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La creación espiritual y material.




La creación de los seres espirituales

Antes de que los mundos fuesen, antes de que toda criatura y lo que es materia
surgiera a la vida, ya existía mi Espíritu Divino. Mas siendo el Todo, experimentaba
en mí un inmenso vacío, porque era como un Rey sin súbditos, como un maestro sin
discípulos, por ese motivo concebí la idea de crear seres semejantes a Mí, a quienes
dedicaría toda mi vida, a los que amaría tan profunda e intensamente que llegado el
momento, no titubearía para ofrecerles mi sangre en la cruz.
Y no os confundáis si os digo que antes de que existierais, ya os amaba. Sí hijos
muy amados.
Encontrábase el Espíritu Divino lleno de amor, a pesar de existir sólo Él. Nada
había sido creado, nada había en torno al Ser Divino y sin embargo amaba y se sentía
Padre.
¿A quién amaba? ¿De quién se sentía Padre? De todos los seres y de todas las
criaturas que habían de brotar de Él y cuya fuerza estaba latente en su Espíritu. En
aquel espíritu estaban todas las ciencias, todos los elementos, todas las naturalezas,
todos los principios. Él era la eternidad y el tiempo. En Él estaban el pasado, el
presente y el futuro, aun antes de surgir a la vida los mundos y los seres.
Aquella inspiración divina se hizo realidad bajo la fuerza infinita del amor divino, y
comenzó la vida.
Para que Dios pudiera nombrarse Padre, hizo brotar de su seno espíritus, criaturas
semejantes a Él en sus divinos atributos, éste fue vuestro principio, así surgisteis a la
vida espiritual.
La razón de haberos creado, fue el amor, el divino anhelo de compartir con alguien
mi poder, y la razón de haberos dotado de libre albedrío, fue también el amor, quise
sentirme amado por mis hijos, no por ley sino por un sentimiento espontáneo que
brotara libremente de su espíritu.
Cada espíritu brotó de un pensamiento puro de la Divinidad, por eso los espíritus
son obra perfecta del Creador.

El actuar de grandes Espíritus en la obra creativa

Elías es el gran espíritu que está a la diestra de Dios, que en su humildad se nombra
siervo del Padre y por su conducto, como por el conducto de otros grandes espíritus,
muevo el Universo espiritual y llevo a cabo grandes y altos designios. Sí, mis
discípulos, a mi servicio tengo multitudes de grandes espíritus que rigen la Creación.

Pensamientos providenciales de Dios

Escuchad discípulos: Antes de que surgiereis a la vida, Yo ya existía y en mi
Espíritu estaba latente el vuestro. Mas no quise que heredaseis mi Reino sin haber
hecho méritos; no quise que poseyeseis lo existente sin saber quién os había creado, ni
quise que os marchaseis sin rumbo, sin destino y sin ideal.
Por eso os di la conciencia, para que os sirviese de guía; os concedí el libre
albedrío para que vuestras obras tuvieran verdadero valor ante Mí. Os di espíritu, para
que él anhelara siempre elevarse hacia lo luminoso y puro. Os di el cuerpo para que
por medio del corazón tuvieseis sensibilidad para lo bueno y para lo bello, y para que
os sirviese de crisol, de prueba constante y también de instrumento para habitar en el
mundo material.

La creación de mundos materiales

Cuando el espacio se iluminó por vez primera con la presencia de los espíritus,
estos titubeantes y balbucientes como niños, no teniendo la elevación ni la fuerza para
sostenerse en las moradas de la alta espiritualidad, sintieron la necesidad de un
báculo, de un punto de apoyo para sentirse fuertes y les fue dada la materia y un
mundo material. Mas en su nuevo estado, fueron adquiriendo experiencia y
conocimientos.
El Universo se llenó de seres, y en todos se manifestó el amor, el poder y la
sabiduría del Padre. Como un manantial inagotable de vida fue el seno del Señor
desde aquel instante en que dispuso que los átomos se uniesen para formar cuerpos e
integrar seres.
Primero existió la vida espiritual; primero fueron los espíritus y después la
naturaleza material.
Como estaba dispuesto que muchas criaturas espirituales habrían de tomar forma
corpórea para habitar en mundos materiales, todo fue previamente preparado, a fin de
que los hijos del Señor encontrasen todo dispuesto.
Sembró de bendiciones el camino que habrían de recorrer sus hijos; inundó de
vida el Universo y llenó de bellezas la senda del hombre, en el que depositó un
destello divino: la conciencia y el espíritu, formando así de amor, de inteligencia, de
fuerza, de voluntad y de conciencia, mas a todo lo existente lo envolvió en su fuerza y
le señaló su destino.
Así, cuando el Padre formó al mundo y le dio como destino el de ser un valle de
expiación. Él ya sabía que sus hijos tendrían flaquezas y faltas en su camino, que sería
menester una morada para que diesen el primer paso hacia la regeneración y el
perfeccionamiento.

La creación del ser humano

Escuchad: Dios, el Ser Supremo, os creó "a su imagen y semejanza", no por la
forma material que tenéis, sino por las virtudes de que está dotado vuestro espíritu,
semejantes a las del Padre.
Cuan agradable a vuestra vanidad ha sido el crearos la imagen del Creador. Os
creéis las criaturas más evolucionadas hechas por Dios y estáis en grave error al
suponer que el Universo se hizo sólo para vosotros. ¡Con cuánta ignorancia os llamáis
a vosotros mismos los reyes de la creación!
Comprended que ni siquiera la Tierra está hecha solamente para los hombres. En
la escala interminable de la creación divina, existe un número infinito de espíritus que
van evolucionando en cumplimiento a la Ley de Dios.
Los fines que todo ello encierra y que como hombres, aunque quisiereis, no
podríais comprender, son grandes y perfectos como todos los propósitos de vuestro
Padre, mas en verdad os digo, que no sois vosotros ni las más grandes ni las más
pequeñas criaturas del Señor.
Fuisteis creados, y en ese instante vuestro espíritu tomó vida del Omnipotente,
llevando en sí tantos atributos, como os eran necesarios para cumplir una delicada
misión dentro de la Eternidad.
En el espíritu del hombre que es mi obra maestra, he puesto mi luz divina, lo he
cultivado con infinito amor, como el jardinero cultiva la planta mimada de su jardín.
Os he colocado en esta morada en donde nada os haga falta para vivir, para que me
conozcáis y os conozcáis a vosotros mismos. Os he dado potestad en el espíritu para
sentir la vida del Más Allá y en vuestra materia sentidos para que os recreéis y
perfeccionéis. Os he entregado este mundo para que en él comencéis a dar vuestros
primeros pasos, y en este camino de progreso y perfeccionamiento experimentéis la
perfección de mi Ley, para que a través de vuestra vida me vayáis reconociendo y
amando, y por vuestros méritos lleguéis a Mí.
Os he otorgado el don del libre albedrío y os he dotado de conciencia. El primero
para que os desarrolléis libremente dentro de mis leyes y la segunda, para que sepáis
distinguir el bien del mal, para que ella como juez perfecto os diga cuándo cumplís o
faltáis a mi Ley.
La conciencia es luz de mi Espíritu Divino que no se aparta en ningún momento
de vosotros.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, soy la paz y la bienandanza, la promesa
eterna de que estaréis conmigo y también el cumplimiento de todas mis palabras.

El recuerdo del Paraíso

Los primeros hombres, aquellos que fueron padres de la humanidad, conservaron
por un tiempo la impresión que su espíritu trajo del valle espiritual, impresión de
beatitud, de paz y delicia que estuvo en ellos mientras no surgieron en su vida las
pasiones de la materia y también la lucha por subsistir.
Mas debo deciros que el espíritu de aquellos hombres, con haber venido de una
mansión de luz, no fue de las moradas más altas, de aquellas a las que sólo por
méritos podréis llegar.
Sin embargo, el estado de inocencia, de paz, de bienestar y salud que aquellos
espíritus conservaron en sus primeros pasos, fue como un tiempo de luz, inolvidable,
cuyo testimonio transmitieron a sus hijos y ellos a sus descendientes.
La mente materializada de los hombres, confundiendo el verdadero sentido de
aquel testimonio, llegó a creer que el paraíso en que vivieron los primeros hombres,
fue un paraíso terrenal, sin comprender que fue un estado espiritual de aquellas
criaturas.

La conformación del ser humano

Espíritu y materia, son dos naturalezas distintas, de ellas está formado vuestro ser
y sobre ambas está la conciencia. La primera es hija le la luz, la segunda proviene de
la Tierra, es materia, ambas están unidas en un solo ser y luchan entre sí guiadas por
la conciencia, en la cual tenéis la presencia de Dios. Esa lucha hasta ahora ha sido
constante pero al final, espíritu y materia cumplirán en armonía la misión que a cada
una le señala mi Ley.
También podéis figuraros al espíritu como si fuera una planta y el cuerpo como la
tierra. El espíritu que ha sido plantado en la materia, crece, se eleva sustentándose con
las pruebas y enseñanzas que a través de su vida humana va recibiendo.

La unidad del Creador con la creación

El Espíritu de Dios, es como un árbol infinito en el que las ramas son los mundos
y las hojas los seres. Si una misma es la savia que pasa por el tronco a todas las ramas
y de éstas a las hojas, ¿No pensáis que hay algo de eterno y de santo que os une a
todos entre sí, y que os funde con el Creador?
Mi Espíritu, que es universal, existe en todo lo creado por Mí, ya sea en lo
espiritual o en la Naturaleza material; en todo está mi Obra, dando testimonio de mi
perfección en cada uno de sus planos.
Mi Obra divina todo lo abarca, desde los seres más grandes, y perfectos que
habitan a mi diestra, hasta el animalillo menos imperceptible, el vegetal o el mineral,
en el átomo o la célula, que forman todas las criaturas.
En esto os muestro una vez más, la perfección de todo lo creado por Mí, desde los
seres materiales, hasta los espíritus que ya han llegado a alcanzar la perfección. ¡Ésa
es mi Obra!
Quien se aparta de la Ley espiritual, que es Ley superior, cae bajo el dominio de
las leyes inferiores o materiales, de las que también poco saben los humanos. Mas
quien obedece y permanece en armonía con In Ley suprema, está por encima de (odas
las reglas que vosotros llamáis naturales y siente y comprende más que el que sólo
posee conocimientos que ha encontrado en la ciencia o en las religiones.
He ahí por qué Jesús os asombró con las obras que llamáis milagros, mas
reconoced las lecciones que os dio de amor. Comprended que nada hay sobrenatural
ni contradictorio en lo divino que vibra en toda la Creación.

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