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La naturaleza.




Las leyes de la naturaleza

Os he enseñado a ver a Dios como el todo, como la maravilla sin límite para
vuestra concepción mental, como la fuerza que origina el movimiento y la acción en
todo el Universo; como la vida que manifestándose está tanto en la planta sencilla,
como en aquellos mundos que giran por millones en el espacio, sin que ninguno de
ellos desobedezca la ley que los rige.
Esa Ley soy Yo, es vuestro Dios, es la Ley de continua evolución que está
maravillando al hombre, dándole amplios campos de investigación que le permiten ir
penetrando en los secretos de la Naturaleza.
Comprended que la Ley es el camino trazado por el amor del Supremo Hacedor,
para guiar a cada una de sus criaturas. Meditad sobre la vida que os rodea, compuesta
de elementos y organismos en número infinito, y llegaréis a descubrir que cada
cuerpo y cada ser, marchan por un camino o trayectoria guiados por una fuerza en
apariencia extraña y misteriosa. Esa fuerza es la Ley que Dios ha dictado para cada
una de sus criaturas.
Analizando estas enseñanzas concluiréis por reconocer que verdaderamente todo
vive, camina y crece bajo un mandato supremo.

La presencia de Dios en la naturaleza

Buscad mi presencia en las obras llevadas a cabo por Mí y a cada paso podréis
encontrarme; tratad de oírme, y me escucharéis en la voz potente que surge de todo lo
creado, porque no encuentro dificultad alguna en manifestarme a través de los seres
de la Creación.
Lo mismo me manifiesto en un astro, en furor de una tempestad, que en la dulce luz
de una aurora. Lo mismo hago oír mi voz en el melodioso trino de un ave, que lo
expreso por medio del aroma de las flores. Y cada expresión mía, cada frase, cada
obra os habla a todos de amor, de cumplimiento a las leyes de justicia, de sabiduría,
de eternidad en el espíritu.

La naturaleza es creación de Dios

Muchos han hecho de la Naturaleza su Dios, divinizándola como fuente creadora
de todo cuanto existe. Mas en verdad os digo que esta Naturaleza de cuyo seno han
brotado todos los seres, las fuerzas y los elementos materiales que os rodean, no es
creadora, ella fue concebida y formada antes por el Hacedor Divino. No es la causa ni
el por qué de la vida. Solamente Yo, vuestro Señor, soy el Principio y el Fin, el Alfa y
la Omega.
Todo lo que os rodea y os envuelve en esta vida, es una imagen de la vida eterna, es
una profunda lección explicada con formas y objetos materiales, para que pueda ser
comprendida.
Aún no habéis llegado al fondo de esa maravillosa lección, y ha vuelto el hombre a
equivocarse, porque ha tomado la vida que lleva en la tierra como si fuera la
eternidad. Se ha conformado con tomar de ella las formas, renunciando a todo lo que
encierra de revelación divina, lo que es esencia y verdad que se encuentra en toda la
creación.
No vengo a privaros de nada de lo que en esta Naturaleza he depositado para la
conservación, la salud, el sustento, el bienestar y el goce de mis hijos.
Por el contrario, os digo que así como ofrezco el pan del espíritu y os invito a
aspirar esencias divinas y a saturaros de efluvios espirituales, no desconozcáis ni os
alejéis de cuanto os brinda la Naturaleza, ya que así lograréis la armonía, la salud, la
energía, y por lo tanto, el buen cumplimiento a las leyes de la vida.
Al ser irracional lo guía el instinto, que es su voz interior, su maestro, su guía, es
como una luz que proviene de su madre la Naturaleza y que le ilumina la senda que
tiene que recorrer en su vida, senda también de luchas y de riesgos.
De ellos tomad la armonía con que cada especie vive. Imitad la actividad de los
que son activos. Tomad los ejemplos de fidelidad, o de gratitud, Son ejemplos que
encierran sabiduría divina, puesto que son criaturas mías, también brotadas de Mí,
para que os rodeen y acompañen en vuestro mundo, para que participen de lo que en
la Tierra he depositado.

El poder de los hijos de Dios sobre la naturaleza

Los elementos os obedecerán cuando cumpláis con mi Ley y me lo pidáis para
beneficio de vuestros hermanos.
¿No os he enseñado que hasta los elementos desatados pueden escuchar vuestra
oración y apaciguarse? Si ellos obedecen a mi voz, ¿Por qué no han de obedecer la
voz de los hijos del Señor cuando ellos se hayan preparado?
Yo he dado al espíritu potestad sobre la materia, para que triunfe de las pruebas y
llegue hasta el final del camino, mas la lucha será grande, porque desde que el hombre
formó en el mundo el único reino en que él cree, se rompió la armonía que debe
existir entre él y cuanto le rodea. Desde su trono orgulloso quisiera someter todo al
poder de su ciencia, e imponer su voluntad sobre los elementos y las fuerzas
naturales, mas no lo ha logrado porque hace tiempo que rompió sus lazos de amistad
con Lis leyes espirituales.
Ahora, cuando he dicho a este pueblo que los elementos pueden obedecerle, ha
habido quienes no lo han creído, y Yo os digo que tienen razón en dudar, porque la
Naturaleza jamás obedecerá a quienes la desconozcan, profanen o burlen. En cambio,
quien sepa vivir de acuerdo con las leyes del espíritu y de la materia, o sea, que viva
en armonía con cuanto le rodea, ése, a través de MI vida se identificará con su Creador,
haciéndose merecedor de que los elementos de la Naturaleza le sirvan y obedezcan,
como corresponde a todo hijo que sabe obedecer a su Padre, el Creador de cuanto
existe.
Yo no miento ni exagero cuando os digo que los elementos pueden escuchar
vuestra voz y obedeceros y respetaros.
La historia de Israel quedó escrita como un testimonio de mi verdad y en ella
podréis encontrar cómo una y cien veces el pueblo de Dios fue reconocido y
respetado por tus fuerzas y elementos de la Naturaleza, ¿Por qué vosotros no habíais
de serlo?
¿Acaso creéis que mi poder o mi amor por la humanidad, haya variado con el paso
de los tiempos? No, multitudes que escucháis esta palabra, la luz de mi Espíritu os
baña, mi poder y mi amor son eternos e inmutables.

Hombre y naturaleza

Mas debéis de tener cuidado, oh pueblos de la Tierra, porque si continuáis
haciendo uso de mis lecciones divinas para provocar a los elementos, si los pequeños
conocimientos que tenéis los seguís aplicando al mal, recibiréis cuando menos lo
esperéis, la respuesta dolorosa y justiciera. Provocáis al aire, al fuego, a la tierra, al
agua y a todas las fuerzas y ya sabéis cuál será vuestra cosecha si no rectificáis a
tiempo vuestras actividades, para lograr detener a los elementos desencadenados por
vuestra insensatez.
Os advierto que estáis llegando a colmar la medida que permite mi justicia a
vuestro libre albedrío, estáis provocando demasiado a la Naturaleza. Y como sois los
pequeños que se sienten grandes, viene esta palabra para advertiros del peligro en que
os encontráis.
Yo os dije que la hoja del árbol no se movía sin mi voluntad, y ahora os digo que
ningún elemento obedece a otra voluntad que no sea la mía.
También os digo que la naturaleza puede ser para los hombres lo que ellos
quieran. Una madre pródiga en bendiciones, en caricias y sustento, o un desierto árido
en donde reinen el hambre y la sed. Un maestro de sabias e infinitas revelaciones
sobre la vida, el bien, el amor y la eternidad, o un juez inexorable ante las
profanaciones, desobediencias y errores de los hombres.
Mi voz de Padre dijo a los primeros hombres, bendiciéndolos: "Fructificad y
multiplicad, y henchid la tierra, sojuzgadla y señoread en los peces de la mar, en las
aves del cielo y en todas las criaturas que se mueven sobre la tierra".
Sí, humanidad, Yo formé al hombre para que fuese señor y tuviese potestad en el
espacio, en las aguas, en toda la tierra y en los elementos de la creación. Mas he
dicho: "Señor", porque los hombres creyendo señorear con su ciencia la Tierra, son
esclavos; creyendo dominar las fuerzas de la naturaleza, se convierten en víctimas de
su impreparación, de su temeridad e ignorancia.
El poder y la ciencia humanos han invadido la Tierra, los mares y el espacio, pero
su poder y su fuerza no armonizan con el poder y la fuerza de la naturaleza, la que
como expresión del amor divino, es vida, es sabiduría, es armonía y es perfección. En
las obras humanas, en su ciencia y en su poder se manifiestan solamente el orgullo, el
egoísmo, la vanidad, la maldad.
¿Miráis el desequilibrio de los elementos de la Naturaleza y el trastorno que han
sufrido? ¿Os dais cuenta de cómo sois tocados por sus fuerzas desatadas? Es que
habéis roto la armonía que existe entre la vida espiritual y la material provocando con
ello ese caos en que os vais hundiendo, mas cuando la humanidad sea obediente a las
leyes que rigen la vida, todo volverá a ser paz, abundancia y felicidad.
¿Cómo van a ser perfectas vuestras obras en la Tierra, cuando os veo enemistados
con los elementos de la Naturaleza que son los mismos de los que tomáis vida?
Mi Doctrina no viene a prohibiros que utilicéis los elementos y fuerzas de la
Naturaleza, pero viene a ordenaros y a enseñaros a emplearlos para fines buenos.
Los elementos de la Naturaleza en vuestras manos, pueden convertirse, de amigos
y hermanos, en jueces que os castiguen severamente.
Ya era tiempo de que los hombres recogiesen el fruto de la experiencia para que
no provocaran más las fuerzas de los elementos, porque con toda su ciencia no serán
capaces de contenerlos.
El Árbol de la Ciencia se sacudirá ante la furia del huracán y dejará caer sus frutos
sobre la humanidad. Mas ¿Quiénes han desatado las cadenas de aquellos elementos, si
no los hombres?
Bien está que los primeros seres hayan conocido el dolor, a fin de despertar a la
realidad, de nacer a la luz de la conciencia y de ajustarse a una Ley; pero el hombre
evolucionado, consciente y desarrollado de este tiempo, ¿Por qué se atreve a profanar
el Árbol de la Vida?
A quienes piensen que Yo castigo a los hombres, desatando sobre ellos a los
elementos de la Naturaleza, les digo que cometen un grave error al pensar así, porque
la Naturaleza evoluciona y se transforma en sus cambios o transiciones se originan
trastornos que son los que os producen sufrimientos cuando no cumplís con la Ley, y
vosotros los atribuís a castigos divinos.
Ciertamente que en ello está mi justicia, mas si vosotros, seres privilegiados con la
chispa Divina que ilumina a vuestro espíritu, vivieseis en armonía con la Naturaleza
que os rodea, vuestro espíritu os mantendría elevados por sobre sus cambios, sobre la
fuerza de los elementos y no sufriríais.
¿Qué es la Naturaleza, si no una criatura grande? Sí, discípulos, una criatura que
también evoluciona, se purifica, se desarrolla y perfecciona, a fin de llegar a albergar
en su seno a los hombres del mañana.
¿Cuántas veces resentís sus transiciones naturales para alcanzar ese
perfeccionamiento y lo atribuís a castigos de Dios? Sin daros cuenta de que junto con
la Naturaleza y con la Creación, os purificáis, evolucionáis y camináis hacia el
perfeccionamiento.

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