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La comprensión correcta de los textos bíblicos.




La interpretación de la Palabra y promesas Bíblica

Los hombres se han dedicado a escudriñar los antiguos testamentos, torturando su
mente en la investigación e interpretación de las profecías y de las promesas. Los que
de entre ellos se han aproximado más a la verdad, son los que han encontrado el
sentido espiritual de mis enseñanzas, porque aquellos que siguen aferrados a la
interpretación material, y no saben o no quieren encontrar el sentido espiritual de mis
manifestaciones, tendrán que sufrir confusiones y decepciones, como las que sufrió el
pueblo judío cuando llegó el Mesías, al cual habían imaginado y esperado de una
manera distinta a la que le mostró la realidad.
La idea errónea que de mi justicia se formó el hombre en los primeros tiempos,
desaparecerá definitivamente para dar paso al verdadero conocimiento de ella. La
justicia divina será al fin comprendida como la luz que brota del amor perfecto que
existe en vuestro Padre.
Aquel Dios a quien los hombres creyeron vengativo, cruel, rencoroso e inflexible,
será sentido en lo profundo del corazón, como un Padre que perdona a cambio de las
ofensas de sus hijos, como el Padre que persuade con ternura al pecador; como el juez
que en vez de condenar al que ha faltado gravemente, le proporciona una nueva
oportunidad de salvación.
¡Cuántas imperfecciones me atribuían los hombres en su ignorancia, creyéndome
capaz de sentir ira, siendo la ira sólo una flaqueza humana! Si los profetas os hablaron
de la ira santa del Señor, ahora os digo, que aquella expresión la interpretéis como
justicia divina.

Los hombres del Primer Tiempo no hubieran entendido de otra manera, ni los
disolutos o los libertinos hubiesen tomado en cuenta las amonestaciones de los
profetas, si ellos no les hubiesen hablado en aquella forma. Era menester que la
inspiración de mis enviados fuera expresada en términos que impresionaran el cerebro
y el corazón de aquellos hombres escasos de desarrollo espiritual.
Las escrituras del Primer Tiempo, recogieron la historia del pueblo de Israel
conservando el nombre de sus hijos, sus aciertos y sus errores, sus obras de fe y sus
flaquezas, su esplendor y sus caídas, para que ese libro hablara a cada nueva
generación de la evolución de aquel pueblo en el culto sagrado. Aquel libro, lo mismo
guardó los nombres de los patriarcas amantes de la virtud y de la justicia, modelos de
fuerza en la fe, que el de los profetas, videntes del futuro, por cuyas bocas habló
siempre el Señor, cuando vio a su pueblo al borde de un peligro. También recogió los
nombres de los perversos, de los traidores, de los desobedientes, porque cada caso,
cada ejemplo, es una lección y a veces un símbolo.
Cuando vine en Jesús a habitar entre los hombres, sólo cuando fue necesario tomé
de la esencia de aquellas escrituras, del sentido de aquellas obras para dar mis
lecciones; lo material y lo superfluo jamás lo ensalcé. ¿No recordáis que mencioné al
justo Abel, que ponderé la paciencia de Job y mencioné la sabiduría y el esplendor de
Salomón? ¿Verdad que en muchas ocasiones recordé a Abraham y hablé de los
profetas, y que refiriéndome a Moisés os dije que Yo no venía a borrar la Ley que el
recibió, sino a darle cumplimiento?
Necesitáis estudiar las revelaciones divinas que a través de los tiempos os he hecho,
llegar a entender el lenguaje metafórico a través del cual se os habló, sensibilizar de
tal manera vuestros sentidos espirituales, para que lleguéis a saber cuál es la palabra
de Dios y cuáles son las de los hombres, para que encontréis la esencia de mis
enseñanzas.

Sólo desde un punto de vista espiritual lograréis encontrar la interpretación justa y
verdadera de mi palabra, lo mismo de la que os envié a través de los profetas, que
aquéllas que os legué por conducto de Jesús, o ésta que os estoy dando por medio de
los portavoces del Tercer Tiempo.
Cuando esta humanidad haya encontrado el sentido verdadero de la Ley, de la
Doctrina, de las profecías y de las revelaciones, habrá descubierto lo más bello y lo
más profundo en cuanto se relaciona con su existencia.
Entonces sí conocerá la verdadera justicia y será cuando su corazón presenta el
verdadero Cielo, también será cuando sepáis lo que es expiación, purificación y
restitución.
Las escrituras de los tiempos pasados podrían revelaros lo que hoy os repito, pero
el hombre se ha atrevido a falsear mis verdades para difundirlas adulteradas. Y ahí
tenéis una humanidad espiritualmente enferma, cansada y sola.
Por eso mi voz de ¡Alerta! se deja escuchar a través del portavoz, porque no
quiero que encontréis la confusión.
Si a vuestras manos llegasen alterados los escritos de mis discípulos que en el
Segundo Tiempo os legaron mi palabra, Yo haré que reconozcáis cuáles son las
verdaderas palabras de Jesús, vuestra conciencia descubrirá como falsas, las que no
estén en armonía con el concierto divino de mi amor.
Nunca ha estado el hombre huérfano de mis revelaciones que son la luz del
espíritu, pero ha tenido temor de analizarlas, y Yo os pregunto: ¿Qué podréis saber de
la verdad y de lo eterno si os obstináis en huir de lo espiritual?
Mirad la interpretación material que habéis dado a mis revelaciones del Primer y
Segundo Tiempos, siendo que ellas os hablan sólo de lo divino y de lo espiritual; ved
cómo confundís la naturaleza material con la espiritual; con qué falta de respeto
convertís lo profundo en superficial y lo elevado en bajo. ¿Y, por qué lo habéis hecho
así? Porque queriendo hacer algo en la Obra de Dios, buscáis la forma de adaptar mi
Doctrina a vuestra vida material, a vuestras conveniencias humanas que son las que
más os interesan.

La lección que os di en el Segundo Tiempo, lección que muchos no han entendido
y otros han olvidado, en este tiempo haré que sea comprendida por todos y que
además se le dé cumplimiento mediante mis nuevas enseñanzas.
La luz de mi Espíritu Santo desciende sobre vosotros, mas ¿Por qué me
representáis en la forma de una paloma? Ya aquellas figuras y símbolos no deben de
ser adorados por mis nuevos discípulos.
Comprended mi enseñanza, pueblo: En aquel Segundo Tiempo, mi Espíritu Santo
se manifestó en el bautizo de Jesús en la forma de una paloma porque esa ave en su
vuelo semejaba al vuelo del espíritu, su blancura habla de pureza y en su dulce y
apacible mirada hay un reflejo de inocencia.
¿Cómo hacer comprender a aquellos hombres rudos lo divino, si no era tomando
las figuras de los seres conocidos por ellos en el mundo?
Cristo, quien os habla en este instante, fue representado por un cordero, y el
mismo Juan en su visión profética, así me contempló. Todo ello se debe a que, si me
buscáis en cada una de mis obras, en toda la Creación encontraréis siempre una
imagen del autor de la vida.
En aquel tiempo os dije que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja, que
un rico avaro en el Reino de los Cielos. Hoy os digo que es menester que esos
corazones se despojen de su egoísmo y practiquen la caridad con sus hermanos, para
que su espíritu pueda pasar por la estrecha senda de la salvación. No es necesario
despojarse de posesiones y riquezas, tan sólo del egoísmo.
Estoy reedificando el templo al que me referí cuando dije a mis discípulos que
maravillados contemplaban el templo de Salomón: "De cierto os digo que de él no
quedará ni piedra sobre piedra, mas Yo en tres días lo reedificaré".
Quise decir que todo culto exterior por suntuoso que a la humanidad parezca
desaparecerá del corazón de los hombres para levantar en su lugar el verdadero
templo espiritual de mi Divinidad. Éste es el Tercer Tiempo, o sea el tercer día en el
que Yo terminaré de reedificar mi templo.
Dios no tiene forma, porque si la tuviese, sería un ser limitado como lo es el
humano y entonces ya no sería Dios.
Su trono es la perfección, la justicia, el amor, la sabiduría, la fuerza creadora, la
eternidad.

El Cielo es la felicidad suprema a que llega un espíritu por el camino de su
perfeccionamiento, hasta elevarse tanto en sabiduría y amor que alcance un estado de
pureza, a donde no llega el pecado ni el dolor.
En algunas ocasiones mis profetas al hablar de la vida espiritual, lo hicieron a
través de formas humanas y de objetos conocidos por vosotros.
Los profetas vieron tronos semejantes a los de los reyes de la Tierra, libros, seres
con forma humana; palacios con cortinajes, candelabros, el cordero y muchas figuras
más. Pero ahora debéis comprender que todo ello sólo encerraba un significado, un
símbolo, un sentido divino, una revelación que tuvo que ser expresada a vosotros bajo
una forma alegórica, ya que no os encontrabais capacitados para comprender otra más
elevada.
Ya es tiempo que interpretéis justamente el contenido de todas mis parábolas y
enseñanzas que por medio de símbolos os he revelado, para que el significado penetre
en vuestro espíritu y la forma simbólica desaparezca.
Cuando lleguéis a este conocimiento, vuestra fe será verdadera, puesto que la
habréis cimentado en la verdad.
Si todos los llamados acudiesen a la mesa del Señor, en donde se sirve el manjar
que alimenta al espíritu, ésta se encontraría completa pero no todos los invitados han
llegado.
Es condición del hombre no saber corresponder a los beneficios de Dios y por eso
habéis visto a muchos de vuestros hermanos desairaros cuando les hacéis el llamado.
Mas, Yo os digo que estos pocos que se sientan a mi mesa y que persisten en
escucharme para aprender de Mí, serán los que den a conocer a las multitudes la
grandeza de mi palabra, el sentido de esta Doctrina que llama a los hombres a la
reconstrucción de un mundo que ha llegado a su final, para dar paso a uno más
luminoso y elevado.

La revelación de Jesús a través del Apóstol Juan

Todo estaba escrito en el libro de los Siete Sellos que se encuentra en Dios y cuya
existencia fue revelada a la humanidad por medio de Juan, el Apóstol y profeta.
El contenido de ese libro sólo el Cordero Divino os lo ha revelado, porque no ha
existido en la Tierra ni en los cielos un espíritu justo que os pudiera esclarecer los
profundos misterios del amor, de la vida y de la justicia de Dios; mas el Cordero
Divino, que es Cristo, desató los sellos que cerraban el Libro de la vida para revelar
su contenido a sus hijos.
Si el libro de las profecías de Juan, ha sido visto por algunos como misterio
impenetrable y por otros considerado bajo una interpretación errónea, se debe a que la
humanidad no ha alcanzado aún la espiritualidad necesaria para comprender lo que
ahí está representado y puedo deciros también que ni siquiera fue entendido por el
profeta u quien se le inspiró.
Juan oyó y vio, y al escuchar que se le ordenaba que escribiese, al punto obedeció,
mas comprendió que aquel mensaje era para los hombres que vendrían mucho tiempo
después de él.
¿Cuándo fijarán los hombres su atención en lo que dejó escrito mi amado
discípulo? Extraña es la forma en que está descrita su revelación, misterioso su
sentido, profundas hasta lo infinito sus palabras. ¿Quién podrá entenderlas?
Los hombres que comienzan a interesarse en la Revelación de Juan, se
profundizan, analizan, observan y estudian. Unos se aproximan algo a la verdad, otros
creen haber dado con el contenido de la revelación y lo proclaman a todo el mundo,
otros se confunden o se fatigan de buscar y concluyen negándole esencia divina a
aquel mensaje.
Ahora vengo a deciros, discípulos del Tercer Tiempo, que si en verdad anheláis
penetrar en ese santuario y conocer el fondo de aquellas revelaciones, tendréis que
iniciaros en la oración de espíritu a Espíritu, misma que Juan practicaba en su
destierro.
Tendréis que comprender de antemano que la Divina Revelación, aunque
representada con formas y figuras materiales, toda ella habla del espíritu de la
humanidad, de su evolución, de su lucha, de sus tentaciones y caídas, de sus
profanaciones y desobediencias. Habla de mi justicia, de mi sabiduría, de mi Reino,
de mis pruebas y de mi comunicación con los hombres, de su despertar, de su
regeneración y finalmente, de su espiritualidad.
Allí os revelo la jornada espiritual de la humanidad, dividida en épocas, para que
mejor comprendáis la evolución del espíritu.
Pues bien, discípulos, si la revelación se refiere a vuestra vida espiritual, justo es
que la estudiéis y la miréis desde el punto de vista espiritual, porque si la tomáis para
analizarla a través de hechos materiales solamente, acabaréis por confundiros como
tantos otros.
Ciertamente que muchos acontecimientos materiales están y estarán relacionados
con el cumplimiento de aquella revelación, pero debéis saber que esos hechos y
señales son también formas, son figuras y ejemplos que vienen a ayudaros a
comprender mi verdad y a ayudaros a cumplir con vuestro destino de elevaros hacia
Mí, por el camino de la limpieza de espíritu, de la que os dejó un luminoso ejemplo
Juan, mi discípulo, quien se adelantó miles de años a la humanidad al comunicarse de
espíritu a Espíritu con su Señor.

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