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Vida en el sentido Divino.




El equilibrio necesario

Cada quién tiene trazado su destino con su misión espiritual y su misión humana,
ambas deben armonizar y tender hacia un solo fin y en verdad os digo que no sólo
tomaré en cuenta vuestras obras espirituales, sino también vuestras obras materiales,
porque en ellas encontraré méritos que ayuden a vuestro espíritu a llegar a Mí.
Hasta ahora ha sido el orgullo del hombre lo que le ha hecho desconocer la parte
espiritual, y la falta de ese conocimiento le ha impedido ser perfecto.
Mientras el hombre no aprenda a mantener en armonía sus fuerzas materiales y
espirituales, no podrá encontrar el equilibrio que debe existir en su vida.
Discípulos: Aunque viváis en el mundo, podéis hacer vida espiritual, porque la
espiritualidad no creáis que consiste en apartarse de lo que corresponde a la materia,
sino en armonizar las leyes humanas con las leyes divinas.
Bendito aquel que estudia mis leyes y sabe unirlas en una sola con las leyes
humanas, porque tiene que ser sano, fuerte, elevado, feliz.

Gozos buenos y destructivos

No os digo que os apartéis de vuestros deberes materiales ni de los sanos goces del
corazón y de los sentidos; sólo os pido que renunciéis a lo que envenena a vuestro
espíritu y os enferma el cuerpo.
Quien vive dentro de la ley, está cumpliendo con lo que le dicta su conciencia. El
que huye de las satisfacciones lícitas para sumergirse en los placeres prohibidos, aún
en los instantes de mayor placer se pregunta por qué no es feliz ni encuentra paz.
Porque de goce en goce va descendiendo hasta perderse en el abismo, sin encontrar la
verdadera satisfacción para su corazón y su espíritu.
Hay quienes necesitan sucumbir apurando hasta la última gota del cáliz donde
buscaron el placer sin encontrarlo, para que puedan escuchar la voz de Aquél que
eternamente les está invitando al festín de la vida eterna.
El hombre científico con mano profana corta un fruto del árbol de la ciencia sin
escuchar antes la voz de su conciencia, en la que le habla mi ley para decirle que
todos los frutos del árbol de la sabiduría son buenos, y que por lo tanto, quien los
tome deberá hacerlo inspirando únicamente en el bien a sus semejantes.
Estos dos ejemplos que os he explicado os enseñan por que la humanidad no
conoce el amor, ni la paz de ese Paraíso interior que el hombre por medio de su
obediencia a la ley debiera llevar por siempre en su corazón.
Para ayudaros a encontrarlo, he venido a doctrinar a los pecadores, a los
desobedientes, ingratos y soberbios, para haceros comprender que estáis donados con
espíritu, que tenéis conciencia, que podéis razonar y valorizar perfectamente lo que es
bueno y lo que es malo, y a mostraros el sendero que os conducirá al paraíso de paz,
de sabiduría, de amor infinito, de inmortalidad, gloria y eternidad.
No siempre el hombre interpreta bien mis enseñanzas. Yo nunca os he enseñado a
que desconozcáis o dejéis de saborear el buen fruto que mis leyes ordenan y
conceden, solamente he venido a enseñar que no persigáis, mucho menos améis, lo
inútil, lo superfluo; que no toméis lo perjudicial, lo ilícito como frutos favorables al
espíritu o a la materia. Mas todo aquello que sea lícito y benéfico al espíritu o al
corazón, eso os lo he confiado porque está dentro de mis leyes.
Largo tiempo ha tenido que transcurrir para que la humanidad alcanzara la
madurez espiritual. Siempre habéis caído en los dos extremos; uno ha sido el
materialismo, por el que tratáis de alcanzar mayores goces mundanos, y esto, en
verdad es perjudicial, por apartar al espíritu del cumplimiento de su misión; pero
también debéis evitar el otro extremo: la mortificación de la materia, la negación
completa de todo lo que pertenece a esta vida, porque Yo os mandé a esta Tierra a
vivir como hombres, como humanos, y os he indicado el camino recto para que viváis
dando al César lo que pertenece al César, y a Dios lo que corresponde a Dios.
Yo he creado este mundo para vosotros, con toda su belleza y toda su perfección.
Os he dado el cuerpo humano, a través del cual vosotros debéis desarrollar todos los
dones que Yo os he dado para alcanzar la perfección.
El Padre no quiere que vosotros os privéis de todo lo bueno que este mundo os
ofrece, mas no debéis dar preferencia a la materia sobre el espíritu, porque el cuerpo
es pasajero y el espíritu pertenece a la eternidad.

Riqueza agraciada y malhadada

Cuando es mi voluntad haceros poseedores de bienes terrestres, os los concedo
para que los compartáis con vuestros hermanos necesitados, con los que no tienen un
patrimonio o un apoyo; con los débiles y los enfermos. Muchos de los que nada
poseen en la Tierra, pueden en cambio participaros de sus bienes espirituales.
Yo quiero que todo sea vuestro, pero que sepáis tomar conscientemente de lo que
necesitáis, que sepáis ser ricos de lo espiritual y podáis poseer mucho en lo material,
si sabéis hacer buen uso de ello y dar a lo uno y a lo otro su verdadero valor y su
lugar.
¿En qué puede perjudicarse el espíritu de un hombre inmensamente acaudalado, si
lo que él posee es en beneficio de sus semejantes? ¿Y en qué puede perjudicarse un
hombre poderoso, si su espíritu sabe apartarse oportunamente a orar, y con su oración
está en comunión conmigo?
No me digáis: Señor, he visto pobreza entre éstos que te van siguiendo, en cambio
en los que ni siquiera se acuerdan de Ti, ni pronuncian tu nombre, veo abundancia,
placeres y satisfacciones.
Mi pueblo no tomará estos casos como una prueba de que el que me siga tiene que
ser necesariamente pobre en el mundo. Mas Yo os digo que la paz que tienen éstos
que escuchan y que consagran parte de su vida a impartir la caridad, no la conocen
aquéllos a quienes tanto envidiáis, ni la podrán conseguir con toda su riqueza.
Hay quienes saben poseer al mismo tiempo los bienes del mundo y los del
espíritu, otros a quienes no se les da lo del mundo porque se olvidan de lo espiritual, y
otros a quienes sólo les interesa lo del mundo creyendo que las leyes divinas son un
enemigo para las riquezas terrenales.
Los bienes son siempre bienes, mas no todos les saben emplear; también debéis
saber que no todo de lo que muchos poseen se los he dado Yo; los hay que tienen lo
que de Mí han recibido como compensación, así como existen otros que todo cuanto
tienen lo han hurtado.

La mayor prueba que los hombres pueden tener sobre vuestro cumplimiento en la
vida, es la paz del espíritu no la cantidad de monedas.
Cuando os digo: "Pedid, que se os dará", me pedís para la materia. En verdad:
¡Qué poco me pedís! ¡Pedidme ante todo lo que beneficie a vuestro espíritu! No
atesoréis en la tierra, porque aquí se encuentra el que hurta; atesorad en el reino del
Padre, porque ahí vuestro caudal se encontrará seguro y será para la felicidad y paz de
vuestro espíritu.
Los tesoros de la tierra son las riquezas, el poder y los títulos de falsa grandeza.
Los tesoros del espíritu son las buenas obras.
El envanecido cree ser grande sin serlo, y es pequeño el que se conforma con las
riquezas superfluas de esta vida, sin descubrir los verdaderos valores del corazón y
del espíritu. Cuan pequeños son sus deseos, sus amores, sus ideales ¡Con qué poco se
conforman!
Mas el que sabe vivir, es aquél que ha aprendido a dar a Dios lo que es de Dios y
al mundo lo que es del mundo. Aquél que sabe recrearse en el seno de la Naturaleza,
sin convertirse en esclavo de la materia, ése sabe vivir, y aunque aparentemente nada
posea, es dueño de los bienes de esta vida y está en camino de poseer las riquezas del
reino.

La ley de la dación

Si esta humanidad tuviera fe en mi palabra, me llevaría en su corazón, tendría
siempre presente aquella frase mía, cuando dije a las multitudes que me escuchaban:
"En verdad os digo, que si un vaso de agua dieseis, él no quedaría sin galardón".
Mas los hombres piensan que si algo dan, nada reciben en cambio, y para
conservar lo que poseen, lo guardan sólo para ellos.
Ahora os digo, que en mi justicia existe la perfecta comprensión, para que nunca
temáis dar algo de lo que poseéis. ¿Veis a esos hombres que atesoran y acumulan y no
participan a nadie de lo que poseen? Esos hombres llevan muerto el espíritu.
En cambio, aquéllos que han consagrado hasta el último aliento de su existencia
para dar a sus semejantes cuanto poseen, hasta verse solos, abandonados y pobres, en
su hora postrera, esos han sido guiados siempre por la luz de la fe, la cual les ha
señalado en la lejanía la proximidad de la "tierra prometida", donde les espera mi
amor para darles la compensación de todas sus obras.
Venid para que Yo os resucite a la verdadera vida y os recuerde que habéis sido
creados para dar; pero que mientras no sepáis lo que lleváis en vosotros, os será
imposible dar a quien lo necesite.
Ved cómo cuanto os rodea cumple con la misión de dar. Los elementos, los astros,
los seres, las plantas, las flores y las aves, todo, desde lo más .grande hasta lo
imperceptible, tienen el don y el destino de dar. ¿Por qué os hacéis vosotros una
excepción siendo los mayormente dotados de la gracia divina de amar?
¡Cuánto tendréis que crecer en sabiduría, en amor, en virtud y poder para que
seáis luz en el camino de vuestros hermanos pequeños! ¡Qué destino tan elevado y
hermoso os ha deparado vuestro Padre!

El cumplimiento de deberes y obligaciones

En el Tercer Tiempo, mi Doctrina espiritual dará al espíritu la libertad para
extender sus alas y elevarse al Padre para consagrarle el verdadero culto.
Mas también el hombre en cuanto humano, tiene un culto que rendir al Creador y
ese tributo consiste en dar cumplimiento a sus deberes en la Tierra, practicando las
leyes humanas, teniendo moral y buen juicio en sus actos; cumpliendo con los deberes
de padre, de hijo, de hermano, de amigo, de señor y de siervo.
El que viva de esta manera, me habrá honrado en la Tierra y dará ocasión a que su
espíritu se eleve para glorificarme.
El que elude el peso de su misión, el que se desvía o desentiende de las
responsabilidades que su espíritu contrajo conmigo, para tomar responsabilidades a su
capricho o voluntad, ese no podrá tener paz verdadera en su corazón, ya que su
espíritu nunca estará satisfecho ni tranquilo. Son los que están siempre buscando
placeres para olvidar su pena y su intranquilidad, engañándose con falsas alegrías y
fugaces satisfacciones.
Yo les dejo andar su senda, porque sé que si hoy se alejan, me olvidan y hasta me
niegan, pronto, cuando la realidad llegue a despertarles de su sueño de grandeza en la
tierra, comprenderán la insignificancia de las riquezas, de los títulos, de los placeres y
honores del mundo, cuando el hombre tiene que enfrentarse ante la verdad espiritual,
ante la eternidad, y ante la justicia divina, de las que nadie puede escapar.
Nadie ignora esto, puesto que todos tenéis un espíritu quien os revela, por el don
de intuición, la realidad de vuestra vida, el camino que está trazado para vosotros y
cuanto en él debéis realizar, pero os obstináis en liberaros de todo compromiso
espiritual para sentiros libres y dueños de vuestra vida.
Antes de enviar a vuestro espíritu a este planeta le fueron mostradas las tierras, se
le dijo que vendría a sembrar la paz, que su mensaje sería espiritual, y vuestro espíritu
se regocijó, prometiendo ser fiel y obediente a su misión.

¿Por qué ahora teméis ir a sembrar? ¿Por qué ahora os sentís indignos o incapaces
para desempeñar la labor que tanto regocijó a vuestro espíritu cuando le fue
encomendada? Es porque habéis dejado que las pasiones se interpongan en vuestro
camino, obstruyendo el paso al espíritu, tratando de justificar su indecisión con
motivos infantiles.
No vayáis a llegar con vuestras manos vacías al valle de donde vinisteis. Yo sé
que vuestra amargura sería muy grande.
A cada quien se le ha asignado una porción a la cual debe guiar o cultivar, y esa
misión no queda terminada con la muerte material. El espíritu, lo mismo en la tierra
que en el mundo espiritual, sigue sembrando, cultivando y cosechando.
Los espíritus mayores son los que guían a los menores y éstos a su vez a otros en
menor grado de desarrollo, siendo el Señor el que los conduce a todos hacia el
aprisco.
Si os he dicho que los espíritus mayores guían a los menores, no por eso quiero
decir que esos espíritus hayan sido grandes desde el principio y que los segundos
deberán ser siempre pequeños ante sus hermanos. Los que ahora son grandes, es
porque se han elevado y desarrollado en el cumplimiento de la noble misión de amar,
servir y ayudar a los que no han alcanzado ese grado de evolución espiritual, a los que
aún son débiles, a los que se han extraviado y a los que sufren.
Los que hoy son pequeños, mañana serán grandes mediante su perseverancia en el
camino de evolución.

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