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Enseñanzas para las congregaciones y todos los dis




La obra espiritualista de Cristo

Gozad con mi presencia, pueblo amado, haced fiesta en vuestro corazón, vibrad de
alegría, porque al fin habéis visto llegar este día del Señor.
Temíais que llegara este día porque aún pensabais como los antiguos, creíais que el
corazón de vuestro Padre era vengativo, que guardaba rencor por las ofensas recibidas
y que por lo tanto traería preparada la hoz, el látigo y el cáliz de amargura, para
ejercer una venganza sobre los que tanto y tan repetidas veces lo habían ofendido.
Pero grande ha sido vuestra sorpresa al comprobar que en el Espíritu de Dios no
puede existir la ira, ni el furor, ni el aborrecimiento, y que si el mundo solloza y se
lamenta como nunca, no se debe a que su Padre le haya dado a comer ese fruto, ni a
beber de ese cáliz, sino que se debe a que es la cosecha que por sus obras va
recogiendo la humanidad.
Ciertamente que todas las calamidades que se han desatado en este tiempo os
fueron anunciadas; mas no por haberos sido anunciadas, penséis que os las trajo
vuestro Señor como un castigo; todo lo contrario, en todos los tiempos Yo os he
prevenido en contra del mal, en contra de las tentaciones y os he ayudado a levantar
de vuestras caídas; además he puesto a vuestro alcance todos los medios que os son
necesarios para que podáis salvaros; pero también debéis reconocer que siempre
habéis sido sordos e incrédulos a mis llamados.
¡Ay de los que en este tiempo no luchan por encender su lámpara, porque se
perderán! He aquí que siendo este tiempo el de la luz, imperan las sombras por
doquiera.
Vosotros sabéis por mi palabra, que escogí esta nación para manifestarme en mi
tercera venida, mas el por qué, lo ignoráis; ha sido un misterio para vosotros, el
Maestro, que no quiere tener secretos para sus discípulos; viene a revelaros todo lo
que debéis saber, para que contestéis con certeza a quienes os interroguen.
He visto que los moradores de este rincón de la tierra siempre me han buscado y
amado, y aun cuando su culto no ha sido siempre perfecto, su intención y su amor los
he recibido como una flor de inocencia, de sacrificio y de dolor. Sobre el altar de mi
Divinidad siempre ha estado presente esa flor llena de fragancia.

Fuisteis preparados para cumplir en el Tercer Tiempo esta gran misión.
Hoy sabéis que en vuestro seno he hecho reencarnar al pueblo de Israel, porque Yo
os lo he revelado. Sabéis que la simiente que alienta en vuestro ser y la luz interior
que os guía es la misma que derramé desde el Primer Tiempo sobre la casa de Jacob.
Sois israelitas por el espíritu, poseéis espiritualmente la simiente de Abraham, de
Isaac y de Jacob. Sois ramas de aquel árbol bendito que darán sombra y fruto a la
humanidad.
He aquí por qué os nombro primogénitos y porque os he buscado en este tiempo
para manifestar en vosotros mi tercera revelación al mundo.
Es mi voluntad que el pueblo de Israel resurja espiritualmente entre la humanidad,
para que ella contemple la verdadera resurrección de la carne.
¿Creíais acaso que Yo iba a entregar mi palabra a todos los pueblos de la tierra?
No, también en esto mi nueva manifestación es semejante a la de los tiempos pasados,
en que habiéndome manifestado a un solo pueblo, éste tuvo la misión de levantarse a
extender la buena nueva y a sembrar la simiente que en mi mensaje recibió.
Dejad que otros pueblos despierten para el nuevo tiempo al contemplar las
comarcas arrasadas por las aguas, las naciones destrozadas por la guerra y la peste
aniquilando vidas. Esos pueblos ensoberbecidos en sus ciencias y aletargados en el
esplendor de sus religiones, no reconocerán mi palabra bajo esta humilde forma, ni
sentirán mi manifestación en espíritu; por lo tanto, antes tendrá que conmoverse la
Tierra, y la Naturaleza dirá a los hombres: "El tiempo es llegado y el Señor ha venido
entre vosotros".
Para que la humanidad despierte, abra sus ojos y acepte que Yo soy quien ha
llegado, antes será tocado el poder y el orgullo del hombre; mas vosotros tenéis por
misión velar, orar y prepararos.

Os prometí en aquel tiempo volver a la humanidad y heme aquí para cumplir con
aquella promesa aún cuando hayan pasado muchos siglos. Vuestro espíritu anhelaba
mi presencia en su deseo de paz, en su hambre de verdad, en su ansia de saber, y mi
Espíritu ha descendido para haceros oír una enseñanza de acuerdo con el tiempo en
que vivís. ¿Cómo quieren los hombres seguir viviendo como hasta ahora lo han
hecho? Ya no es tiempo de que sigan estancados espiritualmente, ni aletargados en la
práctica de ritos y tradiciones.
Muchos hombres de reconocida sabiduría en el mundo, no podrán reconocerme
bajo esta forma y me negarán, mas no por ello os sorprendáis, ya os lo anuncié tiempo
ha cuando os dije: "Bendito seáis Padre, que revelasteis a los humildes tu verdad y la
ocultasteis a los sabios y entendidos".
Mas no es porque Yo oculte mi verdad a nadie, sino más bien porque los limpios
de entendimiento, en su pobreza o insignificancia, pueden sentirme mejor, mientras
que los hombres de talento cuyo entendimiento está lleno de teorías, de filosofías y
dogmas; no pueden comprenderme ni sentirme, mas la verdad que es para todos,
llegará a cada quien en el instante marcado.
El que conociendo mi Ley la oculta, no puede llamarse mi discípulo; el que
entrega mi verdad sólo con los labios y no con el corazón, no me está imitando. Aquél
que habla de amor y con sus obras demuestra lo contrario, ése es traidor a mis
lecciones.
El que se levanta desconociendo la pureza y perfección de María es torpe, porque
en su ignorancia desafía a Dios negando su poder. Quien desconoce mi verdad en el
Tercer Tiempo y niega la inmortalidad del espíritu, está durmiendo y no recuerda las
profecías de los tiempos pasados que anunciaron las revelaciones que en este tiempo
está viviendo la humanidad.
Vendrán a probarme, queriendo demostraros que estáis en un error; si no les doy
mi nombre dirán que no soy Yo, y si contesto a sus malas intencionadas preguntas,
con más ahínco me negarán.

Entonces les diré: el que quiera penetrar al reino de la Luz, tendrá que buscarlo
con el corazón. Mas aquel que quiera vivir negándome, será a su propio espíritu a
quien le ha negado el divino saber, haciendo que todo lo que es revelación clara y
luminosa, sea para él secreto y misterio.
Ahora estoy de paso entre vosotros, como lo estuve también en aquel tiempo, ya
se aproxima el instante en que deje de hablaros, y la humanidad no ha sentido mi
presencia.
Desde este monte, desde donde os envío mi palabra y os contemplo, tendré que
exclamar la víspera de mi partida. ¡Humanidad, humanidad, que no habéis sabido a
quién habéis tenido con vosotros! Como en el Segundo Tiempo, estando próxima mi
muerte, contemplaba desde un monte la ciudad y entre lágrimas exclame. ¡Jerusalén,
Jerusalén, que no sabéis el bien que habéis tenido!
No era el mundo por el que lloraba, era por el espíritu de la humanidad que aún se
encontraba sin luz y que aún habría de llorar mucho para alcanzar la verdad.
Han pasado muchos siglos desde el día en que os di mi palabra y mis últimas
recomendaciones a través de Jesús, y hoy aparezco ante vosotros como Espíritu Santo
cumpliéndoos mi promesa.
No he venido a humanizarme, vengo en Espíritu y sólo me contemplarán los que
se encuentren preparados.
Mientras vosotros creéis en mi palabra y me seguís, otros no aceptan mi
manifestación y la niegan. He tenido que darles grandes pruebas y gracias a ellas he
ido venciendo su incredulidad.
El amor y la paciencia que siempre os he manifestado, os hacen comprender que
sólo vuestro Padre puede amaros y enseñaros en esta forma. Yo velo por vosotros y
hago ligera vuestra cruz, para que no tropecéis. Os hago sentir mi paz para que
caminéis llenos de confianza en Mí.
Mi palabra, mi cátedra, en apariencia es hoy tan sólo para vosotros, pero en
verdad ella es para todos, porque su sabiduría y amor, abarca a todo el Universo,
unifica a todos los mundos, a todos los espíritus encarnados o desencarnados.
Acercaos si tenéis necesidad de Mí; buscadme si os sentís perdidos.
Soy vuestro Padre que conoce vuestras penas y viene a confortaros. Vengo a
infundiros el amor, que tanto necesitáis para vosotros mismos y para derramarlo en
vuestro derredor.

Si en verdad reconocéis mi presencia a través de la sabiduría que manifiesto por
estos entendimientos, reconoced también que es el momento de iniciar la obra
constructiva en el sendero espiritual.
¡Ah si todos los que han sido llamados acudiesen, de cierto os digo que la mesa
del Señor se encontraría pictórica de discípulos y todos comerían el mismo manjar!
Pero no todos los invitados han llegado, han pretextado diferentes ocupaciones,
relegando a segundo término el divino.
Bienaventurados los que presurosos han acudido, porque ellos han tenido su
premio.
No están aquí escuchándome todos los que han recibido dones en este tiempo; ved
cuántos lugares vacíos hay en la mesa, porque muchos de mis párvulos, luego de
haber recibido un beneficio, se alejaron huyendo de responsabilidades y de cargos.
¡Ah, si ellos supiesen aquí en la Tierra las promesas que cada espíritu me hizo antes
de venir al mundo!
Os estoy legando el Tercer Testamento y no habéis comprendido aún los dos
primeros. Si hubierais estado preparados en este tiempo, no hubiera sido necesario
que mi palabra se materializara, porque hablaría espiritualmente y vosotros me
responderíais con vuestro amor.
Ésta es la luz del Tercer Tiempo; mas quien digiere que no es Dios quien os habla,
sino este hombre, sometedle a prueba, que en verdad os digo: Mientras mi rayo divino
no inspire su entendimiento, así le amenacéis con la muerte, de él no podréis arrancar
palabras de esencia y verdad.
38. Nada extraño es que así como los espíritus se sirven de sus cuerpos para hablar y
manifestarse, por un instante se desprenden de ellos para dejar que en su lugar se
manifieste el Padre de todos los espíritus: Dios.
Vengo a vosotros, ya que no sabéis llegar hasta Mí. y os enseño que la oración
más agradable que llega al Padre, es aquélla que en silencio se eleva de vuestro
espíritu. Esa oración es la que atrae mi rayo a través del cual me escucháis. No son los
cánticos ni las palabras las que halagan a mi Divinidad.
No podréis decir que mi palabra no sea clara o que encierre imperfecciones,
porque de Mí, no podrá brotar confusión alguna. Si encontraseis en ella algún error,
atribuidlo a la mala interpretación del portavoz, o a vuestra mala comprensión, mas
nunca a mi Doctrina. ¡Ay del portavoz que desvirtúe mi palabra! ¿Ay de aquel que
transmitiere mal y profanare mi enseñanza, porque sufrirá el incesante reclamo de su
conciencia y perderá la paz de su espíritu!

Para complaceros os digo, que si no queréis que me sirva de materias pecadoras
para entregaros mi amor, mostradme un justo, un limpio, presentadme uno que entre
vosotros sepa amar y os aseguro que me serviré de él.
Comprended que me sirvo de pecadores, para atraer a los pecadores, porque no
vengo a salvar a los justos, ésos ya están en el reino de la luz.
Observad cómo esta semilla a pesar de que la habéis cultivado mal, no muere,
mirad cómo ha ido venciendo tinieblas y encrucijadas, obstáculos y pruebas y sigue
día a día germinando y desarrollándose. ¿Por qué no muere esta semilla? Por que la
verdad es inmortal, es eterna.
Por eso veréis que cuando esta Doctrina por momento parece que va a
desaparecer, será precisamente cuando surjan nuevos y fecundos brotes para ayudar a
los hombres a dar un paso hacia adelante en el camino de la espiritualidad.
Analizad mis lecciones y decidme si esta Doctrina podrá encerrarse dentro de una
de vuestras religiones.
Os he revelado su carácter y su esencia universal, que no se concreta tan sólo a
porciones de la humanidad o a pueblos, sino que traspasa la órbita de vuestro mundo,
para abarcar el infinito con todas sus moradas en donde como en este mundo habitan
hijos de Dios.

Ved como mi palabra no es ni podrá ser una nueva religión; esta Obra es el
camino luminoso en donde habrán de unirse espiritualmente todas las ideas, los
credos y religiones, para llegar ante las puertas de la Tierra Prometida.
Mi enseñanza, de la cual se alimenta vuestro espíritu, tiende a transformaros en
maestros, en los fieles apóstoles del Espíritu Santo.
Yo os presentaré ante la humanidad como mis servidores, como los Espiritualistas
Trinitarios Marianos del Tercer Tiempo. Los Espiritualistas, porque seréis más
espíritu que materia; los Trinitarios, porque habéis recibido mi manifestación en tres
tiempos; Marianos porque amáis a María, vuestra Madre Universal, que es la que ha
velado por vosotros para que no desmayéis en la jornada.
No sólo los que escucharon mi palabra a través del entendimiento humano serán
llamados hijos de este pueblo, todo el que abrace su cruz, todo el que ame esta Ley y
propague esta semilla, será llamado labriego de mi campiña, apóstol de mi Obra e hijo
de este pueblo, aun cuando no me haya oído a través de esta manifestación.
¿Cómo podéis pensar, pueblo, que por reuniros en distintos recintos, sea este el
motivo de que os encontréis distanciados unos de otros? Sólo la ignorancia impedirá
que os deis cuenta de los lazos espirituales que unen a todos los hijos del Señor.
Cuando visitáis uno, otros y varios recintos, cuando a través de sus portavoces
escucháis la misma palabra, se llena de gozo y de fe vuestro corazón y tomáis aquella
lección como una verdadera prueba de que aquellas congregaciones se encuentran
unidas a través de su espiritualidad. Cuando llegáis a presenciar una manifestación
deficiente, tenéis la sensación de que os han herido en vuestro corazón y comprendéis
que allí no hay, o no se manifiesta la unidad que debe existir en este pueblo.
Quiero que seáis mis buenos y humildes discípulos, aquellos que no pretenden
nombramientos u honores dentro de la congregación, sino que vuestro ideal sea tan
sólo el de alcanzar e! perfeccionamiento por medio de la virtud y seguir mis
enseñanzas para que vuestra vida sea un ejemplo. ¿De qué os podrán servir los
grados, títulos o nombres si no tenéis méritos para poseerlos?
Mi obra no es una de tantas doctrinas, no es una secta más en el mundo. Esta
revelación que hoy os he traído, es la ley eterna; sin embargo, por falta de
espiritualidad y comprensión, cuántos ritos le habéis mezclado, cuántas impurezas,
hasta haber llegado a deformarla. Cuántas práctica habéis introducido en mi doctrina,
diciendo y creyendo que todo lo que habéis hecho ha sido inspirado u ordenado por
Mí.

Vais a penetrar en el seno de una humanidad cansada de cultos externos y
hastiada de su fanatismo religioso, por lo que os digo que el mensaje de espiritualidad
que vais a llevarle, llegará a su corazón como fresco y vivificante rocío.
¿Creéis que si llegaseis con cultos fanáticos y prácticas opuestas a la
espiritualidad, podría el mundo reconoceros como portadores de un mensaje divino?
En verdad os digo que os tomarían por fanáticos de una nueva secta.
Ante la claridad con que os vengo hablando, hay quienes me dicen: Maestro,
¿Cómo es posible que desconozcamos muchas de las prácticas que Roque Rojas nos
legó?
A lo cual Yo os digo que por eso os puse aquel ejemplo del Segundo Tiempo,
cuando hice comprender al pueblo que por cumplir con ritos, formas, tradiciones y
fiestas, se había olvidado de la Ley, que es lo esencial.
Os recordé ese hecho de vuestro Maestro, para que comprendieseis que también
ahora debéis olvidaros de tradiciones y ceremonias, aunque las hayáis aprendido de
Roque Rojas, como en aquel tiempo el pueblo las había heredado de Moisés.
Ahora bien, no quiero deciros que ellos os hayan enseñado algo malo, no, ellos
tuvieron necesidad de recurrir a símbolos y actos que ayudasen al pueblo a
comprender las divinas revelaciones; pero, una vez logrado aquel objeto, ha sido
necesario venir a borrar toda forma o simbolismo ya inútil, para hacer que brille la luz
de la verdad.
Cuánto dolor han causado a mi corazón los siervos que no han comprendido mi
Ley, y cuánto dolor están causando aquéllos que habiéndoles preparado y entregado,
hoy han dado cabida a la duda, a la incertidumbre, han dicho por su incomprensión y
egoísmo que Yo he de permanecer un tiempo más entre el pueblo, que va a descender
una vez más mi Rayo Universal según su voluntad humana y que Yo me seguiré
manifestando por un tiempo largo.
Por eso os he dicho ¿Cuándo he manifestado indecisión, incertidumbre o doble
voluntad en mi palabra? Nunca, en verdad, porque dejaría de ser perfecto, dejaría de
ser vuestro Dios y vuestro Creador.
En Mí existe la decisión, la voluntad única y por ello Yo hablo con la luz del
mediodía, para que todos puedan sentirme en mi presencia y en mi potencia, para que
el espíritu pueda reconocer la razón y la palabra que he entregado por conducto del
entendimiento humano.

El Maestro os dice: el hombre ha forjado casas y les ha nombrado templos y en
esos lugares el pueblo que penetra hace reverencia, alimenta el fanatismo y la
idolatría y adora lo que el mismo hombre ha creado. Esto es abominable ante mi
mirada y por ello me ha placido alejar de vosotros, pueblo de Israel, todo cuanto
conocisteis y escuchasteis en un principio para que os desfanaticéis.
Las casas de oración del pueblo Israelita serán conocidas por la humanidad, ellas
no serán cerradas; porque albergue darán al débil y al perdido, al cansado y al
enfermo. Y por vuestra preparación, por la obediencia a mi voluntad suprema y el
acato a mi Ley, me daré a conocer en la obras de los verdaderos discípulos de mi
Divinidad.
No os preocupe que se levanten en el camino malos portavoces, malos guías,
malos labriegos, que su labio blasfemo hable a los pueblos y diga que aún mi Verbo y
mi Rayo Universal permanecerán entre el pueblo cual enseñanza.
Yo daré a conocer quién es el impostor, quién es el que no está cumpliendo la Ley
conforme es mi voluntad, quién es aquél que solamente hace presente su libre
albedrío y daré a conocer la obra que ha forjado y la ley que ha preparado y ellos eran
desconocidos y desterrados.
Porque Yo retendré la gracia y la potestad divina, y la tentación les hará caer en
sus redes y por ello todo aquél que les busque no sentirá la gracia de mi Espíritu Santo
en su espíritu.
Sin pregonar que sois mi apóstol, lo seréis. Aunque seáis maestros diréis que sois
discípulos.
No llevaréis vestidura que os distinga de los demás; no llevaréis libro en vuestras
manos, no edificaréis recintos.
Ni tendréis en la Tierra el centro o cimiento de mi Obra, ni tendréis delante a
hombre alguno que me represente.
Los guías que habéis tenido hasta ahora, son los últimos. La oración, la
espiritualidad y la práctica de mi Doctrina guiarán a las multitudes por el camino de la
luz.
¿Será justo pregunto Yo a mis discípulos que una obra perfecta como es la que he
venido a revelaros, la expongáis ante la humanidad a que sea juzgada como falsedad o
a que sea, considerada como una más de las doctrinas y teorías surgidas en estos
tiempos, como frutos de la confusión espiritual que reina?
¿Estaría bien que vosotros, a quienes tanto he amado y preparado con mi palabra
para que vuestro testimonio sea limpio, tuvieseis que caer en manos de la justicia de
la Tierra, víctimas de vuestros errores o fueseis perseguidos y diseminados por
consideraros nocivos a vuestros semejantes?
¿Creéis que mi Doctrina bien practicada, pudiera dar lugar a estos
acontecimientos? No, discípulos.
76. Dejadme que os hable así, porque Yo sé por qué lo hago; mañana, cuando haya
dejado de hablaros en esta forma, sabréis por qué os hablé así, y diréis: "Bien sabía el
Maestro de cuántas flaquezas íbamos a adolecer, nada escapa a su sabiduría".
Os estoy preparando para el tiempo en que ya no escuchéis mi palabra, porque
para entonces los hombres van a nombraros el pueblo sin Dios, el pueblo sin templo,
porque no tendréis regios recintos para rendirme culto, ni celebraréis ceremonias, ni
me buscaréis en imágenes.
Pero os dejaré un libro como testamento que será vuestro baluarte en las pruebas y
será el camino por donde guiéis vuestros pasos. Estas palabras que hoy escucháis por
medio del portavoz, mañana brotarán de los escritos, para que os regocijéis
nuevamente y sean escuchadas por las multitudes que para ese tiempo llegarán.
Estoy legando a la humanidad un nuevo libro, un nuevo Testamento: mi palabra
del Tercer Tiempo, la voz divina que ha hablado al hombre al desatarse el Sexto
Sello.
No será menester que vuestros nombres ni vuestras obras pasen a la historia. En
ese libro estará mi palabra, como una voz vibrante y clara que hable eternamente al
corazón humano, y mi pueblo dejará a la posteridad la huella de su paso por este
camino de espiritualidad.
Los recintos donde mi palabra se ha manifestado, se han multiplicado, siendo cada
uno de ellos, como una escuela del verdadero saber, donde se congregan las
multitudes que forman mis discípulos, los cuales llegan ávidos de aprender la nueva
lección.
Si cada una de esas congregaciones diera testimonio de todos los beneficios que
de mi caridad ha recibido, no acabarían de dar testimonio de esos prodigios. Y si
tuvieseis que reunir en un libro cuanto he dicho a través de todos mis portavoces,
desde la primera de mis palabras hasta la última de ellas, sería una obra que no
podríais llevar a cabo.
Mas Yo he de hacer llegar a toda la humanidad, por el conducto de mi pueblo, un
libro en el que esté contenida la esencia de mi palabra y el testimonio de las obras que
entre vosotros realicé. No temáis acometer esta empresa, porque Yo os inspiraré para
que en dicho libro queden asentadas las enseñanzas que sean indispensables.
La esencia de esta palabra no ha variado jamás desde el principio de su
manifestación, en que os hablé por conducto de Damiana Oviedo; el sentido de mi
doctrina ha sido el mismo.

Mas, ¿Dónde está la esencia de aquellas palabras? ¿Qué se hizo de ella? Ocultos
se encuentran los escritos de aquellos mensajes divinos que fueron los primeros de
este tiempo, en el que tanto se ha derramado mi Verbo entre vosotros.
Es menester que esas lecciones salgan a la luz, para que mañana sepáis dar
testimonio de cómo fue el principio de esta manifestación. Así conoceréis la fecha de
mi primera lección, su contenido y el de la última que os entregue el año de 1950, año
marcado para que esta etapa finalice.
Es menester que habléis a aquéllos que ocultan mi palabra y que adulteran mis
enseñanzas, habladles con toda claridad, Yo seré en vuestra ayuda para que os
manifestéis ante ellos, porque serán los hombres que darán motivos para que el
mañana sea censurada mi Obra y alterada mi Ley, porque ellos han agregado a mi
Obra lo que no le pertenece.
Os traje esta palabra y os la hice oír en vuestro lenguaje, mas os doy la misión de
que más tarde la traduzcáis a otras lenguas, para que sea de todos conocida.
De esta manera empezaréis a construir la verdadera torre de Israel, aquélla que
espiritualmente unifique a todos los pueblos en uno solo, aquélla que una a todos los
hombres en esa Ley divina, inmutable y eterna que conocisteis en el mundo en labios
de Jesús, cuando os dijo "Amaos los unos a los otros".

El Israel espiritualista y el pueblo judío

Israel llamo al pueblo a quien estoy congregando en torno a mi nueva revelación,
porque nadie mejor que Yo sabe qué espíritu mora en cada uno de los llamados de
este Tercer Tiempo.
Israel tiene un significado espiritual y ese nombre os lo doy a vosotros para que
tengáis presente que formáis parte del pueblo de Dios, porque Israel no representa
ningún pueblo de la Tierra, sino a un mundo de espíritus.
Ese nombre surgirá de nuevo en la Tierra, pero libre de equivocaciones, en su
verdadera esencia que es espiritual.
Vosotros necesitáis conocer el origen y el sentido de ese nombre, necesitáis que
vuestra fe en que sois hijos de ese pueblo sea absoluta, y necesitáis tener pleno
conocimiento de quién y por qué habéis recibido esa denominación, para que podáis
hacer frente a los ataques que mañana recibáis de quienes dan otro sentido al nombre
de Israel.
Quiero de vosotros la obediencia, quiero que forméis un pueblo fuerte por su fe y
su espiritualidad; porque así como hice multiplicarse a las generaciones que nacieron
de Jacob, a pesar de las grandes penalidades que afligieron a aquel pueblo, así haré
que vosotros que lleváis en el espíritu aquella simiente, perduréis a través de vuestras
luchas, para que vuestro pueblo vuelva a multiplicarse como las estrellas del
firmamento y como las arenas del mar.
Os he hecho saber que sois espiritualmente porciones de aquel pueblo de Israel,
para que tengáis más amplio conocimiento de vuestro destino; mas también os he
recomendado que no pregonéis estas profecías hasta que la humanidad por sí misma
las descubra.
Porque existiendo aún sobre la Tierra el pueblo Israelita, el judío por la carne, os
negará y os reclamará ese nombre, no siendo esto una razón poderosa para una
contienda.

Ellos aún nada saben de vosotros, en cambio vosotros si sabéis mucho de ellos.
Yo os he revelado que ese pueblo errante en la Tierra y sin paz en el espíritu, camina
paso a paso y sin saberlo hacia el crucificado, al que reconocerá como a su Señor y
ante el que implorará perdón por tanta ingratitud y tanta dureza ante su amor.
Mi cuerpo fue desprendido del madero, mas para éstos que me han negado a
través de los siglos, permanezco enclavado, esperando el instante de su despertar y de
su arrepentimiento, para darles todo lo que para ellos traje y que no quisieron recibir.
No vayáis en este tiempo a imitar al pueblo judío del Segundo Tiempo, que por
ser tradicionalista, conservador y fanático, no pudo comer el pan del Reino de los
Cielos que el Mesías le trajo y a quien estaba esperando por siglos y siglos, y llegada
la hora no pudo reconocerle porque su materialidad no le dejó ver la luz de la verdad.
De lejanas comarcas y naciones veréis llegar a vuestros hermanos en busca de
liberación para su espíritu. De aquella antigua Palestina, llegarán también en
multitudes, como cuando cruzaron el desierto las tribus de Israel.
Largo y doloroso ha sido su peregrinaje desde que rechazó de su
seno a Aquél que le vino a ofrecer su reino como una nueva herencia, mas ya se va
acercando el oasis en donde descansará y meditará en mi palabra, para que después,
fortalecido en el reconocimiento a mi ley, prosiga la ruta que le señala su evolución
por tanto tiempo olvidada.
Entonces oiréis que muchos dirán que vuestra nación es la nueva Tierra de
Promisión, la Nueva Jerusalén; mas vosotros les diréis que aquella tierra prometida se
encuentra situada más allá de este mundo y que para llegar a ella habrá que hacerlo en
espíritu, después de haber cruzado el gran desierto de las pruebas de este tiempo.
También les diréis que esta nación es tan solo un oasis en medio del desierto.
Mas debéis entender, pueblo, que el oasis deberá dar sombra a los caminantes
fatigados, además de ofrecer sus aguas cristalinas y frescas a los labios resecos por la
sed a los que en él se refugien.
¿Cuál será esa sombra y esas aguas de las que os estoy hablando? Mi doctrina,
pueblo, mi divina Enseñanza de caridad. ¿Y en quién he depositado este caudal de
gracia y de bendiciones? En vos, pueblo, Para que vayáis despojando vuestro corazón
de todo egoísmo y podáis mostrarlo como un espejo limpio en cada una de vuestras
obras.

¿No se llenaría de gozo vuestro espíritu y corazón, si por vuestro amor se lograra
convertir a la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana, aquel pueblo tan apegado a
sus tradiciones y espiritualmente estacionado? ¿No habría gozo entre vosotros, si el
antiguo Israel se convirtiera por conducto del nuevo Israel, o sea que el primero
alcanzara la gracia por el postrero?
Hasta ahora, nada ha convencido al pueblo judío de que debe romper antiguas
tradiciones para alcanzar su evolución moral y espiritual. Es el pueblo que cree estar
cumpliendo con las leyes de Jehová y de Moisés, pero que en realidad aún sigue
adorando a su becerro de oro.
Está próximo el tiempo en que ese pueblo errante y diseminado por el mundo,
deje de mirar hacia la tierra y eleve sus ojos hacia el cielo, en busca de Aquél, que
desde el principio les fuera prometido como su Salvador y al cual desconoció y dio
muerte porque le creyó pobre y sin bien alguno.
No toméis como una distinción el hecho de haber escogido un pueblo de la
Tierra entre los demás; Yo amo igual a todos mis hijos y a los pueblos que ellos han
formado.
Cada pueblo trae una misión a la Tierra, y el destino que Israel ha traído es el de
ser entre la humanidad el profeta de Dios, el faro de la fe y el camino de perfección.
Mis profecías y revelaciones que desde los primeros tiempos os he hecho, no
tuvieron una justa interpretación porque no había llegado aún la hora en que la
humanidad las comprendiese.
Ayer, Israel era un pueblo de la Tierra, hoy, es una multitud diseminada en el
mundo; mañana, el pueblo de Dios estará formado por todos los espíritus, los cuales
en perfecta armonía, formarán junto con su Padre, la familia divina.

Apostolado y espiritualidad

Aprended a amaros, a bendeciros, a perdonaros los unos a los otros; a ser mansos
y dulces, buenos y nobles, y entended que, de no hacerlo así, no tendréis en vuestra
vida ni el más leve reflejo de las obras de Cristo, vuestro Maestro.
A todos hablo y os invito a destruir los errores que por tantos siglos os han
detenido en vuestra evolución.
No olvidéis que vuestro origen está en mi amor. Hoy vuestro corazón se
encuentra endurecido por el egoísmo, mas cuando vuelva a hacerse sensible a toda
inspiración espiritual sentirá amor por sus semejantes y experimentará el dolor ajeno
como si fuese propio. Entonces seréis capaces de cumplir con el precepto que os dice
"Amaos los unos a los otros".
Este mundo es campo propicio para que trabajéis; en él está el dolor, la
enfermedad, el pecado en todas sus formas, el vicio, la desunión, la juventud
descarriada, la ancianidad sin dignidad, las malas ciencias, el odio, la guerra y la
mentira.
Ésas son las tierras donde vais a trabajar y a sembrar; mas si os parece gigantesca
esa lucha que entre la humanidad os espera, en verdad os digo que con ser grande no
se compara con la que tendréis que entablar con vosotros mismos: lucha del espíritu,
de la razón y la conciencia, contra las pasiones de la materia, su amor a sí misma, su
egoísmo, su materialidad. Y mientras no hayáis triunfado sobre vosotros mismos,
¿Cómo podréis hablar sinceramente de amor, de obediencia, de humildad y
espiritualidad a vuestros hermanos?
La virtud ha sido menospreciada y tenida como algo nocivo o inútil; ahora ha
llegado el tiempo en que comprendáis que sólo la virtud os salvará, os hará sentir la
paz y os llenará de satisfacciones; pero todavía ha de sufrir muchos tropiezos y
vejaciones la virtud para poder penetrar en todos los corazones.
Los soldados que la defiendan tendrán que luchar con gran esfuerzo y fe. ¿En
dónde están esos soldados del bien, de la caridad y de la paz? ¿Creéis ser vosotros?
Os examináis interiormente y me contestáis que no sois vosotros; en cambio, Yo
os digo que con buena voluntad, todos podéis ser de esos soldados. ¿Para qué creéis
que he venido entonces entre vosotros?
Vosotros amad, hablad cuando debáis hacerlo, callad cuando sea conveniente, a
nadie digáis que sois escogidos míos, huid de la adulación y no publiquéis la caridad
que hagáis, trabajad en silencio, testificando con vuestras obras de amor la verdad de
mi doctrina.

Amar es vuestro destino. Amad, porque así lavaréis vuestras manchas, tanto de
vuestra vida presente como de vidas anteriores.
Rechazad la adulación, porque es arma que destruirá vuestros nobles
sentimientos. Es espada que puede dar muerte a esa fe que Yo he encendido en
vuestro corazón.
¿Cómo podréis permitir que los hombres destruyan el altar que lleváis en el
fondo de vuestro ser?
No confundáis la humildad con la pobreza de indumentaria; tampoco creáis que
es humilde el que llevando en sí mismo una idea de inferioridad, sea esa la causa que
lo obliga a servir a los demás y a inclinarse delante de ellos. Os digo, que la verdadera
humildad está en aquel que, sabiendo valorizar que es alguien, y sabiendo que algún
conocimiento posee, sabe descender a los demás y gusta de compartir con ellos lo que
tiene.
Qué emoción tan grata sentís cuando miráis que un hombre notable entre los
hombres, os hace una manifestación de afecto, de comprensión, de humildad. Esa
misma sensación, la podéis llevar a los que sean o se sientan inferiores a vosotros.
Sabed descender, sabed tender la mano sin sentir superioridad, sabed ser
comprensivos. Os digo, que en estos casos, no sólo goza el que recibe la prueba de
afecto, la ayuda o el consuelo, sino también el que la da, porque sabe que sobre él,
hay Uno que le ha dado pruebas de amor y de humildad y que Ése es su Dios y Señor.
Vivid con pureza, con humildad, sencillamente. Cumplid con todo lo que sea
justo dentro de lo humano, así como con todo lo que se refiere a vuestro espíritu.
Apartad de vuestra vida lo superfluo, lo artificioso, lo nocivo, y recreaos en cambio
con todo lo que de bueno se encuentra en vuestra existencia.
Jamás veáis enemigos en nadie, ved en todos los hombres, sólo hermanos, ésa es
vuestra misión; si perseveráis en ella hasta el fin, triunfarán la justicia y el amor en la
tierra, y ello os dará la paz y la seguridad que tanto anheláis.
Dadle libertad a vuestro corazón para que empiece a sentir el dolor de los demás,
no lo tengáis sujeto ni dedicado a sentir exclusivamente lo que atañe a vuestra
persona. Dejad de ser indiferentes a las pruebas por las que atraviesa la humanidad.
¿Cuándo será tan grande vuestro amor que pueda abarcar a muchos semejantes,
para amarlos como amáis a los que llevan vuestra sangre y son carne de vuestra
carne?
Si supieseis que los sois más por el espíritu que por la materia, muchos no lo
creerían, mas os digo que: ciertamente sois más hermanos por el espíritu que por la
envoltura que lleváis, porque el espíritu pertenece a la eternidad y en cambio la
materia es pasajera.
Pensad entonces, que es una verdad que las familias aquí en la Tierra, hoy se
forman y mañana se desintegran, mientras que la familia espiritual existe por siempre.

¿Creéis vosotros, que estáis escuchando estas palabras, que Yo pudiera sembrar
en vuestro corazón antipatía o mala voluntad hacia vuestros hermanos que profesan
diversas religiones? Jamás, discípulos, vosotros sois los que debéis principiar a dar el
ejemplo de fraternidad y armonía, viendo y amando a todos con el mismo afecto con
que miráis a los que comprenden vuestra manera de pensar.
Yo sé que mientras mayor sea vuestro conocimiento, más grande será vuestro
amor hacia Mí. Cuando os digo: "Amadme", ¿Sabéis qué es lo que quiero deciros?
Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida
verdadera.
Sabed, discípulos, que la meta de vuestra lucha es aquel estado espiritual hasta el
cual no llega el dolor, y esa meta se alcanza con méritos, con luchas, con pruebas,
sacrificios y renunciaciones.
Observad esos casos de paciencia, de fe, de humildad y conformidad que a veces
descubrís en algunos de vuestros hermanos. Son espíritus enviados por Mí para que
den ejemplo de virtud entre la humanidad. En apariencia el destino de esas criaturas
es triste, sin embargo ellas, en su fe saben que han venido a cumplir una misión.
Grandes ejemplos de mis enviados y discípulos habéis recogido en vuestra
historia, nombres que de memoria sabéis; pero no por ello vais a desconocer los
pequeños ejemplos que palpáis en vuestro camino.
No creáis que sólo en el seno del pueblo de Israel han existido profetas,
precursores y espíritus de luz. También en otros pueblos he enviado algunos de ellos,
mas los hombres los tomaron como dioses y no como enviados y crearon bajo sus
enseñanzas, religiones y cultos.
Ved siempre primero la viga que carguéis, discípulos, para tener derecho a
fijaros en la paja que en su ojo lleva vuestro hermano.
Con esto quiero deciros que no tomaréis mi Doctrina para juzgar los actos de
vuestros hermanos dentro de sus diversas religiones.
De cierto os digo, que en todos esos senderos existen corazones que de verdad
me buscan, a través de una vida noble y sembrada de sacrificios.
Sin embargo, el discípulo suele preguntarme con frecuencia por qué permito esa
diversidad de ideas, que a veces se contradicen y que establecen diferencias y
originan odios entre los hombres.

El Maestro os dice: Ha sido permitido, en virtud de que no hay dos espíritus que
tengan exactamente la misma comprensión, la misma luz, o la misma fe, y como
además se os dio libre albedrío para elegir el camino, nunca habéis sido forzados a
penetrar al sendero de la Ley sino que se os ha invitado, dejándoos en libertad de
hacer verdaderos méritos en busca de la verdad.
Quiero que aprendáis a no ser ligeros en vuestros juicios, ni a dejaros llevar
fácilmente de la primera impresión.
Os hago esta advertencia, para que cuando analicéis mi palabra, como cuando
tengáis que juzgar sobre doctrinas, religiones, filosofías, cultos, revelaciones
espirituales o científicas, reconozcáis que lo que sabéis, no es lo único que existe y
que la verdad que conocéis, es una mínima parte de la Verdad absoluta, que se
manifiesta aquí en una forma, pero que puede manifestarse en muchas otras
desconocidas para vosotros.
Respetad las creencias religiosas de vuestros hermanos y cuando penetréis en sus
iglesias, descubríos con sincero recogimiento, sabiendo que en todo culto estoy
presente.
No desconozcáis al mundo por seguirme, ni os apartéis de Mí pretextando que
tenéis deberes con el mundo; aprended a fundir ambas leyes en una sola.
¿No bendigo Yo a la humanidad entera, sin distinguir a nadie? Ahí, bajo aquel
manto de bendición quedan envueltos lo mismo los buenos y mansos, que los
soberbios y los criminales. ¿Por qué no me imitáis? ¿Acaso sentís repugnancia por los
actos de los demás?
No olvidéis que vosotros formáis parte de la humanidad, que debéis amarla y
perdonarla, mas no rechazarla, porque sería tanto como si sintieseis asco por vosotros
mismos. Todo lo que veis en vuestros semejantes lo tenéis vosotros en mayor o menor
grado.
Por eso quiero que aprendáis a analizar vuestro interior, para que conozcáis
vuestra faz espiritual y moral. Así sabréis" juzgaros vosotros mismos y tendréis
derecho a fijaros en los demás.
No salgáis a buscar defectos en vuestros hermanos, con los que vosotros tenéis
es bastante.

¿Creéis que estáis dando cumplimiento a mi precepto de amaros los unos a los
otros, encerrando con egoísmo vuestro amor en vuestra familia? ¿Creen las religiones
estar cumpliendo con aquella máxima, reconociendo sólo a sus fieles y desconociendo,
a los que pertenecen a otra secta?
Los grandes pueblos del mundo que pregonan civilización y adelanto ¿Podrán
decir que espiritualmente han alcanzado progreso y han cumplido con aquella
enseñanza de Jesús, cuando todo su afán es el de prepararse para la guerra fratricida?
¡Ah humanidad, que nunca habéis sabido estimar el valor de mi palabra, ni
habéis querido sentaros a la mesa del Señor, porque os ha parecido demasiado
humilde! Sin embargo, mi mesa os sigue esperando con el pan y el vino de la vida
para vuestro espíritu.
No consideréis mi Obra como una carga, ni digáis que es pesado para vuestro
espíritu el cumplimiento de la hermosa misión de amar al Padre y a vuestros
hermanos. La que sí es pesada, es la cruz de iniquidades propias y ajenas por las que
tendréis que llorar, sangrar y hasta morir. La ingratitud, la incomprensión, el egoísmo,
la calumnia, serán como un fardo sobre vosotros, si les dais albergue.
Al hombre reacio podrá parecerle duro y pesado el cumplimiento de mi ley,
porque es perfecta y no protege la iniquidad ni la mentira; mas para el obediente, la
Ley es su baluarte, su sostén, su salvación.
También os digo: los hombres deben creer en los hombres, tener fe y confianza
unos en otros, porque debéis convenceros de que en la Tierra todos necesitáis de
todos.
No creáis que me halaga cuando decís que tenéis fe en Mí y sé que dudáis de
todo el mundo, porque lo que Yo espero de vosotros es que me améis a través del
amor que prodiguéis a vuestros semejantes, perdonando a los que os ofenden,
impartiendo caridad al más pobre, pequeño o débil, amando a vuestros hermanos sin
distinción y poniendo en todas vuestras obras el mayor desinterés y verdad.
Aprended de Mí que jamás he dudado de vosotros, que tengo fe en vuestra
salvación y confianza en que os levantaréis para alcanzar la verdadera vida.
Amad a vuestro Padre, tened caridad de vuestros semejantes, apartaos de todo lo
que sea nocivo a vuestra vida humana o a vuestro espíritu. Esto os enseña mi
Doctrina. ¿En dónde miráis las dificultades y los imposibles?
No, pueblo amado, no es imposible dar cumplimiento a mi palabra, no es ella la
difícil, sino vuestra enmienda, regeneración y espiritualidad, porque carecéis de
sentimientos nobles y aspiraciones elevadas. Mas, como Yo sé que todas vuestras
dudas, ignorancias e indecisiones, tendrán que desaparecer, os seguiré enseñando,
porque para Mí no hay imposibles. Yo puedo convertir las piedras en pan de vida
eterna y puedo hacer brotar agua cristalina de las rocas.
Vengo a recordaros la Ley, aquélla que no puede ser borrada de vuestra
conciencia, ni olvidada de vuestro corazón, ni discutida, porque fue dictada por la
Mente Sabia, la Mente Universal, para que cada hombre tuviese interiormente la luz
que le guiase en el camino hacia Dios.

Es necesario tener un profundo conocimiento de la Ley para que todos los actos
de la vida estén apegados a la verdad y a la justicia. No conociendo la Ley, estáis
sujetos a cometer muchos errores y Yo os pregunto. ¿Acaso vuestra conciencia nunca
os ha inducido a la luz del conocimiento? En verdad os digo, que nunca jamás la
conciencia ha permanecido inactiva o indiferente. Es vuestro corazón, es también
vuestro entendimiento, quienes rechazan la luz interior, fascinados por el esplendor de
la luz exterior, es decir, por el saber del mundo.
Ahora que vengo haciendo amplia explicación de mi Enseñanza, he de haceros
comprender que todo lo que hagáis fuera de las leyes que rigen al espíritu o la
materia, es en perjuicio de ambos.
La conciencia, la intuición y el conocimiento, son los guías que con vosotros irán
señalándoos el camino certero y evitándoos tropiezos. Esas luces son del espíritu,
pero es menester dejarlas que brillen. Cuando esa claridad se encuentre en cada uno
de vosotros, exclamaréis: ¡Padre, vuestra semilla de redención germinó en mi ser y
vuestra palabra floreció al fin en mi vida!
He venido a dar grandeza a vuestro espíritu, grandeza que está en el
cumplimiento de mi Ley que es mi amor, mas de esta grandeza tenéis que haceros
dignos, cumpliendo con vuestra misión a imitación de vuestro Maestro.
Siempre os diré: tomad de las satisfacciones que vuestro mundo os pueda
proporcionar, pero tomadlas bajo mi Ley, y seréis perfectos.
Oís con frecuencia el reclamo de la conciencia y es porque no habéis armonizado
materia y espíritu, con la Ley dada por Mí.
Muchas veces seguís pecando porque creéis que no tenéis perdón; creencia
ignorante, porque mi corazón es una puerta eternamente abierta para el arrepentido.
¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un
mañana mejor? No os dejéis invadir por la melancolía y la desesperación, pensad en
mi amor que siempre es con vosotros. Buscad en Mí la respuesta a vuestras dudas, y
pronto os sentiréis iluminados por una nueva revelación, la luz de la fe y de la
esperanza se encenderán muy dentro de vuestro espíritu. Entonces seréis baluarte de
los débiles.

Vivid siempre alerta, para que podáis perdonar de corazón a quienes os
ofendieren; meditad de antemano, que quien causa ofensa a su hermano, es porque
carece de luz, y Yo os digo que el perdón es lo único que puede hacer luz en esos
corazones. El rencor o la venganza, aumentan la tiniebla y atraen el dolor.
Vuestra conciencia que pide y espera de vosotros obras perfectas, será la que no
os deje tranquilos hasta que sepáis practicar con vuestros hermanos el verdadero
perdón.
¿Por qué habéis de odiar a los que os ofenden, si ellos tan sólo son peldaños para
que lleguéis a Mí? Si perdonáis haréis méritos y cuando estéis en el reino de los
cielos, veréis en la Tierra a los que os ayudaron en vuestra elevación; entonces
pediréis al Padre que también ellos encuentren los medios para salvarse y llegar hasta
su Señor, y vuestra intercesión les hará alcanzar esa gracia.
No os apartéis de aquellos que, en su desesperación, lleguen a blasfemar en
contra vuestra, os doy para ellos una gota de mi bálsamo.
Preparaos a perdonar a todo el que os ofendiera en lo más querido para vosotros;
de cierto os digo que, cada vez que en una de estas pruebas otorguéis el perdón
sincero y verdadero; será un peldaño más que habréis escalado en el camino de
vuestra elevación.
¿Vais entonces a sentir rencor y a negar el perdón a aquellos que os están
ayudando a acercaros a Mí? ¿Vais a renunciar al deleite espiritual de imitarme,
dejando que la violencia ofusque vuestro cerebro para devolver golpe por golpe?
En verdad os digo, que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los
milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad.
Pueblo amado: Unificaos a vuestros hermanos, que cuando estéis en comunión
conmigo perdonéis aún las ofensas más graves, por el amor que Yo os he inspirado;
¿Cómo no habréis de perdonar a quien no sabe lo que hace? Y no lo sabe porque
ignora que ese mal se lo está haciendo a sí mismo.
Perdonad tantas veces como fuereis ofendidos. No toméis cuenta siquiera del
número de veces que tenéis que perdonar. Es tan alto vuestro destino, que no debéis
deteneros en esos tropiezos del camino, porque más adelante os esperan misiones muy
grandes.

Llevad siempre el espíritu dispuesto al amor, a la comprensión y al bien para que
os coloquéis en planos superiores.
Y así como en los tiempos pasados, muchos hermanos vuestros escribieron con
sus obras, hermosas páginas en el Libro eterno del espíritu, imitándolos continuaréis
esa historia, para ejemplo y deleite de nuevas generaciones que vendrán a la Tierra.
¡Cultivad la paz, amadla y difundidla por doquiera, porque de ella cuan
necesitada se encuentra la humanidad!
No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis
siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis.
Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso
a la guerra y torturar naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus.
Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano, el odio, la ambición
insana, la codicia desenfrenada se extienden haciendo daño, pero cuan breve será ya
su reinado.
Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra
liberación que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un
ambiente de fraternidad, de pureza y de salud.
Haréis la caridad a lo largo de vuestra jornada, ésa es vuestra misión. Muchos
dones espirituales tenéis para hacer la caridad en diversas formas. Si sabéis
prepararos, haréis aquello que llamáis imposible.
La caridad que hagáis por medio de una moneda, con ser caridad, será la menos
elevada que hagáis.
Amor, perdón y paz, debéis llevar al corazón de vuestros hermanos.
¡No quiero más fariseos ni hipócritas amparados en mi Ley! Quiero discípulos
que sientan el dolor de sus semejantes. A todos los que se levanten con
arrepentimiento Yo les perdonaré, no importa la secta o religión que profesen y les
haré contemplar con claridad el verdadero camino.
Oídme: sed humildes en el mundo y sembrad bien en él, para que recojáis sus
frutos en el cielo. Si cuando hacéis mal no os agrada tener testigos, ¿Por qué os
agrada tenerlos cuando hacéis buenas obras? ¿De qué podéis envaneceros, si sólo
habéis cumplido con vuestro deber?
Comprended que como sois tan pequeños y tan humanos, las alabanzas hacen
daño a vuestro espíritu.
¿Por qué después de que habéis hecho una buena obra esperáis inmediatamente
que vuestro Padre os dé la recompensa? Quien piensa así, no obra desinteresadamente
y por lo tanto, su caridad es falsa y su amor dista mucho de ser verdadero.
Dejad que el mundo vea que practicáis las buenas obras, mas no con el fin de
recibir homenajes, sino tan sólo con el de dar buenos ejemplos y enseñanzas y dar
testimonio de mi verdad.
Cuando vuestro espíritu se presente en el valle espiritual a rendir cuentas de su
estancia y de sus obras en la Tierra, por lo que más os preguntaré será por todo
aquello que halláis pedido y por lo que halláis hecho en favor de vuestros hermanos.
Entonces os acordaréis de mis palabras de este día.
En el Segundo Tiempo la humanidad .me dio una cruz de madera a cuyo martirio
los hombres me sentenciaron, pero sobre mi Espíritu llevé otra más pesada y más
cruenta: la de vuestras imperfecciones y la de vuestra ingratitud.
¡Seríais capaces de llegar a mi presencia trayendo a cuestas una cruz de amor y
sacrificio por vuestros semejantes! Ved que a eso os envié a la Tierra, por lo tanto,
vuestro retorno será cuando os presentéis con vuestra misión cumplida. Esa cruz será
la llave que os abra las puertas del reino prometido.
No os pido que todo lo dejéis, como se lo pedí a los que me siguieron en el
Segundo Tiempo entre los cuales el que tenía sus padres los dejó, el que tenía
compañera la dejó; abandonaron su casa, su ribera, su barca y sus redes, todo lo
dejaron por seguir a Jesús. Tampoco os estoy diciendo que sea necesario que
derraméis vuestra sangre en este tiempo.
Comprended que tenéis que transformaros espiritual y materialmente, que
muchas de vuestras costumbres y tradiciones, herencia de vuestros antepasados,
tendrán que desaparecer de vuestra vida para dar paso a la espiritualidad.
No todos vais a comprender por ahora lo que significa "espiritualidad", ni
tampoco comprenderéis por qué os pido que alcancéis esa elevación. ¿Podríais ser
mansos y obedientes a mis mandatos, cuando ni siquiera sabéis lo que os estoy
pidiendo?
Pero hay quienes comprenden el ideal que está inspirando el Maestro a sus
discípulos y ellos se apresurarán a obedecer sus indicaciones.
Si verdaderamente anheláis llegar a ser maestros en espiritualidad, tenéis que ser
perseverantes, pacientes, estudiosos y observadores, porque entonces tendréis ocasión
de ir recogiendo a vuestro paso el fruto de vuestras obras, con lo que iréis acumulando
experiencia que es luz, que es conocimiento de la vida verdadera.
Yo traigo una nueva lección, por medio de la cual aprenderéis a vivir
espiritualmente en la Tierra, que es la verdadera vida destinada por Dios a los
hombres.

Ya os he dicho que "espiritualidad" no quiere decir misticismo, ni fanatismo
religioso o prácticas sobrenaturales. Espiritualidad quiere decir armonía del espíritu y
de la materia, observancia de las leyes divinas y de las humanas, sencillez y pureza en
la vida, fe absoluta y profunda en el Padre, confianza y alegría de servir a Dios en
vuestros semejantes; ideales de perfeccionamiento de la moral y del espíritu.
Os preguntáis el significado de los siete peldaños de la escala y de cierto os dice
vuestro Maestro: El número siete significa espiritualidad, es la espiritualidad que
quiero ver en mi pueblo escogido de Israel.
Vosotros tenéis que llegar a Mí con todas vuestras virtudes y dones
desarrollados. En el séptimo peldaño o etapa de vuestra evolución, llegaréis a Mí y
veréis que la gloria abre sus puertas para recibiros.
Por ahora comprended que mientras los hombres no logren alcanzar la completa
espiritualidad, tendrán que necesitar de templos materiales, y de colocar delante de
sus ojos formas o imágenes que les hagan sentir mi presencia.
El grado de espiritualidad o de materialismo de la humanidad, podéis medirlo
por la forma de su culto. El materialista me busca en las cosas de la tierra, y si no
llega a verme según son sus deseos, me representa en alguna forma para creer que me
tiene delante.
El que me concibe como Espíritu, me siente dentro, fuera de él y en todo lo que
le rodea, porque él se ha convertido en mi propio templo.
Rendidme el culto espiritual y no seáis como aquellos que levanten templos y
altares recamados de oro y pedrería, que llevan a cabo grandes peregrinaciones y se
disciplinan con duras y crueles flagelaciones, con oraciones y rezos, postrados de
rodillas, y no han podido aún entregarme su corazón. Yo he venido a tocaros a través
de la conciencia y por eso os digo: Quien hable diciendo lo que hace y lo proclame a
los cuatro vientos, no tiene mérito alguno ante el Padre Celestial.
Para cumplir con mi ley, debéis orar, siempre elevando vuestro espíritu hacia
vuestro Padre.

He visto que para orar buscáis de preferencia la soledad y el silencio, y hacéis
bien en ello cuando tratéis de buscar la inspiración por medio de la oración, o cuando
queráis darme gracias, mas también os digo que debéis practicar la oración en
cualquiera que sea la condición en que os encontréis, con el fin de que sepáis invocar
mi ayuda en los trances más difíciles de vuestra vida, sin perder la serenidad, el
dominio sobre vosotros mismos, la fe en mi presencia y la confianza en vosotros.
Contadme en silencio vuestras penas, confiadme vuestros anhelos. Aunque todo
lo sé, quiero que vayáis aprendiendo a formar vuestra propia oración, hasta que
lleguéis a practicar la comunicación perfecta de vuestro espíritu con el Padre.
Os habéis dado cuenta del alcance que tiene la oración, y habéis comprendido el
poder tan inmenso que ésta tiene cuando la eleváis, tanto para remediar una necesidad
espiritual, como para pedir la solución de una aflicción material.
Recordad que muchas veces os ha bastado pronunciar la palabra "Padre", para
que todo vuestro ser se estremezca y vuestro corazón se sienta invadido por el
consuelo que os da su amor.
Sabed que cuando vuestro corazón me llama con ternura, también mi Espíritu se
estremece de gozo.
Cuando me llamáis "Padre", cuando ese nombre brota de vuestro ser, en el cielo
se escucha vuestra voz y al arcano le arrancáis algún secreto.
Es menester que aprendáis a pedir, a esperar y a recibir y que nunca os olvidéis
de dar lo que os concedo, que es lo que encierra mayor mérito. Orad por los que
mueren día tras día en la guerra. Yo concederé a los que oren de limpio corazón, que
antes de 1950, todo aquel que haya muerto en la guerra, resucite espiritualmente a la
luz.

Hoy sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi lección, mas por lo
pronto hablad a Dios con vuestro corazón, con vuestro pensamiento, y Él os
responderá desde lo más interno de vuestro ser. Su mensaje, que hablará en vuestra
conciencia, será una voz clara, sabia, amorosa la que poco a poco iréis encontrando y
a la que más tarde os acostumbraréis.
No os asombréis ni os escandalicéis si os digo, que todo el esplendor, el poder y
la pompa de vuestras religiones habrán de desaparecer, y que, cuando eso suceda, ya
estará preparada la mesa espiritual donde vendrán a alimentarse las multitudes
hambrientas de amor y de verdad.
Muchos hombres, al oír estas palabras, negarán que sean mías; mas entonces Yo
les preguntaré por qué se indignan y qué es lo que defienden. ¿Su vida? Esa Yo la
defiendo. ¿Mi ley? También Yo velo por ella.
No temáis, que nadie morirá por mi causa, sólo el mal morirá, porque el bien, la
verdad y la justicia, prevalecerán eternamente.
¿Creéis difícil que este mundo científico y materialista vuelva a sentir
inclinación por la espiritualidad? Os digo que no es nada difícil, porque mi poder es
infinito. La elevación, la fe, la luz y el bien, son para el espíritu una necesidad más
imperiosa que lo que es para vuestro cuerpo el comer, beber y dormir.
Si los dones, facultades y atributos del espíritu han estado adormecidos mucho
tiempo; despertarán ante mi llamado y harán que vuelva entre los hombres la
espiritualidad con todos sus prodigios, porque ahora estáis más capacitados para
comprenderlos.

Desarrollo

Así como veis desarrollarse el cuerpo del hombre, también en él se va
desarrollando el espíritu; mas el cuerpo encuentra un límite a su desarrollo mientras el
espíritu requiere de muchas materias y de la eternidad para alcanzar su perfección.
Ésa es la causa de vuestras reencarnaciones.
Nacisteis de la mente paterna y materna de Dios, puros, sencillos y limpios,
semejantes a una semilla, mas no os confundáis porque no es lo mismo ser puros y
sencillos a ser grandes y perfectos.
Podéis hacer la comparación de un niño que acaba de nacer, con un hombre de
experiencia que enseña a niños.
Ése será vuestro destino a través de las edades, cuando vuestro espíritu esté
desarrollado. Pero, ¡Cuan lento avanza vuestro espíritu!
Estudiad, analizad, porque hay quienes se confunden pensando que si vuestro
espíritu es partícula de mi Divinidad ¿Cómo es posible que sufra? Y que si la luz del
espíritu es chispa de la luz del Espíritu Santo ¿Cómo puede verse por instantes
envuelto en tinieblas?
Reconoced que esta jornada es para hacer méritos suficientes ante Dios, con los
que podáis convertir vuestro espíritu, de inocente y sencillo, en gran espíritu de luz a
la diestra del Padre.
Os quiero buenos y además, deseo que lleguéis a ser perfectos, porque vosotros
aparentemente tan pequeños, sois más grandes que los objetos materiales y los
mundos, porque tenéis vida eterna, sois una chispa de mi luz.
Sois espíritus. Es menester que reconozcáis lo que es espíritu para que podáis
comprender por qué os llamo al camino de perfección.
Estáis sujetos a la Ley de evolución, he aquí el por qué de vuestras
reencarnaciones. Sólo mi Espíritu no necesita evolucionar: Soy inmutable.
Desde el principio os he mostrado la escala por donde tienen que ascender los
espíritus para llegar a Mí. Hoy no sabéis en qué plano os encontráis, mas cuando
dejéis vuestra envoltura conoceréis vuestro grado de evolución. No os detengáis,
porque seríais un obstáculo para los que vienen detrás de vosotros.
A pesar de que habitáis en diferentes planos, estad unidos en espíritu y un día os
encontraréis reunidos en la séptima etapa, en la más alta, gozando de mi amor.

Os he dicho que no habéis venido a la Tierra sólo una vez, sino que vuestro
espíritu ha tomado envoltura tantas como ha sido necesario para su desarrollo y
perfeccionamiento; ahora debo añadir que también de vosotros depende que el tiempo
para llegar a la meta se acorte o se prolongue, según vuestro anhelo.
¿Quién de vosotros podría probar que no ha existido antes de esta vida?
¿Quiénes de los que tengan absoluta certeza de estar viviendo una nueva encarnación,
podrían probar que su cuenta está saldada con el Padre y que aún tienen méritos en su
haber?
Nadie conoce el grado de perfección en que se encuentra, por lo tanto luchad,
amad y perseverad hasta el fin.
Para que os diese estas nuevas revelaciones, fue necesario que en el tiempo que
transcurrió entre mi manifestación a la humanidad en cuanto hombre y mi llegada en
espíritu en este tiempo, hubieseis pasado por muchas reencarnaciones en la Tierra,
para que cuando Yo viniese a pediros la lección pasada, vuestro espíritu supiese
contestar y cuando le hiciese nuevas revelaciones, las supiera comprender.
¿Cuántas veces tendréis que volver a la tierra para llevar un cuerpo a través del
que se manifieste cada vez con mayor claridad el mensaje que traéis al mundo?
Dejad que vuestro espíritu, cual alondra, encuentre en esta vida su primavera y
goce de ella, y en su peregrinaje encuentre la experiencia necesaria para volver a Mí.
Mientras los ricos acumulan tesoros, que son demasiado efímeros, vosotros
debéis acumular experiencia, verdadero saber.
Ahora en este tiempo vais a luchar contra la ignorancia de una humanidad que
aunque materializada en todas sus fases, es menos cruel y se encuentra más
evolucionada por la experiencia que ha alcanzado en sus encarnaciones pasadas.
Hoy, si sabéis de alguno que no piensa ni practica su culto como lo hacen las
mayorías, si bien os extrañáis y escandalizáis, ya no clamáis porque lo quemen vivo.
¿Teméis hablar con vuestros hermanos acerca de la reencarnación del espíritu?
¿No estáis acaso persuadidos de la amorosa justicia que ella encierra?
Comparad esta forma de restitución con la del eterno castigo en el fuego perenne
del infierno, forma de la que se valen los hombres para amedrentar al espíritu de la
humanidad, decidme cuál de estas dos formas os da la idea de una justicia divina,
perfecta y misericordiosa.

Una revela crueldad, rencor sin límite, venganza; la otra encierra tan sólo perdón,
caridad, esperanza de alcanzar la vida eterna. Cuan grande es la deformación que han
sufrido mis enseñanzas por causa de las malas interpretaciones.
Os preparo para la lucha porque sé que seréis combatidos por lo que vais a
enseñar, pero si a vuestros hermanos que en estos instantes os combaten, la muerte les
sorprendiera, y Yo les preguntara al morir en pecado, qué prefieren, si el fuego eterno
en el que ellos creen o la oportunidad de purificarse en una vida, de cierto os digo que
manifestarían su preferencia por la segunda solución, aun cuando la hubieran
combatido en su vida, cegados por el fanatismo.
Basta que sepáis, como os lo dije en mi palabra, que la reencarnación del espíritu
es verdad, para que una luz se encienda en vuestro corazón y admiréis más mi
amorosa justicia.
Comparad las teorías y diversas interpretaciones que las religiones han dado a
estas enseñanzas e inclinaos por aquella que encierre mayor justicia y tenga mayor
razón.
Mas de cierto os digo que ésta es una de las revelaciones que más conmoverá al
espíritu en este tiempo, en el cual se está despertando la intuición sobre esta gran
verdad.
Afirmaréis que la reencarnación del espíritu, es una de las grandes verdades que
la humanidad debe conocer y creer.
Hay quienes por intuición presienten, aceptan y creen en ello, como algo que no
podía faltar en mi amorosa justicia hacia los hombres; mas también habrá muchos que
os llamen blasfemos y mentirosos.
No temáis, lo mismo les sucedió a mis apóstoles cuando predicaban la
resurrección de los muertos enseñada por Jesús; los sacerdotes y los magistrados los
pusieron en la cárcel por predicar tales enseñanzas.
Más tarde, el mundo aceptó aquella revelación, aun cuando os lo puedo asegurar
que no llegó a comprender toda la importancia de esa enseñanza, siendo menester que
viniese Yo en este tiempo a enseñaros que la resurrección de la carne sólo puede
referirse a la reencarnación del espíritu, ya que éste es el principio y la razón de la
vida, el que en verdad es eterno. ¿Con qué fin habrían de resucitar los cuerpos
muertos, cuando sólo fueron las vestiduras temporales del espíritu?
La carne baja a la tierra a confundirse con ella, ahí se purifica, se transforma y
surge de nuevo a la vida incesantemente; mientras, el espíritu sigue elevándose, sigue
encaminándose a la perfección y cuando vuelve a la Tierra, es para él una
resurrección a la vida humana y es también para su nueva envoltura una resurrección
al contacto del espíritu.

Mas lo material no tiene naturaleza eterna y en cambio lo espiritual sí, por lo que
os digo una vez más, que es a vuestro espíritu al que busco, al que enseño y al que
quiero llevar Conmigo.
Vuestro espíritu arrastra pesadamente una cadena formada por las vidas que os
he brindado como oportunidad para perfeccionaros y que no habéis aprovechado;
cada existencia forma un eslabón. Mas si normáis vuestra vida dentro de mis
enseñanzas, si os apegáis a mi ley, ya no vendréis a sufrir a este mundo.
Si dejáis pasar el tiempo sin estudiar mi palabra, Yo, que soy el tiempo, os
sorprenderé. Estudiad, para que podáis ocupar en mi obra el lugar que os corresponde.
Quiero que cesen la incomprensión y las diferentes creencias sobre mi
Divinidad; comprended que todos brotasteis de un solo Dios.
Contemplad y apreciad en toda su perfección y belleza al Universo; fue creado
para que en él se inspiraran los hijos del Señor y en él vieran una imagen del Padre. Si
así tomáis la Creación, elevaréis vuestra mente hacia mi Divinidad.
La luz de esta era viene rasgando el velo de oscuridad que envolvía al espíritu de
los hombres; viene rompiendo las cadenas que lo tenían sujeto, impidiéndole llegar al
verdadero camino.
En verdad os digo que no penséis que mi doctrina prohíbe la investigación de
todas las ciencias. Si Yo soy quien despierta vuestro interés, vuestra admiración y
vuestra curiosidad; por eso a vuestro espíritu le he dado el don del pensamiento para
que se traslade libremente a donde quiera.
Os he dado la luz de la inteligencia para que comprendáis lo que miréis a vuestro
paso; por eso os digo: Investigad, escudriñad, mas procurad que vuestra forma de
penetrar en mis arcanos sea respetuosa y humilde, porque entonces será
verdaderamente lícita.
No os he prohibido que conozcáis los libros que los hombres han escrito, mas
debéis estar preparados para que no tropecéis y os confundáis. Entonces sabréis cómo
empezó el hombre su vida y su lucha y a dónde ha llegado.
Y cuando esto sea, tendréis que buscar mi fuente de enseñanzas y revelaciones,
para que Yo os muestre el futuro y el fin que os espera.
¡Yo os aseguro que si os proponéis penetrar con interés y con amor al sentido de
estas enseñanzas, tendréis que descubrir a cada paso verdaderas maravillas y
prodigios de sabiduría espiritual, de amor perfecto y de justicia divina, pero si miráis
con indiferencia estas revelaciones, tendréis que ignorar cuanto ellas encierran!
No paséis delante de mi manifestación como muchos pasáis ante la vida; viendo
sin mirar, oyendo sin escuchar y pensando sin entender.
No quiero que analicéis mi Espíritu ni nada de lo que pertenece a lo espiritual
como si fuesen objetos materiales; no quiero que me estudiéis a la manera de los
científicos, porque caerías en grandes y lamentables confusiones.
Toda mi Doctrina tiene por finalidad descubrir ante vuestros ojos lo que encierra
vuestro ser, porque de ese conocimiento nace la luz para encontrar el camino que
lleva hacia lo eterno, hacia lo perfecto, hacia Dios.

Purificación y perfeccionamiento

Hoy me exponéis vuestros sufrimientos para que los alivie y en verdad os digo
que ésa es mi misión, a eso he venido, porque soy el Divino Doctor.
Mas antes de que mi bálsamo sea en vuestra herida, antes de que mi caricia os
llegue, concentraos en vosotros mismos y examinad vuestro dolor, analizadlo,
meditad profundamente todo el tiempo que sea necesario, para que de esa meditación
toméis la enseñanza que esa prueba encierra, así como el conocimiento que en ella se
oculta y que debéis conocer. Ese conocimiento será experiencia, será fe, será mirar de
frente la verdad, será la explicación de muchas pruebas y lecciones no comprendidas
por vosotros.
Como si el dolor fuese algo tangible, examinándolo y en él descubriréis la
hermosa semilla de la experiencia, la gran lección de vuestra existencia, porque el
dolor ha venido a ser maestro en vuestra vida.
Quien considere el dolor como un maestro y con mansedumbre acate los
llamados que le hacen para la regeneración, el arrepentimiento y la enmienda, ése
conocerá después la dulzura, la paz y la salud.
Examinaos cuidadosamente y veréis cuánto provecho sacáis de ello. Conoceréis
vuestros defectos e imperfecciones, los corregiréis y por lo tanto dejaréis de ser jueces
de los demás.
Con sólo quererlo ya seréis limpios ¿Qué mérito tendría que Yo fuera quien os
purificara? Que cada quien restituya sus faltas a mi Ley, eso sí tiene mérito, porque
entonces sabréis evitar en lo futuro las caídas y errores, porque el dolor os lo
recordará.
Si entre la falta cometida y sus naturales consecuencias se interpusiese un
arrepentimiento sincero, el dolor no os llegará, porque entonces ya seréis fuertes para
soportar con resignación la prueba.
El mundo apura un cáliz muy amargo y Yo nunca le he castigado, mas después
de su dolor vendrá a Mí, que le estoy llamando, para entonces, los que fueron ingratos
sabrán dar gracias al que sólo bienes ha derramado en su existencia.
Despojaos del excesivo amor a vuestro cuerpo y tened caridad de vuestro
espíritu, ayudándole a que se purifique y se eleve; cuando lo hayáis logrado, veréis
cuan fuertes seréis de espíritu y cuerpo.

Pensad que si el espíritu se encuentra enfermo, ¿Cómo podrá haber paz en el
corazón? y si en el espíritu existen remordimientos, ¿Podría disfrutar de la paz?
Si esta Tierra os brindase todo cuanto deseáis, si en ella no existiesen las grandes
pruebas espirituales, ¿Quién de vosotros desearía llegar a mi Reino?
Tampoco blasfeméis o maldigáis en contra del dolor; ya que vosotros lo habéis
creado con vuestras faltas. Apuradlo con paciencia y él os purificará y os ayudará a
acercaros a Mí.
¿Veis cuan grande es vuestro arraigo hacia las grandezas y satisfacciones de este
mundo? Pues llegará el instante en que sea muy ardiente en vosotros el anhelo de
ausentaros de él.
Quien logra cumplir sus pruebas con elevación, experimenta paz en ese
cumplimiento. Aquél que camina en la Tierra con la vista puesta en el cielo no
tropieza, ni se lastima sus plantas con los cardos del sendero su restitución.
Cumplid vuestro destino; no queráis retornar a Mí sin antes haber recorrido el
camino que os señalé, porque tendríais el dolor de contemplar manchas en vuestro
espíritu que él no alcanzó a lavar, porque no llegó hasta el fin de su restitución.
Las reencarnaciones han pasado sobre vosotros y muchos no habéis estimado la
gracia infinita y el amor que con ellas os ha concedido el Padre.
Mirad que mientras mayor sea el número de oportunidades, mayor será vuestra
responsabilidad y si estas oportunidades no son aprovechadas, en cada una irá en
aumento la restitución y la justicia; ése es el fardo cuyo peso insoportable muchos
seres no se explican y sólo mi Doctrina os puede revelar.
Esas pruebas en las que vive la humanidad, son el fruto que viene a cosechar, es
el resultado de su propia siembra, cosecha que a veces es la consecuencia de la
semilla sembrada el año anterior, y en otras ocasiones el fruto de lo que sembró años
atrás o en otras encarnaciones.
No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan
inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder
de vuestras obras; que a veces llegará a pareceres que ya vuestra falta no tuvo
consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna.
Pero ya sabéis por mi palabra, que como juez soy inexorable y que, llegado
vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.
Oh espíritus que me oís, no dejéis que las vicisitudes de la vida terrestre
impriman en vosotros su huella y menos que os agobien.
Buscad la luz que encierra cada prueba y que ella os sirva para fortaleceros y
templaros.

Cuando el espíritu no logra sobreponerse a la materia, ésta lo doblega y lo
domina, de ahí que los espíritus se debiliten y crean que mueren junto con la carne.
¿Habéis experimentado en vuestra vida alguna pasión material que hubiese
abrasado todo vuestro ser, privándoos de escuchar la voz de la conciencia, de la moral
y la razón?
Es cuando ha caído el espíritu más bajo, porque es entonces cuando las
tentaciones y la fuerza de la bestia del mal, que habita en la carne, lo han dominado.
¿Y, acaso no es cierto que habéis experimentado un gozo y una paz profundos
cuando lograsteis libertaros de aquella pasión y vencisteis su influencia?
Esa paz y esa alegría, se deben al triunfo del espíritu sobre la materia, triunfo
logrado a costa de una inmensa lucha, de una cruenta batalla interior; mas bastó que el
espíritu cobrase fuerza y se irguiese, inducido y aconsejado por la conciencia, para
que al sujetar los impulsos de la carne se librase de seguir dejándose arrastrar hacia el
abismo.
Ahí, en esa lucha, en esa renunciación, en esa batalla en contra de vosotros
mismos, visteis morir algo que habitaba en vuestro interior, sin que fuese él vuestra
vida; era tan sólo una insana pasión.
Ved que el enemigo más poderoso lo lleváis en vosotros mismos. Cuando lo
hayáis vencido, veréis bajo vuestros pies al dragón de siete cabezas del que os habló
el apóstol Juan. Entonces será cuando en verdad podáis decir: Puedo levantar mi faz
hacia mi Señor para decirle: "Señor, os seguiré", porque entonces no serán los labios
los que lo digan, sino el espíritu.
Pronto os daréis cuenta de que la vida no es cruel con vosotros los hombres, sino
vosotros los crueles con vosotros mismos. Sufrís y hacéis sufrir a quienes os rodean,
por falta de comprensión. Os sentís solos, miráis que nadie os ama y os volvéis
egoístas y duros de corazón.
Comprended que todas las penalidades de esta vida que vivís, son consecuencias
de las faltas humanas, porque Yo que os amo, no podía ofreceros un cáliz tan amargo.
Os he revelado desde los primeros tiempos la Ley como un camino donde podéis
preservaros de las caídas, del abismo y de la muerte.

Hoy no acertáis a comprender el significado de vuestras pruebas, las juzgáis
innecesarias, injustas e insensatas, mas Yo os diré cuánta justicia y precisión hubo en
cada una de ellas, cuando lleguéis a la ancianidad, y a otros cuando hayáis transpuesto
los umbrales de este mundo y os encontréis habitando las regiones espirituales.
Vuelvo a deciros que Yo capto todo pensamiento y plegaria, en cambio el mundo
no sabe recibir mi inspiración ni se ha preparado para dejar brillar en su mente mis
divinos pensamientos ni oye mi voz cuando contesto a su llamado.
Pero Yo tengo fe en vosotros, creo en vosotros, porque os he formado y os he
dotado de un espíritu que es un destello del mío y de una conciencia que es imagen
mía.
Si os dijera que no espero que lleguéis a perfeccionaros, sería tanto como si
declarase haber fracasado en la obra más grande que de mi voluntad divina ha
brotado, y eso no puede ser.
Sé que estáis en el tiempo en el que vuestro espíritu saldrá victorioso de todas las
tentaciones que ha encontrado a su paso, después de lo cual surgirá pleno de luz a una
nueva existencia.

Aquí y allende lo terrenal

Preparaos, no esperéis que la muerte os sorprenda sin preparación. ¿Qué habéis
preparado para cuando volváis a la vida espiritual? ¿Queréis ser sorprendidos cuando
aún estáis atados con cadenas a la materia, a las pasiones, a las posesiones terrestres?
¿Queréis penetrar con los ojos cerrados en el Más Allá sin encontrar el camino,
llevando impreso en el espíritu el cansancio de esta vida? Preparaos discípulos y
entonces no temeréis la llegada de la muerte del cuerpo.
No suspiréis por tener que dejar este valle, porque si reconocéis que en él existen
maravillas y grandezas, en verdad os digo que ellas son sólo una imagen de las
bellezas de la vida espiritual.
Si no despertáis ¿Qué vais a hacer cuando os encontréis en- el principio de un
nuevo sendero, iluminado por una luz que os parezca desconocida?
Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros.
Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una
sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.
La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os
aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros
padres, hermanos o hijos.
Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los
sentimientos; en una palabra, para el espíritu.
Trabajad con gran ahínco para que, al llegar la muerte, y cerrar los ojos de
vuestro cuerpo para esta vida, vuestro espíritu sienta elevarse por sí mismo hasta
llegar a la morada que por sus méritos haya alcanzado.
Los discípulos de esta obra contemplarán en el trance de la muerte corporal, cuan
fácilmente se rompen los lazos que unen el espíritu
a la materia; en ella no habrá dolor por tener que dejar las satisfacciones de la tierra;
su espíritu no vagará como sombra entre los hombres, llamando de puerta en puerta,
de corazón en corazón en busca de luz, de caridad, de paz.
Elevad vuestro espíritu para que gustéis sólo de lo eterno, de lo bello y de lo
bueno; si así no fuese, vuestro espíritu materializado por la vida que llevasteis, sufrirá
mucho para desprenderse de su cuerpo y de todo cuanto deja y tendrá que vagar por
un tiempo en los espacios envuelto en confusión y amargura hasta que alcance su
purificación.

Vivid en mi Ley y no tendréis que temer a la muerte, mas no la llaméis ni la
deseéis antes de tiempo; dejadla llegar que ella siempre es obediente a mis mandatos;
procurad que os encuentre preparados y así penetraréis en la mansión espiritual como
hijos de la luz.
Vivid en paz en vuestros hogares, haced en ellos un santuario, para que cuando
penetren los seres invisibles, que turbados vengan en el valle espiritual, que
encuentren en vuestro ser la luz y la paz que buscan y que se eleven al Más Allá.
A los que vivís en espíritu y aún estáis apegados a los ideales materiales, os digo:
Alejaos de lo que ya no os pertenece, porque si la Tierra no es morada eterna para el
hombre, menos lo es para el espíritu. Más allá, en el valle espiritual, os espera una
vida llena de luz a la cual llegaréis paso a paso, por el sendero del bien.
A quienes me escuchan como humanos les digo, que mientras posean ese cuerpo
que les acompaña en su tránsito terrestre, deben cuidarlo y conservarlo hasta el último
instante, porque él es el báculo en que el espíritu se apoya y el instrumento para
luchar; a través de sus ojos materiales se asoma el espíritu a esta vida y a través de su
boca habla y puede dar consuelo a sus hermanos.
Ahora el Maestro os pregunta: ¿En dónde están vuestros muertos y por qué
lloráis la desaparición de los seres que amáis? En verdad os digo que, delante de Mí,
ninguno ha muerto, porque a todos les he dado vida eterna. Todos viven, aquellos que
creíais perdidos, son Conmigo. Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida;
donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable
arcano, está la luz, con claridad de interminable aurora. Donde creéis que está la nada,
está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto.
Cada vez que la muerte siega la existencia de vuestra envoltura, es como una
tregua para el espíritu, el cual, al reencarnar, surge con nuevas fuerzas y mayor luz,
para continuar estudiando aquella divina lección que no había concluido. Así madura
a través de las eras el trigo que es vuestro espíritu.
Mucho os he revelado acerca de la vida espiritual, mas os digo que no es
menester por ahora que lo sepáis todo, sino sólo lo que sea esencial para vuestra
llegada a la morada eterna. Allá os diré todo lo que está destinado a vuestro
conocimiento.

¿Imagináis el gozo del que retorna a la vida espiritual habiendo cumplido en la
Tierra con el destino que su Padre le ha trazado? Su satisfacción y su paz son
infinitamente mayores a todas las satisfacciones que en la vida humana puede recoger
el espíritu.
Y esta oportunidad os la estoy ofreciendo para que seáis de los que gocen cuando
retornéis a vuestro reino y no de aquellos que sufren y lloren en medio de su turbación
o de su arrepentimiento.
Ya está próximo el final de esta manifestación, para iniciarla en una forma más
elevada, estableciendo la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Creador,
que es la que usan los espíritus más elevados que habitan cerca de Mí.
Cuando os hablo de mi mundo espiritual, me estoy refiriendo a aquellas huestes
de seres obedientes como verdaderos siervos, los cuales sólo hacen lo que la voluntad
de su Señor les ordena.
Esos son a los que he enviado entre vosotros, para que sean los consejeros, los
guardianes, los doctores y verdaderos hermanos entre todos los hombres. No vienen a
llorar porque llevan en sí la paz; no vienen a hacer preguntas, porque la luz de su
evolución y su experiencia en las largas jornadas, les ha dado el derecho de poder
hacer la luz en el entendimiento del hombre. Son oportunos en su ayuda, solícitos y
humildes, a cualquier llamado o necesidad.
Yo soy quien les ha mandado manifestarse entre vosotros, para que os den su
lección, su testimonio y su estímulo. Van caminando delante de vosotros, para que
encontréis limpio el sendero y prestaros su ayuda para que no vayáis a desfallecer.
Mañana, también vosotros formaréis parte de ese ejército de luz, que en el
mundo infinito de los espíritus viene trabajando tan sólo por el amor a sus hermanos,
sabiendo que con ello glorifican y aman a su Padre.
Si queréis asemejaros a ellos, consagrad vuestra existencia al bien. Compartid
vuestra paz y vuestro pan, recibid con amor al necesitado, id a visitar al enfermo y al
cautivo. Haced luz en el camino de vuestros hermanos que van a tientas en busca de la
verdadera senda. Llenad de pensamientos nobles el infinito, orad por los ausentes y la
oración os aproximará a ellos.
Y cuando la muerte detenga los latidos de vuestro corazón y se apague la luz en
vuestras pupilas, iréis a despertar a un mundo maravilloso por su armonía, por su
orden y su justicia. Ahí comenzaréis a comprender que la caridad de Dios es la que
puede compensaros de todas vuestras obras, pruebas y sufrimientos.
Cuando un espíritu llega a aquella morada, comienza a sentirse invadido por una
paz infinita, vuelve al instante su recuerdo a los que aún viven lejos de aquella
beatitud, y en su afán, en su anhelo de que aquellos a quienes ama, lleguen a poseer
aquel don divino, se suma a las huestes espirituales que luchan y trabajan por la
salvación, por el bienestar y la paz de sus hermanos.
¿Quién ha imaginado las batallas que esas legiones de luz sostienen contra las
invasiones de seres turbados que os amenazan a cada paso? No hay mirada humana
que haya descubierto esa lucha que sin cesar libran unos y otros, sin que os apercibáis
de ello.

He aquí la continuación de mi Obra, mi venida en el Tercer Tiempo como
Espíritu de Consolación, rodeado de mis grandes ejércitos de ángeles como estaba
escrito.
Esos espíritus seguidores míos, forman parte de ese consuelo que Yo os había
prometido, y ya habéis tenido pruebas de su caridad y de su paz, en sus sanos
consejos y ejemplos de virtud. A través de ellos, os he concedo beneficios, y han sido
intermediarios entre vosotros y mi Espíritu.
Cuando habéis percibido la gracia y dones de que están revestidos y su
humildad, os habéis sentido inspirados a hacer obras tan puras como las que ellos han
realizado en vuestra vida. Cuando han penetrado en vuestro hogar, os habéis sentido
honrados con su presencia espiritual.
Benditos seáis si habéis reconocido su elevación pero el Maestro os dice: ¿Creéis
que ellos siempre han sido seres virtuosos? ¿No sabéis que un gran número ha
habitado la Tierra y ha sabido de la debilidad y de las grandes faltas?
Y miradlos ahora, no conservan mancha alguna, pero es que oyeron la voz de la
conciencia, despertaron para el amor y se arrepintieron de sus pasadas faltas, y en ese
crisol se han purificado para elevarse dignos y hoy me sirven, sirviendo a la
humanidad.
Su espíritu se ha impuesto, por amor, la tarea de ayudar a sus semejantes para
restituir todo aquello que no hicieron cuando habitaron la Tierra, y han aceptado
como un regalo Divino la oportunidad de venir a sembrar la semilla que no sembraron
y a destruir toda obra imperfecta que hubiesen hecho.
Por eso miráis ahora con sorpresa su humildad, su paciencia y su mansedumbre,
y en ocasiones les habéis visto padecer por su restitución; pero su amor y su
reconocimiento, que es mayor que los obstáculos que se les presentan, lo vencen todo
y están dispuestos a llegar hasta el sacrificio.
¿Por ventura presentís la morada espiritual de donde partisteis para venir a la
Tierra? "No Maestro, me decís, nada presentimos ni recordamos".
341. Si, pueblo, hace tanto tiempo que os alejasteis de la pureza y de la inocencia, que
ni siquiera imagináis aquella existencia de paz, aquel estado de bienestar.
Mas, ahora que estáis preparados para oír la voz de la conciencia y recibir de
ellas sus revelaciones, tenéis a vuestro alcance el camino que conduce al Reino
prometido a los que se elevan a Mí.
No es aquel paraíso de paz de donde partieron los primeros, sino el mundo
infinito del espíritu, el mundo de la sabiduría, el paraíso de la verdadera dicha
espiritual, el cielo del amor y la perfección.

Revelaciones de lo Divino

El Padre de todos los seres os habla en este instante; el amor que os creó se deja
sentir en todo aquel que oye esta palabra.
Os habla el único Dios que existe, al que llamasteis Jehová cuando os mostró su
fuerza y os reveló la ley en el monte Sinaí; al que llamasteis Jesús, porque en Él
estuvo mi Verbo y al que hoy llamáis Espíritu Santo, porque soy el Espíritu de la
Verdad.
Cuando os hablo como Padre, es el libro de la ley el que se abre ante vosotros.
Cuando os hablo como Maestro, es el libro del amor el que muestro a mis discípulos.
Cuando os hablo como Espíritu Santo, es el libro de la sabiduría que os ilumina con
sus enseñanzas y que forma una sola doctrina, porque proviene de un solo Dios.
Dios es luz, amor, justicia, todo el que manifieste en su vida estos atributos,
estará representando y honrando a su Señor.
No digáis que soy el Dios de la pobreza o de la tristeza, tomando en cuenta que a
Jesús siempre le siguieron multitudes de enfermos y afligidos. Yo busco a los
enfermos, a los tristes y a los pobres, pero es para llenarlos de alegría, de salud y
esperanza, porque Yo soy el Dios de la alegría, de la vida, de la paz y la luz.
Sí, pueblo: Yo soy el principio y el fin de vosotros Yo soy el alfa y la omega,
aunque todavía no os diga o revele todas las enseñanzas que aún tengo reservadas
para vuestro espíritu, las cuales sabréis cuando estéis muy lejos de este mundo.
Muchas lecciones nuevas os revelaré ahora y os iré dando aquello que seáis
capaces de poseer, sin engrandeceros, ni levantaros ante la humanidad con alarde de
superioridad; ya sabéis que quien se envanece de sus obras, con su misma vanidad las
destruye, por eso os he enseñado a trabajar en silencio para que vuestras obras den
fruto de amor.
Aún os falta comprender muchas de las revelaciones que están destinadas a
formar parte de vuestro saber y han supuesto los hombres que su conocimiento
pertenece tan sólo a Dios. Cuando alguien llega a expresar su deseo de interpretarlas o
intenta penetrar en ellas, al instante es llamado blasfemo o juzgado temerario.
Mucho tenéis que aprender para haceros sensibles a mis inspiraciones, y a mis
llamados. ¡Cuántas veces percibís las vibraciones de lo espiritual sin acertar a
comprender quién os llama! Es tan confuso para vosotros aquel lenguaje, que no
acertáis a entender y termináis atribuyendo las manifestaciones espirituales a
alucinaciones o a causas materiales.

No os extrañe que siendo Yo el dueño de todo lo creado me presente entre
vosotros pidiendo amor; Yo soy el Dios de la mansedumbre y de la humildad. De mi
grandeza no vengo a hacer alarde, antes bien, oculto mi perfección y mis galas para
acercarme a vuestro corazón. Si me contemplaseis en todo mi esplendor ¡Cuánto
lloraríais por vuestras faltas!
Sentidme muy cerca de vosotros, pruebas de ello os doy en los instantes difíciles
de vuestra vida. He querido que hagáis de vuestro corazón mi morada, para que en
ella sintáis mi presencia.
¿Cómo es que estando Yo en vosotros, no sabéis sentirme? Unos me buscan en
la naturaleza, otros sólo me sienten más allá de todo lo material, mas de cierto os
digo, que en todo y en todas partes estoy. ¿Por qué habéis de buscarme siempre fuera
de vosotros, cuando también en vuestro ser me encuentro?
Aunque no existiesen religiones en el mundo, os bastaría concentraros en el
fondo de vuestro ser para encontrar mi presencia en vuestro templo interior.
También os digo, que bastaría observar cuanto la vida os ofrece, para que
encontraseis en ella el libro del saber, que a cada paso os muestra sus más bellas
páginas y sus más profundas lecciones.
Comprenderéis entonces que no es justo que el mundo se extravíe cuando lleva
en su corazón el camino, ni que se confunda entre las tinieblas de la ignorancia
habitando entre tanta luz.

Hoy mi lengua universal se hace oír en todos, para decirles que aunque Yo estoy
en cada uno de vosotros, nadie debe decir que Dios está dentro del hombre, porque
son los seres y todo lo creado lo que se encuentra dentro.
Yo soy el Señor, vosotros sus criaturas. No quiero llamaros siervos sino hijos,
mas reconoced que Yo soy antes; amad mi voluntad y respetad mi ley, sabiendo que
en lo dispuesto por Mí no cabe la imperfección ni el error.
Os formé para amaros y sentirme amado. Vosotros necesitáis de Mí como Yo
necesito de vosotros. No dice la verdad quien afirme que no me hacéis falta, si así
fuera, no os hubiese creado ni me hubiese hecho hombre para rescataros con aquel
sacrificio que fue una gran prueba de amor; os hubiese dejado perder.
Mas debéis reconocer que si os alimentáis de mi amor, justo es que ofrezcáis lo
mismo a vuestro Padre, porque os sigo diciendo: "sed tengo, sed de vuestro amor".
¿Cómo podéis pensar que ame menos al que más sufre? ¿Cómo podéis tomar
vuestro dolor como una señal de que no os amo? Si supieseis que precisamente por
amor a vosotros he venido; ¿No os he dicho que el justo está a salvo y que el sano no
necesita del médico? Si vosotros os sentís enfermos y en vuestro examen a la luz de
vuestra conciencia os juzgáis pecadores, tened la certeza de que es a vosotros a
quienes he venido a buscar.
Si creéis que Dios ha llorado alguna vez, de cierto que no habrá sido por los que
están disfrutando de su gloria, sino por los que van perdidos o llorando.
Mi mansión está preparada para vosotros; cuando a ella lleguéis la disfrutaréis en
verdad. ¿Cómo podrá un padre vivir en un regio aposento, saboreando manjares
deliciosos, sabiendo que sus propios hijos están como pordioseros a las puertas de su
propia casa?
Conoced la Ley, amad el bien, practicad el amor y la caridad, conceded a vuestro
espíritu la santa libertad de elevarse hacia su morada y me estaréis amando.
¿Queréis un modelo perfecto de cuanto deberéis hacer y de lo que debéis ser para
llegar a Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, buscadme a través de Él, venid a Mí por
su divina huella.
Mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o
formas la práctica de sus enseñanzas, porque os eternizaréis en vuestras diferencias,
en vuestra enemistad y en vuestro fanatismo.
Amadme en Cristo, pero en su espíritu, en su doctrina y estaréis cumpliendo con
la Ley eterna, porque en Cristo está resumida la justicia, el amor y la sabiduría con
que he manifestado a la humanidad la existencia y la omnipotencia de mi Espíritu.

El ser humano y su destino

Mucho tiempo ha que no estáis conmigo, que ignoráis lo que en realidad sois,
porque habéis dejado que duerman en vuestro ser muchos atributos, potencias y dones
que en vosotros depositó vuestro Creador. Dormís para el espíritu y la conciencia, y
precisamente en esos atributos espirituales radica la verdadera grandeza del hombre.
Imitáis a los seres que son de este mundo porque en él nacen y en él mueren.
A vosotros, oh discípulos amados, el Maestro os pregunta: ¿Qué es vuestro en
este mundo? Todo lo que poseéis, el Padre os lo ha dado para que de ello os sirváis en
vuestro tránsito por la Tierra, mientras late vuestro corazón. Si vuestro espíritu
procede de mi Divinidad, si es un hálito del Padre celestial, si es encarnación de un
átomo de mi Espíritu; si vuestro cuerpo ha sido formado también dentro de mis leyes
y os lo confío como instrumento de vuestro espíritu, nada es vuestro, hijos muy
amados. Todo lo creado es del Padre y de ello os ha hecho poseedores temporalmente.
Recordad que vuestra vida material es tan sólo un paso en la eternidad, es un rayo de
luz en el infinito y por ello debéis atender lo que es eterno, lo que nunca muere y eso
es el espíritu.
Sea el espíritu el que guíe a la mente y no la mente tan sólo guiada por un
corazón ambicioso de grandeza humana, la que gobierne vuestra vida.
Pensad que si queréis guiaros por lo que ordene vuestro cerebro, lo agotaréis y
no podréis ir más allá de donde sus escasas fuerzas se lo permitan.
Yo os digo que si anheláis saber por qué os habéis sentido inspirados a hacer el
bien y vuestro corazón y vuestro entendimiento sean guiados por el espíritu y
entonces quedaréis maravillados ante el poder de vuestro Padre.
Lo justo es que el espíritu revele la sabiduría a la mente humana y no que la
mente sea la que dé luz al espíritu.
Muchos no entenderán esto que os digo, debido a que ha mucho tiempo que
habéis alterado el orden de vuestra vida.
Sabed, discípulos, que la espiritualidad permite a la conciencia manifestarse con
mayor claridad, y quien sepa escuchar esa sabia voz, no se dejará engañar.
Intimad con la conciencia, es la voz amiga, a través de la cual asoma el Señor su
luz, ya como Padre, ya como Maestro, ya como Juez.

Sed incansables repasando mi palabra; ella, como un cincel invisible, se
encargará de pulir las asperezas de vuestro carácter hasta dejaros preparados para
tratar los problemas más delicados de vuestros hermanos.
En ellos encontraréis penas, expiaciones y restituciones, cuyas causas pueden ser
muy diversas. Algunas no tendrán un origen muy difícil de comprender, en cambio,
habrá otras que solamente con la intuición, con la revelación y con la videncia podréis
descubrir, para librar de un pesado fardo a vuestros hermanos.
Estos dones sólo harán esos prodigios cuando el que los ponga en práctica se
haya inspirado en la caridad hacia sus semejantes.
¿A qué llaman los hombres sobrenatural, si todo en Mí y en mi obra es natural?
¿No serán más bien las obras malas e imperfectas de los hombres las sobrenaturales,
ya que lo natural sería qué siempre obrasen bien, procediendo de quien proceden y
poseyendo los atributos que en sí llevan? En Mí todo tiene explicación sencilla o
profunda, nada hay a obscuras.
Llamáis sobrenatural a todo aquello que desconocéis o que miráis envuelto en
misterio, pero que, cuando vuestro espíritu conquiste con méritos su elevación y
contemple y descubra lo que antes no podía ver, encontrará que todo en la creación es
natural.
Si unos siglos atrás se hubiera anunciado a la humanidad los adelantos y
descubrimientos que en estos tiempos lograría el hombre, hasta los científicos habrían
dudado y hubieran considerado como sobrenatural tales maravillas. Ahora que habéis
evolucionado siguiendo paso a paso los adelantos de la ciencia humana, aunque os
maravilláis con ello, los contempláis como obras naturales.
Debo deciros que no creáis que le sea indispensable al espíritu el cuerpo humano
y la vida en el mundo para poder evolucionar; pero sí le son de gran utilidad para su
perfeccionamiento las lecciones que en este mundo recibe.
La materia ayuda al espíritu en su evolución, en sus experiencias, en su
expiación y en sus luchas; ésta es la misión que le corresponde y lo podéis comprobar
con esta manifestación de mi Divinidad a través del hombre de cuyo cerebro vengo a
servirme, utilizándole como aparato para transmitiros mi mensaje. Comprended que
no sólo el espíritu está destinado a lo espiritual sino que aun lo más pequeño dentro de
lo material ha sido creado para fines espirituales.

Un recuerdo y un llamado he venido a hacer a vuestro espíritu para que él,
sobreponiéndose a la influencia de lo material que ha llegado a dominarle, haga llegar
su luz al corazón y al entendimiento empleando el don de la intuición.
¡Esta luz significa para vuestro espíritu el camino de su liberación! Esta Doctrina
viene a ofrecerle los medios para elevarse por sobre la vida humana y ser guía de
todas sus obras, señor sobre sus sentimientos y no esclavo de bajas pasiones, ni
víctima de flaquezas y miserias.
¿Quién que no sea Yo, será capaz de reinar en los espíritus y regir su destino?
Nadie; es por eso que quien ha intentado usurpar el lugar de su Señor queriendo
reinar, crea para sí un reino de acuerdo con sus inclinaciones, caprichos, ambiciones y
vanidades, reino de materia, de bajas pasiones e innobles sentimientos.
A la conciencia no podéis imponeros, porque en ella está la justicia perfecta. En
los espíritus sólo la pureza tiene poder sobre las fibras nobles, sólo el bien las
conmueve; en una palabra, el espíritu sólo se alimenta con la verdad y el bien.
Si Yo he formado todo lo creado de la tierra para recreo del hombre, tomadlo
siempre en beneficio vuestro. No olvidéis que existe en vosotros una voz que os
indica los límites dentro de los cuales podréis tomar cuanto os ofrece la naturaleza, y
es esa voz interior a la que debéis obedecer.
Así como procuráis para vuestro cuerpo un hogar, abrigo, sustento y
satisfacciones, para hacer más agradable su existencia, así debéis conceder al espíritu
lo que le es necesario para su bienestar y progreso.
Si él se siente atraído hacia regiones superiores en donde encuentra su verdadera
morada, dejadlo elevarse, no lo aprisionéis, porque él me busca para alimentarse y
fortalecerse. Yo os digo que cada vez que le permitáis liberarse así, él retornará
dichoso a su envoltura.
El espíritu quiere vivir, busca su inmortalidad, quiere lavarse y purificarse, tiene
hambre de saber y sed de amor. Dejadle pensar, sentir y trabajar, concededle que tome
una parte del tiempo de que disponéis, para que ahí se manifieste y se recree en la
libertad.

De todo lo que sois aquí en el mundo, sólo quedará después de esta vida vuestro
espíritu. Dejadle que él acumule y atesore virtudes y méritos para que, llegada la hora
de su liberación, no sea un menesteroso ante las puertas de la "Tierra Prometida".
No quiero más restitución ni dolores para vosotros, quiero que, así como las
estrellas embellecen el firmamento, los espíritus de todos mis hijos vendan con su luz,
a iluminar mi Reino y a llenar de alegría el corazón de vuestro Padre.
Mi palabra vendrá a reconciliar al espíritu con la materia, ya que ha tiempo
existe enemistad entre uno y otra, para que sepáis que vuestro cuerpo que habéis
considerado un obstáculo y una tentación para el tránsito del espíritu, puede ser el
mejor instrumento de vuestro cumplimiento en la tierra.
Procurad que exista armonía entre el espíritu y la envoltura, para que cumpláis
con facilidad mis instrucciones; doblegad la materia con amor, usad la energía si es
necesario, cuidad de que no os ciegue el fanatismo, para que no obréis con crueldad
en ella. Haced de vuestro ser una sola voluntad.
No sólo os digo que purifiquéis vuestro espíritu, sino también que fortalezcáis a
vuestra materia, para que las nuevas generaciones que de vosotros broten, sean
saludables y sus espíritus puedan cumplir su delicada misión.
Quiero que forméis hogares creyentes del Dios único, hogares que sean templos
en donde se practique el amor, la paciencia y la abnegación.
En ellos debéis ser maestros de los niños, a quienes debéis rodear de ternura y
comprensión, velando por ellos, siguiendo con interés todos sus pasos.
Prodigad vuestro amor lo mismo que al que ha sido dotado de hermosura, como
a los que aparentemente presentan fealdad. No siempre un rostro bello es el reflejo de
un espíritu igualmente hermoso; en cambio, detrás de esas criaturas de aparente
fealdad puede esconderse un espíritu lleno de virtud a quien vosotros debéis apreciar.
Pensad seriamente en las generaciones que tras de vosotros vienen, pensad en
vuestros hijos, a los que, así como les habéis dado el ser material, también tenéis el
deber de darles vida espiritual, aquélla que es fe, virtud y espiritualidad.
Velad por la virtud de vuestra familia y por la paz de vuestro hogar. Mirad cómo
hasta los más pobres pueden ser dueños de este tesoro.
Reconoced que la familia humana es una representación de la familia espiritual;
en ella está el hombre convertido en padre, guardando verdadera semejanza con su
Padre Celestial; la mujer, con su corazón maternal lleno de ternura, es imagen del
amor de la Madre Divina, \ la familia que con su unión forman, es una representación
de la familia espiritual del Creador.
El hogar es el templo en donde mejor podréis aprender a cumplir mis leyes,
cuando los padres han sabido prepararse.
El destino de los padres y de los hijos está en Mí, mas a unos y a otros toca
ayudarse mutuamente en sus misiones y en sus restituciones.
409. ¡Cuan liviana sería la cruz y llevadera la existencia si todos los padres y los hijos
se amasen! Las pruebas más grandes serían atenuadas por el cariño y la comprensión;
su conformidad ante la voluntad divina la verían recompensada con la paz.
Estudiad a los espíritus que os rodean y a los que cruzan por vuestras vidas, a fin
de que estiméis sus virtudes, recibáis el mensaje que os traigan o les entreguéis lo que
de vosotros deben recibir.
¿Por qué habéis despreciado a vuestros semejantes que el destino ha puesto en
vuestro camino? Les habéis cerrado la puerta de vuestro corazón sin saber la
enseñanza que os traían.
Cuántas veces habéis alejado de vosotros precisamente a quien traía un mensaje
de paz y de consuelo a vuestro espíritu, y luego os quejáis cuando vosotros sois los
que habéis llenado vuestro cáliz de amargura.
La vida tiene cambios inesperados y sorpresas, y ¿Qué haréis vosotros si mañana
tenéis que buscar ansiosamente a quien hoy orgullosamente desechasteis?
Pensad que es posible que a quien hoy desecháis y despreciáis, mañana !e
busquéis con ansia, pero que muchas veces ya será tarde.
¡Cuan hermoso ejemplo de armonía os ofrece el cosmos! Astros luminosos que
vibran en el espacio llenos de vida, alrededor de los cuales giran otros astros. Yo soy
el astro luminoso y divino que da vida y calor a los espíritus, mas cuan pocos van por
su trayectoria y que numerosos son los que giran fuera de su órbita.
Podéis decirme que los astros materiales no gozan de libre albedrío y que, en
cambio, a los hombres, esa libertad es la que los ha hecho apartarse del camino. Por
eso os digo: ¡Cuan meritoria será la lucha para todo espíritu, ya que teniendo el don
del libre albedrío, sepa someterlo a la Ley de la armonía con su Creador!
Nadie que se nombre discípulo de esta enseñanza espiritual, reclame al Padre el
ser pobre en su vida material, carecer de muchas de las comodidades que otros tienen
en abundancia, o sufrir escasez o privaciones. Esas lamentaciones son nacidas de la
materia, que como sabéis, posee una sola existencia.
Vuestro espíritu no tiene derecho a hablar así a su Padre, ni a mostrarse
inconforme, ni a blasfemar contra su propio destino, porque todo espíritu en su
extensa jornada sobre la Tierra, ha recorrido toda la escala de las experiencias, de los
placeres y de las satisfacciones humanas.

Ha tiempo que ha comenzado la desmaterialización de los espíritus, para lo cual
os ayuda ese dolor y esa pobreza que se resiste a soportar y a sufrir vuestro corazón,
Todo bien espiritual y material tiene una importancia que debéis reconocer, para que
no le quitéis a uno ni a otro su valor.
Cada criatura, cada hombre, tiene un sitio asignado que no debe perder, mas
tampoco debe tomar el sitio que no le corresponda.
¿Por qué teméis al futuro? ¿Vais a desaprovechar toda la experiencia que ha
acumulado vuestro espíritu en el pasado? ¿Vais a dejar la siembra sin recoger la
cosecha? No, discípulos, pensad que nadie puede torcer su destino, pero sí retardar la
lora de su triunfo y aumentar las penas que de por sí existen en el sendero.
El Reino del Padre es la heredad de todos los hijos, es indispensable alcanzar esa
gracia mediante méritos del espíritu. Quiero que no miréis como un imposible,
alcanzar la gracia que os acerca a Mí.
No os entristezcáis al escuchar en mi palabra que llegaréis a la Tierra Prometida
con grandes esfuerzos y trabajos. Alegraos porque el que dirige su vida hacia esa idea,
no sufre de desengaños ni se ve defraudado. No pasará con él como sucede a muchos
que van en pos de la gloria del mundo, y que después de mucho luchar, no la
consiguen, o quienes la alcanzan pronto "tienen el dolor de verla esfumarse hasta
quedar en la nada.
Yo os doy las llaves para que abráis las puertas de vuestra felicidad eterna: Esas
llaves son el amor, de donde procede la caridad, el perdón, la comprensión, la
humildad y la paz con que debéis transitar por la vida.
¡Cuan grande es la dicha de vuestro espíritu cuando tiene dominio sobre la
materia y se recrea con la luz del Espíritu Santo!
Esta tierra, que siempre ha enviado al más allá una cosecha de espíritus
enfermos, cansados, turbados, confundidos o con escaso adelanto, pronto podrá
ofrecerme frutos dignos de mi amor.
La enfermedad y el dolor se irán desterrando de vuestra vida, al llevar una
existencia sana y elevada, y cuando llegue la muerte, os encontrará preparados para el
viaje hacia la mansión espiritual.
No desmayéis, oh espíritus, que es a quienes dirijo especialmente mis palabras.
Perseverad en mi camino y conoceréis la paz. En verdad os digo que todos estáis
destinados a conocer la dicha; dejaría de ser vuestro Padre si no hubieseis sido
creados para compartir la gloria conmigo.
Pero no olvidéis que para que vuestro goce sea perfecto, es necesario que labréis
paso a paso vuestros méritos a fin de que vuestro espíritu llegue a sentirme digno de
aquel divino galardón.
Ved que Yo os ayudo, que os acompaño a lo largo del sendero, tened plena
confianza en Mí, sabiendo que mi misión está unida a la vuestra y mi destino al
vuestro.

Defectos, pecados, desvaríos

Entended mi lección para que no cometáis más faltas en vuestra vida, porque
cada ofensa que hagáis a vuestros hermanos, ya sea con palabras o con obras, será un
recuerdo imborrable en vuestra conciencia, la cual implacablemente os reclamará.
Vuelvo a deciros que todos sois necesarios para que se cumpla el plan divino y
para que termine tanta miseria espiritual entre la humanidad.
Mientras el egoísmo exista, el dolor también existirá. Cambiad vuestra
indiferencia, vuestro egoísmo y vuestro desprecio, por amor, por caridad y veréis cuan
pronto os llegará la paz.
Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar
por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os
esclavizará el materialismo.
Yo perdono vuestras faltas; pero al mismo tiempo os corrijo para que desechéis
de vuestro corazón el egoísmo, porque es una de las flaquezas que más bajo arrastran
al espíritu.
Os toco a través de la conciencia para que recordéis vuestros deberes entre
hermanos y sembréis de caridad y de perdón vuestro camino, como os enseñé en el
Segundo Tiempo.
Hoy la fuerza de la materia y la influencia del mundo os han vuelto egoístas,
pero la materia no es eterna, tampoco el mundo ni su influencia, y Yo soy el Juez
paciente cuya justicia es dueña de la vida y del tiempo. Vosotros no juzguéis a
quienes me nieguen, porque os hallaré más culpables que a ellos.
¿Acaso Yo levanté mi voz para juzgar a mis verdugos? ¿No les bendije con amor
y mansedumbre? Si supieseis, que muchos de aquéllos que en el mundo se perdieron
temporalmente por esa falta, hoy se hallan en espíritu purificados.
Tampoco intentéis descubrir los sentimientos ocultos de vuestros semejantes,
porque en cada ser existe un arcano que sólo Yo debo conocer; mas si descubristeis lo
que por pertenecer sólo a vuestro hermano, debe ser sagrado para vosotros, no lo
publiquéis, no rasguéis ese velo, antes hacedlo más denso.
Cuántas veces he contemplado a los hombres penetrar en el corazón de su
hermano hasta descubrir su desnudez moral o espiritual, para recrearse con ello y
luego publicarlo.

Ninguno de los que así hayan profanado la intimidad de un semejante se
sorprenderá de que alguien en su camino le desnude y le burle; no diga entonces que
es la vara de justicia la que le mide, porque será la vara de la injusticia con la que
midió a sus hermanos.
Respetad a los demás, cubrid con vuestro manto de caridad a los desnudos y
defended al débil de las murmuraciones de la humanidad.
No todos los que andan por calles y caminos, hablando de los acontecimientos de
los tiempos pasados, interpretando profecías o explicando revelaciones, son mis
enviados, porque muchos por vanidad, por despecho o por intereses humanos, han
tomado aquellas enseñanzas para ofender y juzgar, para humillar o herir y aún para
matar.
¡Levantaos, humanidad, encontrad el camino, encontrad la razón de la vida!
¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuan delgado es el muro que divide un
hogar de otro, y sin embargo, cuan distantes se hallan sus moradores unos de otros! Y
en las fronteras de vuestros pueblos,
¡Cuántas condiciones para que dejéis pasar el extranjero! Y si esto hacéis entre
humanos ¿Qué habéis hecho con los que se hallan en otra vida? Poner entre ellos y
vosotros, cuando no el velo de vuestro olvido, el de vuestra ignorancia que es como
densa tiniebla.
¿Veis esos hombres que tan sólo viven para satisfacer desmedidas ambiciones,
pasando sobre la vida de sus semejantes, sin respetar los derechos que Yo, su Creador,
les he concedido? ¿Veis cómo sus obras sólo hablan de envidias, de odio y de
codicia? Pues es por ellos por los que debéis orar más que por otros, que no están tan
necesitados de luz.
A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con
vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la
niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos también
llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con
sus malos pensamientos.
Recordad que en la ley se os dijo: "No tendrás otros dioses delante de Mí"; sin
embargo, son muchos los dioses que la ambición humana ha forjado para adorarles,
rendirles tributo y hasta entregarles la vida.
Comprended que mi Ley no ha pasado y que sin que os deis cuenta, os habla
incesantemente a través de la conciencia; mas los hombres siguen siendo paganos e
idólatras.

Aman a su cuerpo, halagan sus vanidades y consienten sus debilidades; aman las
riquezas de la tierra, a las cuales les sacrifican su paz y su futuro espiritual. Rinden
culto a la carne, llegando a veces a la degeneración y hasta a la muerte por ir tras de
los placeres.
Convenceos de que habéis amado más lo del mundo que a vuestro Padre.
¿Cuándo os habéis sacrificado por Mí, amándome y sirviéndome en vuestros
semejantes? ¿Cuándo sacrificáis vuestro sueño o exponéis vuestra salud por acudir en
alivio de las penas que afligen a vuestros hermanos? Y ¿Cuándo habéis llegado hasta
la muerte por alguno de los nobles ideales que mi Doctrina inspira?
Ved como no es a Mí a quien más amáis; ved como el culto que tenéis por la
vida material es para vosotros antes que el culto a la vida del espíritu; y ésa es la
razón por la cual os he dicho que tenéis otros dioses para adorarles y servirles antes
que al verdadero.
Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceres lo más
natural, normal y lícito, y sin embargo, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia
y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.
Ahora vivís un tiempo de confusión, en el que llamáis bueno a lo malo, en el que
creéis ver luz en donde hay tiniebla, en el que anteponéis lo superfluo a lo esencial;
pero mi caridad, siempre presta y oportuna, llegará a tiempo para salvaros,
enseñándoos el camino luminoso de la verdad, camino del que os habíais apartado.
Para poder vencer en todas las pruebas, haced lo que el Maestro os ha enseñado:
Velad y orad, para que siempre vuestros ojos estén alertas y no seáis sorprendidos por
la tentación. Mirad que el mal tiene gran sutileza para probaros, para haceros caer,
para venceros y aprovecharse de vuestra debilidad. Sed perspicaces, para que sepáis
descubrirlo cuando os aceche.
De cierto os digo que de estas tinieblas la humanidad saldrá a la luz, mas ese
paso será lento. ¿Qué sería de los hombres si en un instante comprendiesen todo el
mal que han ocasionado? Unos perderían la razón, otros se arrancarían la vida.

Purificación y espiritualización de la humanidad

Os habéis olvidado de la Ley y habéis esperado que los elementos os recuerden
mi justicia: aires huracanados, aguas que se salen de su cauce, terremotos, sequías,
inundaciones, son voces que os despiertan y os hablan de mi justicia.
¿Qué otro fruto puede ofrecerme la humanidad en este tiempo que no sea la
discordia y el materialismo? Este pueblo que por años ha escuchado mi enseñanza
tampoco puede presentarme una cosecha agradable.
¿No oís las voces de justicia? ¿No miráis los elementos tocando comarca tras
comarca? ¿Creéis que si vosotros vivieseis una vida virtuosa habría necesidad de que
mi justicia se hiciera sentir de tal manera: De cierto os digo que no tendría objeto
purificaros si os hubiese encontrado limpios.
Aún cuando en el presente os parezca imposible cimentar la paz entre la
Humanidad, Yo os digo que la paz se hará y aún más, que el hombre practicará la
espiritualidad.
Muchas calamidades sufrirá el mundo antes del establecimiento de ese tiempo;
pero esos sufrimientos serán para bien de la Humanidad, tanto en lo material como en
lo espiritual; serán como un "hasta aquí" a la carrera desenfrenada de maldades,
egoísmos y lujuria de los hombres.
Así vendrá un equilibrio, porque las fuerzas del mal no podrán prevalecer sobre
las fuerzas del bien.
La purificación tiene apariencia de castigo sin serlo, porque viene siempre a
tocar lo más sensible, lo más delicado y querido; pero en realidad es medio de
salvación para el espíritu alejado o perdido del camino.
Quien juzga materialmente, no puede encontrar nada útil en el dolor; quien juzga
que lleva consigo un espíritu que vive eternamente, extrae, del mismo dolor, luz,
experiencia, temple y regeneración.
Si pensáis espiritualmente, ¿Cómo podéis creer que el dolor sea un mal para la
Humanidad, si viene de un Dios que es todo amor?
El tiempo pasa y llegará un instante en que esas grandes pruebas comiencen a
aparecer y huya del mundo hasta el último resto de paz, que no retornará hasta que la
Humanidad haya encontrado el camino de mi Ley, escuchando esa voz interior que le
dirá a cada momento: ¡Dios existe! ¡Dios está en vosotros! ¡Reconocedlo, sentidlo,
reconciliaos con Él!

Será entonces cuando el orden de vuestra vida cambie, desaparecerá el egoísmo
y cada quien será útil a los demás. En mi justicia se inspirarán los hombres para hacer
nuevas leyes y gobernar con amor a los pueblos.
Después del nuevo diluvio, brillará el iris como símbolo de paz y de un nuevo
pacto que espiritualmente hará la humanidad con su Señor.
La lucha debéis esperarla grande, porque tendréis todos que luchar contra el
dragón del mal, cuyas armas son la ambición, el odio, el poder terrenal, la lujuria, la
vanidad, el egoísmo, la mentira, la idolatría y el fanatismo; todas las fuerzas del mal,
nacidas del corazón humano contra las que tendréis que combatir con gran valor y le
hasta vencerlas.
Cuando el dragón de vuestras pasiones haya sido muerto por vuestras armas de
luz, un mundo nuevo aparecerá delante de los hombres, un mundo nuevo, siendo el
mismo, pero el cuál parecerá mas hermoso, porque entonces los hombres sabrán
tomarlo para su bienestar y progreso, infiltrando a todas sus obras un ideal de
espiritualidad.
Los corazones se ennoblecerán, las mentes tendrán luz, el espíritu sabrá
manifestar su presencia. Todo lo bueno prosperará, todo lo elevado servirá de
simiente a las obras humanas.
En lo material también palparéis la transformación: Los ríos serán abundantes,
las tierras estériles serán fértiles, los elementos volverán a su cauce porque habrá
armonía entre el hombre y Dios, entre el hombre y las obras divinas, entre el hombre
y las leyes dictadas por el Autor de la vida.
No temáis, testigos amados, Yo os anuncio que esta humanidad materialista, que
por tanto tiempo sólo ha creído en lo que toca, ve y comprende con su limitado
entendimiento y en lo que comprueba con su ciencia, se tornará en espiritual y sabrá
mirarme y buscar la verdad con su mirada espiritual.
Si estuvieseis preparados espiritualmente, podríais contemplar en el infinito a las
multitudes de seres espirituales que ante vuestra vista semejarían una inmensa nube
blanca y al desprenderse de ella los mensajeros o enviados, les veríais aproximarse
como destellos de luz hacia vosotros.
Vuestra mirada espiritual no es penetrante aún, y por eso tengo que hablaros del
más allá, de todo aquello que no podéis alcanzar a contemplar todavía; mas os digo
que tiempo llegará en que todos seáis videntes y os deleitéis ante aquella vida
maravillosa que ahora sentís distante, pero que en realidad vibra cerca de vosotros, os
envuelve e ilumina, os inspira y llama incesantemente a vuestras puertas.
Sensibilidad, presentimiento, revelación, profecía, inspiración, videncia,
curación, verbo, todo eso y otros dones más brotarán del espíritu y por medio de ellos
confirmarán los hombres que un nuevo tiempo se ha abierto ante la humanidad.
Hoy dudáis de que existan esos dones por que hay quienes los ocultan al mundo
temiendo su juicio; mañana será lo más natural y hermoso poseerlos.
Vengo a vosotros en este Tercer Tiempo porque estáis enfermos del cuerpo y del
espíritu. El sano no necesita del médico, ni el justo requiere purificación.
Hoy todavía habéis menester de ministros, de jueces y maestros, mas cuando
vuestras condiciones espirituales y morales se hayan elevado, no necesitaréis ya de
esos báculos, ni de esas voces, en cada hombre estará un juez, un guía, un maestro y
un altar.

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