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Religión y jurisprudencia en la tierra.




Ninguna religión o confesión es la autentica

Yo no vengo a despertar fanatismo religioso entre los hombres; mi Doctrina está
muy lejos de enseñar falsedades; Yo quiero enmienda, fe, caridad, espiritualidad. El
fanatismo es venda de oscuridad, es pasión insana, es tiniebla; velad para que esa
mala simiente no penetre en vuestro corazón, mirad que a veces el fanatismo tiene la
apariencia del amor.
Comprended que esas tinieblas han invadido en estos tiempos a la humanidad. Ved
como a pesar de que los pueblos paganos han desaparecido de la Tierra y de que la
mayor parte de la humanidad profesa un culto al Dios verdadero, los hombres no me
conocen ni me aman, porque sus guerras, sus odios y su falta de armonía son la
prueba de que no me dejan aún vivir en su corazón.
Sobre las tinieblas de ese fanatismo religioso y de esa idolatría, se aproximan
grandes torbellinos que habrán de depurar el culto espiritual de esta humanidad.
Cuando esa obra haya sido realizada, brillará en el infinito el iris de la paz.
He dejado que en la tierra existan religiones, que son para el espíritu caminos que
conducen a Dios. Toda religión que enseñe el bien y el amor y enaltezca la caridad, es
buena, porque encierra luz de verdad. Cuando dentro de ellas los hombres degeneran
y convierten en malo lo que en un principio era bueno, entonces el camino se pierde
entre el materialismo y el pecado.
Por eso vengo en este tiempo a mostraros nuevamente mi venida, que es camino,
esencia y ley, para que esta ley que es faro y estrella, la busquéis más allá de las
formas y de los ritos, más allá de todo lo humano. El que así me busque será
espiritualista.
Ninguno se perderá, unos llegarán primero por el camino que os he señalado y
otros llegarán más tarde por los caminos que ellos siguen.
En todas las religiones podrá el hombre tomar aquella enseñanza que le es
necesaria para hacerse bueno; mas cuando no lo logra, entonces culpa a la religión
que profesa y sigue siendo el que siempre ha sido.
Cada religión es un camino, unas más perfectas que otras, pero todas tienden al
bien y procuran llegar al Padre; si algo de las religiones que conocéis no os satisface,
no perdáis en Mí la fe; id por el camino de la candad y os salvaréis, porque mi camino
está iluminado por la virtud del amor.

Las religiones son pequeñas verdades que conducen a los espíritus al camino
verdadero por el cual podrán ascender paso a paso hasta llegar a Mí. Mientras los
hombres profesan distintas religiones en la Tierra, están divididos, mas cuando estén
en el camino de amor y verdad, se habrán unido, se habrán identificado con esa luz
única, porque una sola es la Verdad.
La unificación de las religiones será, cuando el espíritu de la humanidad se eleve
por encima de materialismos, tradiciones, prejuicios y fanatismos; entonces se habrán
unido los hombres espiritualmente en un solo culto: El bien por amor a Dios y al
prójimo. Cuando así sea, penetrará la humanidad en un período de perfeccionamiento.
La división espiritual de los hombres se debe a que unos tomaron una rama y
otros, otra. Un solo árbol es el que existe, en cambio, sus ramas son muchas; pero los
hombres no han querido entender así mis enseñanzas, y las discusiones los distancian
y ahondan sus diferencias. Cada uno cree poseer la verdad; cada quien se siente en lo
justo; mas Yo os digo, que mientras sólo probéis el fruto de una sola rama y
desconozcáis el de las demás, no llegaréis a reconocer que todos los frutos provienen
del árbol divino, cuyo conjunto forma la verdad absoluta.
Al hablaros de estas verdades, no penséis que el Maestro se refiere a los cultos
externos de las diferentes religiones, sino al principio fundamental en que cada una de
ellas descansa.
Ha comenzado a sentirse un fuerte viento de tempestad; sus ráfagas, al azotar el
árbol, hacen desprenderse sus diferentes frutos, los cuales llegarán a ser probados por
quienes no les habían conocido antes.
Entonces dirán: ¡Cuan equivocados y ciegos habíamos estado, cuando llevados de
nuestro fanatismo, rechazábamos cuantos frutos nos ofrecían nuestros hermanos, sólo
por considerarlos desconocidos!
Una parte de mi luz está en cada multitud, en cada congregación. Nadie se ufane
por lo tanto de poseer toda la verdad. Entended que si queréis penetrar más al fondo
de lo eterno, que si queréis ir más allá de donde habéis llegado, si queréis saber más
de Mí y de vosotros, antes debéis unir los conocimientos del uno con los del otro y así
con todos. Entonces, de esa armonía brotará una luz clara y purísima, que es la que
habéis buscado en el mundo sin haberla llegado a encontrar.
"Amaos los unos a los otros", he ahí mi máxima, mi mandamiento supremo para
los hombres, sin distinción de credos o de religión.
Acercaos unos a otros por medio del cumplimiento de esa máxima y me
encontraréis presente en cada uno de vosotros.

El antagonismo de las religiones

Al hombre le ha preocupado más su vida humana, que su vida espiritual, aun
sabiendo muchas veces que lo humano es pasajero y lo espiritual eterno. Ésa es la
causa por la que habiendo adelantado en su civilización y en su ciencia,
espiritualmente se encuentra estacionado y adormecido en sus religiones.
Observad una a una las religiones y veréis que ninguna está dando pruebas de
evolución, de desarrollo o perfeccionamiento, cada una es proclamada como la suma
verdad, y quienes la profesan, creyendo encontrar y conocer todo en ella, no se
esfuerzan en dar un paso hacia adelante.
Las revelaciones divinas, la Ley de Dios, mi Doctrina y mis manifestaciones os
han dado a entender desde el principio que el hombre es un ser sujeto a evolución,
¿Por qué entonces ninguna de vuestras religiones justifica o prueba esta verdad?
Yo os digo que aquella doctrina que despierte al espíritu, que haga luz en él, que
lo desarrolle y le revele lo que él encierra, que lo levante cada vez que tropiece y lo
haga caminar hacia adelante, sin detenerse, esa doctrina está inspirada en la verdad. Y
¿No es eso lo que mi enseñanza os ha revelado en todos los tiempos?
Sin embargo, espiritualmente os habéis detenido ha mucho tiempo, porque os ha
preocupado más lo que toca a vuestra vida en la Tierra, que lo que corresponde a
vuestro espíritu; mas para no abandonar completamente lo espiritual, habéis hecho de
tal manera vuestras religiones, que ellas no os estorben en lo más mínimo para el
desempeño de vuestras faenas, deberes y trabajos en la Tierra.
Ya cumpliendo con aquella tradición religiosa, os imagináis estar cumpliendo para
con Dios, tratáis de tranquilizaros ante la conciencia y creéis estar asegurando vuestra
entrada en la Gloria.
¡Cuánta ignorancia, humanidad! ¿Hasta cuándo vais a despertar a la realidad? ¿No
os dais cuenta que al cumplir con vuestras religiones nada me dais a Mí y tampoco
nada le proporcionáis a vuestro espíritu?
Cuando salís de vuestros templos y decís: "Ya cumplí para con Dios", habéis
incurrido en un gran error, porque creéis haber venido a darme algo a Mí, cuando
debierais saber que nada tenéis que darme y sí mucho que recibir de Mí y mucho que
proporcionaros a vosotros mismos.
Creéis que el cumplimiento de la Ley se reduce a asistir a aquellos lugares, y ése
es otro grave error, porque esos lugares deberían ser la escuela donde el discípulo
fuera aprendiendo para después, ya en la senda de la vida, pusiera en práctica la
lección aprendida, que es el verdadero cumplimiento de la Ley.

La relación entre religión y ciencia

Desde el principio de los tiempos, los emisarios de la Ley y la Doctrina del
espíritu, han encontrado como adversario al hombre de ciencia. Y entre unos y otros
se han entablado grandes luchas; y ha llegado el tiempo en que os diga algo sobre
estas controversias.
Yo hice este mundo para que sirviese de morada pasajera a espíritus encarnados,
pero antes de que ellos viniesen a poblarlo, los preparé con los dones de la conciencia,
del entendimiento y de la voluntad.
Y Yo, de antemano sabía el destino y la evolución de mis criaturas, deposité en la
Tierra, en sus entrañas, en su superficie y en su atmósfera, todos los elementos
necesarios para la conservación, para el sustento, el desarrollo y aún el recreo del ser
humano. Mas para que el hombre pudiera descubrir los secretos de la Naturaleza cual
fuente de vida, Yo permití que su inteligencia despertara.
Y así le fue revelado al hombre el principio de las ciencias, cuyo don todos
poseéis, aunque han existido siempre hombres de mayor capacidad, cuya misión ha
sido la de arrancar a la Naturaleza el secreto de sus fuerzas y elementos para bienestar
y regocijo de la humanidad
También he enviado grandes espíritus a la Tierra para que os revelasen la vida
sobrenatural, aquélla que se encuentra sobre esta Naturaleza, más allá de la ciencia. Y
por medio de esas revelaciones ha sido presentida la existencia de un ser universal
poderosos, creador, omnipotente y omnipresente, quien reserva una existencia al
hombre después de su muerte; la vida eterna del espíritu.
Mas trayendo unos misiones espirituales y otros misiones científicas, se han
levantado en pugna unos contra otros en todos los tiempos, siempre como enemigos,
las religiones y la ciencia.
Hoy os digo que materia y espíritu no son fuerzas opuestas, entre ambas debe
existir armonía. Luz son mis revelaciones espirituales y luz son también las
revelaciones y descubrimientos de la ciencia. Mas si habéis oído de Mí, que mucho
censuro la obra de los científicos, es porque muchos de ellos, han tomado de la
Naturaleza, su energía, sus elementos y fuerzas antes desconocidas, para fines
perversos de destrucción, de odios y venganzas, de dominio terrestre y desmedida
ambición.
Os debo decir que, en aquéllos que han desempeñado con amor y buenos fines su
misión, en aquéllos que respetuosa y humildemente han penetrado en mis arcanos, me
he complacido revelándoles grandes misterios en beneficio de mi hija la humanidad.
La ciencia, desde el principio del mundo, ha hecho caminar a la humanidad por el
sendero del progreso material, en cuyo camino y a cada paso el hombre ha ido
encontrando los frutos de la ciencia, dulces unos amargos otros.
Éste es el tiempo en que debéis comprender que toda luz pertenece a mi Espíritu,
todo lo que sea vida es de mi Divinidad, porque Yo soy el arcano, la fuente y el
principio de toda la creación.
Esas pugnas de lo espiritual contra lo científico, desaparecerán de los hombres,
hasta el grado de unir la espiritualidad a la ciencia en una sola luz que ilumine el
sendero del hombre hasta lo infinito.

Dureza e injusticia de la justicia terrena

Vengo a nulificar vuestras leyes erróneas para que sólo os gobiernen las que sean
formadas por mis preceptos y estén conforme a mi sabiduría. Mis leyes son de amor,
y al proceder de mi Divinidad, son inalterables y eternas, mientras que las vuestras
son pasajeras y a veces crueles y egoístas.
La Ley del Padre es de amor, de bondad, es como un bálsamo que da consuelo y
fortaleza al pecador, para que pueda soportar la restitución de sus faltas. La Ley de
amor del Padre, ofrece siempre la ocasión generosa al que delinque, de regenerarse,
mientras vuestras leyes por el contrario, humillan y castigan al que se ha equivocado y
muchas veces al inocente, al débil.
En vuestra justicia hay dureza, venganza y falta de piedad. La Ley de Cristo es de
dulce persuasión, de infinita justicia y de suprema rectitud. Vosotros mismos sois
vuestros jueces, en cambio Yo soy vuestro defensor incansable; pero es necesario que
sepáis que existen dos maneras de pagar vuestros agravios: una con el amor y otra con
el dolor.
Escoged vosotros, aún gozáis del don del libre albedrío.
Yo soy el divino juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta. Cuántos
de los que se acusan delante de Mí, Yo les encuentro limpios. En cambio, cuántos
pregonan limpidez y ¡os encuentro perversos y culpables.
¡Qué injusta es la justicia humana! ¿Cuántas víctimas de los malos jueces expían
faltas ajenas! ¡Cuántos inocentes han visto cerrarse las rejas de la prisión delante de
sus ojos, mientras el culpable camina libre llevando invisiblemente su fardo de hurtos
y de crimen!
Porque la justicia humana es imperfecta, vuestros presidios están llenos de
víctimas y los patíbulos se han manchado con sangre de inocentes. ¡A cuántos
criminales veo gozar de libertad y de respeto en el mundo y a cuántos perversos
habéis levantado monumentos para venerar su memoria.
¡Si pudieseis contemplar a esos seres cuando ya habitando en el valle espiritual se
ha hecho la luz en su espíritu! En vez de insensatos e inútiles homenajes, les
enviaríais una oración para consolarles en su remordimiento.

La justicia prepotente del hombre

Que sea el amor el que os guíe, a fin de que lleguéis a convertiros en verdaderos
mensajeros del Divino Consolador. Porque vosotros, los que no habéis rodado a un
abismo, siempre estáis culpando, estáis juzgando con ligereza, condenáis sin la menor
piedad a vuestros semejantes y esa no es mi Doctrina.
Si antes de juzgar, hicieseis un estudio de vosotros mismos y de vuestros defectos,
os aseguro que vuestro juicio sería más piadoso. Consideráis malos a los que están en
las cárceles y tenéis por desdichados a quienes se encuentran en los hospitales. Os
apartáis de ellos, sin daros cuenta de que son dignos de entrar en el Reino de mi amor;
no queréis pensar que también ellos tienen derecho a recibir los rayos del sol, que fue
hecho para dar vida y calor a todas las criaturas, sin excepción alguna.
Estos seres recluidos en lugares de expiación, muchos son espejos en los que la
humanidad no se quiere mirar, porque sabe que la imagen que aquel espejo les
devuelve, será en muchas ocasiones el de la acusación.

La justicia terrena como mal necesario

Aún la justicia establecida en la Tierra, no presenta actos justos. Yo puedo
contemplar la falta de caridad, la incomprensión, la dureza de los corazones. Mas
cada uno tendrá el juicio perfecto.
Yo he permitido estas pruebas y mientras la humanidad no cumpla mis leyes,
mientras se aleje del cumplimiento de sus preceptos, tendrá en la Tierra quien
subyugue su corazón, quien lo lastime.
Si vosotros cumplieseis, no habría menester de jueces en el mundo, no "habría
castigo, no necesitaríais gobiernos. Cada uno sabría gobernar sus propios actos y
todos serían gobernados por Mí, todos estaríais inspirados en mis leyes y vuestros
actos serían siempre benéficos, tenderían a la espiritualidad y al amor.
Pero he ahí que la humanidad ha caído en grandes abismos: la inmoralidad, el
vicio; el pecado se ha enseñoreado del corazón de los hombres y he allí las
consecuencias. Tenéis que apurar cálices amargos, que soportar la humillación de los
hombres, que, siendo vuestros hermanos, tienen potestad en la Tierra.
Mas sed humildes, soportad con paciencia los juicios, pensad que soy el juez
perfecto.

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