ingles Contacto Aviso legal Mapa del sitio Sobre nosotros Vídeo "El Linaje Prohibido"

Las fuerzas del Bien y del Mal.




El origen del Bien y del Mal

El Padre al formaros os puso en el primer peldaño de esa escala, con el fin de que
recorriendo ese camino, tuvieseis ocasión de conocer y comprender verdaderamente a
vuestro Creador. Pero ¡Cuan pocos iniciaron la jornada ascendente partiendo del
primer escalón! Los más se unieron en su desobediencia, en su rebeldía, haciendo mal
uso del don de la libertad y desoyendo los dictados de la conciencia, dejándose
dominar por la materia, para crear con sus vibraciones una fuerza, la del mal, y cavar
un abismo hacia donde su influencia tuvo que arrastrar a sus hermanos, que
entablaron una lucha cruenta entre sus flaquezas y perversidades, y su anhelo de
elevación y de pureza.
El pecado original no viene de la unión del hombre y de la mujer: Yo, el Creador,
establecí esa unión diciéndoles a ambos: Creced y multiplicaos. Esa fue la primera
Ley. El pecado ha estado en el abuso que han hecho del don del libre albedrío.
Teme la carne la lucha con el espíritu y busca la forma de tentarlo con los placeres
del mundo para impedirle su libertad o al menos para retardarla. Ved cómo el hombre
lleva en sí a su propio tentador, es por esto que os he dicho que cuando llegue a
vencerse a sí mismo, habrá ganado la batalla.
En este tiempo en que hasta el aire, la tierra y el agua, se encuentran envenenados
de la maldad de los hombres, ¡Cuan pocos son los que no se contaminan por el mal o
por las tinieblas!
El clamor de la humanidad llega hasta Mí, la angustia de la niñez, de la juventud,
de los hombres y mujeres de edad madura y de los ancianos, se eleva; es la voz que
clama justicia, es una invocación de paz, de misericordia que el espíritu hace, porque
la simiente de amor en este mundo se ha perdido y ¿Sabéis en dónde está el amor? En
lo más profundo del corazón humano, tan dentro que no alcanza a descubrirlo, porque
el odio, las ambiciones, la ciencia y la vanidad han ahogado la simiente y no hay
espiritualidad, ni misericordia; el cáliz de amargura va llenándose y el mundo lo bebe
hasta las heces.

De altar en altar, de rito en rito, y de secta en secta, van los hombres en busca del
Pan de la Vida, sin encontrarlo, y ante el desengaño, se tornan en blasfemos para
tomar caminos sin rumbo y vivir sin Dios y sin Ley.
¡Y pensad, pueblo que entre ellos están los grandes espíritus, que entre ellos
descubro a los profetas y a los discípulos del Espíritu Santo!
En las religiones reconocen el poder del mal y lo han personificado en forma
humana; le atribuyen un reino poderoso y le han dado diversos nombres. Sienten
temor los hombres cuando creen tenerlo cerca, sin saber que la tentación está en las
pasiones, en las flaquezas. Que lo mismo se agita en el interior del hombre el bien y el
mal.
El mal predomina en este tiempo en el mundo y ha creado una fuerza, un poder que
se manifiesta en todo. Y en lo espiritual existen legiones de espíritus imperfectos,
turbados, inclinados al mal y a la venganza, cuya fuerza se une a la maldad humana
para formar el reino del mal.
Ese poder se rebeló ante Jesús en el Segundo Tiempo y le mostró su reino. Mi
carne sensible a todo, fue tentada, pero mi fortaleza espiritual venció a la tentación.
Porque Yo había de ser el vencedor del mundo, de la carne, de la tentación y de la
muerte. Porque fui el Maestro que descendió entre los hombres para dar ejemplo de
fortaleza.
Por la paz que sentís en vuestro espíritu podéis reconocer mi presencia. Nadie más
que Yo puede daros la verdadera paz. Un espíritu en tiniebla no podría brindársela. Os
digo esto, porque muchos corazones temen las acechanzas de un espíritu tentador, al
que han dado vida y forma los hombres según su imaginación.
Cuan erróneamente se ha interpretado la existencia del príncipe de las tinieblas.
Cuántos han llegado a creer más en su poder que en el mío, y qué lejos de la verdad
han andado en esto los hombres.
El mal existe; de él se han derivado todos los vicios y pecados. Los pecadores, o
sea los que practican el mal, siempre han existido, lo mismo en la tierra que en otras
moradas o mundos; mas, ¿Por qué personificáis todo el mal existente en un solo ser, y
por qué lo enfrentáis a la Divinidad? Yo os pregunto: ¿Qué es ante mi poder absoluto
e infinito, un ser impuro y qué significa ante mi perfección vuestro pecado?
El pecado ha nacido en el mundo; los espíritus al brotar de Dios, unos
permanecieron en el bien, mientras que otros al desviarse de ese camino, crearon uno
distinto, el del mal.

Las palabras y las parábolas que en sentido figurado os entregaron como una
revelación en los primeros tiempos, han sido erróneamente interpretadas por la
humanidad. La intuición que los hombres tuvieron acerca de lo sobrenatural, quedó
influenciada por su imaginación, y llegaron a formar alrededor de la fuerza del mal,
ciencias, cultos, supersticiones y mitos que han llegado hasta vuestros días.
De Dios no pueden brotar demonios; a éstos los habéis forjado con vuestra mente.
El concepto que tenéis de ese ser que a cada paso me ponéis por adversario, es falso.
Yo os he enseñado a velar y orar, para que os libréis de tentaciones e influencias
maléficas, que lo mismo pueden provenir de seres humanos, que de seres espirituales.
Os he dicho que sobrepongáis el espíritu a la carne, porque ésta es criatura débil
que a cada paso está en peligro de tropezar si no veláis por ella. El corazón, la mente
y los sentidos, son puerta abierta para que las pasiones del mundo azoten al espíritu.
Si vosotros os habéis imaginado que los seres de tiniebla son como monstruos, Yo
sólo los veo como criaturas imperfectas, a las cuales les tiendo mi mano para
salvarles, porque también son mis hijos.
Siempre que hacéis un bien, decís: soy noble, soy generoso, soy caritativo, por eso
hago esto; Yo os digo: si esas obras las hicieseis en nombre de vuestro Señor, seríais
humildes porque la bondad es de Dios y se la he dado a vuestro espíritu.
Entonces quien atribuye a su corazón humano sus buenas obras, está negando a su
espíritu y a quien lo revistió de esas virtudes.
En cambio, cuando hacéis un mal, os laváis las manos como Pilatos, y ese hecho
se lo atribuís al Padre diciendo: fue la voluntad de Dios, estaba escrito; Dios lo quiso,
es el destino.

Decís que nada pasa sin la voluntad de Dios para disculparos de vuestros errores,
mas en verdad os digo que os equivocáis porque sí pasan vuestros errores, vuestras
pequeñeces sin la voluntad de Dios.
Ved cómo el Todopoderoso jamás se impone por la fuerza sobre vosotros, por su
poder, eso lo hacéis vosotros con vuestros hermanos más débiles.
De cierto os digo: el mal, la impureza, la falta de armonía son vuestras; el amor, la
paciencia, la serenidad, son de Dios.
Cuando vosotros amáis, es el Creador de vuestro espíritu quien os está inspirando,
en cambio cuando odiáis, sois vosotros, es vuestra debilidad la que os impulsa y os
pierde. Siempre que pasa algo mal en vuestra vida, estad seguros de que es obra
vuestra.
Mas entonces os preguntáis: ¿Por qué lo permite Dios? ¿Qué Él no sufrirá por
nuestros pecados; no llorará al vernos llorar? ¿Qué le costaría evitarnos estas caídas?
Yo os digo: que mientras no améis, Dios será para vosotros algo que no podréis
entender, porque la magnanimidad de vuestro Creador está por sobre vuestra
comprensión.
Haceos fuertes, grandes, sabios, aprended a amar; cuando améis, o tendréis la
infantil tendencia de querer analizar a Dios, porque entonces lo miraréis y lo sentiréis,
y con eso os bastará.

Soberbia y humildad

Haced de la humildad una de vuestras mejores aliadas para alcanzar la elevación,
porque las puertas del Cielo, que es el reino de la conciencia, se encuentran
completamente cerradas para el soberbio. Nunca ha pasado por ellas, ni logrará pasar
el soberbio, pero cuando éste se torne en humilde, Yo seré el primero en ensalzarle y
será mi caridad la que le abra la puerta de la eternidad.
He aquí una más de mis lecciones discípulos, de cierto os digo que cuando os
creéis fuertes, grandes o excelsos, os alejáis de Mí, porque vuestro orgullo ahoga el
sentimiento de humildad; mas cuando os consideráis pequeños, cuando reconocéis
que sois como átomos en medio de mi Creación, entonces os acercáis a Mí, porque a
través de vuestra humildad me admiráis, me amáis y me sentís cerca; es cuando
pensáis en todo lo grande y misterioso que encierra Dios y que quisierais saber y
conocer, os parece escuchar el eco del murmullo divino en vuestro espíritu.
Discípulos: Cuando en el hombre existe un verdadero conocimiento de las obras
que ha realizado, no se deja cegar por la vanidad, sabe que si ese innoble sentimiento
penetra en su ser, su inteligencia se nublaría y ya no podría avanzar en el sendero, se
estancaría y sucumbiría en el letargo.
La vanidad ha perdido a muchos hombres, ha derrumbado muchos pueblos
florecientes y ha hundido vuestras culturas.
Mientras los pueblos tuvieron por ideal el trabajo, la lucha y el progreso, supieron
de la abundancia, del esplendor y el bienestar, mas cuando el orgullo les hizo sentirse
superiores; cuando su ideal de elevación fue cambiado por la ambición insaciable de
desearlo todo para sí, sin darse cuenta y sin quererlo comenzaron a destruir paso a
paso cuanto habían construido, acabando por hundirse en un abismo.
De esas experiencias se encuentra llena la historia de la humanidad, por lo cual os
digo, que es justo que surja en el mundo un pueblo de grandes ideales, el cual,
consciente siempre de sus buenas obras, no se envanezca de ellas, de esta manera no
se detendrá su paso y el esplendor alcanzado hasta ahora, mañana lo verá superado y
más tarde nuevamente en aumento.
Al hablaros así, no trato de inspiraros solamente ambiciones materiales: quiero
que mis palabras sean interpretadas justamente para que sepáis aplicarlas a lo
espiritual, así como a lo material.
La vanidad no solamente puede sorprender al hombre en su vida material, y como
prueba de lo que os digo ved las caídas y fracasos de las grandes religiones,
carcomidas en sus bases por la vanidad, por la soberbia, por su falso engrandecimiento;
cuando han creído estar en lo más alto de su poder, alguien ha venido a
despertarles de su sueño, haciéndoles ver sus errores, sus desvíos, su alejamiento de la
Ley y de la verdad.
Sólo con el verdadero conocimiento y cumplimiento de mi Ley ante la conciencia,
podrá surgir esta humanidad a una vida elevada, porque la conciencia, que es mi luz,
es perfecta, es serena, es justa, jamás se envanece ni tuerce su camino.

Lo bueno; el hombre de buena voluntad

Conocedme todos para que ninguno me niegue, conocedme para que vuestro
concepto sobre Dios esté fundado en la verdad y sepáis que donde se manifieste el
bien, ahí estoy Yo.
El bien no se confunde con nada. El bien es verdad, es amor, es caridad, es
comprensión. El bien es preciso, exacto, determinado. Conocedlo para que no os
equivoquéis.
Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos; pero si todos ellos
coinciden en un punto, que es el bien, llegarán a identificarse y a unirse.
No así cuando se empeñen en engañarse a sí mismos, dándole cariz de malo a lo
bueno y disfrazando de bueno a lo malo, como acontece entre los hombres de este
tiempo.
Cerca de dos mil años hace que repetís aquella frase que escucharon los pastores
de Belén: "Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad", mas, ¿Cuándo habéis
puesto en práctica la buena voluntad para haceros merecedores de la paz? En verdad,
os digo, que más bien habéis hecho lo contrario.
Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase, por eso ahora vengo con
nuevas palabras y lecciones, para que no sean frases ni oraciones las que se graben en
vuestro entendimiento, sino la esencia de mi enseñanza la que penetre en vuestro
corazón y espíritu.
Si queréis repetir mis palabras tal cual Yo vengo a entregároslas, hacedlo, pero
sabed que mientras no las sintáis, no tendrán virtud alguna. Pronunciadlas con dulzura
y humildad, sentidlas vibrar en vuestro corazón y Yo os responderé de tal manera, que
haré estremecer todo vuestro ser.
Vuelvo a deciros; paz a los hombres de buena voluntad, que aman la verdad,
porque ellos algo hacen por plegarse a la voluntad divina y quienes se amparan bajo
mi protección, necesariamente tienen que sentir mi presencia tanto en su espíritu,
como en su vida humana, en sus luchas, en sus necesidades, en sus pruebas.
Los hombres de buena voluntad son hijos obedientes a la Ley de su Padre,
caminan por el sendero recto y cuando sufren intensamente, elevan su espíritu hasta
Mí, en demanda de perdón y de paz.
Ellos saben que muchas veces es necesario el dolor y por eso lo apuran con
paciencia, sólo cuando éste se hace irresistible, suplican les sea aliviado el peso de su
cruz. Señor, me dicen; yo sé que mi espíritu necesita purificarse, sufrir.
Benditos los que piensan y oran de esta manera, porque van buscando el ejemplo
de su Maestro para aplicarlo a las pruebas de su vida

El Mal; el hombre al servicio del Mal

En este tiempo es mayor la influencia del mal que la del bien; por lo tanto, la
fuerza que domina en la humanidad es la del mal, del que se derivan el egoísmo, la
mentira, la lujuria, el orgullo, el placer de hacer daño, la destrucción y todas las bajas
pasiones. De ese desequilibrio moral provienen las enfermedades que atormentan al
hombre.
No tienen los hombres armas para combatir contra esas fuerzas. Han sido
vencidos y llevados prisioneros al abismo de una vida sin luz espiritual, sin alegría
sana, sin aspiraciones por el bien.
Ahora que el hombre cree encontrarse en la cumbre del saber, es cuando ignora
que está en el abismo.
Yo que conozco vuestro principio y vuestro futuro en la eternidad, di a los
hombres desde los primeros tiempos armas con las que pudieran luchar contra las
fuerzas del mal; pero las despreciaron, prefirieron la lucha del mal contra el mal en la
que nadie triunfa, porque todos resultarán vencidos.
Escrito está que el mal no prevalecerá, lo que quiere decir que al final de los
tiempos será el bien el que triunfe.
Si me preguntáis cuáles fueron las armas con las que doté a la humanidad para
luchar contra las fuerzas o influencias del mal, os diré que fueron la oración, la
perseverancia en la ley, la fe en mi palabra, el amor de los unos para los otros.
La maldad ha crecido entre los hombres, mi pueblo. La bondad, la virtud, el amor,
han sido débiles ante la invasión del mal, de las enfermedades, de las plagas, de las
pestes y las calamidades. Todo aquello que es simiente de los perversos, ha
contaminado el corazón de los buenos, ha hecho flaquear a algunos, ha diezmado el
número de los fieles, porque gran fuerza ha traído el mal sobre la humanidad.
Yo he dejado que así acontezca por razón del libre albedrío que os he dado,
porque detrás de toda la perversidad, de todas las tinieblas y de la ofuscación de los
hombres, hay una luz divina; la conciencia que no se pierde y no se perderá jamás;
hay un principio que es el espíritu, que guarda inmaculado el ósculo que el Padre le
dio, que es el sello divino con que Yo he enviado a todos mis hijos a la senda de la
lucha y por esa Marca no se perderá ninguno de esos espíritus.

La lucha entre el Bien y el Mal

También os habéis asombrado ante la fuerza que en su maldad han manifestado
hombres y mujeres a través de todas las épocas de vuestra vida humana. El libro de
vuestra historia ha recogido sus nombres; en el álbum de vuestra existencia, en el
libro en donde Dios escribe y anota lodos los hechos, todas vuestras obras, allí están
sus nombres también y os habéis asombrado de que un espíritu, de que un corazón
humano pueda albergar tanta fuerza para el mal, pueda conservar tanta fortaleza para
no estremecerse ante sus propias obras; pueda acallar la voz de su conciencia para no
escuchar el reclamo de Dios, que a través de ella hace a todos sus hijos. Y cuántas
veces ha sido larga y duradera la jornada de esos espíritus sobre el planeta.
A esos seres que en virtud del libre albedrío se han rebelado a mi amor y a mi
justicia, les he tomado, sirviéndome de su propia desobediencia, para convertirlos en
mis siervos y creyendo obrar libremente, cada uno de sus pensamientos, de sus
palabras y de sus actos, han sido instrumentos de mi justicia, tanto para ellos mismos,
como para los demás.
Mas ¿Cuándo terminará ese reinado? El Padre os dice: El reinado del mal nunca
ha imperado sobre la humanidad, porque aún en los tiempos de mayor perversidad, ha
habido seres fieles a Mí, obedientes a mi enseñanza y apóstoles de mi Ley; pero la
lucha sí ha existido siempre desde el principio.
¿Cuál de esas dos fuerzas ha sido hasta ahora adelante en la contienda? ¡La del
mal! por eso he tenido que venir a materializarme entre vosotros para ayudaros, para
avivar vuestra esperanza y fe en Mí, para dar calor a vuestro corazón y deciros: No
estáis solos en la senda, no os he mentido jamás. Los principios que puse en vosotros
no debéis torcerlos; éste es el camino del bien y del amor.
Contemplad cómo mi luz viene a rasgar las tinieblas de vuestro mundo.
Ciertamente que Yo vengo a combatir a los hombres; pero solamente para borrar todo
lo malo que en sus corazones alienta. Yo pondré la luz y la fuerza de mi amor en los
que fielmente me sigan y entonces éstos dirán: Vamos a buscar al dragón que nos
acecha, a la bestia que nos induce a pecar y a ofender al Señor. La buscarán en los
mares, en el desierto, en los montes y en las selvas, en lo invisible y no la hallarán,
porque ella vive en el corazón de los hombres, él es el que la ha engendrado y ahí ha
crecido, hasta llegar a dominar la Tierra.
Cuando los reflejos de mi espada de luz hieran el corazón de cada hombre, la
fuerza que procede del mal se irá debilitando hasta morir, entonces diréis: "Señor, con
la fuerza divina de vuestra caridad he vencido al dragón, aquel que yo creía que
acechaba desde lo invisible, sin llegar a pensar que lo llevaba dentro del corazón.
Cuando la sabiduría brille en todos los hombres, ¿Quién se atreverá a tornar el
bien en mal? ¿Quién dará lo eterno por lo pasajero? Nadie, en verdad os digo, porque
todos seréis fuertes en la sabiduría divina. El pecado procede de la ignorancia y de la
debilidad.

Tentaciones y seducciones

Muchos árboles cultiva la humanidad; el hambre y la miseria de los hombres los
hace buscar en ellos, sombra y frutos que les ofrezcan salvación, justicia o paz. Esos
árboles son doctrinas de hombres, inspiradas muchas veces en odios, en egoísmos, en
ambiciones y en delirios de grandeza. Sus frutos son de muerte, sangre, destrucción y
ultrajes a lo más sagrado en la vida del hombre, que es la libertad de creer, pensar,
hablar, en una palabra que es privado de la libertad de espíritu. Son las tinieblas que
se levantan para luchar contra la luz.
Os he dicho, Israel amado, que llegará el tiempo en el cual malos portavoces se
levantarán para dar acceso al falso Jesús y dentro de su materialismo engañarán
diciendo que por su conducto está hablando el Maestro. Se levantarán falsos guías y
falsos profetas, falsos soldados que con su palabra y materialismo quieran apartaros
del camino de la luz y de la verdad.
Orad, ved que es el tiempo en que mi justicia y mi luz han removido todas las
tinieblas, tiempo difícil y de peligros es éste, porque hasta los seres que habitan en
tinieblas se harán pasar por seres de luz entre vosotros, para tentaros, para
confundiros. Yo os doy mi luz, para que no os desviéis del camino ni os dejéis
engañar por aquellos que toman mi nombre.
Los tentadores no solamente son seres invisibles, también los tenéis encarnados en
hombres que os hablan de lecciones que aparentan luz, pero que van en contra de mi
doctrina. A ésos, no los escuchéis.
Mi Reino es fuerte y poderoso y si he permitido que delante de mi fuerza y de mi
poder, se levante otro poder, el del mal, es para demostrar el mío, es para que vosotros
palpéis y contempléis ante la impostura, ante las tinieblas, la fuerza de mi luz y de mi
verdad; es para que vosotros veáis que ese reino de tinieblas, de perturbaciones y de
pruebas, con tener gran poder, es mi instrumento y de él me sirvo, en verdad.
Si Yo os pruebo, no es para deteneros en el sendero de evolución, porque Yo
espero vuestra llegada a mi Reino; pero quiero que lleguéis a Mí victoriosos después
de los combates, fuertes después de la lucha, llenos de luz de la experiencia espiritual
después de la larga jornada, llenos de méritos en el espíritu, para que podáis levantar
humildemente vuestra faz y contemplar al Padre en el instante en que Él se acerque
para posar su ósculo divino en vosotros, un ósculo que encierra toda la dicha y todas
las perfecciones para vuestro espíritu.

Delitos morales

¡Humanidad, humanidad que vais tropezando los unos con los otros! Yo os he
encontrado negando vuestra iniquidad y haciendo alarde de lo que creéis que es
grandeza, mientras escondéis vuestras lacras. Y Yo os digo que el hombre que
halagado cree en su aparente grandeza, es un pobre de espíritu. Y a los que a falta de
virtudes murmuran de los defectos de los demás y juzgan las faltas ajenas, debo
decirles que son hipócritas y están muy lejos de la justicia y de la verdad.
No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el
corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son
asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.
No os sorprendáis que así os hable, porque contemplo entre vosotros hogares
destrozados, porque desatendiendo vuestros deberes, os habéis creado fuera de ellos
nuevas obligaciones sin importaros el dolor y el abandono de los vuestros. Ved por
doquiera, cuántos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuántos niños sin
padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que
quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que era sagrado, es
un criminal?
Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aún a los hombres que
inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante
pueden destruir millones de seres. Y aún les llamáis sabios. ¿En dónde esta vuestra
razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de
la verdad.

Impotencia y fugacidad del Mal

Grande, muy grande miráis la perversidad humana, terrible os parece el poder y la
fuerza del mal que los hombres ejercen, y sin embargo os digo, muy débil es ante la
fuerza de mi justicia, ante mi Divinidad que es dueña del destino, de la vida, de la
muerte y de toda la Creación.
Sólo un ser que fuera omnipotente como Yo podría luchar conmigo; más ¿Creéis
que si de Mí brotara un dios estaría en contra mía? o bien ¿Creéis que de la nada
pueda surgir? De la nada, nada puede brotar.
Yo soy el Todo y nunca he nacido. Yo soy el Principio y el Fin, el Alfa y la
Omega de todo lo creado.
¿Podéis concebir que alguno de los seres creados por Mi pueda erigirse en Dios?
Todas las criaturas tienen límite y para ser Dios es menester no tener límites. Quien
haya abrigado esos sueños de poder y grandeza ha caído en las tinieblas de su propio
orgullo.
En verdad os digo, que no existe fuerza que podáis oponer a mi amor. Los
enemigos resultan pequeños, las fuerzas contrarias son débiles, las armas que han
tratado de luchar en contra de la verdad y de la justicia, siempre han sido frágiles.
La lucha que las fuerzas del mal han sostenido en contra de la divina justicia, os
ha parecido una contienda interminable, y sin embargo, ante la eternidad, será como
un instante y las faltas cometidas durante el tiempo de imperfección de vuestro
espíritu quedarán como una débil mancha que vuestra virtud y mi amorosa justicia se
encargarán de borrar para siempre.

La fuerza del Perdón

Humanidad, Yo os pregunto tomando a este pueblo como representante vuestro:
¿Hasta cuándo vais a levantaros amándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente
vuestros agravios? ¿Hasta cuándo queréis que sea la paz en vuestro planeta?
El perdón que proviene del amor, sólo mi Doctrina lo enseña y él posee una fuerza
poderosa para convertir, regenerar y transformar al malo en bueno, al pecador en
virtuoso.
Aprender a perdonar y tendréis en vuestro mundo el principio de la paz. Si mil
veces fuese necesario perdonar, mil veces debéis hacerlo. ¿No os dais cuenta de que
una reconciliación oportuna, evita que apuréis un cáliz de amargura?
Mientras seáis hombres, recordadme en aquella cruz, perdonando, bendiciendo y
sanando a mis verdugos, para que vosotros a lo largo de vuestro pesado camino,
también bendigáis a quiénes os ofendan y hagáis todo el bien posible a quienes os
hubiesen causado mal. Quien obrase en esta forma, será mi discípulo y en verdad le
digo que su dolor será siempre breve, porque Yo le haré sentir mi fuerza en los
instantes de su prueba.
Perdonaos unos a otros y en esto encontraréis alivio para vosotros y para el que os
ha ofendido. No llevéis sobre vuestro espíritu el peso del odio o del rencor, sed
limpios y habréis encontrado el secreto de la paz y viviréis como apóstoles de mi
verdad.

Anterior Inicio Siguiente