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Purificación del mundo y de la Humanidad en el jui




La voz de advertencia de Dios

Os he dicho que se aproxima a toda la humanidad una prueba muy grande, tanto
que en toda la historia de sus siglos y edades, no ha tenido semejanza.
Ahora debéis de comprender que estoy hablando al corazón de todos vosotros, os
estoy haciendo llegar mensajes y avisos en muchas formas, para que los hombres
mediten y estén despiertos a mi Ley, como las vírgenes prudentes de mi parábola.
¿Me escucharán los pueblos y las distintas naciones del mundo? ¿Me escuchará
este pueblo a quien me estoy manifestando en esta forma? Sólo Yo lo sé, mas mi
deber de Padre es poner en el camino de mis hijos todos los medios para su salvación.
En verdad os digo, que si en este tiempo los hombres no limpian las manchas que
han dejado en su espíritu, vendrán los elementos como heraldos anunciando mi
justicia y mi gloria y purificando a la humanidad de toda impureza.
Bienaventurados los hombres, las mujeres y los niños, que al comprender la
proximidad de aquella justicia glorifiquen mi nombre sintiendo que el día del Señor es
llegado porque su corazón les dirá que el fin del reinado del mal se acerca. Yo os digo
que éstos por su fe, su esperanza y sus buenas obras serán salvos más ¡Cuántos de los
que vivan en esos días van a blasfemar!
El paraíso de los primeros fue convertido en valle de lágrimas y ahora sólo es un
valle de sangre. Por eso hoy que he venido a cumplir la promesa que hice a mis
discípulos, despierto de su letargo a la humanidad, dándole mis enseñanzas de amor
para salvarla y busco a los espíritus que tienen el destino de levantarse en este tiempo
a testificar mi manifestación y mi palabra con sus obras.
Cuando esos señalados por Mí, se encuentren reunidos en torno a mi Ley, la Tierra
y los astros se conmoverán y en el cielo habrá señales, porque en ese instante la voz
del Señor será escuchada desde un confín hasta el otro de la Tierra y su Espíritu
Divino rodeado de los espíritus de los justos, de los profetas y de los mártires, juzgará
al mundo espiritual y material. Entonces alcanzará su plenitud el tiempo del Espíritu
Santo.

Muchos pueblos han caído al fondo del abismo de la materialidad y todavía están
pon caer otros, mas el dolor de su caída hará que despierten de su profundo sueño.
Son aquellas naciones las que después de un tiempo de esplendor, rodaron al
abismo, para hundirse en la tiniebla del dolor, del vicio y de la miseria. No es ahora
un pueblo sino toda la humanidad, la que ciega corre hacia la muerte y la confusión.
La soberbia de los pueblos será tocada por mi justicia. Recordad a Nínive, a
Babilonia, a Grecia, a Roma, a Cartago; en ellas encontraréis profundas lecciones de
la justicia divina.
Cuando los hombres, al empuñar el cetro del poder han dejado que su corazón se
llene de impiedad, de orgullo y de pasiones insanas, arrastrando a sus pueblos a la
degeneración, mi justicia se ha acercado para despojarlos de su poder.
Pero al mismo tiempo he encendido ante ellos una antorcha que ilumine el camino
de salvación para su espíritu. ¿Qué sería de los hombres si en el momento de sus
pruebas, los abandonase a sus propias fuerzas?
De precipicio en precipicio fue el hombre descendiendo espiritual-mente hasta el
grado de negarme y de olvidarme, hasta el extremo de negarse a sí mismo al
desconocer su esencia, su espíritu.
Sólo mi misericordia podrá evitar a los hombres el dolor de tener que desandar el
camino para retornar a Mí; sólo Yo, en mi amor, sabré poner al paso de mis hijos los
medios para que encuentren la senda salvadora.
El día en que las aguas cesaron de cubrir la Tierra, hice brillar en el firmamento el
iris de la paz, como señal del pacto que Dios establecía con los hombres.
Ahora os digo a vosotros: Oh humanidad del Tercer Tiempo que sois la misma
que habéis pasado por todas las pruebas, en las cuales os habéis purificado: Estáis
próximos a experimentar un nuevo caos.
Pero vengo a prevenir al pueblo aleccionado por Mí, y a la humanidad en general,
a la que me he dado a conocer en este tiempo. Escuchad, mis hijos: He aquí el arca,
penetrad en ella, Yo os invito.

Para vosotros, oh Israel, el arca es la práctica de mi Ley, todo aquél que cumpliere
mis mandatos, en los días más amargos, en el trance más difícil, estará dentro del
arca, estará fuerte y sentirá el abrigo de mi amor.
Ya toda esta humanidad, una vez más le digo: El arca es mi Ley de amor, todo el
que practique el amor y la caridad con sus semejantes y consigo mismo, será salvo.
Yo siempre os he dado tiempo para vuestra preparación y os he proporcionado
medios para salvaros. Antes de enviaros mi justicia a tomaros cuentas al final de una
era o de una etapa, os he manifestado mi amor, previniéndoos, y exhortándoos al
arrepentimiento, a la enmienda y al bien.
Mas, llegada la hora de justicia, no me he presentado a preguntaros si ya os habéis
arrepentido, si ya os habéis preparado o si aún permanecéis sumergidos en el mal y en
la desobediencia.
Mi justicia ha llegado en la hora marcada, y el que supo construir a tiempo su
arca, fue salvo, y el que se mofó cuanto le fue anunciado la hora de justicia y no hizo
nada por su salvación, ése tuvo que perecer.

El poderío del Mal será quebrado

Hasta ahora no ha sido el amor humano el que se imponga en el mundo; ha sido,
como lo fuera desde el principio de la humanidad, la fuerza la que impera y vence. El
que ha amado ha sucumbido víctima de la maldad.
El mal ha extendido su reino y se ha hecho fuerte en la Tierra, y es precisamente
en este tiempo cuando vengo a oponer mis armas a esas fuerzas, para que el reino del
amor y de la justicia se establezca entre lo hombres.
Antes combatiré, porque para daros la paz de mi Espíritu, es menester que haga la
guerra y destruya todo mal.
Los hombres llegarán hasta el fin de su propio camino y retornarán por el mismo,
recogiendo el fruto de cuanto sembraron, única forma de que el arrepentimiento brote
de los corazones, porque quien no reconoce sus faltas, nada puede hacer por reparar
sus yerros.
Un nuevo mundo está en preparación, las nuevas generaciones están por llegar;
pero antes es necesario apartar a los lobos hambrientos para que no hagan presa de las
ovejas.)
Una lepra inmaterial se ha extendido por la Tierra, carcome corazones y destruye
la fe y la virtud. Van los hombres cubiertos de harapos espirituales, saben que nadie
podrá descubrir esas miserias porque los humanos no ven más allá de lo que es
materia.
Mas la hora de la conciencia se acerca; es lo mismo que si dijeseis el día de Señor
o su juicio está por llegar. Entonces surgirá la vergüenza en unos y el remordimiento
en otros.
Los que escuchen esa voz interna, quemante e inflexible, sentirán en su interior el
fuego que devora, que extermina y que purifica. A ese fuego de justicia no puede
resistir el pecador ni nada que no sea puro. Sólo el espíritu lo puede resistir porque
está dotado de fuerza divina; así, cuando haya pasado por el fuego de su conciencia,
tendrá que salir limpio de sus errores.
Todo el dolor causado por los hombres, se reunirá en un solo cáliz que será bebido
por los que lo originaron; y los que nunca se conmovieron ante el dolor, ahora se
estremecerán en su espíritu y en su materia.
Es menester que por un instante se cierren los cielos para todos, y que sólo se
vuelvan a abrir hasta que un solo clamor sea el que se eleve de la Tierra, reconociendo
que es uno sólo el Padre de todos los seres.

En verdad os digo, que este mundo fratricida y egoísta, lo sujetaré a juicio, y lo
acrisolaré hasta ver que el amor y la luz broten de él y éstos que hoy llevan a sus
pueblos al abismo, éstos que ahora siembran y propagan todos los vicios; éstos que
han creado su reino de injusticias, serán a quienes daré por restitución combatir las
tentaciones, destruir la perversidad y cortar de raíz el árbol del mal.
El hombre, haciendo uso de su libre albedrío, ha torcido la ruta hasta olvidar de
quién ha brotado, y ha llegado hasta el grado de parecerle extraño a su naturaleza, la
virtud, el amor, el bien, la paz, la fraternidad, y miran como lo más natural y lícito, el
egoísmo, el vicio y el pecado.
La nueva Sodoma está en toda la Tierra y es menester una nueva purificación; la
buena simiente será rescatada y con ella se formará una nueva humanidad. Sobre
tierras fértiles regadas con lágrimas de arrepentimiento caerá mi semilla, la que
germinará en el corazón de las futuras generaciones, las cuales sabrán ofrecer a su
Señor un culto más elevado.
Yo permitiré que la mano del hombre lleve la destrucción, la muerte y la guerra,
pero hasta un límite solamente. De ese límite la justicia, la perversidad, la ofuscación
y la ambición de los hombres no podrán pasar.
Vendrá entonces mi hoz y ella cegará con sabiduría lo que sea mi voluntad,
porque mi hoz es de vida, es de amor y es de verdadera justicia; pero vosotros,
pueblo, ¡velad y orad!
Ayer la Tierra fue valle de lágrimas, ahora es valle de sangre. Mañana ¿Qué será?
Un campo de humeantes escombros, por donde paso el fuego de la justicia
exterminando el pecado y abatiendo el orgullo de los hombres sin amor, porque se
olvidaron del espíritu.
Así serán arrojados del templo del saber los mercaderes de la ciencia, porque
lucraron con la luz, porque profanaron la verdad.
Llenas de orgullo se levantan las grandes naciones pregonando su poderío,
amenazando al mundo con sus armas, haciendo alarde de inteligencia y de ciencia, sin
darse cuenta de lo frágil que es el mundo falso que han creado, pues bastará un débil
toque de mi justicia para que ese mundo artificioso desaparezca.
Y será la mano del hombre la que destruya su propia obra, será su mente la que
invente la forma de exterminar lo que antes creó.
Yo haré que sólo queden en pie aquellas obras humanas que hayan dado buen
fruto a los hombres para que sigan siendo cultivadas en bien de las generaciones
venideras, mas todo lo que encerrase un fin perverso o egoísta será destruido en el
fuego de mi justicia inexorable.
Sobre las ruinas de un mundo creado y destruido por una humanidad materialista,
se levantará un nuevo mundo, cuyos cimientos serán la experiencia y tendrá por
finalidad el ideal de su elevación espiritual

Guerras apocalípticas, pestes plagas y destrucción

Estáis viviendo tiempos de angustia en los que los hombres se purifican apurando
su cáliz de amargura; mas aquéllos que han escudriñado las profecías, ya sabían que
el momento estaba próximo a llegar, aquél en que las guerras se desatarían por
doquiera al desconocerse las naciones.
Todavía falta que las enfermedades extrañas y las epidemias aparezcan entre la
humanidad, confundiendo a los científicos; y cuando el dolor llegue a su máximo a
los hombres, aún tendrán fuerzas para gritar: ¡Castigo de Dios! Mas yo no castigo,
sois vosotros los que os castigáis al apartaros de las leyes que rigen a vuestro espíritu
y materia.
¿Quién ha desatado y provocado las fuerzas de la naturaleza sino la insensatez de
los hombres? ¿Quién ha desafiado mis leyes? La soberbia de los hombres de ciencia.
Mas de cierto os digo, que este dolor servirá para arrancar de raíz la mala hierba que
ha crecido en el corazón de la humanidad.
Los campos se cubrirán de cadáveres, los inocentes también perecerán, unos
morirán por el fuego, otros por el hambre y otros por la guerra. La Tierra se
estremecerá, los elementos se conmoverán, las montañas arrojarán su lava y los mares
se encresparán.
Yo dejaré que los hombres lleven su perversidad hasta un límite, hasta donde se
los permita su libre albedrío, para que horrorizados ante su propia obra, sientan en su
espíritu el verdadero arrepentimiento.
El Árbol de la Ciencia se sacudirá ante la furia del huracán y dejará caer sus frutos
sobre la humanidad. Mas ¿Quiénes han desatado las cadenas de aquellos elementos, si
no los hombres?
Bien está que los primeros seres hayan conocido el dolor, a fin de despertar a la
realidad, de nacer a la luz de la conciencia y de ajustarse a una Ley; pero el hombre
evolucionado, consciente y desarrollado de este tiempo, ¿Por qué se atreve a profanar
el Árbol de la Vida?
Se desatarán las epidemias en el mundo y gran parte de la humanidad perecerá.
Serán enfermedades extrañas y raras, ante las cuales la ciencia será impotente.
El universo se limpiará de mala hierba. Mi justicia separará el egoísmo, el odio,
las incansables ambiciones. Aparecerán grandes fenómenos en la naturaleza.
Naciones quedarán arrasadas y comarcas desaparecerán. En un toque de alerta
para vuestro corazón.

Catástrofes naturales en la tierra

Humanidad: si todo lo que habéis dedicado a fomentar guerras sangrientas, lo
hubieseis dedicado a ejecutar obras humanitarias, vuestra existencia estaría llena de
las bendiciones del Padre, pero el hombre ha venido utilizando las riquezas que ha
acumulado, en sembrar la destrucción, el dolor y la muerte.
Esta no puede ser la verdadera vida, la que deben llevar los que son hermanos e
hijos de Dios. Esta forma de vivir no está de acuerdo con la Ley que escribí en vuestra
conciencia.
Para haceros comprender el error en que vivís, brotarán volcanes; el fuego surgirá
de la tierra para exterminar la mala hierba. Los vientos se desencadenarán, la tierra se
estremecerá y las aguas arrasarán comarcas y naciones.
De esta manera manifestarán los elementos su resentimiento con el hombre; han
roto con él, porque el hombre ha ido destruyendo uno tras otros los lazos de amistad y
de fraternidad que lo ligaban con la Naturaleza que lo rodea.
Muchas calamidades vendrán sobre la humanidad; en la Naturaleza habrá
trastornos, los elementos se desatarán. El fuego desbastará comarcas, las aguas de los
ríos saldrán de su cauce, los mares tendrán cambios.
Habrá comarcas que quedarán sepultadas bajo las aguas y nuevas tierras
aparecerán. Muchas criaturas perderán la vida y hasta los seres inferiores al hombre
perecerán.
Los elementos sólo esperan la hora de desencadenarse sobre el mundo para lavar y
purificar la tierra. Cuanto más pecadora y altiva sea una nación, mayor será mi
justicia sobre ella.
Duro y sordo es el corazón de esta humanidad; será menester que llegue a ella el
cáliz de la amargura para que escuche la voz de la conciencia, la voz de la ley y de la
justicia divina, todo será por la salvación y la vida eterna de los espíritus, que son a
los que busco.
Aquel diluvio que lavó la Tierra de las impurezas humanas, y el fuego que
descendió sobre Sodoma, los conocéis ahora como leyendas; sin embargo, en este
tiempo también contemplaréis cómo la humanidad se conmoverá al estremecerse la
Tierra bajo la fuerza del aire, del agua y del luego; sin embargo, os envío nuevamente
un arca, que es mi Ley, para que se salve el que en ella penetre.
No todos los que en la hora de la prueba digan; "Padre, Padre", me amarán, sino
aquellos que en sus semejantes practiquen siempre mi amor, esos serán salvos.
Un nuevo diluvio se desatará el cual lavará la Tierra de la perversidad humana.
Derribará de sus altares a los falsos dioses, destruirá piedra por piedra los cimientos
de esa torre de soberbia y de iniquidad y borrará toda doctrina falsa y toda absurda
filosofía.

Más este nuevo diluvio no será de agua como en aquel tiempo porque la mano del
hombre ha desatado todos los elementos, tanto visibles como invisibles, en su contra.
El mismo dicta su sentencia, se castiga y se hace justicia. (65, 31)
Los elementos darán voces de justicia y al desatarse harán que desaparezcan
porciones de tierra y se conviertan en mar y que desaparezcan mares y en su lugar
surja la tierra.
Los volcanes harán erupción para anunciar el tiempo del juicio y toda la
Naturaleza se agitará y conmoverá.
Orad para que sepáis comportaros como los buenos discípulos, porque ése será el
tiempo propicio en que la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana cunda en los
corazones.
Tres cuartas partes del haz de la Tierra desaparecerán y sólo una parte quedará
salva para ser refugio de los que sobrevivan al caos. Vosotros veréis el cumplimiento
de muchas profecías.
No os confundáis, porque antes de que el Sexto Sello se cierre, sucederán grandes
acontecimientos, los astros darán grandes señales, las naciones de la Tierra gemirán y
de este planeta tres partes desaparecerán y sólo una quedará en la cual brotará la
simiente del Espíritu Santo como una nueva vida.
La humanidad comenzará una nueva existencia unida por una sola Doctrina, una
sola lengua y un mismo lazo de paz y de fraternidad.
Os hablo del dolor al que os hacéis acreedores, el que habéis ido acumulando y
que se desbordará llegada la hora.
Yo nunca ofrecería semejante cáliz a mis hijos, pero en mi justicia sí puedo
permitir que recojáis el fruto de vuestra maldad, soberbia e insensatez, para que
volváis arrepentidos a Mí.
Los hombres han desafiado mi poder y mi justicia al profanar con su ciencia el
templo de la Naturaleza en la que todo es armonía, y su juicio va a ser inexorable.
Se desatarán los elementos, se conmoverá el Cosmos y se estremecerá la Tierra.
Entonces habrá pavor en los hombres y querrán huir, mas no habrá a dónde encaminar
sus pasos; querrán detener las fuerzas desencadenadas, y no podrán, porque se
sentirán responsables, y tardíamente arrepentidos de su temeridad e imprudencia,
buscarán la muerte para escapar al castigo.
Si los hombres conocieran sus dones ¡Cuántos sufrimientos aliviarían! Pero han
preferido permanecer ciegos o aletargados, mientras dejan que se aproximen tiempos
de mayor dolor.
Mi Doctrina viene a iluminaros para que os liberéis de esos grandes sufrimientos
anunciados a la humanidad a través de los profetas de los tiempos pasados.
En la elevación de vuestra vida es donde podréis encontrar esa potestad o virtud
para libraros de la acción de los elementos desatados, porque no es solamente la fe o
la oración las armas que os dan el triunfo sobre las vicisitudes y adversidades de la
vida; esa fe y esa oración tienen que ir acompañadas de una vida virtuosa, limpia y
buena.
Pronto principiará un tiempo de grandes acontecimientos para el mundo. La Tierra
se estremecerá, y el sol hará caer sobre este mundo, rayos candentes que quemarán su
superficie. Los continentes, de un punto al otro, serán tocados por el dolor, los cuatro
puntos de la Tierra sufrirán la purificación y no habrá criatura que no sienta el rigor y
la expiación.
Y después de este gran caos, volverán las naciones a recobrar la calma y los
elementos naturales se aquietarán. Después de esa noche de tempestad en que vive
este mundo, aparecerá al iris de la paz y todo volverá a sus leyes, a su orden y
armonía.
Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fecundos, las aguas en su corriente
volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá frutos en los árboles y flores en los
prados y las cosechas serán abundantes. Y el hombre, que habrá sido purificado y
sano, volverá a sentirse digno y verá preparado su camino para su ascensión y retorno
a Mí.
Todo ser será limpio y desmanchado desde su principio para que sea digno de
poseer el nuevo tiempo que se acerca, porque he de cimentar sobre bases firmes a la
nueva humanidad.

La justicia amorosa y la piedad de Dios

Se acerca la hora en que el juicio en plenitud se haga sentir en el mundo. Toda
obra, palabra y pensamiento serán juzgados. Desde los grandes de la Tierra que
gobiernan a los pueblos, hasta los más pequeños serán pesados en mi balanza divina.
Mas no confundáis justicia con venganza, ni restitución con castigo, porque Yo
sólo permito que recojáis los frutos de vuestra siembra y los comáis para que
conozcáis por su sabor y su efecto si son buenos o nocivos, si sembrasteis bien o mal.
La inocente sangre derramada por la maldad humana, el luto y el llanto de viudas
y huérfanos, el paria que sufre miseria y hambre claman justicia; y mi justicia perfecta
y amorosa, pero inexorable, desciende sobretodos.
Mi justicia pasará sobre toda criatura y tocará a todo ser humano, como en aquel
tiempo el ángel del Señor pasó sobre Egipto dando cumplimiento a mi justicia,
salvándose de ella tan sólo los que habían señalado su puerta con la sangre del
cordero.
En Verdad os digo que en este tiempo será salvo todo aquel que vele y tenga fe en
la palabra y en las promesas del Salvador, el Cordero Divino que se inmoló para
enseñaros a orar y a cumplir con perfecto amor la misión de vuestra restitución,
porque mi sangre, como un manto de amor, lo protegerá; mas el que no velase, el que
no creyese o blasfemase, ése será tocado para que despierte de su letargo.
Cuando de lo más elevado de los hombres surja el grito de imploración hacia mí,
diciéndome: "Padre mío, salvador nuestro, venid a nosotros, que perecemos", mi
divina fuerza les hará sentir mi presencia, les manifestaré mi infinita piedad y una vez
más les probaré.
El camino rutinario de vuestra vida se verá azotado de pronto por recios
vendavales, pero luego brillará en el infinito la luz de una estrella cuyos destellos
darán la paz, la luz y la calma que el espíritu encarnado necesita para meditar en lo
eterno.

El efecto del juicio

Y cuando parezca que todo ha terminado para el hombre y que la muerte es la que
ha vencido o que el mal es el que ha triunfado, de las tinieblas surgirán los seres a la
luz; de la muerte resucitarán a la verdadera vida, y del abismo del mal se levantarán a
practicar la Ley eterna de Dios.
No todos conocerán el abismo porque así como unos han procurado permanecer
aislados de esa guerra de pasiones, de ambiciones, de odios y han vivido en las
afueras de la Nueva Sodoma, otros que si habían pecado mucho, sabrán detenerse a
tiempo, y con su arrepentimiento oportuno y su completa regeneración, evitarán
muchas lágrimas y mucho dolor.
"Ni piedra sobre piedra" de toda esa estructura moral y material de esta
humanidad quedará, porque para que aparezca en esta Tierra el "nuevo hombre", es
menester borrar toda mancha, destruir todo pecado y dejar tan sólo lo que contenga
buena simiente.
El esplendor de mi presencia y de mi justicia será contemplado en todo el Orbe y
ante esa luz caerán los ídolos, se olvidarán las tradiciones rutinarias y los ritos
estériles serán abandonados.
Una sola puerta quedará abierta para la salvación de los hombres: la de la
espiritualidad, el que quiera salvarse tendrá que dejar su orgullo, su falsa grandeza,
sus bajas pasiones, su egoísmo.
Muy amargo será el cáliz que en la gran batalla habrán de beber los hombres, sin
embargo, os digo: Bienaventurados los que beban de ese cáliz y una vez purificados
dejen la Tierra, porque cuando ellos vuelvan en otros cuerpos a este mundo, su
mensaje será de luz, de paz y sabiduría.
Todavía faltan los últimos combates con sus amarguras y los últimos torbellinos.
Falta aún que todas las fuerzas se agiten y los átomos se remuevan en un caos para
que, después de todo ello, venga un letargo, una fatiga, una tristeza y un hastío que
aparenten la muerte.
Y ésa será la hora en que se escuche en lo sublime de las conciencias el eco
vibrante de un clarín que, desde el Más Allá, os anuncie que el Reino de la Vida y de
la Paz se acerca entre los hombres de buena voluntad.
Y ante esa voz, los muertos resucitarán, derramando lágrimas de arrepentimiento
y a ellos recibirá el Padre como a los hijos pródigos cansados por la gran jornada y
fatigados por la gran lucha, para sellar sus espíritus con el ósculo de amor.
Desde ese día, el hombre abominará la guerra, arrojará de su corazón el odio y el
rencor, perseguirá al pecado y comenzará una vida de restauración y de
reconstrucción. Muchos se sentirán inspirados por una luz que antes no contemplaron
y se levantarán a crear un mundo de paz.
Será sólo el principio del tiempo de gracia, de la Era de paz.
La edad de piedra está distante ya. La era de la ciencia pasará y luego vendrá a
florecer entre los hombres la Era del Espíritu.
La fuente de la vida revelará grandes misterios, para que los hombres edifiquen
un mundo fuerte en la ciencia del bien, en la justicia, en el amor.

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