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Culturas y ciencias.




Vanidad y orgullo del saber

Yo pregunto a los hombres de este tiempo, que se consideran los más adelantados
en toda la historia de este mundo. ¿No habéis encontrado con todo vuestro talento,
una forma de hacer la paz, de alcanzar el poder y de lograr la riqueza, que no sea
matando a vuestros semejantes, destruyendo o esclavizándolos? ¿Creéis que vuestro
adelanto sea verdadero y real, cuando moralmente os arrastráis por el cieno y
espiritualmente vagáis entre sombras? Yo no combato la ciencia, puesto que Yo
mismo la he inspirado al hombre; lo que censuro es el fin para el que a veces la
aplicáis.
¡Humanidad, hija de la luz, abrid vuestros ojos, ved que estáis viviendo la era del
Espíritu!
¿Por qué os habéis olvidado de Mí y habéis querido comparar vuestro poder con el
mío? Yo os digo que el día que un sabio con su ciencia forme un ser semejante a
vosotros y le dote de espíritu y le dé conciencia, Yo posaré mi cetro en su mano. Mas
vuestra cosecha, por ahora, será otra.
¿Por qué han existido y existen hombres que habiendo llegado a conocer la ciencia
humana con el uso de las facultades que el Creador les concedió, la usan para
combatir y desconocer la ciencia divina? Porque su vanidad no les permite penetrar
con humildad y respeto en el arcano del Señor y buscan su meta y su trono en este
mundo.
Ahora el hombre siente grandeza y enaltece su personalidad y se avergüenza de
proclamar a Dios, llamándole con otros nombres para no comprometer su soberbia,
para no bajar del pedestal de su posición. Por eso me llaman: Inteligencia cósmica,
arquitecto del Universo, pero Yo os he enseñado a decirme: ¡Padre nuestro! ¡Padre
mío! Como en el Segundo Tiempo os enseñé. ¿Por qué diciéndome Padre, los
hombres creen rebajarse o menguar su personalidad?
¡Hasta donde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien
todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo
ha podido vuestra ciencia negarme y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha
hecho?

En cada obra que vuestra ciencia descubre, está mi presencia; en cada obra se
manifiesta mi ley y se deja escuchar mi voz. ¿Cómo es que estos hombres no sienten,
ni ven, ni escuchan? ¿Por ventura es una prueba de adelanto y de civilización el negar
mi existencia, mi amor y mi justicia? No estáis entonces más adelantados que los
hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de
la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que
atribuyeron todo bien en todo lo existente, y por eso lo adoraron.
Vengo de nuevo a dar a los hombres mi palabra para que sepan que no están solos,
para que despierten ante la voz de su conciencia y sepan que después de esta vida
esperan al espíritu grandes maravillas divinas.
De ellas he hablado a los hombres y lo mismo lo comprueba el que sabe orar para
ponerse en contacto con lo espiritual, como lo testifica el que se profundiza en los
misterios de la Naturaleza, a través de la ciencia. Por esas dos sendas, tanto la mente
como el espíritu, mientras más busquen, más encontrarán.
Pero ¿Cuándo llegará el tiempo en que el hombre se inspire en el amor, para su
estudio y su investigación? Sólo cuando esto sea, su obra en el mundo será firme;
mientras el móvil de la ciencia, sea la ambición, el orgullo, el materialismo o el odio,
tendrán los hombres a cada paso el reclamo de los elementos desatados castigando su
insensatez.
¡Cuántos se han engrandecido en el mal, en el orgullo, en las vanidades! ¡Cuántos
se han ceñido coronas, siendo miserables y estando desnudos del espíritu! ¡Cuan
grande es el contraste entre lo que creéis como vuestra verdad y mi verdad!

Las consecuencias del razonamiento materialista

Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían sufrir
el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor
no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro no la que llega al
corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y
llena de amargura.
No os envanezcáis con los frutos de vuestra ciencia, porque ahora que tantos
adelantos habéis hecho en ella, es cuando más sufre la humanidad, cuando hay más
miseria, intranquilidad, enfermedades y guerras fratricidas.
El hombre no ha descubierto aún la verdadera ciencia, aquélla que se logra por el
camino del amor.
Mirad cómo la vanidad os ha cegado; cada nación quisiese tener a los sabios más
grandes de la Tierra. En verdad os digo que los científicos no han penetrado
profundamente en los arcanos del Señor. Puedo deciros que es todavía superficial el
conocimiento que de la vida tiene el hombre.
¿Qué es lo que más anheláis en la Tierra en estos instantes? La paz, la salud, la
verdad. De cierto os digo que estos dones no os los dará vuestra ciencia tal como la
habéis tomado.
Los sabios interrogan a la Naturaleza y ella a cada pregunta les responde, mas
detrás de aquellas interrogaciones no siempre hay buenos fines, buenos sentimientos
ni caridad. Son los hombres los pequeños y necios que arrancan a la madre sus
secretos y profanan su intimidad, no con el fin de honrarla tomando de sus fuentes los
elementos para hacer el bien de los unos a los otros, como verdaderos hermanos, sino
con fines egoístas y a veces perversos.
Toda la Creación les habla de mí y su voz es de amor, mas ¡Cuan pocos han
sabido escuchar y comprender ese lenguaje!
Si consideráis que la Creación es un templo donde Yo habito, ¿No teméis que
Jesús se presente ahí empuñando el látigo y arroje a los mercaderes y a los que la
profanen?
Le revelé al hombre el don de la ciencia que es luz, y el hombre con ella ha creado
tinieblas y ha causado dolor y destrucción.
Juzgan los hombres encontrarse en la cúspide del progreso humano, a lo cual Yo
les pregunto: ¿Tenéis paz en la Tierra? ¿Existe fraternidad entre los hombres, moral y
virtud en los hogares? ¿Respetáis la vida de vuestros semejantes? ¿Tenéis
consideración del débil? De cierto os digo que si estas virtudes existieran en vosotros,
poseeríais los valores más elevados de la vida humana.
Existe confusión entre la humanidad, porque a quienes os han llevado al abismo,
los habéis elevado sobre pedestales; por eso no preguntéis porqué he venido entre los
hombres, ni juzguéis el porqué me estoy comunicando por conducto de pecadores e
ignorantes porque no todo lo que juzgáis imperfecto, lo es.
El sabio busca la causa de todo cuanto es y acontece, y espera demostrar con su
ciencia que no existe ningún principio ni verdad fuera de la Naturaleza. Mas Yo les
contemplo pequeños, débiles e ignorantes.

Los hombres de ciencia, llenos de vanidad, han llegado a considerar a las
revelaciones divinas como indignas de su atención. No quieren elevarse
espiritualmente hasta Dios y cuando no alcanzan a comprender algo de lo que les
rodea, lo niegan para no tener que confesar su incapacidad y su ignorancia. Muchos
de ellos no quieren creer más que en lo que llegan a comprobar.
¿Qué consuelo podrán llevar estos hombres al corazón de sus semejantes, cuando
no reconocen el principio del amor, que es lo que rige a la Creación y además,
ignoran el sentido espiritual de la vida?
¡Cuánto se ha alejado de mis enseñanzas esta humanidad! Todo en ella es
superficial, falso, exterior, ostentoso. Por eso su poder espiritual es nulo y para suplir
la falta de fuerza y desarrollo en su espíritu, se ha entregado en brazos de la ciencia,
desarrollando la inteligencia.
Así, por medio de la ciencia, el hombre ha llegado a sentirse fuerte, grande y
poderoso, mas Yo os digo que esa fuerza y esa grandeza, son insignificantes junto al
poder del espíritu, al que no habéis dejado crecer ni manifestarse.
Hoy estáis comiendo día tras día los frutos amargos del árbol de la ciencia, tan
imperfectamente cultivado por los hombres, porque no habéis procurado el desarrollo
armonioso de todas vuestras facultades; entonces, ¿Cómo podréis encauzar por la
senda del bien, vuestros descubrimientos y vuestras obras, si sólo habéis desarrollado
la inteligencia, pero habéis dejado en el abandono al espíritu y al corazón?
Ahí tenéis a los hombres, asemejándose a las fieras, dejando en libertad absoluta
sus pasiones, sintiendo odio hacia sus semejantes, sintiendo sed de sangre,
ambicionando convertir a los pueblos hermanos en esclavos.
Si alguien creyera que mi Doctrina puede inducir a la derrota moral del hombre,
en verdad os digo, que estáis en gran error, y para demostrarlo a los escépticos, a los
materialistas y a los soberbios de este tiempo, voy a concederles que recojan el fruto
de su ciencia y que lo coman hasta saciarse, hasta que surja la confesión de su
espíritu, diciéndome: "¡Padre, perdonadnos, sólo vuestro poder logrará detener las
fuerzas que en nuestra insensatez hemos desatado!".
La ciencia humana ha llegado al límite a que puede el hombre llevarla en su
materialismo, porque la ciencia, inspirada en el ideal espiritual del amor, del bien y
del perfeccionamiento, puede ir mucho más allá de donde la habéis llevado.
La prueba de que vuestro adelanto científico no ha tenido por móvil el amor de los
unos a los otros, es la degeneración moral de los pueblos, es la guerra fratricida, es el
hambre y la miseria que reinan por doquiera, es la ignorancia de lo espiritual.
¿Qué queréis que os diga de vuestros sabios de ahora, de los que provocan a la
Naturaleza y desafían a las fuerzas y a los elementos haciendo aparecer lo bueno
como si fuese malo? Gran dolor tendrá por cortar y comer un fruto verde del árbol de
la ciencia, un fruto que sólo con amor podría haber madurado.
Si la humanidad no está en armonía con la ley universal que rige toda la creación,
vendrá un descontrol que se manifestará en la fuerza de los elementos.
El hombre ha disgregado los átomos, su cerebro evolucionado aprovecha ese
descubrimiento para obtener fuerzas mayores y ocasionar la muerte.

Si el hombre hubiera evolucionado espiritualmente a la par de su ciencia y de su
intelecto, hubiera aprovechado el descubrimiento de elementos nuevos en beneficio
de la humanidad. Mas su atraso espiritual es grande por ello su mente egoísta ha
encauzado su fuerza creador en perjuicio de la humanidad, usando elementos de
destrucción, apartándose de los principios de amor y caridad de Jesús. Por ello cuando
miréis que caiga del cielo la lluvia de fuego, no será porque el cielo en sí se abra o el
fuego del sol os torture, no, es la obra del hombre la que sembrará muerte y
destrucción.
Avanzan los pueblos creciendo cada vez más en conocimientos científicos, mas
Yo os pregunto: ¿Qué sabiduría es esa, que mientras más penetran en ella los
hombres, más se alejan de la verdad espiritual, en donde existe la fuente y el origen de
la vida?
Es ciencia humana, es la sabiduría según la concibe un mundo enfermo de
egoísmo y de materialismo.
Entonces ese saber es falso y es mala esa ciencia puesto que con ella habéis
creado un mundo de dolor. En vez de luz, es tiniebla puesto que vais empujando a los
pueblos a la destrucción.
La ciencia es luz, la luz es vida, es fuerza, salud y paz, ¿Es esto el fruto de vuestra
ciencia? No, humanidad, por eso os digo, que mientras no dejéis que la luz de la
conciencia atraviese las tinieblas de vuestro entendimiento, vuestras obras nunca
podrán tener un principio elevado o espiritual, nunca pasarán de ser obras humanas.
También serán llamados los médicos. A ellos les preguntaré que han hecho del
secreto de la salud que Yo les revelé y del bálsamo que les confié; les preguntaré si en
verdad han sentido el dolor ajeno, si han sabido descender hasta el más humilde lecho
para sanar con amor al que sufre. ¿Qué me responderán los que han alcanzado
grandeza, comodidad y lujo con el dolor de sus semejantes, dolor que no siempre
supieron calmar? Todos se harán preguntas en su corazón y ante la luz de su
conciencia me tendrán que responder.
Cuántos muertos del espíritu tienen que vagar por el mundo, en espera de que la
muerte corporal los conduzca a mi presencia, para escuchar la voz del Señor que les
levanta a la vida verdadera y les acaricia. ¿Qué anhelo de regeneración podrían haber
alimentado en la Tierra si se consideraban irremisiblemente perdidos para siempre, a
pesar de sentirse capaces de un verdadero arrepentimiento y de restituir sus faltas?
Y si los desahuciados del espíritu han llegado a Mí sin esperanza, también los del
cuerpo sentenciados a muerte por los hombres de ciencia han llegado a mi presencia;
Yo, que poseo la vida, les he arrancado de las garras de la muerte material; ¿Mas qué
hacen en el mundo aquéllos a quienes he confiado la salud del espíritu así como la del
cuerpo? ¿Es que ignoran el alto destino que el Señor les ha confiado para su
cumplimiento? Yo que soy quien les ha enviado con un mensaje de salud y de vida,
¿He de tener que recibir incesantemente a sus víctimas?

La inspiración a científicos por Dios

Si los hombres de ciencia que mueven y transforman vuestro mundo, estuviesen
inspirados en el amor y en el bien, ya habrían descubierto cuánto tengo reservado de
luz a la ciencia para este tiempo y no esa mínima parte con la que tanto se han
envanecido.
Salomón fue llamado sabio, porque sus juicios, consejos y sentencias estaban
revestidos de sabiduría, y su fama cruzó las fronteras de su reino llegando a otros
países.
Mas ese varón siendo rey, se postraba humilde ante su Señor pidiendo sabiduría,
poder y protección, reconociendo que sólo era mi siervo y ante Mí depositaba su cetro
y su corona. Si así hiciesen todos los sabios, todos los científicos ¡cuan grande sería
su sabiduría, cuántas enseñanzas aún desconocidas, les revelaría mi Arcano!
Interrogad a vuestros sabios y si son sinceros os dirán que le han pedido
inspiración a Dios. Y Yo les daría más inspiración, si me la pidieran con más amor
para sus hermanos y con menos vanidad para sí mismos.
De cierto os digo que todo lo que habéis acumulado de conocimientos verdaderos,
vienen de Mí, todo aquello que tienen de puro y elevado lo voy a usar en este tiempo
para vuestro provecho, porque para eso os lo he concedido.
El espíritu de los hombres ha evolucionado, por eso es que ha progresado su
ciencia; le he permitido que conozca y descubra lo que ayer ignoraba, pero no debe
dedicarse solamente a las labores materiales, le he concedido esa luz para que labre su
paz y felicidad en la vida espiritual que le espera.
Si habéis empleado algunas de vuestras ciencias para analizarme y juzgarme, ¿No
os parece más razonable que deberíais usarlas para analizaros a vosotros mismos,
hasta conocer vuestra esencia y destruir vuestro materialismo? ¿Por ventura creéis que
vuestro Padre no pueda ayudaros por el camino de vuestras buenas ciencias? En
verdad os digo, que si supieseis sentir la esencia del amor divino, el saber llegaría
fácilmente a vuestro entendimiento sin que tuvieseis que cansar vuestro cerebro, ni
agotaros con el estudio de los conocimientos que creéis profundos y que
verdaderamente están a vuestro alcance.

En las grandes obras humanas está la influencia y la labor de seres espirituales
elevados que trabajan y vibran continuamente en los entendimientos, inspirando o
revelando lo desconocido a sus hermanos encarnados.
Por eso en todo tiempo diré a los sabios y a los científicos: No podéis jactaros de
lo que comprendéis ni de lo que hacéis, porque no todo es obra vuestra. ¡Cuántas
veces sólo servís de instrumento a aquellos espíritus de quienes os hablo! ¿No os
habéis sorprendido muchas veces del alcance de vuestros descubrimientos? ¿No os
habéis confesado interiormente impotentes e incapaces de intentar lo que ya habéis
realizado? Pues ahí tenéis la contestación. Entonces, ¿Por qué os engrandecéis? Sabed
que vuestra labor es guiada por seres superiores. Nunca tratéis de modificar sus
inspiraciones, porque ellas siempre van encaminadas al bien.
¿Por qué si la humanidad ha presenciado el desarrollo de la ciencia y ha visto
descubrimientos que antes no hubiere creído, se resiste a creer en la evolución del
espíritu? ¿Por qué se obstina en lo que estaciona y aletarga?
Mi Doctrina y mis revelaciones de este tiempo, están de acuerdo con vuestra
evolución. No se envanezca el científico de su obra material y de su ciencia, porque
en ella ha estado siempre presente mi revelación y la ayuda de los seres espirituales
que desde el más allá os inspiran.
El hombre es parte de la Creación, tiene una misión que cumplir, como la tienen
todas las criaturas del Creador, pero a él se le ha dado una naturaleza espiritual, una
inteligencia y una voluntad propia para que alcance por su esfuerzo, el desarrollo y
perfeccionamiento del espíritu, que es lo más elevado que posee. Por medio del
espíritu el hombre puede concebir a su Creador, comprender sus beneficios, así como
admirar su sabiduría.
Si en vez de envaneceros con vuestros conocimientos terrestres, os identificaseis
con toda mi Obra, no existirían misterios para vosotros, os reconoceríais como
hermanos y os amaríais los unos a los otros como Yo os amo: habría en vosotros
bondad, caridad, amor, y por lo tanto unión con el Padre.

Reconocimiento de científicos que obran en bien

La ciencia humana, es la expresión materializada de la capacidad espiritual que el
hombre ha alcanzado en este tiempo. La obra de los hombres en esta era, no es tan
sólo producto de la mente, sino de su evolución espiritual.
La ciencia material os ha revelado muchos misterios, sin embargo, nunca esperéis
que sea vuestra ciencia la que os revele cuanto tenéis que saber. La ciencia de los
hombres de estos tiempos, también tuvo sus profetas de los cuales la humanidad se
mofó y juzgó extraviados de la mente, mas después al comprobar el cumplimiento de
lo que ellos predijeron, os habéis maravillado.
No quisieron vuestros ojos contemplar la luz que como mensaje de amor os
trajeron cada uno de mis enviados, así les llaméis profetas, videntes, iluminados,
doctores, filósofos, científicos o pastores.
Esos hombres han brillado y no habéis querido ver su luz, han ido delante de
vosotros y no habéis querido seguir sus pasos; os dejaron el ejemplo del camino del
sacrificio, del dolor, de la caridad y tuvisteis miedo de imitarles, sin saber que el dolor
de los que me siguen es alegría del espíritu, es camino de flores y horizonte lleno de
promesas.
Ellos no vinieron a aspirar el aroma de las flores de la Tierra, ni a embriagarse en
los placeres fugaces del mundo, porque la aspiración de su espíritu ya no era hacia lo
impuro, sino hacia lo elevado.
Sufrieron, pero no buscaron ser consolados, porque sabían que habían venido para
consolar. No esperaban nada del mundo, porque estaban esperando para después de la
lucha, la alegría de contemplar la resurrección a la fe y a la vida de los espíritus, de
todos aquéllos que habían muerto a la verdad.
¿Quiénes son estos seres de los que os hablo? Os digo que se trata de todos
aquellos que os han traído mensajes de luz, de amor, de esperanza, de salud, de fe, de
salvación. No importa el nombre que hayan tenido, ni el camino por donde les hayáis
visto aparecer, ni el título que en la Tierra hayan ostentado.
Yo no desconozco a los hombres de ciencia, puesto que la misión que
desempeñan se las he dado Yo, pero muchos de ellos han faltado a la oración, a la
caridad y a la elevación de espíritu para ser los verdaderos doctores de la humanidad.
Los hombres de ahora han extendido sus dominios, señorean y cruzan toda la
tierra; ya no hay continentes, tierras, ni mares ignorados; han trazado caminos por
tierra, por mar, por aire, y no conformes con lo que en su planeta poseen como
heredad, sondean y escrutan el firmamento en busca de mayores dominios.
Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su
ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi justicia, es la
vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones o la finalidad egoísta que en
ocasiones persiguen.
He dotado al hombre de inteligencia que le permite escudriñar la composición de
la naturaleza y sus manifestaciones y le he permitido contemplar parte del Universo y
sentir las manifestaciones de la vida espiritual.
Porque mi Doctrina no estanca a los espíritus ni detiene la evolución del hombre,
por el contrario, lo liberta y lo ilumina para que analice, razone, investigue y trabaje,
mas lo que el hombre cree como lo más alto de su investigación intelectual, es apenas
el principio.

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