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Cristianismo, Iglesias y Cultos.




El desarrollo del Cristianismo

Después de mi partida en el Segundo Tiempo, mis apóstoles continuaron mi obra, y
los que siguieron a mis apóstoles, continuaron la labor de ellos. Eran los nuevos
labriegos, los cultivadores de aquella campiña preparada por el Señor, fecundada con
su sangre, sus lágrimas y su palabra, cultivada con el trabajo de los doce primeros y
también por los que les siguieron; mas de tiempo en tiempo y de generación en
generación, los hombres fueron mistificando o falseando mi obra y mi doctrina.
¿Quién le dijo al hombre que él podía hacer mi imagen? ¿Quién le dijo que me
representara pendiente de la cruz? ¿Quién le dijo que podía hacer la imagen de María,
la forma de los ángeles o el rostro del Padre? ¡Ah hombres de poca fe! Que para poder
palpar mi presencia, habéis tenido que materializar lo espiritual.
La imagen del Padre fue Jesús; la imagen del Maestro, sus discípulos. Yo dije en el
Segundo Tiempo: "Quién conoce al Hijo, conoce al Padre". Esto quiere decir que
Cristo, que hablaba en Jesús, era el propio Padre. Sólo el Padre podía hacer su propia
imagen.
Después de muerto en cuanto hombre, me manifesté con vida ante mis apóstoles,
para que reconocieran que Yo era la vida y la eternidad y que en materia o fuera de
ella estaba presente entre vosotros. No todos los hombres entendieron esto y por eso
cayeron en idolatría y en fanatismo.
Yo había dicho a la mujer de Samaría: El que bebiera de esta agua que Yo doy, sed
no volverá a tener. Yo hoy os digo: si de aquella agua viva hubiera bebido la
humanidad, no llevaría en sí tanta miseria.
No perseveró la humanidad en mi enseñanza y prefirió tomar mi nombre para crear
religiones según su interpretación y conveniencia. Yo abolí tradiciones y le enseñé la
Doctrina del amor, y hoy venís a Mí, para presentarme ritos vanos y ceremonias que
en nada benefician al espíritu. Si no existe espiritualidad en vuestras obras, no puede
haber verdad y lo que no tiene verdad no llega a vuestro Padre.
Cuando aquella mujer samaritana sintió que la luz de mis ojos penetraba al fondo
de su corazón, me dijo: "Señor, vosotros los judíos decís que Jerusalén es el lugar en
el que hay que adorar a nuestro Dios". Entonces le dije: "Mujer, en verdad te digo,
que se acerca el instante en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre
como lo hacéis ahora. Se acerca el tiempo en que se adore al Padre en espíritu y en
verdad, porque Dios es Espíritu.
Ésta es mi Doctrina de todos los tiempos. Mirad que teniendo la verdad delante de
vuestros ojos, no habéis querido ver. ¿Cómo podréis vivirla si no la conocéis?

Ceremonias del culto

Si amáis, no necesitaréis cultos materiales ni ritos, porque llevaréis la luz que
ilumina vuestro templo interior, ante el cual se romperán las olas de todas las
tormentas que os pudiesen azotar y se destruirán las tinieblas de la humanidad.
No profanéis más lo divino, porque en verdad os digo, que es mucha la ingratitud
con que os mostráis ante Dios, cuando hacéis esas prácticas externas que habéis
heredado de vuestros primeros hermanos, y en las que os habéis fanatizado.
Contemplad a la humanidad desorientada, porque las grandes religiones que se
nombran cristianas dan más importancia a lo ritual y exterior que a mi propia
Doctrina. Aquella palabra de vida que sellé con obras de amor y con sangre en la
cruz, ya no vive en el corazón de los hombres, está encerrada y muda en los libros
envejecidos y empolvados. Y ahí tenéis una humanidad cristiana que ni conoce ni
comprende ni sabe imitar a Cristo.
Por eso tengo pocos discípulos en este tiempo; los que aman a su hermano, los
que sufren, los que alivian el dolor ajeno, aquellos que viven en la virtud y la predican
con el ejemplo, esos son los discípulos de Cristo.
El que conociendo, mi Doctrina la oculta o la da a conocer sólo con los labios y
no con el corazón, ese no es mi discípulo.
No he venido en este tiempo a buscar templos de piedra para hacerme presente en
ellos; vengo buscando espíritus, corazones, no galas materiales.
Mientras las religiones permanezcan sumergidas en su sueño y no rompan su
rutina, no habrá despertar en el espíritu, ni conocimiento de los ideales espirituales; y
por lo tanto, no podrá haber paz entre los hombres, ni aparecerá la caridad; no podrá
brillar la luz que resuelve los graves conflictos humanos.

El Clero

Como no sabéis lo que es la paz verdadera, os conformáis con suspirar por ella y
tratáis por todos los medios posibles y en todas las formas imaginables de lograr
alguna tranquilidad, comodidades y satisfacciones; pero nunca lo que es
verdaderamente la paz del espíritu. Yo os digo que a ella sólo la conquista la
obediencia del hijo hacia la voluntad de su Señor.
Hacen falta en el mundo buenos explicadores de mi palabra, buenos interpretes de
mis enseñanzas, por eso la humanidad, aun llamándose cristiana, vive espiritualmente
atrasada, porque no hay quien la haga estremecer con mi verdadera Doctrina, no hay
quien cultive su corazón con el amor con que Yo vine a enseñar a los hombres.
Día tras día, en recintos, iglesias y templos, se pronuncia mi nombre y se repiten
mis palabras, mas nadie vibra, nadie se estremece con su luz, y es que el sentido de
ellas lo han equivocado los hombres. Creen las mayorías que la virtud de la palabra de
Cristo consiste en repetirla una vez tras otra, maquinalmente, sin comprender que no
es necesario decirla, sino estudiarla, meditarla, practicarla y vivirla.
Si los hombres supiesen buscar la esencia en la palabra de Cristo, cada vez la
encontrarían nueva, fresca, viva y palpitante, pero la conocen tan sólo
superficialmente y así no pueden ni podrán alimentarse con ella.
¡Pobre humanidad, perdida entre las tinieblas teniendo tan cerca la luz, llorando
angustiosamente y estando a su alcance la paz! Mas no pueden contemplar esa divina
luz porque ha habido quienes han vendado sus ojos, sin piedad. Yo que os amo en
verdad, vengo en vuestra ayuda, apartándoos de las tinieblas y probándoos que cuanto
os dije en aquel tiempo, fue para todos los tiempos y que no debéis considerar aquella
divina palabra, como una doctrina antigua, pasada de época, porque el amor que fue la
esencia de toda mi enseñanza, es eterno, y en él está el secreto de vuestra salvación,
en esta era de confusiones, de inmensa amargura y de desenfrenadas pasiones.
Yo repruebo a quienes prediquen una fe ciega, una fe sin conocimiento, una fe
adquirida por temores y supersticiones.
No escuchéis las palabras de quienes atribuyen a Dios todos los males que aquejan
a la humanidad, todas las plagas, hambres y pestes, llamándolas castigos o ira de
Dios. Esos son los falsos profetas.
Apartaos de ellos porque no me conocen y quieren enseñar a los hombres cómo es
Dios.
Ahí tenéis el fruto de la mala interpretación que se ha dado a las escrituras de los
tiempos pasados, cuyo lenguaje divino no ha sido encontrado todavía en el fondo del
lenguaje humano con que fueron escritas las revelaciones y las profecías. Muchos van
hablando del fin del mundo, del juicio final, de la muerte y del infierno, sin saber un
átomo de la verdad.
Estáis ya en la Tercera Era y aún la humanidad está retrasada espiritualmente. Sus
ministros, sus teólogos y pastores espirituales bien poco y a veces nada le revelan de
la vida eterna. A ellos les revelo también los misterios de mi arcano y os digo: ¿Por
que los callan? ¿Por qué temen despertar al espíritu aletargado de los hombres?
Mi doctrina os enseña un culto perfecto, espiritual y puro hacia el Padre, porque el
espíritu de la humanidad ha llegado, sin darse cuenta, ante los umbrales del templo
del Señor, donde penetrará para sentir mi presencia, para oír mi voz a través de su
conciencia y verme en la luz que a su mente desciende.
El vacío que los hombres sienten dentro de sus diferentes religiones en este
tiempo, se debe a que el espíritu tiene hambre y sed de espiritualidad; no le bastan los
ritos y las tradiciones; ansia conocer mi verdad.

Comunión y Misa

Jamás he venido envuelto en misterio ante los hombres. Si os he hablado en
sentido figurado para revelaros lo divino o representar en alguna forma material lo
eterno, ha sido para que me comprendáis, pero si los hombres se detienen a adorar
formas, objetos o símbolos, en lugar de buscar el sentido de aquellas enseñanzas, es
natural que se estacionen por siglos y en todo contemplen misterios.
Desde los tiempos de la estancia de Israel en Egipto, en que mi sangre fue
representada por la de un cordero, ha habido hombres que sólo viven de tradiciones y
de ritos, sin comprender que aquel sacrificio fue una imagen de la sangre que Cristo
vendría a derramar para daros la vida espiritual. Otros creyendo alimentarse con mi
cuerpo, comen panes materiales, sin querer comprender que cuando di a mis
discípulos el pan en el Cenáculo, fue para darles a comprender que quien tomare la
esencia de mi palabra como sustento, se habría alimentado de Mí.
Cuan pocos son los que en verdad saben entender mis divinas lecciones, y estos
pocos son los que las analizan con el espíritu. Mas tened en cuenta, que la divina
revelación no os la he traído en una sola vez, sino que os la he ido aclarando en cada
una de mis lecciones.
Hay gozo en el corazón de estas multitudes, porque saben que frente a su espíritu
se encuentra el banquete celestial, en el cual el Maestro les espera para darles a comer
y beber el pan y el vino de la vida verdadera.
La mesa en la cual Jesús se reunió en aquel tiempo con sus apóstoles, fue un
símbolo del reino de los cielos. Ahí estaba el Padre rodeado de los hijos, ahí estaban
los manjares representando a la vida y el amor, vibraba la voz divina y su esencia era
el concierto universal, y la paz que allí reinaba era la paz que existe en el Reino de
Dios.
Habéis tratado de purificaros en estas albas pensando que el Maestro había de
traeros en sus palabras un nuevo testamento y así es: hoy os concedo que recordéis el
pan y el vino con que representé mi cuerpo y mi sangre, mas también he venido a
deciros que en este nuevo tiempo sólo hallaréis ese sustento en la esencia divina de mi
palabra. Si buscáis mi cuerpo y mi sangre, tendréis que buscarlos en lo divino de la
creación, porque Yo soy sólo Espíritu. Comed de ese pan y bebed de ese vino, mas
llenad también mi cáliz, quiero beber con vosotros, tengo sed de vuestro amor.
Llevad este mensaje a vuestros hermanos y aprended que la sangre siendo vida, es
tan sólo un símbolo de la vida eterna que es el amor verdadero. Por vosotros estoy
comenzando a iluminar a la humanidad con mis nuevas revelaciones.
Os traigo la paz y una nueva enseñanza. Si mi sacrificio del Segundo Tiempo
abolió el sacrificio de víctimas inocentes que inmolabais en el altar de Jehová, hoy el
sustento de mi palabra divina ha hecho que ceséis de representar mi cuerpo y mi
sangre con el pan y el vino de este mundo.
Todo espíritu que quiera vivir tendrá que alimentarse del Espíritu Divino. Quien
escucha mi palabra y la siente en su corazón, se ha alimentado en verdad; ese no sólo
ha comido mi cuerpo y bebido mi sangre sino que también ha tomado de mi Espíritu
para alimentarse.
¿Quién después de haber probado este alimento celestial, volverá a buscarme en
cuerpos y formas hechos por manos de hombres?
De tiempo en tiempo vengo borrando tradiciones, ritos y formas y sólo dejo en
vuestro espíritu la Ley y la esencia de mis enseñanzas.

El Bautismo

Pueblo: en aquel tiempo, Juan, llamado también el Bautista, bautizaba con agua a
los que creían en su profecía. Este acto era un símbolo de la purificación del pecado
original. Él decía a las multitudes que llegaban hasta el Jordán para escuchar las
palabras del precursor: he aquí que yo os bautizo con agua, mas ya viene Aquél que
os bautizará con el fuego del Espíritu Santo.
De ese fuego divino nacieron todos los espíritus, brotaron limpios y puros, mas si
en su camino han llegado a mancharse con el pecado que trajo consigo la
desobediencia, viene de nuevo el fuego de mi Espíritu a derramarse sobre ellos para
destruir su pecado, borrar sus manchas y devolverles su pureza original.
Si ese bautizo espiritual, en vez de ser entendido como la purificación que el
hombre alcanza mediante un acto de arrepentimiento verdadero ante su Creador, lo
convertís en un rito y os conformáis con el simbolismo de un acto, de cierto os digo,
que vuestro espíritu nada alcanzará.
Quien así lo hace, vive aún en los tiempos del Bautista y es como si no hubiese
creído en sus profecías ni en sus palabras que hablaban del bautismo espiritual, del
fuego divino con el que Dios purifica y eterniza en la luz a sus hijos.
Juan llamaba a los hombres en su edad de adultos, para derramar en ellos aquellas
aguas símbolo de la purificación. Llegaban a él, cuando eran ya conscientes de sus
actos y podían tener ya la voluntad firme para perseverar en el camino del bien, de la
rectitud y de la justicia. Ved como la humanidad ha preferido practicar el acto
simbólico de la purificación por medio del agua, en lugar de la regeneración
verdadera por medio del arrepentimiento y del firme propósito de la enmienda que
nacen del amor a Dios. La ceremonia no implica esfuerzo alguno, en cambio,
purificar el corazón y luchar por permanecer en la limpidez, sí significa para el
hombre esfuerzo, vigilia y hasta sacrificio, por eso han preferido los hombres cubrir
con apariencia sus pecados, concretándose al cumplimiento de ceremonias, actos y
ritos que en nada mejoran su condición moral o espiritual, si en ellas no interviene la
conciencia.
Discípulos: ésa es la razón por la cual no quiero que entre vosotros existan ritos,
para que no por cumplir con ellos, os olvidéis de lo que verdaderamente llega al
espíritu.
Yo soy quien envía a los espíritus a encarnar de acuerdo con la ley de evolución, y
en verdad os digo, que no serán las influencias de este mundo las que hagan variar
mis planes divinos, porque por sobre todas las ambiciones de poder se hará mi
voluntad.
Cada ser humano trae una misión a la Tierra, su destino está trazado por el Padre y
su espíritu ungido por mi caridad. En vano los hombres hacen ceremonias y ungen a
los pequeños; de cierto os digo, que en ninguna edad material, serán las aguas las que
purifiquen al espíritu de sus faltas a mi ley. Y si Yo envío a un espíritu limpio de todo
pecado, ¿De qué mancha le purifican los ministros de las religiones del bautizo?
Tiempo es de que comprendáis que el origen del hombre no es un pecado, sino
que su nacimiento es el resultado del cumplimiento de una ley natural, ley que no sólo
el hombre cumple, sino todas las criaturas que forman la naturaleza. Comprended que
os he dicho que el hombre y no su espíritu; el hombre tiene mi potestad para crear
seres semejantes a él, mas los espíritus sólo brotarán de Mí.
Crecer y multiplicarse es ley universal; lo mismo brotaron los astros de otros
astros mayores, que la semilla se multiplicó y jamás he dicho que en ese hecho hayan
pecado u ofendido al Creador. ¿Por qué vosotros al cumplir con ese divino mandato,
habíais de ser después juzgados como pecadores? Comprended que el cumplimiento
de la ley jamás podrá manchar al hombre.
Lo que mancha al hombre y aparta al espíritu del camino de evolución, son las
bajas pasiones, el libertinaje, el vicio, la lujuria, porque todas ellas van en contra de la
ley.
Estudiad y escudriñad hasta que encontréis la verdad, y así dejaréis de llamar
pecado a los mandatos del Creador de la vida y podréis santificar la existencia de
vuestros hijos con el ejemplo de vuestras buenas obras.

Recordación de los muertos

Los hombres son conservadores en sus tradiciones y costumbres; bien está que
guarden un recuerdo imborrable de los seres que han bajado a la tumba y les atraiga el
lugar donde depositaron sus restos; mas si se profundizaran en el sentido real de la
vida material, verían que al desintegrarse aquel cuerpo, vuelve de átomo en átomo a
los distintos reinos de que está formado y prosigue desenvolviéndose la vida.
Pero el hombre a través de los tiempos, por su falta de estudio de lo espiritual, ha
creado una cadena de cultos fanáticos a la materia. Trata de hacer imperecedera la
vida material y olvida al espíritu que es el que en verdad posee vida eterna. ¡Cuan
lejos se encuentran todavía de comprender la vida espiritual!
Ahora sabéis que no tiene objeto llevar ofrendas a esos lugares, donde una lápida
que dice "muerte", debiera decir "desintegración y vida", porque ahí está la
Naturaleza en pleno florecimiento, ahí está la tierra que es seno fecundo e inagotable
de criaturas y especies.
Cuando estas lecciones sean comprendidas, la humanidad sabrá dar a lo material
su lugar y a lo divino el suyo. Entonces desaparecerá el culto idólatra de los
antepasados.
El hombre debe reconocer y amar a su Creador, de espíritu a Espíritu.
Los altares son crespones negros y las tumbas, son una prueba de ignorancia y de
idolatría. Yo perdono todas vuestras faltas, mas en verdad debo despertaros. Mi
enseñanza será comprendida y llegará el tiempo en que los hombres cambien las
ofrendas materiales por pensamientos elevados.

Símbolos materiales, crucifijos y reliquias

En el Primer Tiempo conocisteis los símbolos: El tabernáculo o santuario que
guardaba el arca donde estaban guardadas las tablas de la ley. Cuando aquellos
símbolos hubieron cumplido su misión, mi voluntad los borró de la tierra, los ocultó
de la vista de los hombres para que el mundo no cayera en idolatría, pero el sentido o
esencia de aquellas lecciones la dejé escrita en la conciencia de mis siervos.
En el Segundo Tiempo, después de consumado el sacrificio de Cristo, hice
desaparecer el símbolo más grande del cristianismo: la cruz, junto con la corona, el
cáliz y todo cuanto podía haber sido objeto de fanática adoración por parte de la
humanidad.
A Jesús lo vio sufrir la humanidad y su enseñanza y testimonio es creído por
vosotros, ¿para qué seguirlo crucificando en vuestras esculturas? ¿No os bastan los
siglos que lleváis de exhibirlo como la víctima de vuestra maldad?
En vez de recordarme en los tormentos y en la agonía de Jesús es mejor que me
recordéis en su resurrección, plena de luz y gloria.
A veces, al mirar vuestras imágenes representándome en la forma de Jesús en la
cruz, hay quienes han pensado que se trató de un hombre débil, cobarde o tímido, sin
pensar que Yo soy Espíritu y vine a padecer lo que vosotros llamáis sacrificio y que
Yo llamo deber de amor, para ejemplo de toda la humanidad.
Cuando se es Uno con el Padre, no hay armas, ni fuerza, ni suplicios que puedan
doblegar; mas si en cuanto hombre padecí, sangré y morí, fue por daros mi ejemplo
sublime de humildad.
Los hombres no han comprendido la grandeza de aquella lección, y por doquiera
levantan la imagen del crucificado, que representa una vergüenza para esta
humanidad, la cual sin amor ni respeto hacia Aquél a quien dice amar, le sigue
crucificando e hiriendo diariamente al herir el corazón de sus hermanos, por quienes
dio el Maestro su vida.
Yo no os juzgaría si de la Tierra hicieseis desaparecer hasta la última cruz con que
simbolizáis vuestra fe cristiana, y en cambio, sustituyeseis ese símbolo con el amor
verdadero de los unos hacia los otros; porque entonces vuestra fe y vuestro culto
exterior pasarían a ser culto y fe del espíritu, que es lo que Yo espero de vosotros.
¡Si al menos vuestros cultos y vuestros símbolos tuviesen la fuerza para impedir
vuestras guerras, para no dejaros caer en el vicio, para manteneros en paz! Pero, mirad
como estáis pasando por sobre todo lo que decís que es sagrado; mirad cómo estáis
pisoteando lo que habéis tenido como divino.
¡Más os valiera, vuelvo a deciros, no tener un solo templo, ni un altar, ni un
símbolo o imagen en toda la Tierra; pero que supieseis orar con el espíritu, que
supieseis amar a vuestro Padre, y creer en Él sin necesidad de representantes, y que os
amaseis como os he enseñado en mi Doctrina. Entonces estaríais a salvo, estaríais
caminando en la senda trazada con mis huellas de sangre, huellas con las que vine a
sellar la verdad de mis enseñanzas.

Veneración de los Santos

Os doy estas lecciones, porque habéis convertido al espíritu de muchos justos en
divinidades, a los cuales les pedís y adoráis como si fuesen dioses. ¡Cuánta
ignorancia, ¡h humanidad! ¿Cómo pueden los hombres juzgar la santidad y perfección
de un espíritu, tan sólo por sus obras humanas?
Soy el primero en deciros que imitéis los buenos ejemplos que vuestros hermanos
hayan escrito con sus obras, con su vida, con su virtud, y os digo también que al
recordarles, esperéis su ayuda espiritual y su influencia; mas, ¿Por qué les levantáis
altares que sólo sirven para ofender la humildad de aquellos espíritus? ¿Por qué se
crean cultos en torno a su memoria como si fuesen la Divinidad, poniéndolos en el
lugar del Padre, al cual olvidan por adorar a sus hermanos? ¡Cuan dolorosa ha sido
para ellos la gloria que aquí les habéis dado!
¿Qué saben los humanos de mi juicio sobre aquellos a quienes llaman santos?
¿Qué saben de la vida espiritual de aquellos seres o del sitio que cada uno se ha
labrado ante el Señor?
Nadie piense que con estas revelaciones vengo a borrar de vuestro corazón los
méritos que mis siervos hayan hecho entre la humanidad; por el contrario, quiero que
sepáis que la gracia que en Mí han hallado es grande y que es mucho lo que por sus
oraciones os concedo; pero es menester que destruyáis vuestra ignorancia, de la cual
proviene el fanatismo religioso, la idolatría y la superstición.
Si sentís que el espíritu de aquellos seres flota sobre el ambiente de vuestra vida,
confiad en ellos que son parte del mundo espiritual, para que ellos y vosotros unidos
en la senda del Señor, consuméis la obra de fraternidad espiritual, esa obra que estoy
esperando como resultado de todas mis enseñanzas.

Festividades religiosas

En este día, en que las turbas corren con gran algarabía a sus iglesias, para
celebrar el instante en que la gloria se abrió para recibirme, Yo os digo, que todo eso
es tan sólo una tradición para impresionar al corazón de la humanidad. Son sólo ritos
que hoy materializan mi divina pasión.
Vosotros no sigáis en esa tendencia, erigiendo altares y símbolos; no hagáis
representaciones de hechos sagrados, ni uséis vestidos especiales para distinguiros,
porque todo eso es culto idólatra.
Invocadme con el corazón, recordad mi enseñanza e imitad mis ejemplos.
Ofrecedme el tributo de vuestra enmienda y sentiréis cómo las puertas de la gloria se
abren para recibiros.
Huid de las falsas y profanas representaciones que se hacen de Mí y de mi pasión,
porque nadie podrá representarme; vivid mis ejemplos y enseñanzas; quien así lo
hiciere, habrá representado a su Maestro en la tierra.
Humanidad: en estos días en que conmemoráis el nacimiento de Jesús, es cuando
dejáis llegar la paz a vuestro corazón y cuando parecéis una familia unida y feliz.
Sé que no todos los corazones sienten una alegría sincera al recordar mi llegada al
mundo en aquel tiempo, muy pocos son los que se entregan a la meditación y al
recogimiento, dejando que la alegría sea interior y que la fiesta de recordación sea en
el espíritu.
Hoy, como en todos los tiempos, los hombres han hecho de las conmemoraciones,
fiestas profanas y pretextos para buscar placeres de los sentidos, muy alejados de lo
que deben ser los goces del espíritu.
Si los hombres tomasen este día para consagrarlo al espíritu, meditando en el
amor divino, del que fue prueba absoluta el hecho de hacerme hombre para vivir con
vosotros, de cierto os digo que vuestra fe, brillaría en lo más alto de vuestro ser, y
sería la estrella que os señalara el camino que conduce a Mí, Vuestro espíritu quedaría
de tal manera saturado de bondad, que a vuestro paso iríais desbordando caridad,
consuelo y ternura en los necesitados. Os sentiríais más hermanos, perdonaríais de
corazón a vuestros ofensores; os sentiríais embargados de ternura ante la vista de los
desheredados, de esos niños sin padres, sin techo y sin amor. Pensaríais en los pueblos
sin paz, donde la guerra ha destruido todo lo bueno, lo noble y sagrado de la vida
humana. Entonces, la oración brotaría límpida hacia Mí, para decirme: "Señor, ¿Qué
derecho tenemos a la paz, mientras hay tantos hermanos nuestros que padecen
intensamente?"
Mi contestación hacia vosotros, sería ésta: "Ya que habéis sentido el dolor de
vuestros hermanos y habéis orado y habéis tenido caridad, reuníos en vuestro hogar,
sentaos a vuestra mesa y gozad esa hora bendita, porque Yo estaré allí presente, no
temáis estar contentos si sabéis que en ese instante hay muchos que sufren, pues de
cierto os digo, que si vuestra alegría es sana, de ella desprenderá un hálito de paz y de
esperanza, que irá flotando como nubecilla de amor sobre los necesitados".
Ninguno piense que vengo a borrar de vuestro corazón la fiesta más pura que
celebráis en el año, cuando conmemoráis la Natividad de Jesús. Sólo vengo a
enseñaros a dar al mundo lo del mundo y al espíritu lo del espíritu, porque si tantas
fiestas tenéis para celebrar hechos humanos. ¿Por qué no le dejáis esta fiesta al
espíritu, para que él, convertido en niño, se acerque a ofrecerme su presente de amor,
para que adquiera la sencillez de los pastores para adorarme y la humildad de los
sabios para inclinar su cerviz y presentar su ciencia ante el dueño de la Sabiduría
verdadera?
No vengo a contener la alegría que en estos días envuelve la vida de los hombres.
No es tan sólo la fuerza de una tradición, es que mi caridad os toca, mi luz os ilumina,
mi amor como un manto, os cubre. Entonces sentís el corazón lleno de esperanza, de
alegría, de ternura, de necesidad de dar algo, de vivir y amar, sólo que esos
sentimientos y esas inspiraciones no siempre los dejáis expresar con su verdadera
elevación y pureza, porque aquella alegría la desbordáis en placeres del mundo, sin
dejar que el espíritu, que fue por quien vino el Redentor al mundo, viva ese instante,
penetre en esa luz, se purifique y se salve, porque aquel Divino Amor, que se hizo
hombre, está presente eternamente en el camino de cada ser humano, para que en él
encuentre la vida.

La presencia de Dios a pesar de cultos erróneos

Como el hombre se encuentra materializado, tiene que buscarme a través del culto
material y como no lleva abiertos los ojos de su espíritu, tiene que forjar mi imagen
para verme. Como no se ha sensibilizado espiritualmente, me exige siempre prodigios
y pruebas materiales para poder creer en mi existencia y me pone condiciones para
servirme, para amarme, y a cambio de lo que Yo le dé, él algo me da. Así contemplo
todas las iglesias, todas las religiones, tildas las sectas que los hombres han creado
sobre el haz de la Tierra, envueltas están en el materialismo, en el fanatismo y la
idolatría, la mistificación, el adulterio y las profanaciones.
¿Qué tomo de ellos? La intención solamente. ¿Qué es lo que llega a Mí de todo
ello? La necesidad espiritual o corporal de mis hijos, su átomo de amor, su necesidad
de luz. Eso es lo que a Mí llega y Yo estoy con todos. No contemplo iglesias, ni
formas, ni ritos. Yo vengo a todos mis hijos por igual. Yo recibo su espíritu en la
oración. Yo lo acerco a mi regazo para estrecharlo, para que sienta mi calor y ese
calor sea estímulo y aliciente en su camino de vicisitudes y pruebas; mas no porque
Yo sepa recibir la buena intención de la humanidad, he de dejarla que eternamente
permanezca en tinieblas, envuelta en su idolatría y su fanatismo.
Yo quiero que el hombre despierte, que el espíritu se eleve a Mí y en su elevación
pueda contemplar el esplendor verdadero de su Padre, olvidando los falsos
esplendores de las liturgias y de los ritos; quiero que al lograr su elevación verdadera
se regenere, se emancipe de las miserias humanas y pueda ir dominando la
materialidad, las pasiones, las vicisitudes; encontrándose a sí mismo para que nunca
diga al Padre que él es el vil gusano de la tierra, para que sepa que el Padre lo creó a
imagen y semejanza suya.
Muchas religiones existen en la Tierra y en su mayoría, están cimentadas sobre la
fe en Cristo; sin embargo no se aman las unas a las otras ni se reconocen entre sí
como discípulos del Divino Maestro.
¿No creéis que si unas y otras hubiesen comprendido mi Doctrina la hubiesen
aplicado a la práctica llevando a la reconciliación y a la paz a los pueblos? Pero no ha
sido así. Todas ellas se han mantenido distanciadas unas de otras, distanciando y
dividiendo espiritualmente a los hombres, quienes se ven como enemigos o como
extraños. Cada quien busca medios y argumentos para demostrar a los demás que él
es el poseedor de la verdad y que los demás están equivocados; pero ninguno tiene la
fuerza ni el valor para luchar por la unificación de todos, ni tiene la buena fe para
descubrir que en cada creencia y en cada culto existe algo de verdad.

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