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El tiempo del juicio ha llegado.




La cosecha de los frutos de la siembra humana

Discípulos amados: Estos tiempos son de justicia para la humanidad. El plazo está
cumplido para que empecéis a pagar vuestras deudas. Estáis recogiendo la cosecha de
las siembras pasadas, el resultado o consecuencia de vuestras obras.
El hombre tiene un tiempo para hacer su obra y otro para responder de lo que hizo,
este último tiempo es el que vivís. Por eso todos sufrís y lloráis. Así como vosotros
tenéis un tiempo para sembrar y otro para cosechar, Dios también tiene uno que os
concedió para cumplir con su Ley y otro para manifestar su justicia.
Estáis viviendo en la etapa de la justicia divina. El dolor os hace llorar, la
humanidad se purifica en su propio llanto, porque nadie se queda sin restituir.
Son tiempos de justicia en que debéis meditar sobre vuestro destino, para que a
través de la meditación y de la espiritualidad escuchéis la voz de la conciencia, que no
confunde ni engaña y sí os conduce por el sendero de paz.
Tiempo de juicio es éste para la humanidad. Hombre por hombre, pueblo por
pueblo y nación por nación son juzgados por mi Divinidad; sin embargo, los hombres
no se han dado cuenta de ello ni saben el tiempo en que viven. Es por eso que he
venido en Espíritu, enviando mi rayo sobre el entendimiento humano y por su
conducto os he revelado quién os habla, qué tiempo es el que vivís y cuál es vuestra
misión.
En verdad os digo: Vivís en el día del Señor, estáis ya bajo su juicio. Vivos y
muertos están siendo juzgados; actos pasados y presentes son pesados en esta balanza.
Abrid vuestros ojos para que seáis testigos de que por donde quiera la justicia divina
se hace sentir.
Desde la antigüedad os he hablado de un juicio y éste es el tiempo anunciado que
los profetas representaron como un día.
La palabra de vuestro Dios es de Rey y no retrocede. ¿Qué importa que sobre ella
hayan pasado miles de años? La voluntad del Padre es inmutable y tiene que
cumplirse.

Si los hombres además de creer en mi palabra, supieran velar y orar, nunca serían
sorprendidos, pero son infieles, olvidadizos, incrédulos y cuando la prueba se presenta
la atribuyen a castigo, a venganza o a la ira de Dios. A lo cual Yo os digo, que toda
prueba es anunciada con anticipación, para que estéis preparados, por lo tanto debéis
de permanecer siempre en vigilia.
El Diluvio, la destrucción de las ciudades por el fuego, las invasiones, las plagas,
las enfermedades, la escasez y otras pruebas más, fueron profetizadas a todos los
pueblos de la humanidad, para que os preparaseis y no fuerais sorprendidos. Lo
mismo que ahora, siempre del amor de Dios ha descendido un mensaje de alerta, de
preparación, para que los hombres despierten, se preparen y se fortalezcan.
Yo os digo que aunque es cierto que a este mundo le esperan pruebas muy
grandes, los días de dolor le serán acortados, porque será tan grande su amargura, que
ello hará que los hombres despierten, vuelvan sus ojos hacia Mí y escuchen la voz de
su conciencia que les pedirá el cumplimiento de mi ley.
Mi justicia será la que corte todo lo malo que existe en este mundo. Antes, lo
escudriñaré todo: Religiones, ciencias e instituciones, y entonces pasará la hoz de la
justicia divina cegando la cizaña y dejando el trigo. Toda simiente buena que
encuentre en el corazón de los hombres, la dejaré para que siga germinando en el
espíritu de la humanidad.
Purificación de la humanidad en el juicio
¿Hasta cuándo va a evolucionar la humanidad, para que comprenda mi amor y
sienta mi presencia por medio de la conciencia? Cuando la humanidad escuche mi voz
que le aconseja y cumpla con mi ley, será indicio de que han pasado para ella las eras
de materialismo.
Por ahora aún tendrán que ser tocados por los elementos en muchas formas, hasta
ser convencidos de que existen fuerzas superiores ante las cuales el materialismo del
hombre es muy pequeño.

La Tierra se estremecerá. El agua lavará y el fuego purificará a la humanidad.
Todos los elementos y fuerzas de la naturaleza se harán sentir sobre la Tierra, en
donde los seres humanos no han sabido vivir en armonía con la vida que los rodea.
Con ello la naturaleza no busca la destrucción de quienes la profanan, sólo busca
la armonía entre los hombres y todas las criaturas.
Si cada vez se manifiesta mayor su justicia, es porque las faltas de los hombres y
su falta de armonía con las leyes es mayor también.
La mano del hombre ha desatado la justicia sobre sí; en su cerebro se agita un
torbellino, en su corazón ruge una tempestad y todo esto se manifiesta también en la
naturaleza, sus elementos de desencadenan, las estaciones se hacen inclementes,
aparecen y se multiplican las plagas. Es que vuestros pecados crecen produciendo
enfermedades y la ciencia insensata y temeraria no reconoce el orden de lo dispuesto
por el Creador.
Si sólo os lo dijera no lo creeríais, es menester que palpéis el resultado de vuestras
obras para que os desengañéis; precisamente os encontráis ahora en ese momento de
vuestra vida, en la cual vais a ver el resultado de todo lo que habéis venido
sembrando.
La vida en la tierra siempre ha sido de prueba y de expiación para el hombre; mas
nunca había estado este camino de evolución tan lleno de amargura.
En estos tiempos, no esperan los hombres la edad madura para enfrentarse a la
lucha; cuántas criaturas ya conocen desde su niñez los desengaños, el yugo, los
azotes, los tropiezos y fracasos. Puedo deciros aún más; en estos tiempos el dolor del
hombre comienza antes de nacer, es decir, desde el seno de su madre.
¡Grande es la expiación de los seres que en estos tiempos vienen a la tierra! Mas
debéis pensar que todo el dolor que existe en el mundo, es obra de los hombres. ¿Qué
mayor perfección en mi justicia, al dejar que los mismos que sembraron de espinos el
camino de la vida, vengan ahora a recogerlos?
Mi plan de redención universal no podéis abarcarlo, mas os doy a conocer una
parte de él, con el fin de que toméis parte en mi Obra.
Sólo Yo sé la trascendencia del instante en que vive el mundo, ningún humano
alcanza a comprender la realidad de esta hora.
La humanidad desde sus principios, ha ido acumulando mancha tras mancha hasta
nublar sus sentimientos y su espíritu, creando para sí una vida enferma, agitada y
triste Mas la hora de la purificación ha sonado.

El tiempo de la cosecha ha llegado para todo espíritu y por eso es que contempláis
la confusión entre los hombres; pero de cierto os digo: en ese caos cada quien
cosechará su propia siembra.
Mas ¿qué será de aquellos mis hijos que siempre han faltado a mi Ley? En verdad
que a todos los que duermen sin querer analizar, sin estudiar mis lecciones, las
pruebas les llegarán como un torbellino que les hará caer; y para aquéllos que sí han
obedecido mis enseñanzas, será como un estímulo para su cumplimiento, como un
hermoso galardón que Dios les conceda.
En este tiempo, el que no esté dispuesto a renovarse tendrá que conocer las
mayores amarguras y ser levantado de la Tierra, perdiendo con ello la preciosa
oportunidad de expiar sus faltas y reconciliarse con la Ley, con la verdad y la vida.
En cambio, quienes pasen de esta vida material a la mansión espiritual, con la paz
y la satisfacción que dan el deber cumplido, se sentirán iluminados por mi luz, y si
son de los que tengan que reencarnar nuevamente, Yo les prepararé antes de retornar a
la vida humana, para que resuciten a ella limpios, mas espiritualizados y con mayor
sabiduría.

E1 amor de Dios en el juicio

El dolor ha volcado todo su contenido sobre el mundo, haciéndose sentir en
millares de formas.
¡Cuan vertiginosamente vivís, humanidad! ¡Cuan trabajosamente amasáis el pan
de cada día! Por eso los hombres se consumen prematuramente, las mujeres envejecen
antes de tiempo, las doncellas se agotan en plena flor y los niños se insensibilizan en
tierna edad.
Época de dolor, de amarguras y pruebas es ésta que ahora vivís; sin embargo,
quiero que encontréis la paz, que logréis la armonía, que rechacéis el dolor; para ello
me presento en Espíritu y os envío mi palabra, que es un rocío de consuelo, de
bálsamo y de paz sobre vuestro espíritu.
Oíd mi palabra que es la resurrección y la vida, en ella recobraréis fe, salud y
alegría de luchar y de existir.
Hoy es el tiempo de mayor restitución para el espíritu. Mi juicio ha sido abierto y
las obras de cada uno han sido puestas en una balanza; si ese juicio es grande y
penoso para los espíritus, junto a ellos está el Padre que antes que Juez es Padre y que
os ama. También os envuelve el amor de María, vuestra intercesora.
Mi justicia ha llegado, humanidad, viene a humillar la soberbia del hombre, para
hacerle comprender cuan pequeño es en su maldad y en su materialismo.
Si, pueblo, vengo a abatir al hombre en su falsa grandeza, porque quiero que vea
mi luz y se eleve, para que llegue a ser grande en verdad, porque Yo os quiero llenos
de luz, de elevación, de bondad, de poder y sabiduría.
La humanidad me desconoce y niega mi presencia en este tiempo, mas le haré
reconocer que con amor y caridad manifiesto mi justicia, que no vengo con el látigo a
entregarle dolor, que sólo vengo a levantarla a la vida de la gracia y a purificarla con
el agua cristalina que es mi palabra, mi verdad.

El mundo no ha aprendido mi enseñanza y ha alimentado su idolatría y fanatismo,
por ello está pasando por el gran crisol y apurando el cáliz de amargura, porque su
materialismo lo ha alejado de Mí.
Ahora la humanidad, dividida en pueblos, razas, lenguas y colores, recibe de mi
Espíritu divino su parte de justicia, las pruebas que a cada quien corresponden, la
lucha, el crisol y la restitución que a cada hombre y a cada raza le tengo destinada.
Pero sabéis que mi justicia como principio tiene el amor, que las pruebas que a los
hombres envía el Padre, son pruebas de amor; que todo conduce a la salvación, al
bien, aun cuando aparentemente en esas pruebas haya desgracias, fatalidad o miserias.
Detrás de todo está la vida, la conservación del espíritu, la redención del mismo;
está el Padre esperando siempre al hijo pródigo, para estrecharlo entre sus brazos con
el más grande amor.

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