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Palabras para los oyentes presentes.




Palabras para los oyentes presentes

Discípulos: volved en vosotros, escuchadme y sentidme como antes. Acordaos
cuando confesasteis que esta palabra era vuestra vida y la luz de vuestro destino. No
olvidéis que hoy os digo que lo que necesitáis se os dará llegada la hora.
Volved a poner aceite a vuestra lámpara para que vuelva a brillar la flama de la fe y
del saber.
No durmáis, velad y orad, que el Maestro puede sorprenderos penetrando en
vuestra estancia como antes, como en aquellos días de entusiasmo espiritual, en que a
cada paso sentíais mi presencia.
Veréis como vuestra vida de nuevo se verá iluminada con aquella luz que sin daros
cuenta dejó de alumbraros y ella os devolverá la confianza en un futuro pleno de
abundancia y de sabiduría.
Muchos os llamáis espiritualistas, porque sentís fe en mi presencia a través de mi
comunicación por el entendimiento humano y porque asistís con frecuencia a
escuchar mi palabra, pero Yo quiero que seáis espiritualistas por la práctica del bien,
por el conocimiento de la esencia de la vida, por vuestro amor a los semejantes, por
vuestro culto a Dios a través de una existencia elevada, fecunda y virtuosa.
A unos les he dado un origen humilde en el mundo para que imiten en su vida al
Maestro, a otros, se les ha dado un rico hogar, para que también imiten a Jesús, que
siendo Rey supo dejar su trono para venir a servir a los pobres, a los enfermos y a los
pecadores.
Tan grande es el mérito del que sabe descender de su posición para servir a sus
semejantes, sean los que fueren, como del que se eleva desde su vida humilde e
ignorada hasta la altura de los justos, por el camino del amor.
¿Me preguntáis porqué he venido a vosotros? Porque veo que habéis olvidado el
camino por donde debéis retornar al seno de donde brotasteis y Yo os lo vengo a
mostrar nuevamente.

El camino es mi Ley y por medio de su cumplimiento alcanzará inmortalidad el
espíritu. Os estoy mostrando la puerta tan estrecha como el camino que en aquel
tiempo os señalé con mi enseñanza.
Vosotros que me oís, prepararéis el camino a los que van a recibirme en espíritu.
No fue el acaso lo que trajo ante mi presencia a los que recibieron mi enseñanza,
como no será tampoco la casualidad la que desarrolle los dones espirituales en los que
han de sentir mi presencia sin necesidad del portavoz humano.
Os tengo destinados para que extendáis por la Tierra el bien, que es la verdadera
espiritualidad.
¿Os sentís incapaces y pequeños? ¿Os juzgáis impuros para poder llevar sobre
vuestro espíritu una misión de esta naturaleza? Es que no conocéis mi sabiduría y mi
misericordia. Es que no observáis con pureza los ejemplos que a cada paso os doy a
través de la Naturaleza.
¿No miráis cómo los rayos, iluminándolo todo, llegan hasta la más infecta charca,
volatilizándola, elevándola a los espacios, purifican- dola y convirtiéndola finalmente
en nube que habrá de pasar sobre los campos, fecundándolos?
Aquí ante mi presencia, despojad a vuestro espíritu de todas las impurezas y
dejadle libre. No temáis, porque no vais a descubrirme ningún secreto, Yo os conozco
mejor que vosotros mismos. Confesaos íntimamente Conmigo, Yo sabré
comprenderos mejor que nadie y podré absolveros de causas y deudas porque soy el
único que puede juzgaros.
Mas cuando os hayáis reconciliado con vuestro Padre y en vuestro ser escuchéis el
himno de triunfo que entone vuestro espíritu, sentaos en paz a mi mesa, comed y
bebed los manjares del Espíritu, que en la esencia de mi palabra se encuentra.
Muchos de vosotros llegáis llorando después de haber maldecido al dolor. Yo
perdono vuestros errores, tomando en cuenta que provienen de vuestra ignorancia.
Sosegad al corazón y despejad el entendimiento para que comprendáis lo que voy
a deciros, pequeños párvulos de la vida: cuando volváis a sentir que el dolor penetra
en vuestro corazón, aislaos unos momentos de cuanto os rodea y quedaos a solas. Ahí,
en la intimidad de vuestra alcoba, conversad con vuestro espíritu, tomad vuestro dolor
y escudriñadlo como cuando tomáis en la mano algún objeto para estudiarlo.
Así examinad vuestra pena, ved de donde proviene y por qué ha llegado; escuchad
la voz de vuestra conciencia y en verdad os digo que de aquella meditación extraeréis
un tesoro de luz y de paz para vuestro corazón.
La luz os dirá la forma de alejar el dolor y la paz os dará la fortaleza para esperar a
que la prueba pase.

Seguiréis luchando por ser fuertes de espíritu y materia, pues si hasta ahora
existen enfermedades entre vosotros, es porque no habéis sabido elevaros sobre la
miseria y el dolor de esta vida, por falta de espiritualidad y de fe.
Mi Doctrina no sólo enseña a tener fe en el poder de Dios, sino a que tengáis fe en
vosotros.
Hoy decís: Dios está en nosotros, pero lo decís sin sentirlo ni entenderlo, porque
vuestra materialidad os impide sentir mi presencia en vuestro ser, pero cuando la
espiritualidad sea parte de vuestra vida, entonces sabréis la verdad de mi presencia en
cada hombre. Mi voz resonará en las conciencias, el juez interior será escuchado y el
calor del Padre será sentido.
Esta enseñanza llega hasta vuestro corazón, en donde han nacido propósitos de
enmienda y de nobles sentimientos.
Si mucho habéis sufrido y llorado para llegar a abrirme las puertas de vuestro
corazón, en verdad os digo que también el que ha sufrido mucho, ha expiado sus
faltas y tiene que ser perdonado.
Lloráis, pueblo, porque sentís en vuestro corazón arrepentido el amor del Maestro.
Os habían dicho que todo el que se presentara ante el Padre llevando en su espíritu
una grave falta, no sería perdonado y tendría que sufrir una condena eterna.
Mas ¿Cómo habéis podido concebir tan monstruosa mi justicia divina? ¿No os
disteis cuenta de que a través de Jesús demostré que mis palabras más tiernas y mis
más dulces miradas fueron para los que más habían pecado? ¿Cómo podría Yo
predicar una enseñanza en el mundo y hacer lo contrario en la eternidad?
Confortaos en vuestros trances amargos y difíciles, pensando que mi Ley sabia y
perfecta lo juzga todo.
He estado en vuestro dolor para que por medio de él me busquéis. Os he tocado
con la pobreza para que aprendáis a pedir, a ser humildes y a comprender a los demás.
He llegado a reteneros el pan de cada día, para mostraros que quien tiene fe, es
como las aves que no se preocupan por el mañana; ellas ven aparecer la aurora como
un símbolo de mi presencia y al despertar, lo primero que hacen es elevar sus trinos
como una acción de gracias y como una prueba de fe.
A veces me decís: "Señor, si yo todo lo tuviese, si nada me hiciera falta, trabajaría
en vuestra Obra espiritual y haría caridad". Mas sabed que como hombres sois
variables y que todos los propósitos de hoy que nada poseéis, cambiarían si os
concediese todo lo que deseáis.

Sólo el amor de Dios es inmutable para sus hijos.
Si os diera en abundancia, de antemano sé que os perderíais, porque conozco
vuestras resoluciones y debilidades.
Cuando os he dicho que os apartéis de los placeres habéis interpretado mal mi
palabra, llegando a pensar que más me agrada veros en los sufrimientos que en los
goces, y estáis en un error.
Si soy vuestro Padre. ¿Cómo concebís que prefiera miraros llorar que reír?
Al deciros que os apartéis de los placeres, me refiero únicamente a aquéllos que
son insanos para el espíritu o nocivos para vuestra materia. Mas Yo os aconsejo que
procuréis todas aquellas satisfacciones sanas para el espíritu y para el corazón que
estén a vuestro alcance.
Ni siquiera os exigí que creyeseis en Mí; cuando llegasteis fui Yo quien se
adelantó a daros pruebas sanando vuestros males del cuerpo, dando paz a vuestro
espíritu o algo que creíais inalcanzable.
Después, cuando habéis creído en Mí y os habéis entregado con fe al
cumplimiento de mi Ley, he señalado a cada quien su misión para que no se
equivoque de camino, para que sólo tome lo que le corresponde y entregue a sus
hermanos la caridad y el amor como Yo he venido a hacerlo en vosotros.
¿Por ventura creéis que todos los que enseñan son maestros? ¿Creéis que todos los
que se nombran ministros de Dios, son enviados míos o sea que Yo les he dado la
misión que están desarrollando? ¿Creéis que todos los que reinan, gobiernan y
mandan en el mundo poseen los dones necesarios para cumplir esa misión? No
pueblo. Cuan pocos son los que desempeñan el cargo que en verdad les ha sido
confiado. Mientras unos usurpan un puesto que no les corresponde, los que deberían
desempeñarlo se ven humillados y postergados.
No penséis que me sienta ofendido si alguno no cree en mi presencia dentro de
esta manifestación, porque en nada se afecta mi verdad. ¡Cuántos hombres han
dudado de que exista un Ser Divino que haya creado todas las maravillas del
Universo, y no por eso el sol ha dejado de darles su luz!
Hoy abrís las puertas de vuestro corazón y de vuestro entendimiento ante la luz de
mi enseñanza; ¿Con qué obras venís a glorificarme?
Todos calláis, calla el espíritu y también la materia delante de Mí; doblegáis
vuestra cerviz y os humilláis; no quiero que mis hijos se humillen delante de Mí;
quiero que sean dignos de levantar su faz y contemplar la mía, porque no vengo en
busca de siervos, ni esclavos, no vengo en busca de criaturas que se sientan proscritas,
desterradas. Vengo a mis hijos a quienes tanto amo, para que al escuchar mi voz de
Padre, eleven su espíritu por el sendero de su evolución espiritual.
Discípulos amados: sed celosos de mi Obra, cumplid mis mandatos y con ello
estaréis dando testimonio de Mí. María vuestra dulce Madre, también desciende a
vosotros y os llena de gracia, os enseña el amor perfecto y convierte vuestro corazón
en fuente de caridad, para que hagáis grandes obras de amor entre vuestros hermanos
y conozcáis la verdad. Ella es mi colaboradora y junto a mi palabra de Maestro y de
Juez, está su palabra de madre y de intercesora. Amadla, pueblo, e invocad su
nombre. En verdad os digo que María vela por vosotros y os acompaña, no sólo en los
días de prueba sino eternamente.
Os he nombrado el "Pueblo Mariano", porque sabéis amar y reconocer a la Madre
Divina y llegáis a ella como el niño que necesita ternura o como el pecador que busca
intercesión.
La presencia de María en el mundo, es una prueba de mi amor por los hombres; su
pureza es un milagro celestial revelado a vosotros. De Mí descendió a la Tierra para
hacerse mujer y en su seno germinase la semilla divina, el cuerpo de Jesús, donde
hablaría el Verbo. Ella viene a manifestarse nuevamente en este tiempo.
Es menester que el corazón humano conozca a fondo el precioso mensaje que su
Espíritu trajo al mundo, y entonces, conociendo toda la verdad, borréis de vuestro
corazón todo el culto idólatra y fanático que a Ella habéis consagrado, y en cambio, le
ofrendéis vuestro amor espiritual.
Algunos me dicen: Señor, ¿Por qué no permitís que todos os miremos como esos
hermanos nuestros que testifican que os contemplan?
¡Ah corazones débiles, que necesitáis ver para creer! ¿Qué mérito encontráis en
contemplar a Jesús humanizado en una visión en forma de hombre, cuando vuestro
espíritu, a través del amor, de la fe y de la sensibilidad puede percibirme infinito y
perfecto en mi esencia divina?
Hacéis mal los que envidiáis a quienes poseen el don de mirar lo espiritual
limitado en figuras o símbolos, porque lo que ellos ven, no es precisamente lo divino,
sino una alegoría o imagen que les habla de lo espiritual.
Sed conformes con vuestros dones y analizad los testimonios que recibáis,
buscando siempre el sentido, la luz, la enseñanza, la verdad.
Jamás adulteréis mis enseñanzas, mostrad mi Obra como un libro que sólo
encierra pureza y cuando hayáis terminado de andar el camino, os recibiré. No
contemplaré manchas en vuestro espíritu y os daré mi ósculo divino, que será el mejor
galardón cuando lleguéis a la Tierra Prometida. Porque a vosotros he dado en este
tiempo un puñado de simiente para que aprendieseis a sembrar en tierras fértiles y ahí
la hicieseis multiplicar.
Juzgad vuestra responsabilidad, pueblo amado, pensad que un día que perdáis, es
un día que retardáis la llegada de esta buena nueva al corazón de vuestros hermanos,
que una lección que perdéis, es un pan menos que podréis ofrecer a los necesitados.
Ya conocéis el sabor del fruto del árbol y os prevengo para que mañana no os
dejéis sorprender por falsos profetas; mas también velaréis por vuestros hermanos,
enseñándoles a distinguir la esencia de mi doctrina.

Escrito está que después de mi partida aparecerán falsos profetas y que llegarán
diciendo a mi pueblo que ellos son mis enviados y que vienen en mi nombre a
continuar la obra que entre vosotros llevé a cabo.
¡Ay de vosotros si os inclináis delante de falsos profetas y falsos maestros, o si
mezcláis a mi doctrina palabras sin esencia, porque habrá gran confusión! Por eso os
digo con frecuencia: "Velad y orad".
Si no os preparáis, a vuestros oídos llegarán murmullos que os confundirán y más
tarde, con ellos confundiréis a vuestros hermanos.
Os estoy poniendo alerta para que, una vez terminadas estas comunicaciones, no
intentéis practicarlas nuevamente, porque no serán espíritus de luz los que se
manifiesten, sino seres turbados quienes vengan a querer destruir lo que antes habíais
construido.
En cambio, el que sepa prepararse, aquél que en vez de querer hacerse notable
trate de hacerse útil, que en vez de adelantar acontecimientos, aguarde con paciencia,
ese escuchará clara mi enseñanza que llegará a su espíritu a través de los dones que en
él existen, que son el de la inspiración, de la intuición, del presentimiento por medio
de la oración, de la mirada espiritual y de los sueños proféticos.
Hoy contempláis a estos portavoces hablándoos en éxtasis y por grande que sea la
incredulidad de algunos, pensáis que es posible mi manifestación por estos conductos;
mas cuando la humanidad contemple a mis discípulos hablando en su estado normal,
de revelaciones divinas, dudarán de ellos.
En vuestra propia congregación se levantarán los que duden al escucharos hablar
con mi inspiración y tendréis que llevar una gran preparación y limpidez espiritual
para ser creídos.
Si en vuestro camino llegáis a observar a hombres que con sus obras o su manera
de pensar, demuestran retraso espiritual ante mis revelaciones, no os confundáis,
porque debéis saber que nunca han marchado a compás todos los seres. Confiad en
que desde ahora estoy dejando para ellos, las palabras que habrán de despertarlos
cuando el tiempo sea llegado.

Esas palabras, que por ahora vosotros no podéis comprender, son precisamente las
que aquellos hombres entenderán.
Creced y practicad sin fanatismo, elevaos y colocaos en un plano desde el cual
podáis enseñar a todos vuestros hermanos sin distinción de credos ni doctrinas.
No os detengáis para hacer la caridad a un necesitado porque practique un culto
retrasado o imperfecto; antes bien, vuestra obra desinteresada conquistará su corazón.
No os encerréis en grupos, ni reduzcáis con esto vuestro campo de actividades,
sed una luz para todo espíritu y un bálsamo en toda aflicción.
Si por haber acudido a mi llamado, vuestros hermanos murmuran, cerrad vuestro
oído y callad, son inocentes; mas si tomaseis esta causa para juzgarlos, ay de vosotros,
porque ya habéis sido iluminados por la luz de vuestra conciencia y sabéis lo que
hacéis.
Entonces, mi pueblo, no pretendáis que todos los hombres piensen o crean como
vosotros. Vosotros nunca anatematizaréis a la humanidad, no arrojaréis sentencia ni
condena sobre aquél que no os diga, que no acepte vuestra proposición, vuestra
enseñanza o vuestros consejos. Con el más profundo respeto y con la verdadera
caridad espiritual, contemplaréis a todos vuestros hermanos y así sabréis que cada
quién en su culto, en su doctrina, en su camino, ha alcanzado el sitio a que le ha dado
derecho su capacidad espiritual; y ahí, en el punto en que vosotros contempléis a la
humanidad, es hasta donde ha alcanzado la evolución de ella misma.
Desde ahora os digo que no sois más que nadie, que la creencia que habéis
alimentado de que sois un pueblo de seres privilegiados, es un error, porque el
Creador en su amor perfecto por todas sus criaturas, a ninguna distingue.
Os digo esto, porque mañana tendréis que enseñar a vuestros hermanos la
Doctrina que os traigo en este tiempo y no quiero que aparezcáis ante los postreros
como seres superiores, ni que los méritos os hicieron dignos de ser los únicos en
escuchar mi palabra.
Seréis hermanos comprensivos, humildes, sencillos, nobles y caritativos.
Seréis fuertes pero no arrogantes, para que no humilléis a los débiles. Si poseéis
grandes conocimientos sobre mi Doctrina, jamás haréis alarde de vuestro saber para
que vuestros hermanos no se sientan empequeñecidos junto a vosotros.
Aquí mismo, entre mis labriegos, cuántos hay que sin haber entendido mi
Doctrina, al saberse donados, se han creído superiores, dignos de admiración y de
homenajes, a lo cual Yo os pregunto si podéis aceptar que un espíritu elevado llegue a
envanecerse de sus dones, siendo que la humildad y la caridad son los principales
atributos que él debe llevar.

Recordad que una vez os dije: no os he creado para que seáis como plantas
parásitas. No quiero que os conforméis con no hacer mal a nadie; quiero que vuestra
satisfacción la alcancéis por haber obrado bien. Todo aquel que no haga el bien
pudiendo hacerlo, ha hecho más mal que aquel que no sabiendo hacer buenas obras se
concretó a hacer mal, porque es lo único que podía dar.
¡Oh mis hijos muy amados, que lloráis como ovejas perdidas, llamando con voz
angustiada a vuestro Pastor! Cuando cerráis vuestros ojos a la realidad que os rodea,
llegáis a pensar que yo soy la causa de todas vuestras desdichas en la Tierra; otros
creéis que vuestras vicisitudes me son indiferentes.
¡Cuan ingratos sois pensando así de vuestro Padre y cuan injustos para valorizar
mi justicia perfecta!
¿Pensáis que no os escucho cuando decís que sólo os alimentáis de amargura, que
el mundo que habitáis es un mundo sin dicha y que la existencia que lleváis no tiene
razón de ser?
Sólo me sentís cuando creéis que os castigo, que os niego toda misericordia y
olvidáis la ternura y la bondad de vuestro Padre; os quejáis de vuestra vida en lugar de
bendecir sus beneficios.
Es que cerráis vuestros ojos a la verdad y sólo contempláis amargura y lágrimas a
vuestro alrededor, llegando a desesperaros porque pensáis que todo ello quedará sin
recompensa.
¡Qué distinta sería vuestra vida si en vez de inconformidad, de esa incomprensión,
vuestro primer pensamiento en cada día fuera para bendecir a vuestro Padre y vuestras
primeras palabras, para agradecer tantos beneficios que os brinda su amor!
Pero ya no sabéis sentir esas virtudes, porque la carne ha perturbado a vuestro
espíritu y habéis olvidado mi enseñanza; por eso vengo a hablaros de esos
sentimientos que habéis alejado de vuestro corazón.
Habéis pecado, adulterado, delinquido, y ahora que os encontráis ante la verdad
de mi palabra, la cual os señala vuestros errores, olvidáis vuestras faltas y creéis que
vuestro Señor es injusto cuando os habla de pruebas y restitución.
Muy probados habéis sido, discípulos muy amados, porque cada prueba encierra
un misterio para vosotros, no sabéis si sea para fortaleceros en la lucha, para revelaros
algo que no conocéis, o para expiar alguna falta; mas nunca retrocedáis ante las
pruebas, que ellas no son enviadas con ese fin, ni son superiores a vuestras fuerzas
morales o espirituales.
¿Por qué muchos de vosotros teméis que vuestro destino haya sido escrito por Mí
con pruebas, dolores, castigos o desgracias? ¿Cómo podéis concebir que quien os ama
con perfección, os depare un camino de abrojos? En verdad os digo que el camino
azaroso y sembrado de vicisitudes, es el que vosotros tomáis por vuestra voluntad,
creyendo que en él están los placeres, la libertad, la felicidad, sin comprender que es
precisamente en el camino destinado a vosotros y del cual os apartáis, en donde se
encuentra la verdadera paz, la seguridad, la fuerza y la salud, el bienestar y la
abundancia.
Este camino que en mi Doctrina vengo a ofreceros, es el destinado a vuestro
espíritu desde vuestra formación, para que, viniendo por él, lleguéis a encontrar lo que
anheláis.
Juzgáis superficialmente, como si fueseis niños, ignorando que las pruebas que os
azotan son obra vuestra. Así, cuando ellas se desatan sobre vosotros, deseáis que se
aparten, que los designios sean cambiados para no sufrir, para dejar de apurar el cáliz
amargo.
Es que no podéis penetrar con vuestra vista espiritual en la realidad, para
comprender que todo aquello que recogéis es lo que habéis sembrado y que todo dolor
que a vosotros llega es porque lo habéis atraído.
No, no habéis sabido penetrar en la verdad, y es por eso que cuando el dolor
embarga vuestro corazón, os creéis víctimas de una injusticia divina, y Yo os digo que
en Dios no puede existir ni la menor injusticia.
El amor de Dios es inalterable, inmutable y eterno, por eso quienes crean que el
Espíritu Divino puede verse poseído por la ira, por el furor y por la cólera, cometen
grave error; esas flaquezas sólo son concebibles en los seres humanos cuando les falta
la elevación del espíritu y el dominio sobre las pasiones.
A veces me decís: "Señor, ¿Por qué hemos de pagar consecuencias de obras que
no son nuestras y por qué hemos de venir a recoger el fruto amargo que otros han
cultivado? A lo cual Yo os respondo, que de esto nada sabéis, porque ignoráis quiénes
habéis sido antes y cuáles han sido vuestras obras.
Pueblo amado: Se llena de satisfacción vuestro corazón pensando que sois mis
discípulos en este Tercer Tiempo; mas Yo os digo que nunca dejéis que la vanidad os
ciegue, porque si cayeseis en esa debilidad, hasta a vuestra conciencia desoiréis,
cuando ella llegue a reclamaros vuestras faltas. Quien no empiece por depurar y
elevar su vida humana, no puede aspirar a elevarse espiritual-mente, porque sus pasos
serán en falso y sus obras no tendrán simiente de verdad.

Por eso mirad que a veces, en mis lecciones desciendo de la enseñanza espiritual
al consejo, para que os conduzcáis con rectitud dentro de la vida humana. Estoy
hablando al corazón del hombre, exhortándole a la regeneración, haciéndole
comprender el daño que causan al cuerpo los vicios y el mal que ocasionan al espíritu.
Os he dicho que el hombre que se deja dominar por un vicio, se ha olvidado de
que el espíritu no debe ser vencido, se ha olvidado de que la verdadera fortaleza
consiste en destruir al mal con la virtud.
Ese hombre vencido por la carne, se ha denigrado a sí mismo, se ha faltado al
respeto a sí mismo, ha descendido de su condición elevada de hombre a la de un
pobre ser cobarde para luchar.
Ese hombre en vez de llevar la luz, pan y vino a su hogar, lleva sombras, dolor y
muerte, hace pesada su cruz, la de su esposa y la de sus hijos y entorpece la jornada
espiritual de cuantos lo rodean.
Comprended que cada uno de vosotros que se aparte de un mal sendero, hará que
el poder del mal pierda parte de su fuerza, que vuestra vida, si es recta en sus obras,
palabras y pensamientos, dejará a su paso una buena simiente; que vuestros consejos
si brotan de un corazón preparado, tendrán fuerza para realizar prodigios y que la
oración, si nace de un pensamiento de piedad y de amor, será un mensaje de luz para
aquel por quien pidáis.
Aquí delante de Mí os limpiáis de toda mancha; ¡Ah si supieseis conservar esta
limpidez a lo largo de vuestra vida!; pero este ambiente de espiritualidad y de
hermandad que formáis en estas horas de comunión y de enseñanza, no reina en el
mundo; el aire que respiráis está envenenado por el pecado.
Mas habéis sentido como a medida que vais asimilando mi Doctrina, va cayendo
de vosotros eslabón tras eslabón de la cadena que os ataba al mundo.
Vivid siempre alerta porque en vuestro camino habrá quienes os digan que son
conmigo, pero no les creáis al primer instante, creed por lo que manifiesten en
humildad, en sabiduría, en amor.

Otros "os dirán que tienen comunión conmigo, siendo ellos los primeros
engañados, por ello tendréis que estar siempre velando en la misión que tenéis y en el
puesto que ocupáis; necesitáis ver, oír y perdonar mucho también.
Sed activos, no durmáis ¿O queréis esperar que las persecuciones os sorprendan
durmiendo? ¿Queréis caer otra vez en la idolatría? ¿Esperáis que doctrinas extrañas
vengan a imponerse por la fuerza y por e1 temor?
Estad alerta porque por Oriente surgirán falsos profetas confundiendo a los
pueblos; uníos para que vuestra voz resuene en todo el orbe y deis a tiempo el alerta a
la humanidad.
Grandes pruebas esperan a la humanidad, ante cada dolor y cada catástrofe,
permaneced velando y orando. Muchos dolores serán atenuados, otros no llegarán,
porque serán detenidos en su camino por quienes oren.
Cuando de otras religiones y sectas contemplen que las multitudes corren en pos
de este pueblo, de esas religiones se levantarán los que os persigan, mas no temáis,
que si sabéis permanecer serenos, el Espíritu Santo pondrá palabras de luz en vuestros
labios que hagan enmudecer a quienes os calumnien.
No os dejo la espada homicida para defenderos, os dejo la espada de amor; cada
uno de sus destellos de luz, será una virtud que de ella brote.
¡Cuánta gracia hallaréis delante del Padre, si las multitudes de perseguidores de
mi obra las doblegáis con vuestras palabras y las presentáis convertidas con vuestras
obras de amor!
Ésta es la lección que os di en el Segundo Tiempo y que ya habíais olvidado.
La mente humana sufría perturbaciones tratando de comprender la doctrina
Espiritualista Trinitaria Mariana, porque el hombre materializado es torpe delante de
lo espiritual.
Cuántos han dejado en mi mesa el manjar que con tanto amor les ofrecí, sin
haberlo tocado siquiera. ¿Cuándo volverán a vivir un tiempo de complacencias como
el presente, en el que les tocó venir a la Tierra a escuchar mi palabra?
Son rocas endurecidas que necesitan de las tempestades y del tiempo para
reblandecerse. Su heredad les será retenida, mientras no sepan cuidarla y estimarla,
mas volverá a su poder, porque Yo os he dicho que lo que el Padre da a sus hijos,
nunca se los quita, únicamente se los retiene.

Algunos de vosotros seréis convertidos y preparados con mi doctrina para que
vayáis en busca de los que se han perdido en los desiertos, porque así contemplo la
vida humana, como un desierto. Hay quienes se sienten solos en medio de millones de
espíritus y quien muere de sed sin que haya quien le ofrezca un poco de agua. Ahí
enviaré a mis nuevos apóstoles.
Quiero que mi nombre vuelva a ser pronunciado con amor por unos y escuchado
con emoción por otros; quiero que sea conocido por quienes lo ignoran. Hay hombres,
ancianos, mujeres y niños que nada saben de mi existencia. Yo quiero que todos me
conozcan y sepan que en Mí tienen al Padre más amoroso, que todos me escuchen y
me amen.
Mi palabra ha tropezado con vuestro egoísmo, por eso os he dicho que lo que os
estoy entregando es para que a su vez lo hagáis del conocimiento de vuestros
hermanos, pero vosotros sólo queréis recrearos con mis manifestaciones sin contraer
deberes para con los demás.
Mas el Maestro no os ha llamado para enseñaros lecciones inútiles, ha venido a
deciros que aprendáis esta divina lección para que más tarde la aprovechéis en vuestra
vida llevándola a la práctica con vuestros semejantes.
Yo os revelo en este instante que vuestro espíritu tiene una deuda atrasada con
todo aquél que llega a vosotros con un sufrimiento, con una necesidad o con una
petición. Mirad con cuánto amor los pongo a vuestro paso para que cumpláis vuestra
restitución haciéndolos objeto de vuestra caridad.
Cumplid, para que no tengáis que volver a la Tierra en tiempos de dolor, a
recoger el fruto de vuestras faltas o el de vuestro egoísmo. Cumplid con vuestra
misión y entonces sí volveréis, pero será en tiempo de paz a recrearos cultivando la
siembra que dejasteis empezada. Ahora no estará Moisés al frente de vosotros para
rescataros como lo estuvo en el Primer Tiempo, será vuestra conciencia la que os
guíe.
Aquí están muchos de los que en otros tiempos fueron doctores de la Ley o
científicos; ahora traen su mente despierta para el saber espiritual, convencidos de que
en el limitado saber humano no encontrarán la suprema verdad.
Aquí están los que en otros tiempos fueron poderosos y ricos en la Tierra, que
ahora han venido a saber de la pobreza y la humildad, Yo los bendigo por su
conformidad y por su anhelo de perfeccionamiento. Ahí tenéis una prueba de mi
amorosa justicia al hacerlos venir nuevamente a la Tierra para mostrarles una página
más del libro de la sabiduría eterna.

El mundo os brinda muchos placeres, unos concedidos por Mí y otros creados
por el hombre, ahora habéis visto que no los habéis podido alcanzar, lo cual ha
causado inconformidad a unos y tristeza a otros.
Debo deciros que a muchos no les está concedido en este tiempo dormirse o
perderse en los deleites y satisfacciones de la materia, porque su misión es otra muy
diferente.
En verdad os digo que no existe un solo espíritu en la humanidad que no haya
conocido todos los deleites y haya comido todos los frutos. Hoy vino vuestro espíritu
a gozar la libertad de amarme y no a ser de nuevo esclavo del mundo, del oro, de la
lujuria o de la idolatría.
Ved a los hombres, a los pueblos, a las naciones, cómo dan su vida por un ideal;
se consumen en la hoguera de sus luchas, soñando con las glorias del mundo, las
posesiones, el poder; mueren por la gloria pasajera de la Tierra.
Y vosotros que empezáis a encender en vuestro espíritu un ideal divino que tiene
por meta la conquista de una gloria que será eterna, ¿No ofreceréis, no ya vuestra
vida, siquiera parte de ella, por cumplir vuestros deberes de hermanos?
Sobre vosotros se está desatando una batalla invisible, que sólo los preparados
pueden ver: Todo el mal que de los hombres brota, en pensamientos, en palabras y en
obras; todo el pecado de siglos, todos los seres humanos y los espirituales que se han
turbado; todas las confusiones, las injusticias, el fanatismo religioso y la idolatría de
los hombres, las necias ambiciones y la falsedad, se han unido en una fuerza que todo
lo arrasa, lo invade y penetra, para tornarlo en contra mía. He ahí el poder que se
opone a Cristo. Grandes son sus huestes, fuertes sus armas, pero no son fuertes ante
Mí, sino ante los hombres.
A ellas, les daré la batalla con la espada de mi justicia y estaré en la lucha con
mis ejércitos, de los cuales quiero que forméis parte.
Mientras esta batalla agita a los hombres que van en pos de los placeres,
vosotros, a quienes he confiado la facultad de sentir lo que vibra en el Más allá, velad
y tirad por vuestros hermanos, porque así estaréis velando por vosotros mismos.
Cristo, el príncipe guerrero, ha levantado ya su espada; es menester que ella
como una hoz, arranque de raíz el mal y con sus destellos haga la luz en el Universo.
¡Ay del mundo y de vosotros si vuestro labio calla! Sois simiente espiritual dé
Jacob y a é! le prometí que en vosotros serían salvas y benditas las naciones de la
Tierra. Quiero uniros como una sola familia, para que seáis fuertes.

Yo sé que en el seno de este pueblo se han realizado grandes obras, mas dejad
que Yo lo sepa, aunque en el mundo sean ignorados vuestros nombres.
Sólo Yo sé el verdadero mérito o valor de vuestras obras porque ni vosotros
mismos podréis juzgarlas; a veces os parecerá muy grande una obra pequeña, y otras
ni siquiera os daréis cuenta de que hasta Mí llegó su mérito.
¿Cuándo saldréis de vuestro retiro y de vuestra oscuridad, multitudes que me
habéis escuchado? ¿Acaso estáis retardando deliberadamente vuestra preparación, por
temor a la lucha? En verdad os digo, que sólo teme el que no se ha preparado, porque
el que conoce mi palabra y ama a su Señor y a sus semejantes nada tiene que temer y
en vez de huir de la humanidad, va a su encuentro para hacerla partícipe de lo que ha
recibido; después de estudiar y analizar mis lecciones, las pone en práctica.
Este mensaje tiene luz para todas las religiones, para todas las sectas y creencias
y para las distintas formas de conducirse de los hombres. Mas, ¿Qué habéis hecho con
mi palabra, discípulos? ¿Es así como dejáis que florezca el árbol? Dejad que dé flores,
porque ellas serán el anuncio de que luego habrá frutos.
¿Por qué escondéis estos mensajes y no dais al mundo la sorpresa de esta nueva
era con la buena nueva? ¿Por qué no os atrevéis a decir al mundo que la voz de Cristo
está vibrando entre vosotros? Hablad y dad testimonio de mi enseñanza con vuestras
obras de amor, porque si algunos cerrasen sus oídos para no escucharos, otros los
abrirán, y vuestra-voz será en ellos tan dulce y armoniosa como el canto del ruiseñor.
La humanidad está esperando a mis nuevos discípulos, mas si vosotros que sois
mis labriegos, por temor al juicio del mundo, abandonáis la semilla y las
herramientas, ¿Qué va a ser de esta humanidad? ¿No habéis sentido la responsabilidad
de vuestro cargo?
Vuestra conciencia no os engaña jamás y ella siempre os dirá si habéis cumplido;
esa intranquilidad que experimentáis es una señal de que no habéis observado mis
preceptos.

Os quejáis a veces de que el número de los adeptos de mi palabra aumenta con
lentitud, mas, Yo os digo que debéis quejaros de vosotros mismos, porque sois los que
tenéis la misión de hacer crecer y multiplicar las multitudes que forman este pueblo.
Pero si falta fe en vuestro corazón, si vuestros dones carecen de desarrollo, si en
vuestro entendimiento falta la luz de los conocimientos espirituales, ¿Cómo vais a
conmoverlo con vuestra fe y con vuestro amor, si esas virtudes no están desarrolladas
en el corazón?
Quien no comprenda no podrá hacer comprender; quien no sienta, no podrá
hacer sentir. Sabed ahora por qué vuestros labios han temblado y titubeado cuando
habéis tenido necesidad de dar testimonio de mi palabra.
El que ama no puede titubear, el que cree, no teme; el que siente tiene muchas
formas de probar su sinceridad y su verdad.
Hoy queréis explicar por que sois Israel, y no tenéis argumentos; queréis explicar
porqué sois espiritualistas y os faltan palabras; tratáis de demostrar cuáles son
vuestros dones y carecéis de razones y de desarrollo espiritual para manifestarlos;
pero cuando vuestra elevación llegue a ser verdadera, llegarán a vosotros las palabras
necesarias, ya que con vuestras obras de amor explicaréis quiénes sois, quién os ha
doctrinado y hacia dónde camináis.
A vosotros os digo: ¿Qué esperáis para dar la buena nueva? ¿Acaso pretendéis ir
a profetizar sobre escombros? Todo os lo estoy diciendo y revelando, para que tengáis
siempre una sabia respuesta a toda pregunta que os hagan vuestros hermanos. Ved
que seréis combatidos con grandes argumentos que llenarán de temor a quien no esté
preparado.
Grabad mi palabra y no olvidéis los grandes prodigios que os he concedido para
que cada uno de vosotros sea un testimonio viviente de mi verdad; entonces, quien os
escudriñare y hurgase en mi palabra, verá que ella no contradice en nada a cuanto os
dije y profeticé en los tiempos pasados.

La lucha será grande, al grado de que algunos, habiendo sido mis discípulos se
llenen de temor y me nieguen diciendo que nunca me escucharon.
A los que sepan ser fieles a mis mandamientos y sepan hacer frente a la lucha,
les cubriré con un manto bajo el cual se defenderán y saldrán ilesos de todo trance.
Para el que vaya sembrando mal esta simiente o profane la pureza de esta Obra,
será el juicio, la persecución de los hombres y la intranquilidad en toda hora. Es
necesario que cada quien conozca el árbol que ha cultivado, por el sabor de su fruto.
Tengo reservados grandes milagros para el tiempo de la lucha espiritual de mí
pueblo; prodigios y obras que asombrarán a sabios y a científicos; nunca os
abandonaré a vuestras propias fuerzas. No vayáis a ofuscaros cuando la humanidad os
burle; no olvidéis que en el Segundo Tiempo las turbas se burlaron de vuestro
Maestro.
En verdad os digo que el mundo está contra vosotros y para ello os preparo, para
que sepáis defender la causa de vuestra fe, con las armas de amor y caridad. Os digo
que triunfaréis aun cuando vuestro triunfo no sea conocido.
Ahora vuestro sacrificio no será de sangre, pero sí sabréis de la calamidad y del
desprecio. Mas ahí estará el Maestro para defenderos y confortaros porque ningún
discípulo estará solo.
Pueblo, no os familiaricéis más con la perversidad, combatidla sin hacer alarde
de pureza, tampoco os escandalicéis ante las faltas de vuestros hermanos. Sed
discretos, atinados y oportunos en el hablar y en vuestras obras, y el mundo os oirá y
prestará atención a vuestras enseñanzas. ¿Será menester que os diga otra vez, que
antes de que entreguéis esta Doctrina, tenéis que vivirla?
Es menester que mi pueblo surja entre las naciones dando ejemplo de
fraternidad, armonía, caridad y comprensión, como soldado de paz en medio de
aquellos que tomen nuevamente las enseñanzas divinas para reñir, herirse y quitarse la
vida.

Concluid por comprender que todos amáis a un mismo Dios y no riñáis por la
diferencia de forma en que unos y otros lo habéis venido haciendo.
Es menester que lleguéis a comprender que hay seres en los que las creencias, las
tradiciones y las costumbres han echado raíces tan hondas, que no será fácil
arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Tened paciencia y en el
Cuando finalice el año de 1950 habrá incertidumbre y duda en muchos de
vosotros.
¿Por qué algunos que gozan de mayor inteligencia que los que creen en mi
comunicación, dudan de mis manifestaciones? Porque no es el conocimiento humano,
ni es la mente la que puede juzgar mi verdad, y cuando el hombre así lo comprende,
se deja invadir por un temor hacia todo lo nuevo, hacia todo lo que juzga
desconocido, para rechazarlo inconscientemente.
Y vosotros, los débiles, los impreparados, los que no podéis llegar a la altura de
los hombres reconocidos por su inteligencia, sois los que creéis, los que tenéis fe y os
sabéis profundizar en los misterios de lo espiritual. ¿Por qué? Porque es el espíritu el
que revela a la mente la vida eterna y sus maravillas.
La inteligencia humana representa una fuerza, con la que vais a entablar la lucha,
porque a través de ella, el hombre se ha forjado ideas y conceptos de lo espiritual, que
no le han sido revelados por el espíritu.
Para esa lucha estaréis fuertes, con una fortaleza que también provendrá del
espíritu. Vuestra fuerza nunca descansará en vuestra materia, ni en el poder del
dinero, ni en apoyos terrestres; sólo vuestra fe en la verdad que lleváis os hará vencer
en la contienda.
155. No temáis si os llamasen confundidos; tended a todos la mano. Pensad que esta
Obra, que para vosotros es cierta, para otros podrá aparecer como falsa, porque según
ellos, carecerá de la consagración que han obtenido las religiones para ser
reconocidas.
Si tenéis fe en Mí, si creéis que estoy manifestándome en la palabra de estos
portavoces, no temáis al juicio de vuestros hermanos, porque es tan elocuente mi
Doctrina y contiene tantas verdades mi mensaje, que si sabéis usar bien estas armas
difícilmente podréis salir vencidos.
Nadie podrá reprobaros que busquéis con anhelo la verdad, lo perfecto, a ello
todos tenéis un derecho sagrado y por eso habéis sido dotados de libertad para buscar
la luz.
Cuando vosotros empecéis a dar cumplimiento a vuestra misión y lleguéis a las
naciones, a los pueblos más apartados, en la misma selva, encontraréis seres humanos
y les haréis comprender que todos sois hermanos, les daréis testimonio de mi Doctrina
Espiritualista y os maravillaréis de las pruebas de amor que os voy a dar.
Allí, entre aquellos seres aislados de la civilización, pero también muy lejos de la
perversidad humana, encontraréis grandes espíritus que vendrán a aumentar las filas
del pueblo de Israel.
A vuestro paso, los enfermos recibirán el bálsamo y sanarán; los tristes llorarán
por última vez, pero sus lágrimas serán de regocijo.
Y ante esas pruebas que deis, las multitudes bendecirán al Señor y a sus
discípulos, seréis aclamados como aquel día en que vuestro Maestro penetró en
Jerusalén.
Pero también entre aquéllos en que os aclamen, surgirán hombres y mujeres que
estarán plenos de los dones que vosotros poseéis. En unos os asombrará su don de
profecía; en otros, mi bálsamo será incesante; en otros mi Verbo brotará como agua
cristalina y así veréis surgir de entre vuestros hermanos, como simiente inagotable,
los dones del Espíritu Santo.
Pueblo, la paz aparente se ha hecho en las naciones, mas vosotros no pregonéis
que la paz ha llegado. Cerrad vuestros labios. La paz verdadera no podrá levantarse
sobre cimientos de temor o de conveniencias materiales. La paz tiene que nacer del
amor, de la fraternidad.

Los hombres se encuentran edificando sobre arena y no sobre roca, y cuando las
olas vuelvan a agitarse, azotarán aquellos muros y el edificio vendrá por tierra.
Desde el Primer Tiempo os he hablado a través de mis profetas para guiaros, mas
no para obligaros a cumplir mi Ley.
Pero el tiempo ha pasado y el espíritu humano ha evolucionado, ha llegado a la
madurez y ya puede comprender su misión como espíritu. La humanidad, que se
encuentra tan cerca del abismo, de la perdición, necesita la ayuda espiritual de
vosotros.
Esa lucha, la última lucha, la más terrible y más tremenda entre la oscuridad y la
luz. Todos los espíritus en tinieblas están uniéndose y todos los espíritus de luz tienen
que hacer frente a ese poder.
Vosotros que me habéis escuchado, que lleváis la luz del Espíritu Santo,
despertad, ya no perdáis el tiempo en placeres materiales, en ambiciones temporales.
Luchad por la humanidad. Luchad para que venga el Reino del Padre a este mundo.
Es la misión que doy desde al más humilde hasta el más preparado.
El Mundo Espiritual está con vosotros y sobre todos, el Padre lleno de amor,
lleno de misericordia. El Padre que con infinito dolor ve el sufrimiento que los
mismos hombres están causándose los unos a los otros.
Ésa es la lucha de la luz contra la tiniebla, y cada uno de vosotros tiene que
luchar hasta alcanzar la victoria.

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