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Exhortaciones y advertencias del Señor.




Mandatos y cometidos

Israel: No deis cumplimiento solamente a vuestros deberes contraídos en el mundo.
Cumplid también con la Ley porque ante el Padre habéis contraído una misión y su
cumplimiento debe de ser estricto, elevado y espiritual.
Os estoy doctrinando para que os apartéis del materialismo y dejéis de ser los
fanáticos e idólatras; para que no adoréis ni rindáis culto a objetos materiales hechos
por las manos humanas. No quiero que existan en vuestro corazón raíces de idolatría,
de fanatismo, de cultos falsos; no me presentéis ofrendas que no llegan a Mí, sólo os
pido vuestra regeneración y vuestro cumplimiento en la espiritualidad.
Regeneraos de vuestras costumbres pasadas, no miréis hacia atrás ni contempléis lo
que habéis dejado y que ya no debéis seguir practicando, comprended que habéis
penetrado en el camino de vuestra evolución y no debéis deteneros. El camino es
estrecho y debéis conocerlo bien, porque el mañana tendréis que guiar por él a
vuestros hermanos y no quiero que os perdáis.
Soy el Padre paciente que espera vuestro arrepentimiento y buena voluntad para
colmaros de mi gracia y de mi caridad.
Mi palabra siempre os aconseja el bien y la virtud. Que no habléis mal de vuestros
hermanos causando su deshonra; que no veáis con desprecio a los que sufren
enfermedades que vosotros llamáis contagiosas; que no protejáis las guerras; ni
tengáis ocupación vergonzosa que destruya la moralidad y proteja los vicios; que no
maldigáis nada de lo creado; ni toméis lo ajeno sin permiso del dueño; ni propaguéis
supersticiones.
Que visitéis a los enfermos; perdonéis a los que os ofenden; protejáis la virtud; dad
buenos ejemplos y me estaréis amando y amando a vuestros hermanos, que en esos
dos preceptos se resume toda la Ley.
Aprended mi lección y enseñadla con vuestra práctica. Si no aprendéis, ¿Cómo
queréis predicar mi Doctrina? Y si no sentís lo que habéis aprendido, ¿Cómo queréis
enseñar como el buen apóstol?
Pueblo: si queréis avanzar, dejad la pereza que hay en vos; si queréis ser grande,
aplicad a vuestras obras mis máximas; si queréis conoceros, analizaos a través de mi
palabra.
Comprended cuánta necesidad tenéis de mi palabra que vierte amor, sabiduría,
consejos y ayuda, pero a la vez sentíos responsables de lo que os entrego, por que no
sois los únicos necesitados en el mundo, hay muchos que han tenido hambre y sed de
estas enseñanzas y debéis pensar en prepararos para ir a ellos con el mensaje de mi
amor.
Es muy grande la responsabilidad que este pueblo tiene delante de la humanidad,
tendrá que dar ejemplo de verdadera espiritualidad, enseñará la forma de elevar el
culto interior, la ofrenda grata, el homenaje digno a Dios.
Abrid vuestro corazón y escuchad ahí la voz de la conciencia, para que juzguéis
vuestras obras y sepáis si estáis interpretando con fidelidad mis enseñanzas o si
también estáis equivocando el sentido de mi Doctrina.
Mi Doctrina pierde todo su sentido si no la lleváis a la práctica.
Bien sabéis, discípulos amados, que la finalidad de mi Ley y mi Doctrina, es la
práctica del bien, y que por lo tanto, quien la lleve tan sólo en la memoria o en los
labios, sin aplicarla a sus obras, está prevaricando.
Hombres que lleváis en el corazón la luz de la experiencia de esta vida, y en
espíritu, la luz que deja la evolución de diferentes existencias, ¿Por qué ocupáis a
vuestro espíritu en lo que es superfluo para él, y por qué lloráis muchas veces por
causas que no merecen vuestro dolor? Buscad en todo la verdad; ella está en todos los
caminos, es diáfana y clara como la luz del día.
No olvidéis y tenedlo presente siempre, que de vuestra vida recta y virtuosa,
depende la fe que despertéis en vuestros hermanos. Esto quiere decir que os
escudriñarán y observarán hasta en vuestra vida íntima, buscando en vuestras obras la
confirmación de la Doctrina que predicáis.
Decidme: ¿Os he repudiado cuando habéis faltado? ¿Os he dejado atrás,
abandonados, cuando algún tropiezo os ha detenido? ¿Me he ensañado en vosotros
cuando habéis caído vencidos por el dolor?
Sin embargo, veo que a los que con tanto amor llamo mis discípulos, abandonan a
sus hermanos en desgracia, desconocen al que comete un desvío, en vez de atraerle
con caridad para ayudarle a corregirse y a veces se convierten en jueces, tomando
causas que no les corresponde juzgar.
¿Es ésa mi enseñanza? ¡No! Me dice vuestra conciencia, pues quiero que os
juzguéis a vosotros mismos minuciosamente, para que podáis ir puliendo tantas
asperezas de que adolecen vuestros sentimientos y podáis empezar a ser mis
discípulos.

Fe, esperanza, amor, humildad y confianza

Cuando seáis humildes seréis grandes. No está la grandeza en la soberbia y la
vanidad, como muchos creen. Sed mansos y humildes de corazón, os he dicho a través
de los tiempos.
Reconocedme como Padre y amadme, no busquéis para vuestra envoltura un
trono, ni un nombre que os distinga de los demás, sed uno más entre los hombres y
llevad en vosotros la buena voluntad.
Quiero ver en vosotros la fe que manifestaron los enfermos que llegaron ante Mí
en el Segundo Tiempo: la del paralítico, la del ciego y la de la mujer incurable.
Quiero sentirme amado como Padre, solicitado como Doctor y escuchado como
Maestro.
No debilitéis en la fe, ni en la esperanza; tened siempre presente que el fin de esta
jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo
tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del
espíritu.
Tened como ideal la eternidad y no desfallezcáis en las vicisitudes ¿Acaso sabéis
si ésta sea vuestra última encarnación en la Tierra? ¿Quién podrá deciros que en ese
cuerpo que hoy tenéis estáis saldando todas vuestras deudas contraídas con mi
justicia? Por eso os digo: aprovechad el tiempo, pero no vayáis de prisa. Si con fe y
conformidad aceptáis vuestros sufrimientos y con paciencia apuráis el cáliz, en verdad
os digo: vuestros méritos no serán estériles.
Haced que el espíritu camine siempre adelante para que no dejéis nunca de
perfeccionaros.
Vivid para el Padre amando a sus hijos que son vuestros hermanos y alcanzaréis la
inmortalidad. Si caéis en el egoísmo, y os encerráis en vuestro amor propio, la
simiente que dejéis y vuestra memoria, difícilmente perdurarán.
Sed mansos y humildes de corazón y estaréis siempre llenos de mi gracia.
¡Grande es vuestro destino! Mas no por eso os dejéis dominar por los tristes
presagios, sino más bien llenaos de valor y esperanza, pensando que los días de
amargura que se acercan, son necesarios para el despertar y la purificación de los
hombres, sin lo cual no podríais ver la entrada triunfal del tiempo de la espiritualidad.
Aprended a sobreponeros a las adversidades, no dejéis que la tristeza se apodere
de vuestro corazón y cuidad de vuestra salud. Levantad el ánimo de vuestros
hermanos hablándoles de Mí, enseñándoles mi Doctrina que enciende la fe y la
esperanza.
Mirad cómo caminan cabizbajos muchos hombres, son espíritus que se han dejado
vencer en la lucha, vedles envejecidos y encanecidos prematuramente, el rostro ajado
y la expresión melancólica; mas si los que deben ser fuertes flaquean, la juventud
tendrá que marchitarse y la niñez sólo mirará tristeza a su alrededor.
Vos, pueblo, no privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que
aunque fugaces, las podéis disfrutar, comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os
digo que lo encontraréis más dulce y substancioso.
Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe,
optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestros trabajos y penalidades no haya
amargura en vuestro corazón. ¿Qué dulzura o buen sabor podríais ofrecer a los
necesitados si el corazón lo tuvieseis ocupado por las penas, las preocupaciones o la
inconformidad?
Es precisamente en vuestras pruebas donde debéis dar vuestros mejores ejemplos
de elevación, de fe y de humildad.
El que logra dar a su vida esa espiritualidad, nunca deja de sentir la paz y hasta
cuando duerme su sueño es tranquilo y reparador, de lo cual se aprovecha el espíritu
para desprenderse hacia el más allá donde recibe aquellas emanaciones divinas de que
él se nutre y participa al cuerpo.

Oración, estudio, renovación y espiritualidad

Amados discípulos: Una vez más os digo: Velad y orad, porque la materia es
frágil y en sus flaquezas puede alejar del camino recto al espíritu.
El espíritu que sabe velar, no se aparta nunca de la ruta que su Señor le ha trazado
y está en aptitud de emplear su heredad y sus dones, hasta alcanzar su elevación.
Ese ser tendrá que salir avante en sus pruebas, porque vive alerta y nunca se deja
dominar por la materia. El que vela y ora saldrá triunfante siempre de los trances
difíciles y sabrá caminar con paso firme por la senda de la vida.
¡Cuan diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar!
Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he
puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber. Es el que no escucha la voz interior
que le habla a través de la intuición, de la conciencia y de los sueños; pero el corazón
y la mente no entienden ese lenguaje y no dan crédito al mensaje de su propio
espíritu.
Orad por los espíritus turbados, por los materializados, por aquellos que en las
entrañas de la tierra no logran aún desprenderse de sus cuerpos; por los que sufren y
lloran por el luto ignorante que en la Tierra les guardan.
También perdonad y dejad de juzgar a los que hayan sembrado males en vuestro
corazón; si vuestros ojos los pudiesen contemplar de hinojos implorando vuestro
perdón, no seríais tan injustos con ellos. Ayudadles a que vuelen hacia lo infinito,
elevadles con vuestra caridad, comprended que ellos ya no pertenecen a este mundo.
No os conforméis con vuestras primeras obras, creyendo haber hecho méritos
suficientes para el perfeccionamiento de vuestro espíritu, mas, para que aprendáis en
cada día nuevas lecciones y descubráis mayores revelaciones, dedicad siempre un
tiempo al estudio de mi Obra.

El discípulo estudioso siempre escuchará la respuesta a sus preguntas y siempre
oirá mi paternal consejo en sus instantes de prueba.
El discípulo aprovechado será fuente de amor para sus hermanos, se sentirá
verdaderamente heredado por su Padre y reconocerá el momento de levantarse a
desempeñar su gran misión espiritual entre los hombres. (280,40-42)
A medida que os perfeccionéis, veréis más cerca la meta, no sabéis si estáis a un
paso de vuestra salvación o si aún tenéis que recorrer un largo trecho del camino. Yo
sólo os digo que os dejéis guiar sumisa y obedientemente por esta palabra, que es la
voz de mi Espíritu Divino.
Eximios de faltar a la Ley, de caer repetidas veces en el mismo error. Atended este
llamado que es una invitación a la enmienda, una súplica que os hace vuestro Padre,
porque no quiero veros vivir inútilmente en la tierra y llorar después vuestra
desobediencia.
No temáis al murmullo de la humanidad ni a sus juicios, temed a la justicia de
vuestro Dios, recordad que os he dicho que como juez soy inexorable. Por ello
buscadme siempre como Padre, como Dios, para que nada os haga falta en vuestro
camino.
No os dejéis sorprender, mi pueblo, vivid siempre alerta y sed los centinelas
fieles, no temáis a las palabras que vuestros propios hermanos os digan para
convenceros de que estáis equivocados.
Seguid firmes, porque grandes galardones entregaré a los soldados que sean fieles
a mi causa, a los que sepáis hacer frente a estos tiempos difíciles de confusión de
ideas, de credos y religiones.
A todos vuestros hermanos los respetaréis en la misma forma que respetáis mi
Obra y mostraréis la enseñanza que he venido nuevamente a dejaros; si los hombres
se burlan de vosotros, dejadles, que la luz de mi Espíritu Santo llegará hacia ellos y el
arrepentimiento será en su corazón.
¡No detengáis vuestro paso, oh discípulos! Que vuestra caminata, como siempre
os he dicho, sea firme en la senda del bien y del progreso, porque tiempos vienen en
que solamente el bien abra brecha al hombre, en que solamente la virtud y la verdad le
sostengan en el camino de la lucha y del combate.
Días se acercan en que la impostura habrá de caer, en que la falsedad, la
hipocresía, el egoísmo, toda mala simiente encuentre su fin, a través de grandes
pruebas, tropiezos y reveses.
Por eso el Maestro os dice: ¡Afirmaos más y más en el bien! ¡Estad convencido,
mi pueblo, de que no podéis recibir ningún mal por el bien que hagáis! Si por el bien
que hagáis sobre la Tierra recogéis mal fruto o mal pago, ese mal fruto es pasajero, no
es el fruto final, en verdad os digo: Hay que perseverar hasta recoger.

Advertencias a las Comunidades de Revelación

Desventurado aquél que interprete mi palabra según su voluntad, porque de ello
me responderá.
En la Tierra muchos hombres se han consagrado a alterar la verdad, sin darse
cuenta de la responsabilidad que tienen como colaboradores en la Obra de amor del
Padre.
En este tiempo de juicio que muchos ignoran, porque no han sabido interpretar los
acontecimientos que están viviendo, la justicia se encuentra en cada espíritu
tomándole cuenta de sus obras dentro o fuera de la Ley de amor en el curso de su
peregrinaje en este mundo.
Quien cambiase en estos escritos la esencia de mis revelaciones entregadas por
inspiración, responderá de sus obras delante de Mí.
Por lo tanto, debéis proceder con rectitud, porque estas lecciones son mi legado de
amor para mis hijos que, encarnados o en espíritu, están en espera de mayores
enseñanzas.
No quiero contemplar en vosotros la mentira, Israel, porque algún día ésta tendrá
que ser descubierta y entonces el mundo dirá: ¿Estos son los discípulos del Maestro?
Si ellos son falsos discípulos, entonces también fue falso el Maestro que se apacentó
entre ellos para entregarles mentira.
Vosotros sois los encomendados para aliviar el dolor de la humanidad, para
enseñar a orar a los blasfemos que por mucho tiempo han permanecido sin elevar su
espíritu en la oración.
Mas para esto tendréis que espiritualizaros cada día apartando de vosotros la
materialidad.
Porque no quiero que seáis el espiritualista exagerado, no; el fanatismo es
abominable ante Mí y eso es lo que he venido a apartar de entre vosotros. La
conciencia os dirá cómo debéis de vivir en armonía con todo.
Oídme, pueblo, escuchad, discípulos, os estoy dando la luz y os estoy librando de
cadenas, lazos y tinieblas, mas no os estoy facultando para que hagáis de esta Obra
una religión más, ni que, de acuerdo con vuestras conveniencias, la llenéis de formas
y de ritos, ¡No!
Distinguid bien cuál es la libertad que he venido a daros, para que no la cambiéis
por un nuevo fanatismo.
¿No os habéis dado cuenta aún de que vuestra mente y con ella el espíritu, habían
sido detenidos en su desarrollo? ¿No recordáis el cúmulo de falsos temores y
prejuicios heredados de vuestros antecesores, de los cuales os he librado, para que
miréis de frente la verdad y podáis recibir la luz?
La tierra estará húmeda y abierta en espera de la simiente de mis sembradores.
¿Sería justo que después de que la humanidad quedara libre de fanatismo y de
adoración material, llegara este pueblo con una nueva idolatría? No, amados
discípulos y párvulos, por eso las lecciones y las pruebas son a cada paso en vuestra
senda.

Advertencia sobre la continuación de la revelación

Después del día marcado por mi Divinidad, no escucharéis más mi palabra, pero
ella habrá quedado impresa en vuestra conciencia, en vuestro corazón y en los libros.
Quien se levante como portavoz invocando mi Rayo, no sabe la sentencia que está
arrojando sobre sí mismo.
Os advierto para que no prestéis oído a los falsos profetas, falsos portavoces y
falsos cristos. Os despierto para que evitéis a tiempo la confusión, e impidáis el
acceso de espíritus en tinieblas entre vosotros. Velad, porque de estas enseñanzas me
responderéis si no estáis preparados.
Son ya los últimos tiempos en que estaré con vosotros en esta forma. Creed en
ello y creed también que no volveré a este mundo a materializar mi palabra y menos a
hacerme hombre.
Preparaos, porque llegarán a vosotros rumores de hombres que afirmen que he
vuelto, que Cristo ha venido a la Tierra. Vosotros permaneceréis fíeles y diréis con
firmeza: el Señor está en espíritu con todos sus hijos.
Si durmieseis y no os espiritualizaseis, negaréis que Yo levanté mi palabra, y
convertidos en blasfemos y desobedientes invocaréis mi rayo sobre las multitudes
diciéndoles: pidámosle a aquel que nos dio su palabra que siga hablándonos,
elevémosle cánticos y hosannas para que nos escuche.
Mas de cierto os digo que mi rayo no tornará más al entendimiento humano
porque no vendré a alimentar vuestra necedad.
¿A qué os expondríais? A que las palabras de aparente luz os llevaran a la
confusión. ¿No quiere eso vuestro corazón? Preparaos para esa prueba, y sobre
vuestra obediencia y humildad brillará la luz de mi inspiración.
Yo os anuncio que si antes de 1950 no se hace la unificación de estas multitudes
en un solo pueblo, la confusión reinará muy pronto porque habrá quienes digan que el
Maestro se sigue manifestando, y entonces ¡Ay de este pueblo! ¿No habéis presentido
esta amenaza?

Todavía no se ha despertado en vosotros ese espíritu de fraternidad y unión, y
esperáis que sean los acontecimientos los que os unan, mas si eso esperáis veréis
desatarse las plagas, los desórdenes, las guerras y la justicia de los elementos, hasta
que no haya en el mundo un sitio de paz, ni en la superficie de la Tierra, ni en sus
entrañas, ni en el mar, ni en los vientos.
Os prepararéis y siempre que os encontréis reunidos ya sea en estos recintos, en
vuestros hogares o en los valles, allí, en esas reuniones, sentiréis espiritualmente mi
presencia.
Pero velad, porque surgirán también los falsos discípulos, pregonando que se
comunican directamente con el Padre, e irán transmitiendo falsas órdenes e
inspiraciones.
Yo os he enseñado a distinguir la verdad de la impostura, a conocer el árbol por su
fruto.
Yo os he anunciado que llegará el momento en que veáis surgir muchos
"espiritualismos" y que deberéis estar preparados para descubrir en quienes existe
verdad y en quiénes impostura.
Veréis aparecer falsas comunicaciones atribuidas a Mí. Rumores de enviados
divinos que traen mensajes al mundo; sectas con el nombre de los Siete Sellos y
muchas doctrinas confusas e indefinidas.
Todo ello será producto de la gran confusión espiritual que la humanidad ha
venido preparando, mas no temáis, procurad vivir velando y orando y no sucumbiréis
en la confusión, porque mi palabra, en los momentos de mayor tiniebla, será luz que
os haga contemplar mi verdad diáfana y perenne.

Malos hábitos, hipocresía, vicios

La vanidad ha anidado en los que, creyendo haber alcanzado el completo
conocimiento de la verdad, han llegado a considerarse sabios, fuertes, infalibles,
grandes y absolutos, sin darse cuenta que muchas veces han estado confundidos.
No quiero que entre este pueblo que apenas comienza a formarse bajo la luz de
estas lecciones, surjan mañana los hombres que se encuentren confundidos por su
vanidad, pregonando que son la reencarnación de Cristo, o que son los nuevos
Mesías.
Quienes cometan tales actos, serán los que, creyendo haber alcanzado la
comprensión de toda mi verdad, en realidad van lejos del sendero marcado por Cristo,
que es el de la humildad.
Estudiad la vida de Jesús en la Tierra y encontraréis una profunda e inolvidable
lección de humildad.
Uno de los defectos más graves es el de la hipocresía; no pregonéis amor mientras
no seáis capaces de amarme en vuestros semejantes.
¡Cuántos de los que han I u/gado el beso de Judas no quieren ver que ellos han
dado el beso de aparente fraternidad a su hermano y por su espalda le han traicionado!
Cuántos de los que dicen estar sirviendo a los necesitados los veo entregando a
cambio de monedas, la luz, la verdad, la caridad.
¿Por qué cuando alguien os ha atemorizado con sus preguntas, habéis hecho como
Pedro en sus momentos de flaqueza: negarme y afirmar que en verdad ni siquiera me
habéis conocido? ¿Por qué teméis a la justicia humana y no teméis a la mía?
En verdad os digo que entre la justicia divina y vuestros pecados, se interpone la
intercesión de María, vuestra Madre Celestial, que siempre ruega por vosotros.
Ninguno está autorizado para juzgar las obras de sus hermanos, porque si el que
está limpio no lo hace, ¿Por qué ha de hacerlo quien lleva manchas en su corazón?
Os digo esto, porque siempre andáis escudriñando la simiente de vuestro hermano
esperando encontrarle defectos, para luego enseñarle vuestra siembra y humillarle
diciéndole que vuestra labor es más limpia y perfecta.
El único juez que sabe aquilatar vuestras obras, es vuestro Padre que habita en los
cielos; cuando Él se presente con su balanza, no tendrá ante sus ojos mayor mérito
quien comprenda más, sino el que haya sabido ser hermano de sus semejantes e hijo
de su Señor.

Aprended y practicad, enseñad sintiendo lo que hagáis y digáis, confirmad mi
Doctrina con vuestras obras. No quiero prevaricadores entre mis discípulos. Pensad
qué sería de la humanidad y de vosotros, si esta Obra, iniciada con tanto amor y
paciencia, se derrumbara por falta de moral, de virtud y de verdad en vuestra vida.
No vayáis más en pos de placeres ni de frivolidades del mundo; id tras del ideal de
elevar vuestra vida, que Yo os daré a lo largo de vuestra existencia, las satisfacciones
que sean aliciente para vuestro corazón.
¡Ay de vosotros si pueden más las malas inclinaciones, que las virtudes que
lleváis en vuestro espíritu y si mi enseñanza no da frutos! Si no meditáis ni analizáis
mi palabra, creyendo que estáis haciendo mi voluntad, mi luz os despertará, y al
conocer toda la verdad, recordaréis que os he enviado al mundo para hacer obras
benéficas.
¡Ay de los que en este tiempo con sus profanaciones y desobediencia den mal
ejemplo delante de los niños a quienes he enviado con una misión espiritual! ¿Queréis
imitar a las turbas que entre gritos y burlas condujeron a Jesús al Gólgota, sembrando
el terror en el corazón de los niños que no acertaban a explicarse por qué se
martirizaba y se daba muerte a un hombre que sólo repartía bendiciones?
Cada vez que Jesús caía, lloraban aquellos inocentes; mas en verdad os digo que
su llanto provenía más del espíritu que de la carne. ¡Cuántos de ellos me siguieron
después y me amaron sin que de sus corazones se pudiera borrar el recuerdo de lo que
sus ojos inocentes presenciaron!

Falsas penitencias y expectativas erróneas

Cuidaos de hacer penitencias mal entendidas, ni privéis a vuestro cuerpo de lo que
le es necesario, en cambio evitadle lo que le sea perjudicial, aun cuando ello
signifique para él un sacrificio. Ésta será la penitencia que beneficie a vuestro espíritu
y por lo tanto, la que agrade al Padre.
Vosotros ya miráis en Dios, antes que a un Juez, al Padre de amor perfecto e
inagotable, y os digo que esta bien que miréis en Dios a vuestro Padre.
Sin embargo, debo deciros para poneros alerta, que también vosotros podéis caer
como aquel pueblo antiguo en un nuevo error, y ese error puede ser el de que no os
preocupéis de mejoraros moral y espiritualmente o que no os preocupe pecar continua
y gravemente, en la confianza de que el Padre ante todo es amor y habrá de
perdonaros.
Ciertamente, Dios es amor y no existe falta por grave que sea que no perdone,
pero debéis saber precisamente que de ese amor divino procede una justicia que es
inexorable.
Todo esto sabedlo para que lo que llevéis en vosotros como conocimiento de mi
Doctrina, que encierra verdad, destruyáis todos los conceptos equivocados que en
vosotros pudiese haber.
No olvidéis que el amor del Padre os perdona, pero que la mancha a pesar del
perdón, queda impresa en vuestro espíritu y que vosotros tendréis que lavarla con
méritos, correspondiendo así al amor que os perdonó.
Una voz ha venido a despertaros, voz dulce y consoladora que os llama al Reino
de la Luz y de la vida; pero que puede tornarse en justicia si optáis por seguir
profanando vuestro espíritu y desoyendo la Ley.
Al obediente y humilde, mi palabra le dice: "Perseverad, porque mucho
alcanzaréis de mi gracia y mucho haréis alcanzar a vuestros hermanos".
Al necio le dice mi voz: "Si no aprovecháis esta bendita ocasión, para salir del
cieno del pecado o de las tinieblas de la ignorancia en que habitáis, veréis pasar los
tiempos y las eras sobre vuestro espíritu, sin saber que fue lo que el Señor trajo en su
mensaje, ni cuáles fueron los dones que a su pueblo reveló".
Cierto que para todos habrá un tiempo propicio para salvarse y remontarse a las
alturas, pero ¡Ay del que retarde ese día! ¡Ay del que pierde las oportunidades de
lograr la evolución de su espíritu por dedicarse a lo superfluo de este mundo! El
tiempo que habrá de esperar la nueva ocasión, no sabe cuan largo será, ni lo amargo
de su restitución.

En ello no existe ni la menor venganza o el más leve castigo por parte del Padre,
pero sí su más estricta e inexorable justicia.
¿Acaso ahora que me he presentado entre vosotros, sabéis si habéis perdido o
desaprovechado anteriores oportunidades y el tiempo que vuestro espíritu ha esperado
para recibir esta nueva ocasión de cumplir una misión que hace tiempo le fue
encomendada?
¿Qué sabe vuestro corazón o vuestra mente del pasado de su espíritu, de su
destino, sus deudas, misiones y restituciones? Nada.
Es por eso que no debéis interceptar el perfeccionamiento del espíritu, ni tentarlo
con el amor a los bienes del inundo. El tiene que seguir por otro camino, otros fines,
otros ideales.

Advertencia a los pueblos y poderosos de la Tierra

¡Ay de la humanidad si en su corazón no llega a surgir la misericordia y la
caridad! ¡Ay de los hombres si no llegan a tener completo conocimiento de sus malas
obras! Su propia mano está desatando sobre sí la furia de los elementos y tratando de
volcar sobre las naciones el cáliz del dolor y la amargura, y cuando estén recogiendo
el resultado de su obra, todavía habrá quienes digan: "Es castigo de Dios".
¡Ay de los pueblos que se obstinasen en su idolatría, en su fanatismo y en su
rutina! No podrán contemplar mi luz, ni sentirán el goce infinito del despertar del
espíritu.
Ciertamente mi Doctrina conmoverá al mundo, mas, cuando la lucha haya
cesado, se sentirá en la Tierra la verdadera paz, aquélla que viene de mi Espíritu. Sólo
seguirán sufriendo los necios, los reacios de entendimiento y duros de corazón.
Estoy haciéndome sentir en el duro corazón de los hombres, de aquéllos que
llevan el propósito de alimentar las guerras, para que reconozcan que mi voluntad es
más fuerte que sus propósitos bélicos. Si el corazón de esos hombres es duro y no se
conmueve ante mi voluntad, mi justicia se hará sentir en todo el Universo.
Nuevamente, como en los tiempos de Noé, los hombres se reirán de las profecías
y sólo cuando sientan que las aguas ya cubren sus cuerpos, comenzarán a creer y
arrepentirse.
Mi caridad ha venido siempre a deteneros en vuestra insensatez, mas nunca me
habéis querido oír. Sodoma y Gomorra también fueron amonestadas para que
penetrasen en temor y en arrepentimiento y evitasen su destrucción, mas no quisieron
oír mi voz y perecieron.
También a Jerusalén la invité a orar y a volver al culto verdadero; pero su
corazón incrédulo y carnal rechazó mi paternal advertencia y esperó que los hechos le
revelasen la verdad. ¡Cuan amargos fueron aquellos días para Jerusalén!
¿Veis cómo es verdad que siempre sois los mismos, porque no habéis querido
dejar vuestra infancia espiritual para crecer y elevaros por el camino de la sabiduría
que hay en mi palabra?
Os envío a todos este mensaje, que servirá de profecía, de despertar, de alerta a
pueblos y naciones. Bienaventurados si creyeseis en su contenido.
Meditad en su esencia, mas luego velad y orad, que si así hicieseis, una luz
interior os guiará y una fuerza superior os protegerá hasta poneros a salvo.

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