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Predestino, sentido y cumplimiento en la vida.




La providencia y la determinación de Dios

Es el tiempo de la luz, en el que el hombre, además de creer, comprenderá,
razonará y sentirá mi verdad.
La finalidad de mi Doctrina hará que todos acepten que nadie vino a este mundo sin
causa justificada, que esa causa es el amor divino y que el destino de todos los seres
es cumplir con una misión de amor.
En todos los tiempos, desde el principio, los hombres se han preguntado ¿Qué soy?
¿A quién debo la vida? ¿Por qué existo? ¿A qué he venido y a dónde voy?
Parte de sus dudas y de su falta de conocimiento la han hallado en mis
explicaciones y a través de sus reflexiones sobre lo que os he revelado de tiempo en
tiempo.
Mas, hay quienes ya creen saberlo todo y Yo os digo que están en grave error,
porque lo que está guardado en el Arcano de Dios, no es posible que los hombres lo
descubran mientras no les sea revelado, y es mucho lo que existe en ese arcano que
aún no conocéis, su contenido es infinito.
El destino tiene la piedad que Dios ha puesto en él, el destino de los hombres está
lleno de la bondad divina.
Vosotros no encontráis muchas veces esa bondad porque no la sabéis buscar.
Si dentro del destino marca do por Mí a cada espíritu, vosotros trazáis un camino
duro y amargo, Yo trato de endulzarlo, mas nunca de aumentar su amargura.
En el mundo los hombres se necesitan los unos a los otros, ninguno está de más y
ninguno está de menos. Todas las vidas son necesarias las unas a las otras para el
complemento y la armonía de su existencia.
Los pobres necesitan de los ricos y éstos de aquéllos. Los malos necesitan de los
buenos y éstos de los primeros. Los ignorantes necesitan de los sabios y los que
saben, de los que ignoran. Los pequeños necesitan de los mayores y éstos a su vez
necesitan de los niños.

En este mundo, cada uno de vosotros está colocado por la sabiduría de Dios en su
sitio y cerca de quien debe estar. A cada hombre le es asignado el círculo donde debe
habitar, en el cual hay espíritus encarnados y desencarnados con los que debe
convivir.
Así, cada quien en su camino, todos vais encontrando a los que os han de enseñar
el amor que os eleva, otros, recibiréis el dolor que os purifica. Unos os harán sufrir
porque así lo necesitáis, mientras otros os darán su amor para compensar vuestras
amarguras, pero todos tienen un mensaje para vosotros, una enseñanza que debéis
comprender y aprovechar.
No olvidéis que todo espíritu encarnado o desencarnado que cruce en vuestra vida
en alguna forma, viene a ayudaros en vuestro destino.
¡Cuántos espíritus de luz os he enviado al mundo y no os habéis detenido para
bendecir mi amor por vosotros!
¡Muchos hermanos que os he enviado, les habéis desperdiciado sin daros cuenta
de que ellos formaban parte de vuestro destino, pero que al no saber recibirlos, os
quedasteis con las manos vacías y tuvisteis después que llorar!
Vuestro destino, humanidad, es armonizar con todo lo creado. Esa armonía de que
os hablo, es la más grande de todas las leyes, porque en ella encontráis la
comunicación perfecta con Dios y con sus obras.
Quien reniegue de su destino, está rechazando el título de hijo de mi divinidad; si
no cree en mi existencia, no podrá tener fe en mi amor.
Si para algunos ha sido esta vida excesivamente amarga y dolorosa, sabed que
esta existencia no es la única, que es larga sólo en apariencia y que en el destino de
cada criatura hay un arcano en el que sólo Yo puedo penetrar.
La existencia de un hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un
soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta para después
volver a alentar a un nuevo cuerpo.
A cada quien se le tiene destinado cuanto se le ha de entregar a lo largo de su
jornada. Mientras unos lo van recibiendo y aprovechando a su debido tiempo, otros lo
derrochan y hay quienes ni siquiera han sabido prepararse para recibirlo y cuando han
retornado a la mansión espiritual se han dado cuenta de todo lo que era de ellos y no
supieron alcanzar ni merecer.

Nadie ha nacido por casualidad, nadie ha sido creado por el acaso; comprendedme
y reconoceréis que nadie es libre en el camino de su vida, que existe una ley que rige
y gobierna todos los destinos.
El hombre cree estar haciendo su voluntad, cree estar libre de toda influencia
superior a él y hasta llega a creerse absoluto y forjador de su propio destino sin
presentir que llegará la hora en que todos comprendan que fue mi voluntad la que se
hizo en ellos.
Labrad un buen galardón para vosotros cultivando un buen fruto para vuestros
hermanos. Preparaos para los tiempos venideros porque antes de mi partida aún habrá
división entre vosotros, porque la tentación os tocará a todos. Es necesario que veléis.
Orad y practicad mi divina enseñanza; de cierto os digo que estos cortos instantes que
dedicáis a la práctica del bien, harán sentir sus beneficios aun en muchas de las
generaciones posteriores a vosotros. Nadie ha podido ni podrá trazarse su propio
destino, eso pertenece solamente a Mí. Confiad en mi voluntad y recorreréis la
jornada hasta el fin sin mayores tropiezos.
Juzgad bien cuando os digo que la hoja del árbol no se mueve sin mi voluntad, así
sabréis cuándo soy Yo quien os está probando y cuándo sois vosotros los que llenáis
vuestro cáliz de amargura para luego culparme. Entonces os convertís en jueces y me
tomáis por reo.
Sabed reconocer vuestros errores y enmendadlos. Aprended a perdonar los
defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregirlos por lo menos tended sobre
ellos un velo de indulgencia.
No seáis fatalista, afirmándoos en la creencia de que vuestro destino es
directamente el que Dios puso en vuestro camino, y si sufrís es porque estaba escrito,
y si gozáis es porque también estaba escrito. Yo os he convencido de que lo que
sembréis, eso tendréis que recoger.
Mas oíd bien, porque habrá veces en las que recogeréis de inmediato la cosecha y
en otras ocasiones, vendréis en nueva existencia a segar y recoger vuestra simiente.
Analizad esto que acabo de deciros y destruiréis muchos malos juicios sobre mi
justicia y muchas confusiones.

En la escuela de la vida

Los hombres son como niños que no meditan en la consecuencia de sus actos y es
por eso que no llegan a comprender que un tropiezo que encuentren en su camino,
sólo es un obstáculo que puso el Maestro para detener su insensata carrera o para
evitarles tomar una mala determinación.
Quiero que ya os comportéis como mayores, que meditéis vuestras obras, vuestros
actos, que penséis vuestras palabras. Ésta es la forma de aplicar la prudencia y la
justicia a vuestra vida. Además, debéis reflexionar que la vida es una inmensa y
constante prueba para el espíritu.
En mi camino nadie sucumbe y aunque hay ocasiones en que el hombre cae
doblegado por el peso de la cruz, una fuerza superior le levanta y da ánimos, esa
fuerza proviene de la fe.
De la comprensión que alcancen los hombres en estas enseñanzas y de su
obediencia para con las leyes que rigen el universo, depende su felicidad, que algunos
creen que no existe en la tierra y que otros llegan a pensar que sólo Yo atesoro, pero
que sí se manifiesta en la paz de vuestro espíritu.
Ahora sabéis, oh pueblo, que vuestra felicidad está en vosotros mismos para que
enseñéis a los hombres que en el fondo de su ser, donde creen que sólo llevan
amarguras, odios y rencores, remordimientos y lágrimas, existe una luz que nada
puede apagar, y que es la del espíritu.
Vuestro pasado espiritual es desconocido para vuestra materia, Yo lo dejo impreso
en vuestro espíritu, para que sea como un libro abierto y os sea revelado por la
conciencia y la intuición. Ésa es mi justicia, que antes de sentenciaros, os doy la
ocasión de reparar la falta o de rectificar el error.
Si de vuestro espíritu se borrase el pasado, tendríais que recorrer nuevamente las
pruebas ya pasadas, mas si oís la voz de vuestra experiencia y os dejáis iluminar por
esa luz, veréis más limpio vuestro camino y más brillante el horizonte.

Sentido y valor de la vida humana

Sabed que el estado natural del ser humano, es el de la bondad, el de la paz del
espíritu y la armonía con todo lo que le rodea. Quien se conserve en la práctica de
estas virtudes a través de la vida, ese va por el camino verdadero que lo conducirá al
conocimiento de Dios.
Mas si os apartáis de ese sendero olvidando la Ley que debe guiar vuestros actos,
tendréis que restituir con lágrimas los instantes que vivisteis apartados del camino de
elevación espiritual, que es el estado natural en que debe conservarse siempre el
hombre.
Muchos hombres están de tal modo familiarizados con el mundo de pecados y
dolores en que vivís, que piensan que esa vida es la más natural, que la Tierra está
destinada a ser valle de lágrimas y que jamás podrá dar albergue a la paz, a la
concordia y al progreso espiritual.
Esos hombres que así piensan, están aletargados en el sueño de la ignorancia. Está
equivocado quien crea que este mundo fue destinado por Mí para valle de lágrimas y
expiación. El edén que ofrecí a los hombres, puede y debe retornar, porque todo
cuanto Yo he creado es vida y amor.
Por lo tanto, está equivocado quien diga que el mundo fue destinado por Dios para
dolor de los hombres, cuando debieran decir que ellos fueron quienes lo condenaron a
una misión de justicia, cuando había sido formada para deleite y recreo del espíritu
hecho hombre.
Ninguno estaba destinado al pecado, aunque todo estaba previsto para salvar de
sus caídas al hombre.
No quiso el hombre elevarse por el amor, ni hacerse sabio cumpliendo con mi Ley
y olvidó que mi justicia, de la que siempre ha tratado de huir, es la que lo ampara,
porque mi justicia procede del amor perfecto.
Si analizáis mi palabra comprenderéis que la intención del Padre al enviaros al
mundo a recorrer sus caminos llenos de peligros y acechanzas, no fue para que os
perdierais en ellos, porque habían sido preparados de antemano para que en ellos
encontraseis las lecciones necesarias para la evolución del espíritu, para daros la
experiencia de que carecíais, y finalmente para volveros a Mí llenos de luz.
Vuestro espíritu al brotar de Mí fue como una chispa a la cual los vientos habían
de convertir en flama para que al retornar a Mí, vinieseis a fundir vuestra luz en la de
la Divinidad.

Os hablo desde la cumbre del nuevo monte, ahí os espero y en verdad os digo: el
día de vuestra llegada habrá fiesta en este reino.
Venís por el camino del dolor lavando vuestras faltas, camino que Yo no tracé y
que el hombre ha labrado, por ese sendero me hicisteis caminar; mas desde entonces,
el camino del sacrificio y del dolor fue glorificado por mi sangre.
Llegará a comprender el hombre que su reino tampoco es de este mundo, que su
cuerpo o envoltura humana es tan sólo el instrumento a través, de cuyos sentidos se
asoma su espíritu a este mundo de pruebas y restitución. Concluirá por saber que esta
vida es tan sólo una magnífica lección ilustrada con maravillosas formas e imágenes,
para que puedan llegar a entender mejor los discípulos, o sea toda la humanidad, las
lecciones que la vida les da, con las cuales, si las saben valorizar, alcanzarán la
evolución de su espíritu y comprenderán la finalidad de la lucha que los va forjando,
el dolor que los pulimenta, el trabajo que ennoblece, el saber que ilumina y el amor
que eleva.
Si esta existencia fuera la única, en verdad os digo que ha mucho tiempo que
habría apartado de ella el dolor pues sería injusto que sólo hubieseis venido a este
mundo a beber el cáliz de amargura; mas los que hoy están sufriendo y llorando, es
porque ayer se deleitaron con exceso; pero ese dolor les purificará y les hará dignos
de elevarse a gozar en forma más pura en las moradas del Señor.
Es tan dura la prueba que encierra la vida del hombre, que es menester endulzarla
con todos aquellos goces espirituales y materiales que le hagan más amable y
llevadero el peso de la cruz.
Yo bendigo a todos aquellos que saben encontrar en el calor de su hogar los
mejores goces de su existencia, procurando con su cariño de padres a hijos, de hijos
para con sus padres, y de hermanos con hermanos, formar un culto, porque aquella
unión, aquella armonía y aquella paz se asemejan a la armonía que existe entre el
Padre Universal y su familia espiritual.
En esos hogares brilla la luz del espíritu, habita la paz de mi Reino y cuando las
penas llegan a presentarse, son más llevaderas y los momentos de prueba menos
amargos.

Más meritorio es aun en aquellos que buscan satisfacción procurándosela a los
demás y gozan con la alegría sana de sus semejantes. Esos son apóstoles de la alegría
y cumplen con una grande misión.
En verdad os digo que si supieseis buscar instantes de satisfacción y alegría, así
como de tener horas de paz, las tendríais en todos los días de vuestra existencia, pero
para eso, elevad primero vuestro espíritu, elevad vuestros sentimientos y la forma de
pensar sobre la vida.
Este mensaje que os envío a través de mi palabra, va lleno de luz que iluminará
vuestro camino y dará a vuestro ser la elevación que os enseñe a vivir en paz y a
gozar sanamente todo aquello con que he bendecido vuestra existencia.
Mucho ha de luchar esta humanidad combatiendo las sombras del dolor y
venciendo su inclinación hacia los placeres falsos y las satisfacciones engañosas.
Tendrá que luchar contra su fanatismo religioso que le impide conocer la verdad,
tendrá que luchar contra el fanatismo que le hace pensar que todo marcha hacia la
destrucción final de la que nadie podrá salvarse, y tendrá que luchar contra su
materialismo que le hace buscar sólo placeres pasajeros, goces de los sentidos que
precipitan al espíritu en un abismo de vicios, de dolor, de desesperación y tinieblas.
Os doy mi luz, para que salgáis de las sombras y lleguéis a encontrar en ese
planeta que convertisteis en valle de lágrimas, los goces verdaderos del espíritu y del
corazón, junto a los cuales todos los demás placeres son pequeños e insignificantes.

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