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Las tres Revelaciones Divinas y los Siete Sellos.




El desarrollo depende de las Revelaciones de Dios

En los tres tiempos en que he dividido la evolución de la humanidad, he venido a
trazaros con mi luz la misma senda recta y estrecha para la elevación del espíritu, el
camino único del amor, la verdad y la justicia.
Os he llevado de enseñanza en enseñanza, de revelación en revelación, hasta llegar
a este tiempo en que os estoy diciendo que ya podéis comunicaros conmigo de
espíritu a Espíritu. ¿Podría la humanidad haberse comunicado en esta forma en el
Primer Tiempo? No; fue necesario que se ayudasen con el culto material, con el rito y
las ceremonias, con el festín tradicional y con los símbolos para poder sentir cerca de
sí lo divino y espiritual. De aquella incapacidad para aproximarse a lo espiritual, de
elevarse a lo divino, de conocer lo profundo y de esclarecer los misterios, surgieron
las diversas religiones, cada una de acuerdo con el grado de atraso o adelanto
espiritual de los hombres, unas apegándose más que otras a la verdad, unas más
espiritualizadas que otras; pero todas tendiendo hacia un misino fin. Es el sendero que
los espíritus vienen recorriendo a través de los siglos y de las eras, sendero que
señalan las diversas religiones. Unas han avanzado con suma lentitud, otras se han
estacionado y otras han mixtificado y contaminado.
Ahora vengo en espíritu y en verdad os digo: Hay quienes piensan que en los
primeros tiempos estuve más cerca de vosotros que hoy: juzgan erróneamente, porque
en cada una de mis venidas me he ido acercando más a vosotros.
Recordad que en el Primer Tiempo descendí sobre un monte y desde ahí os envié
mi Ley grabada en una piedra; en el Segundo Tiempo, dejé lo alto del monte para
descender a vuestros valles, haciéndome hombre para habitar entre vosotros; y en este
tiempo para llegar más cerca, he hecho de vuestro corazón mi morada para
manifestarme ahí y hablar desde su interior a la humanidad.
Estáis comprendiendo, que he dividido mi revelación divina en tres grandes
tiempos.

Fue en la infancia espiritual de la humanidad, cuando el Padre le entregó la ley y le
prometió un Mesías que vendría a abrirle la puerta hacia una nueva era.
El Mesías fue Cristo, quien llegó entre los hombres cuando éstos se encontraban en
la adolescencia espiritual. El vino a enseñar a los hombres una forma más elevada de
dar cumplimiento a la ley que anteriormente habían recibido del Padre y la que no
habían sabido cumplir. El Verbo de Dios habló por los labios de Jesús, por lo cual os
digo, que el mundo siguió escuchando la voz y el mandato de su Padre a través de la
doctrina de amor del Maestro perfecto.
Jesús a su vez, ofreció a los hombres enviarles al Espíritu de Verdad, para que les
hiciese comprender todo lo que de su enseñanza no hubiese sido comprendido por
ellos.
Pues bien, pueblo amado, esta palabra sencilla, humilde, que ahora escucháis, es la
voz del Espíritu de Verdad, es la luz espiritual de Dios, que se derrama en vuestro ser,
para que abráis vuestros ojos ante el nuevo tiempo. Esa luz que comienza a haceros
comprender con claridad todas las revelaciones de vuestro Maestro, es la luz de
vuestro Padre, del Espíritu Santo, el cual sorprende a la humanidad en mayor altura de
evolución espiritual, o sea, cuando ésta va acercándose a la edad madura, para
comprender las revelaciones de Dios.
En todo lo que os revela esta luz, estaréis recibiendo la enseñanza del Padre,
porque el Verbo está en Mí, y el Espíritu Santo es mi propia sabiduría.
No os hablé así en los tiempos pasados. En el Primer Tiempo, la Ley iluminó al
espíritu humano; en el Segundo Tiempo, Cristo iluminó con la luz del amor el
corazón del hombre. Hoy la luz del Espíritu Santo ilumina vuestro espíritu para
elevarlo por sobre todo lo humano.
De un sólo Dios habéis recibido estos tres mensajes y entre uno y otro ha
transcurrido una era, tiempo necesario para la evolución del espíritu, para que él
pudiera recibir el nuevo mensaje, o nueva lección.
Ahora podéis comprender por qué os he llamado discípulos del Espíritu Santo.
Si en las primeras revelaciones os hubiera dicho todo, no habría habido necesidad
de que el Maestro, el Mesías, os hubiera tenido que enseñar nuevas lecciones, ni de
que hubiera venido el Espíritu Santo en este tiempo a mostraros las grandezas de la
vida espiritual.
Por lo cual os digo, que no os aferréis a lo que os fue revelado en los primeros
tiempos, como si ello hubiera sido la última palabra de mi Doctrina.
Yo vine de nuevo entre los hombres y por largo tiempo me he comunicado por
medio de su entendimiento y aún puedo deciros que mi última palabra no está dicha.
Buscad siempre en mi libro de sabiduría, la última palabra, la nueva página que os
revele el significado, el contenido de lo anterior, para que verdaderamente seáis mis
discípulos.

Los tres Testamentos de Dios

Moisés, Jesús y Elías, he ahí el camino que el Señor ha trazado al hombre para
ayudarlo a elevarse al Reino de la paz, de la luz y de la perfección.
Sentid en vuestra vida la presencia de los enviados del Señor. Ninguno de ellos ha
muerto, todos viven para alumbrar el camino de los hombres que se han perdido
ayudándolos a levantarse de sus caídas, fortaleciéndolos, para que con amor se
entreguen al cumplimiento en las pruebas de su restitución.
Conoced la obra que Moisés por inspiración de Jehová cumplió en la Tierra.
Analizad la enseñanza de Jesús, por quien habló el Verbo Divino y buscad el sentido
espiritual de mi nueva revelación, cuya era está representada por Elías.
Si en el Segundo Tiempo, mi nacimiento en cuanto hombre fue un milagro y mi
ascensión espiritual después de mi muerte corpórea fue otro prodigio, de cierto os
digo que mi comunicación en este tiempo, a través del entendimiento humano, es un
prodigio espiritual.
Hasta la última de mis profecías se cumplirá en este tiempo. Os dejo mis tres
testamentos formando uno solo.
Quien no haya conocido antes al Padre como amor, sacrificio y perdón, conózcalo
plenamente en este tiempo, para que en vez de temer su justicia, le ame y le venere.
Si en el Primer Tiempo os apegasteis a la Ley, fue por temor a que la justicia
divina os castigara, mas por eso os envié a mi Verbo para que conocierais que Dios es
Amor.
Hoy mi luz viene a vosotros para que no os perdáis y podáis llegar hasta el final
del camino siendo fíeles a mi Ley.
Mis nuevas lecciones son la confirmación de aquellas que os diera en el Segundo
Tiempo, pero son más elevadas aún, mirad que en aquel tiempo hablé al corazón del
hombre, en cambio ahora, le hablo al espíritu.
No vengo a desconocer ninguna de mis palabras que os dije en el pasado, por el
contrario, vengo a darles debido cumplimiento y la justa explicación. Así como en
aquel tiempo dije a los fariseos, que creían que Jesús venía a destruir la Ley: No
penséis que vengo a abolir la Ley o a los profetas, por el contrario vengo a darle
cumplimiento. ¿Cómo había de desconocer aquella Ley y las profecías, si eran el
cimiento del templo que en tres tiempos había de quedar construido en el corazón de
esta humanidad y el anuncio de mi venida al mundo?
Hoy vuelvo a deciros: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y si buscáis la
esencia de mi palabra en este tiempo, encontraréis en ella la Ley eterna de amor, aquel
mismo camino que en la Tierra os tracé.

En aquel tiempo muchos creyeron que Cristo venía equivocando el camino y
alterando la Ley, por eso le combatieron y le persiguieron, mas la verdad, como la luz
del sol, se impone siempre a las tinieblas. Ahora será combatida de nuevo mi palabra
porque habrá quienes crean encontrar en su esencia contradicciones, confusiones y
errores, pero su luz volverá a esplender en las tinieblas de este tiempo, y la humanidad
verá que el camino y la Ley que os he revelado, es la misma de aquel tiempo y será la
de siempre.
Esta enseñanza es el camino a la vida eterna, todo aquel que descubra en esta
Doctrina, elevación y perfección, sabrá unirla a la que os confié cuando estuve en la
Tierra, porque su esencia es la misma.
El que no sepa encontrar la verdad contenida en mis lecciones, podrá hasta
asegurar que esta Doctrina no conduce al mismo fin que las enseñanza de Jesús; los
espíritus ofuscados por las malas interpretaciones o confundidos por el fanatismo
religioso, no podrán de pronto comprender la verdad de estas revelaciones, tendrán
que pasar por un camino de pruebas para despojarse del materialismo que les impide
comprender y cumplir con mi precepto que os enseña a amaros los unos a los otros.
En vano dirán muchos hombres que esta Doctrina es nueva, o que no tiene
relación con las revelaciones divinas que os hicieron en tiempos pasados. Yo os
aseguro que cuanto os he dicho en este tiempo por conducto del entendimiento
humano, tiene sus raíces y sus cimientos en lo que ya se os había profetizado en el
Primero y Segundo Tiempos.
Mas la confusión de que os hablo vendrá porque los que han interpretado aquellas
revelaciones, han impuesto a la humanidad sus análisis y éstos han sido en parte
acertados y, en parte erróneos. También será porque aquella luz espiritual de mis
enseñanzas, fue ocultada a los hombres y a veces se les ha dado a conocer adulterada.
Por eso ahora que ha llegado el tiempo en que mi luz ha venido a sacaros de las
tinieblas de vuestra ignorancia, muchos hombres han negado que ésta pueda ser la luz
de la verdad, ya que no concuerda, según su criterio, con lo que antes os había
enseñado.
Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este
tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá
el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús.
Efectivamente: todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas,
sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezaseis a entenderlas,
porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo
lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.

El Tercer Tiempo

Éste es el Tercer Tiempo en el cual he venido a enseñaros la lección que deberá
unir a la humanidad espiritualmente; porque es mi voluntad que no sean ya un
obstáculo para su unificación los idiomas, las razas, las distintas ideologías. La
esencia con que formé un espíritu, es la misma que todos poseen y las substancias que
componen la sangre que corre por las venas de los hombres, son las mismas en todos.
Por lo tanto todos son iguales y dignos de Mí y por todos he venido nuevamente.
Las transformaciones que la vida humana sufra serán tan grandes, que os parecerá
como si un mundo se acabase y naciese otro.
38. Así como en todos los tiempos la vida del hombre se ha dividido en eras o edades,
y cada una de ellas se ha significado por algo, ya por sus descubrimientos, por las
revelaciones divinas que ha recibido, por su desarrollo en el sentido de lo bello, a lo
cual llama arte, o por su ciencia, así, el tiempo que se inicia, la era que asoma ya
como una nueva aurora, se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, de
aquella parte que debíais haber cultivado para evitaros tantos males, y a la cual
siempre dejasteis para después.
¿No creéis que la vida humana puede transformarse totalmente, desarrollando la
espiritualidad, cultivando los dones del espíritu y estableciendo la ley que dicta la
conciencia en este mundo?
Pronto comprenderán todos los pueblos, que Dios les ha hablado en cada era, que
las revelaciones divinas han sido la escala que el Señor ha tendido a los hombres para
que pudiesen ascender hacia Él.
A este nuevo tiempo le llamarán unos el tiempo de la luz, otros la era del Espíritu
Santo, otros el tiempo de la verdad; y Yo os digo que será el tiempo de la elevación,
de la recuperación espiritual, de la reivindicación.
Ésta es la era que ha mucho tiempo he querido que viva en el corazón del hombre
y la que ha sido continuamente combatida y destruida por él mismo. Un tiempo cuya
claridad sea vista de todos y bajo cuya luz se unan todos los hijos del Señor, no a una
religión de hombres que acoja a unos y rechaza a otros, que proclame su propia
verdad y se la niegue a los demás, que emplee armas indignas para imponerse, o que
dé tinieblas a cambio de luz.
Éste es el Tercer Tiempo en el cual el espíritu de la humanidad, habrá de liberarse
de las cadenas del materialismo, eso traerá consigo la lucha de ideas más grande que
registre la historia de los hombres.
La perversidad, el egoísmo, la soberbia, el vicio, la mentira y todo cuanto ha
ensombrecido vuestra vida, caerán como ídolos rotos a los pies de quienes les
rindieron culto para dar paso a la humildad.

Las siete épocas de la historia Sagrada

La primera de estas etapas de evolución espiritual en el mundo, esta representada
por Abel, el primer ministro del Padre, quien ofreció su holocausto a Dios. Él es el
símbolo del sacrificio. La envidia se levantó ante él.
La segunda etapa, la representa Noé. Es el símbolo de la fe; él construyó el arca
por inspiración divina y llevó a los hombres a penetrar en ella para que alcanzasen
salvación. Ante él se levantaron las multitudes con la duda, la burla y el paganismo en
su espíritu. Mas Noé dejó su simiente de fe.
La tercera etapa representada por Jacob. Él simboliza la fuerza, es Israel, el fuerte.
Él vio espiritualmente la escala por la que todos pasaréis para sentaros a la diestra del
Creador. Ante él se levantó el ángel del Señor para poner a prueba su fuerza y su
perseverancia.
La cuarta está simbolizada por Moisés. Representa la Ley. Él presenta las tablas
donde fue escrita para la humanidad de todos los tiempos. Él fue quién, con su fe
inmensa rescató al pueblo, para conducirlo por el camino de salvación a la Tierra
Prometida. Es el símbolo de la Ley.
La quinta etapa está representada por Jesús el Verbo Divino, el Cordero Inmolado,
quien os ha hablado en todos los tiempos y os seguirá hablando. Él es el amor, por el
que se hizo hombre para habitar en la morada de los hombres, sufrió el dolor de ellos,
mostró a la humanidad el sendero del sacrificio, del amor y de la caridad, por el cual
debe alcanzar la redención de todos sus pecados; vino como Maestro a enseñar a
nacer en la humanidad, a vivir en el amor, a llegar hasta el sacrificio, y a morir
amando, perdonando y bendiciendo. Él representa la quinta etapa y su símbolo es el
amor.

La sexta etapa la representa Elías. Es el símbolo del Espíritu Santo. Él es quien va
sobre su carro de fuego llevando la luz a todas las naciones y a todos los mundos
desconocidos por vosotros, pero conocidos por Mí, porque Yo soy el Padre de todos
los mundos y de todas las criaturas. Ésta es la etapa que estáis viviendo, la de Elías, es
su luz la que os ilumina. Él representa las enseñanzas que estaban ocultas y que en
este tiempo se le están revelando al hombre.
La séptima etapa está representada por el mismo Padre. Él es el final, es la
culminación de la evolución, en Él está el tiempo de la gracia, el Séptimo Sello.
He aquí descifrado el misterio de los siete sellos, he aquí por qué os hablo de que
este tiempo es el sexto; porque cinco de ellos ya pasaron, el sexto es el que se
encuentra desatado y el séptimo aún permanece cerrado, el contenido de él aún no ha
llegado, falta tiempo para que esa etapa aparezca delante de vosotros. Cuando esa
etapa sea llegada, habrá gracia, perfección y paz, pero para llegar a ella. ¡Cuánto
tendrá que llorar el hombre para purificar su espíritu!
El libro de los Siete Sellos es la historia de vuestra vida, de vuestra evolución en
la Tierra, con todas sus luchas, pasiones, contiendas y finalmente con el triunfo del
bien y la justicia, del amor y de la espiritualidad sobre las pasiones del materialismo.
Creed verdaderamente que todo lleude hacia un fin espiritual y eterno, para que
deis a cada lección el lugar justo que le corresponde.
Mientras os alumbre la luz del Sexto Sello, será tiempo de contienda, de vigilia y
purificación, mas pasado ese tiempo habréis llegado a una nueva etapa en la que os
mostrará nuevas revelaciones el Séptimo Sello. Cuan satisfecho y gozoso recibirá al
nuevo tiempo el espíritu de aquél que haya sido sorprendido limpio y preparado.
Mientras el Sexto Sello os ilumine, materia y espíritu se purificarán.
El libro que estaba sellado en los cielos, se ha abierto en el Sexto Capítulo, es el
Libro de los Siete Sellos que encierra sabiduría y juicio y que fue desatado por mi
amor a vosotros para revelaros sus profundas lecciones.
El hombre ha vivido cinco etapas en la Tierra, alentado por el soplo divino del
espíritu, a pesar de lo cual no ha comprendido el sentido espiritual de la vida, la
finalidad de su existencia, su destino y su esencia; todo era un Arcano impenetrable
tanto para su mente, como para su espíritu, un libro sellado, cuyo contenido no
llegaba a interpretar.

Vagamente presentía la vida espiritual, pero sin conocer verdaderamente la escala
de elevación que acerca a los seres a Dios; ignoraba su misión más alta en la Tierra, y
las virtudes y dones que forman parte de su espíritu, para poder vencer en las luchas,
elevarse sobre las miserias humanas y perfeccionarse espiritual-mente para habitar en
la luz eterna.
Era necesario que el Libro Divino se abriese y los hombres contemplaran su
contenido, para poder salvarse de las tinieblas de la ignorancia que son el origen de
todos los males que existen en el mundo. ¿Quién podría abrir ese libro? ¿Por ventura
el teólogo, el científico o el filósofo? No, nadie, ni siquiera los espíritus justos os
podían revelar su contenido, porque lo que el libro guardaba era la sabiduría de Dios.
Sólo Cristo, el Verbo, sólo Él, el amor divino, podía hacerlo, pero, aún así, era
necesario esperar a que los hombres estuviesen en condiciones de recibir la divina
revelación sin que quedaran ciegos con el esplendor de mi presencia espiritual y tuvo
la humanidad que vivir cinco etapas de pruebas, de lecciones, de experiencia y
evolución para alcanzar el justo desarrollo que le permitiera conocer los misterios que
el Arcano de Dios guardaba para los hombres.
La Ley de Dios, su divina palabra dada a través de Cristo y todos los mensajes de
profetas, enviados y emisarios, fueron la semilla que mantuvo la fe de la humanidad,
en una promesa divina que anunció siempre luz, salvación y justicia para todos los
hombres.
Éste es el tiempo esperado para la Gran Revelación, aquella por medio de la cual
comprendéis todo cuanto os he manifestado a través de los tiempos y sepáis quién es
vuestro Padre, quiénes sois vosotros y cuál es la razón de vuestra existencia.
Éste es el tiempo en que, por la evolución espiritual que habéis alcanzado, las
pruebas que habéis tenido y la experiencia que habéis recogido, podáis recibir de mi
Espíritu hacia el vuestro, la luz de la sabiduría, reservada en mis Arcanos en espera de
vuestra preparación, mas, habiendo llegado la humanidad al grado necesario de
evolución para recibir mi mensaje, le he enviado el primer rayo de mi luz, que es éste
que ha hecho hablar en éxtasis a los hombres rudos y sencillos que sirven de portavoz
a mi inspiración.

Este rayo de luz ha sido de preparación tan sólo, es como la luz de la alborada
cuando anuncia ya el nuevo día. Mas tarde os llegará mi luz de lleno, alumbrando
vuestra existencia y alejando hasta la última sombra de ignorancia, de pecado y de
miseria.
Este tiempo, cuya aurora admiráis en el infinito, es la sexta etapa que se inicia en
la vida espiritual de la humanidad, era de luz, de revelaciones, de cumplimiento de
antiguas profecías y olvidadas promesas. Es el Sexto Sello, que al desatarse, desborda
su contenido de sabiduría en vuestro espíritu, en un mensaje lleno de justicia, de
esclarecimiento y de revelaciones.
Discípulos: quiero que las virtudes de vuestro corazón, sean las vestiduras que
cubran la desnudez de vuestro espíritu. Así os habla el Espíritu Consolador,
prometido en el Segundo Tiempo.
El Padre sabía ya del dolor y de las pruebas que habían de agobiar a la humanidad
y el grado de perversidad que habían de alcanzar los hombres. La llegada del
Consolador significa para vosotros la apertura del Sexto Sello, o sea, el principio de
una nueva etapa en la evolución de la humanidad. Desde ese instante quedo abierto un
juicio divino para todos los hombres; cada vida, cada obra, cada paso, son juzgados
estrictamente; es el final de una era, no el final de la vida.
Es la terminación de los tiempos del pecado y es menester que todo el contenido
de este Sexto Sello del libro de Dios, sea derramado en los espíritus despertándolos de
su letargo, para que el hombre se levante llevando la armonía de su espíritu con toda
la creación y se prepare para cuando sea desatado por el Cordero el Séptimo Sello, el
cual traerá los últimos residuos del cáliz de amargura, pero también el triunfo de la
verdad, del amor y de la divina justicia.
Quiero que en este tiempo se prepare la humanidad, para que cuando el último
sello sea abierto, los hombres se den cuenta de ello y se apresten a escuchar y
entender el contenido de las nuevas revelaciones. Quiero que las naciones y los
pueblos se fortalezcan para que resistan las amarguras de aquellos días.
Yo llamaré bienaventurados a los que sepan pasar las pruebas de esos tiempos y
les daré un galardón por su perseverancia y su fe en mi poder, dejándoles como
padres de una nueva humanidad.
Cuando el Séptimo Sello quede cerrado, junto con los otros seis, también quedará
cerrado ese libro que ha sido el juicio de Dios sobre las obras de los hombres desde el
primero hasta el último. Entonces abrirá el Señor un libro en blanco para anotar en él,
la resurrección de los muertos, la liberación de los oprimidos, la regeneración de los
pecadores y el triunfo del bien sobre el mal.

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