vuestra vida vais cayendo en mayor debilidad, en
mayor amargura a pesar de vuestros deseos de llegar a ser más fuertes y dichosos cada
día que pasáis en la Tierra; mas daréis un paso en el cumplimiento de mi Ley ¡Oh
pobladores del mundo!
Las pruebas que encontráis en vuestro paso, no las ha puesto la casualidad, os las
he enviado para que hagáis méritos. La hoja del árbol no se mueve sin mi voluntad y
lo mismo estoy en las grandes que en las pequeñas obras de la creación.
Velad y orad para que lleguéis a comprender cuál es el fruto que debéis recoger de
cada prueba para que sea más breve vuestra expiación. Tomad con amor vuestra cruz
y haré que llevéis con paciencia vuestra restitución.
Si entre risas, placeres y vanidades, los hombres se olvidan de Mí y hasta me
niegan, ¿Por qué se acobardan y tiemblan cuando están recogiendo la cosecha de
lágrimas que atormenta a su espíritu y a su cuerpo? Entonces blasfeman diciendo que
Dios no existe.

Es valiente el hombre para pecar, decidido para salirse fuera del camino de mi
Ley; mas Yo os aseguro que es demasiado cobarde cuando se trata de restituir y de
saldar sus deudas. Sin embargo, Yo os fortalezco en vuestra cobardía, os protejo en
vuestras flaquezas, os despierto de vuestro letargo, enjugo vuestras lágrimas y os doy
nuevas oportunidades para que recuperéis la luz perdida y volváis a encontrar el
camino olvidado de mi Ley.
Vengo a traeros como en el Segundo Tiempo, el pan y el vino de la vida, lo
mismo para el espíritu que para el cuerpo, para que viváis en armonía con todo lo
creado por vuestro Padre.
En mis caminos florecen las virtudes, en cambio los vuestros están cubiertos de
espinos, de abismos y amarguras.
Quien diga que los caminos del Señor están llenos de abrojos, no sabe lo que dice,
porque Yo no he creado el dolor para ninguno de mis hijos; mas los que se han
alejado del sendero de luz y de paz, al retornar a él tendrán que sufrir las
consecuencias de su falta.
¿Por qué bebisteis el cáliz de amargura? ¿Por qué olvidasteis el mandato del
Señor, así como la misión que os confié? Porque sustituisteis mi Ley por las vuestras
y ahí tenéis los resultados de vuestra vana sabiduría: Amargura, guerra, fanatismo,
desengaños y mentiras que os asfixian y os llenan de desesperación. Y lo más
doloroso para e! hombre materializado, para el que todo lo somete a sus cálculos y lo
sujeta a las leyes materiales de este mundo, es que después de esta vida se encontrará
cargando aún el fardo de sus errores y de sus tendencias. Entonces será muy grande el
sufrimiento de vuestro espíritu.
Sacudid aquí vuestro fardo de pecados, cumplid con mi Ley y venid pronto. Pedid
perdón a todos los que hubiereis ofendido y dejad lo demás a Mí, pues corto será
vuestro tiempo para amar si en verdad os decidís a hacerlo.
Venid a Mí, todos los que traéis una pena escondida en el corazón. Lleváis oculto
el dolor que os ha causado una traición y vuestra amargura es muy grande porque ha
sido un ser muy querido quien os hirió profundamente.
Venid a meditar, para que la oración os ilumine y podáis saber si en algún tiempo
vosotros fuisteis la causa de que os traicionaran, entonces la oración os servirá para
fortaleceros en la idea de "que debéis perdonar a quienes os traicionen en vuestro
amor, en vuestra fe, en vuestra confianza.

En verdad os digo que en el mismo instante en que otorguéis vuestro perdón a
quien os haya ofendido, sentiréis mi paz en plenitud, porque en ese momento vuestro
espíritu se habrá unido con el Mío y Yo extenderé mi manto para perdonaros y
cubriros a unos y a otros con mi amor.
De cierto el Maestro os dice: He preparado un Reino de paz y de perfección, para
todo espíritu, mas a ese Reino que Yo he preparado se opone otro reino: el mundo. Si
mi reinado se conquista por medio de la humildad, del amor y de la virtud; el otro
reino para poseerse, precisa del orgullo, de la ambición, de la soberbia, de la codicia,
el egoísmo y el mal.
En todo tiempo se ha opuesto el mundo a mi Reino. En todo tiempo los que me
siguen, han sido perturbados en su camino, han sido tentados, ya por influencias
visibles como por fuerzas invisibles.
No es éste el único tiempo en que vosotros pisáis sobre espinos para llegar a Mí;
no es la primera vez que vuestro espíritu tropieza para alcanzar mi presencia; en todo
tiempo habéis llevado la lucha en lo más íntimo de vuestro ser.
La inspiración de mi Espíritu, haciendo luz en vuestro interior ha entablado batalla
con las tinieblas, con las falsas luces, con las falsas virtudes, con la materia, con todo
lo superfluo, con toda la grandeza falsa de este mundo.
El dolor que por mi causa hayáis apurado, Yo lo bendigo y lo santifico porque
todo lo que sufráis por mi causa, os dignificará eternamente.

Fe, conformidad y humildad en las pruebas

La vida humana es para el espíritu el crisol donde se purifica y el yunque donde se
forja. Es indispensable que el hombre tenga ideal en su espíritu, fe en su Creador y
amor a su destino, para poder llevar con paciencia su cruz hasta la cima de su
calvario.
Sin la fe en la vida eterna, el hombre cae en la desesperación, en medio de las
pruebas, sin ideales elevados, se hunde en el materialismo, y sin fuerzas para soportar
un desengaño, se pierde en el desaliento o en el vicio.
Os digo que améis vuestra cruz, porque si al tener que llevarla a cuestas renegáis,
el dolor abrirá en vuestro corazón una profunda herida. Yo sí amo mi cruz, oh pueblo,
y ¿Sabéis qué es lo que llamo mi cruz? Mi cruz la constituís vosotros, oh humanidad,
a quien tanto amo.
La fe, la conformidad y la humildad ante lo dispuesto por Mí, harán más breve la
jornada, porque no caminaréis por la senda dolorosa más de una vez; pero si en las
pruebas surgiese la rebeldía, la inconformidad y la blasfemia, la prueba se prolongará,
porque tendréis que recorrer nuevamente aquel camino hasta aprender la lección.
Yo os digo que las pruebas que el hombre se ha preparado a sí mismo en este
tiempo son muy grandes, porque así le son necesarias para su salvación.
Por lo más querido de cada hombre llegará la eterna justicia a tomar cuenta de la
obra de toda criatura humana.
¡Cuan importante es que esta humanidad llegue al conocimiento de lo que
significa la restitución espiritual, para que así, pensando que el espíritu tiene un
pasado que sólo Dios conoce, acepte con amor, paciencia, respeto y hasta alegría su
cáliz de amargura, sabiendo que con ello está lavando manchas pasadas o presentes,
está saldando deudas y está haciendo méritos ante la Ley!
No habrá elevación en el dolor mientras no se sufra con amor, respeto a mi
justicia y conformidad ante lo que cada quien se ha labrado para sí; mas esa elevación
en medio de las pruebas, sólo el conocimiento sobre lo que es la Ley de la restitución
espiritual, podrá dársela a los hombres.

El significado de sufrimientos y dolor

Si las pruebas de la vida las atribuís al acaso, difícilmente podréis encontraros
fuertes; mas si tenéis noción de lo que es expiación, de lo que es justicia y restitución,
en vuestra fe hallaréis elevación y conformidad para vencer en las pruebas.
Me place probar a vuestro espíritu en distintas formas, porque lo estoy formando,
modelando y perfeccionando; para ello me sirvo de todo y de todos, lo mismo tomo
como instrumento a un justo que a un malvado, lo mismo me sirvo de la luz, que
convierto en mi sierva a la tiniebla. Por eso os digo que cuando os encontréis en duro
trance, penséis en Mí, en vuestro Maestro, quien con todo amor os explicará el porqué
de esa prueba.
Hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después, para que
todos lleguen a comprenderme y amarme, la miseria, la enfermedad, la calumnia, la
deshonra, son cálices muy amargos que no solamente llegarán a los labios del
pecador. Recordad que el justo entre los justos en aquel Segundo Tiempo, apuró el
cáliz más amargo que podáis concebir. La obediencia, la humildad y el amor con que
sea apurado el cáliz de dolor, harán más liviana la cruz y más pasajera la prueba.
Todo cuanto os rodea tiende a purificaros, mas no todos lo han entendido así. No
dejéis que el dolor que apuráis en vuestro cáliz de amargura sea estéril. Del dolor
podéis extraer luz que es sabiduría, mansedumbre, fortaleza y sensibilidad.
Sabed, discípulos, que el dolor aparta de vuestro corazón los malos frutos, os da
experiencia, haciendo que vuestros errores se tornen en aciertos.
Así os prueba vuestro Padre, con el fin de que la luz se haga en vuestro
entendimiento, mas, cuando no comprendéis y sufrís estérilmente por no encontrar el
sentido de mis sabias lecciones, vuestro dolor es inútil y desaprovecháis la lección.
Los hombres exclaman: Si hay un Dios de misericordia y de amor ¿Por qué
entonces tienen que sufrir los buenos por los malos, los rectos por los pecadores?
En verdad os digo, mis hijos: Cada hombre viene a este mundo no sólo para
alcanzar la salvación de sí mismo. No es un individuo aislado, sino que forma parte de
un todo.

¿Acaso en un cuerpo humano, un órgano sano y perfecto no sufre cuando los
demás órganos están enfermos?
Ésta es una comparación material para que comprendáis la relación que tiene cada
uno de los hombres con los demás. Deben sufrir los buenos por los malos, pero los
buenos no son completamente inocentes si ellos no luchan por el adelanto espiritual
de sus hermanos. Mas como individuos cada uno tiene su propia responsabilidad y al
ser parte de mi Espíritu y semejante a Él, posee voluntad e inteligencia para ayudar al
progreso de todos.
Interpretad justamente mi enseñanza, no penséis que mi Espíritu goza viendo
vuestros sufrimientos en la Tierra, o que vengo a privaros de todo lo que os es grato
para con ello gozarme. Vengo a haceros reconocer y respetar mis leyes, porque son
dignas de vuestro respeto y acatamiento, y porque obedecerlas os traerá la felicidad y
la paz eterna.
Debo deciros que mientras habitéis en la Tierra, debéis luchar por hacer lo más
amable posible vuestra existencia en ella, no es forzoso llorar, padecer y sangrar
infinitamente para poder merecer la paz en el más allá.
Si pudieseis transformar esta Tierra, de valle de lágrimas en un mundo de
felicidad, donde os amaseis los unos a los otros, donde os preocupaseis por practicar
el bien y vivir dentro de mi Ley, en verdad os digo que esa vida sería ante Mí, más
meritoria aún y más elevada que una existencia de sufrimientos, vicisitudes y lágrimas
por mucha conformidad que tengáis para sufrirla.
Alegraos de que ningún dolor sea eterno; vuestros sufrimientos son temporales y
desaparecen muy pronto.
El tiempo de expiación, de purificación es fugaz para quien ve las pruebas con
espiritualidad; en cambio, para quien está revestido de materialismo, tardará mucho lo
que en realidad pasa muy pronto.
Como pasan los latidos de vuestro corazón, así pasa en el infinito la vida de los
hombres.
No hay por qué temer, porque así como se escapa un suspiro, como se vierte una
lágrima o como se dice una palabra, así también desaparecen los sufrimientos en el
hombre.
En la infinita ternura de Dios, tendrán que desvanecerse todos vuestros dolores y
pesares.

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