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Seudo-Cristianos, anomalías y enseñanzas erróneas




Cristianos de nombre

La mayor parte de esta humanidad se nombra cristiana y el Maestro os dice: Si en
verdad fuese cristiana, ya habría vencido con su amor, con su humildad y su paz, al
resto de los hombres; pero mi Doctrina, legada desde el Segundo Tiempo, no está en
el corazón de la humanidad, no palpita ni florece en las obras de los hombres, está
guardada en los libros empolvados y Yo no he venido a hablar de los libros.
Por libro os traje mi vida, mi palabra y mis obras, mi pasión y mi muerte en cuanto
hombre y ésa es la razón por la que la mayor parte de la humanidad diciéndose
cristiana, no tiene la paz ni la gracia de Cristo, porque no le imitan, porque no
practican su Doctrina.
Escuchadme, discípulos, para que arranquéis de vuestro entendimiento antiguas
creencias. La Cristiandad se dividió en sectas que no se aman entre sí, que humillan,
desprecian y amenazan con falsos juicios a sus hermanos. Yo os digo que son
cristianos sin amor, por lo tanto no son cristianos porque Cristo es amor.
Hay quienes representan a Jehová como un anciano lleno de defectos humanos,
vengativo, cruel y más terrible que el peor de vuestros jueces en la Tierra.
No os digo esto para que os burléis de nadie, sino para que vuestro concepto del
amor divino se purifique. No sabéis ahora cómo me hayáis adorado en vuestro
pasado.
¿Cómo es posible que los pueblos que se nombran cristianos se destruyan con la
guerra y hasta oren antes de ir a matar a sus hermanos pidiéndome que les de la
victoria sobre sus enemigos? ¿Es que puede existir mi simiente donde en vez de amor
existe el odio y en vez de perdón la venganza?
A todos los hombres de distintas creencias y religiones les digo que no han sabido
dar su lugar a las riquezas materiales para colocar en el que les corresponde a las del
espíritu. Si estuviesen cumpliendo con mis leyes, ya estarían contemplando desde
aquí la silueta de la tierra prometida y escuchando el eco de las voces de sus
moradores.
Decís creer en mi existencia y tener fe en mi Divinidad; decís también que se haga
mi voluntad y en verdad os digo: ¡Cuan escasa es vuestra fe y vuestra conformidad
con lo que Yo dispongo! Mas Yo vengo alentando en vosotros la verdadera fe para
que seáis tuertes en el camino que os he trazado.
Hoy no vengo a pediros vuestra sangre, ni que sacrifiquéis vuestra vida; lo que os
pido es amor, sinceridad, verdad, desinterés.
Así os doctrino y os enseño, preparando con ellos a los discípulos de mi divinidad
en este Tercer Tiempo, porque os veo contemplar indiferentemente la marcha del
mundo, y es que no sabéis penetrar en el corazón de la humanidad, en donde hay tanta
miseria y tanto dolor.
Existe gran desigualdad, pues veo señores a quienes sólo falta la corona para
nombrarse reyes y contemplo súbditos que son verdaderos esclavos. De ahí que se
haya encendido la lucha. Entre esos señores enriquecidos en el mundo hay muchos
que se dicen cristianos, mas Yo os digo que apenas si conocen mi nombre.
Quienes no ven en los demás a su prójimo, quienes acumulan riquezas y se
apoderan de lo que es de otros, esos no son cristianos, porque no conocen la caridad.
Vendrá la lucha entre lo espiritual y lo material, en esa lucha entrará la humanidad
y para que el triunfo de la justicia llegue, ¡Cuántas amarguras tendrá que sufrir!

Agnósticos y fanáticos religiosos

Yo os digo, que más os vale estar llenos de incertidumbres y de negaciones, que
llenos de afirmaciones falsas o de mentiras que pasáis por verdades. Menos mal os
hace la negación sincera que nace de la duda o de la ignorancia, que la afirmación
hipócrita de una falsedad. Es mejor la duda limpia, que tiene hambre de comprensión,
que la firme creencia de un mito cualquiera. Es mejor la incertidumbre desesperada,
que a gritos pide la luz, que la firmeza fanática o idólatra.
Hoy abundan por doquiera los increyentes, los "desconfiados y los amargados.
Son rebeldes que muchas veces ven más claro que los demás, que no sienten el
ritualismo, ni les convencen las afirmaciones que han escuchado de quienes dirigen
espiritualmente a los hombres; porque todas aquellas complicadas teorías no llenan su
corazón sediento de aguas puras que calmen su angustia.
Esos que juzgáis rebeldes, muchas veces tiene en sus preguntas más luz que los
que, creyéndose sabios o grandes, las contestan. Sienten, ven, palpan, oyen y
entienden con más claridad, que muchos que se dicen maestros en las lecciones
divinas.
¡Cuan diáfana y sencilla es la verdad! ¡Qué clara y simple la espiritualidad! Sin
embargo, qué difícil comprenderlas para quien se obstina en las tinieblas de su
fanatismo y de sus tradiciones. Su mente no puede concebir que haya algo más de lo
que él sabe, su corazón se resiste a renunciar a lo que para él ha sido su Dios y su Ley:
La tradición y el rito.
¿Acaso creéis que Yo aborrezca a quienes se empeñan en no mirar mi verdad? No,
mis hijos, mi caridad es infinita, y es precisamente a éstos, a quienes busco para
ayudarles a salir de su cautiverio, para que se extasíen en la contemplación de la luz.
A ellos les están reservadas las pruebas necesarias para su despertar a la fe. No serán
pruebas superiores a sus fuerzas, serán lecciones sabiamente adecuadas a cada
espíritu, a cada vida, a cada hombre.
De ahí, de entre esos oscuros cerebros, de entre aquellos corazones enfermos de
fanatismo religioso y de ignorancia, veréis surgir a los grandes fervientes soldados de
la verdad, porque el día que ellos se liberen de sus cadenas, de sus tinieblas y vean la
luz, no podrán contener su gozo y exclamarán a voz en cuello que Yo he vuelto para
salvar al mundo, elevándolo al Reino verdadero a través de la escala de la
espiritualidad.

Falseamientos de la Doctrina de Jesucristo

Os doy mi palabra con la misma esencia con que os hablé en el Segundo Tiempo
y he venido a recordaros muchas de mis enseñanzas que habíais olvidado, o de las
cuales os habéis apartado debido a erróneas interpretaciones de vuestros antepasados.
A tal grado cumplíais mal con mi Doctrina, que puedo deciros que habíais creado
un camino completamente distinto al mío pero al que dabais el mismo nombre. Nadie
más que Yo podía sacaros de vuestro error con palabras de vida, de amor y de verdad.
Por eso ahora que me estáis escuchando, analizad y comprended mi palabra y en
vosotros habrá luz. Éste es el tiempo en que vengo a deciros con toda claridad que la
reencarnación del espíritu existe, que ella es desde el principio de la humanidad como
luz de justicia y de amor divino, sin la cual no podríais avanzar en el largo camino del
perfeccionamiento del espíritu.
Bien poco es lo que sobre el espíritu han revelado a la humanidad las religiones,
mas ya despertarán de su letargo y serán bendecidas las que venciendo escrúpulos y
temores descubran a la humanidad la verdad que han ocultado. Yo les iluminaré con
la luz de mi perdón, de mi gracia y mi sabiduría.
Cuando la humanidad reconozca que las religiones no son solamente para que los
hombres vivan moralmente en la Tierra, sino que tienen la misión de conducir al
espíritu hacia su morada eterna, la humanidad habrá dado un paso de adelanto en el
sendero de su evolución espiritual.
Después de mi estancia como Jesús entre los hombres, he venido siempre a los
que como soldados o apóstoles vinieron a confirmar mi doctrina con sus obras y a
impedir que la humanidad torciera mis enseñanzas; pero muchos sordos y ciegos,
interpretando imperfectamente mi palabra, dividieron sus opiniones, creando así
diversidad de sectas. Y si los hombres se encuentran espiritualmente divididos,
¿Cómo podrán amarse unos a otros, según el precepto máximo de mi ley?
Por eso os digo, que esta civilización es sólo aparente, porque los mismos
hombres la destruyen. Mientras la humanidad no edifique un mundo sobre los
cimientos de mi ley de justicia y amor, no podrá tener la paz y la luz del espíritu,
sobre cuyas virtudes crearía y forjaría un verdadero mundo de elevación, tanto en el
espíritu, como en la ciencia y en la moral.
Sólo la regeneración y el ideal de perfeccionamiento os podrán hacer volver al
camino de la verdad.
Quienes sintiéndose intérpretes de la Ley de Dios os digan que a vuestra
perversidad y rebeldía le esperan sufrimientos infernales y que sólo demostrando
vuestro arrepentimiento, mortificando e hiriendo vuestras carnes y presentando a Dios
ofrendas materiales, Él os perdonará y os llevará a su Reino, en verdad os digo que
están en confusión.
¿A dónde iréis humanidad, conducida por los que admiráis como grandes
maestros de las revelaciones sagradas y a quienes Yo contemplo confundidos? Por
eso vengo a salvaros con la luz de esta Doctrina, la cual os hará evolucionar en el
sendero de mi amor.
La verdadera esencia de mi enseñanza la han ocultado los hombres para mostraros
un Cristo que ni siquiera es imagen del que vino a morir para haceros vivir.
Hoy estáis viviendo el resultado de vuestro alejamiento del Maestro que vino a
doctrinaros. Os rodea un ambiente de dolor, os agobia vuestra pequeñez, os atormenta
la ignorancia; mas ha llegado el tiempo en que las potencias y los dones aletargados
en el hombre despierten, anunciando como heraldos que un nuevo tiempo ha llegado.
Las religiones, la ciencia y la justicia de los hombres, tratarán de impedir el
avance de lo que para ellos será extraña y maléfica influencia; mas no habrá poder
que pueda detener el despertar y el adelanto del espíritu. El día de la liberación está
cerca.
Mal me han representado en la Tierra los que dicen conocerme, y ésta es la causa
de que muchos me hayan vuelto la espalda.
A quienes se dicen ateos no les reclamaré el haberme arrojado de su corazón, sino
a los que, falseando la verdad, han mostrado un Dios que muchos no han podido
aceptar.
Todo lo que es justo, sano y bueno, encierra verdad, que es la que Yo he
proclamado a través de los tiempos.
Ha llegado la hora en la que debéis volver a amar la verdad, o sea, cu la que
volveréis a reconocer lo insto y lo bueno; puesto que habiendo nacido de Mí, tendréis
que llegar a aspirar a lo elevado, a lo eterno, a lo puro.
Si. Israel, el corazón siempre ha buscado para adorar objetos materiales; el oído se
ha recreado con la palabra florida; por ello lo que Yo entregué en el Segundo Tiempo
como Doctrina Cristiana, el hombre la modificó al convertirla en religión.
Siempre se ha despertado en el corazón humano el egoísmo, la codicia y la
vanidad y se han convertido en reyes y señores para hacer que el pueblo se doblegue
ante ellos y convertirlo en vasallo, en esclavo, encadenarle al pecado y conducirle a la
tiniebla, a la desorientación y a la confusión.
Vendrán los teólogos de este tiempo a escudriñar mi palabra y las nuevas
escrituras y preguntaran ¿Quién eres tú, que así has hablado? Como se levantaron los
escribas y los fariseos de aquel tiempo diciéndome: ¿Quién eres tú, que vienes a
desconocer y a cambiar la Ley de Moisés? Entonces les haré comprender que las tres
revelaciones son la Ley única que siempre he venido a enseñar y a darle
cumplimiento.
Muchos de los que me juzguen en esta etapa, son de los que dudaron en el
Segundo Tiempo, mas Yo les he conservado y les he enviado a la Tierra nuevamente
para que contemplen el triunfo de mi Ley y abran sus ojos a la luz.

Evoluciones erradas en la Cristiandad

Cristiana se nombra una gran parte de esta humanidad, sin saber siquiera lo que
significa la palabra Cristo, ni conocer su Doctrina.
¿Qué hicisteis de mi palabra, de mis ejemplos, de mi Doctrina que os di en aquel
tiempo?
¿Sois actualmente hombres más evolucionados que los de aquella era? ¿Por qué
no lo demostráis con las obras de vuestro espíritu? ¿Acaso creéis que esta vida es
eterna o acaso pensáis que sólo debéis de evolucionar por la ciencia humana?
Yo vine a enseñaros el verdadero cumplimiento de la Ley, a fin de que
convirtieseis este mundo en un gran templo donde se adorase al verdadero Dios,
donde la vida del hombre fuese una constante ofrenda de amor a su Padre, al que
debiera amar en cada uno de sus semejantes rindiendo así tributo a su Creador y
Maestro.
Y ahora que he vuelto a los hombres ¿Qué es lo que encuentro? La mentira y el
egoísmo han sustituido a la verdad y a la caridad; la soberbia y la vanidad, en vez de
la mansedumbre y humildad; la idolatría, el fanatismo y la ignorancia, en vez de la
luz, la elevación y la espiritualidad; el lucro y la profanación, donde sólo debería
existir el celo y la rectitud; el odio y la guerra desatada entre hermanos han sustituido
a la fraternidad, la paz y el amor.
Mas Yo llegaré a mi templo para arrojar de allí a los mercaderes como lo hice en
el Segundo Tiempo en el templo de Jerusalén y les diré una vez más: "No hagáis de la
casa de oración una casa de mercado". Enseñaré a los hombres para que cada uno
sepa oficiar delante del verdadero altar, para que ya no se confundan más, ni se
pierdan en la ignorancia, debido a las malas interpretaciones que dan a mi Ley.
Mi ejemplo y el de mis apóstoles no ha sido imitado por todos los que han tratado
de seguirme. Muchos se han convertido en señores en vez de ser servidores, han
llenado su corazón de superioridad y orgullo y sólo han perseguido la riqueza, la
pompa y los honores, olvidando las necesidades de los pobres, haciéndose
indiferentes e insensibles a la miseria y al sufrimiento de los demás. Por eso los
hombres van de una religión a otra en busca de verdad. De ahí la necesidad espiritual
que experimentan de crear nuevas sectas para buscarme libremente.
Aquéllos que ayer fueron vistos como santos y semidioses, hoy son desconocidos
por una humanidad desengañada.
Los hombres van dejando de buscar al confesor que les absuelva de sus faltas,
porque lo encuentran indigno. Y la amenaza del infierno con su fuego eterno ya no
impresiona ni estremece el corazón del pecador.
Aprovechando esta desorientación espiritual, el lobo acecha tras de la maleza.
Todo ministro de mi Divinidad y todo representante, tiene la misión de hacer la
paz entre los hombres y es lo contrario lo que se encuentran haciendo en este tiempo.
Cada quien se cree primero, cada quien quiere ser el más fuerte, olvidando que el
único fuerte que soy Yo, está en todos.
Ahora podéis explicaros por qué en el Segundo Tiempo os prometí volver. Ahora
podéis comprender por qué he venido a doctrinaros nuevamente. Porque sólo mi
palabra puede apartar la venda de oscuridad del espíritu, sólo mi amor es capaz de
redimiros de vuestros pecados.
Sobre las grandes faltas y sobre los errores que se han cometido en mi Ley, estará
mi justicia; no quedará una sola falta que no vaya a ser corregida por el Maestro
perfecto. No debéis confundiros, corregíos y no juzguéis. Comprended que Yo nunca
os castigo, vosotros mismos os castigáis.
Hago luz en el que ha pecado por ignorancia y muevo hacia el arrepentimiento al
que ha pecado a sabiendas, para que ambos llenos de fortaleza en mi perdón se
levanten a reparar la falta cometida, ésta es la única forma de llegar a Mí.
Pensad en todo esto, ministros que conducís a los hombres por los distintos
senderos de las religiones. Orad y llevad a los vuestros hacia la espiritualidad. Ya es
tiempo de que os arrepintáis de vuestros errores, para que iniciéis una lucha en contra
del materialismo humano, que es muerte y tiniebla para el espíritu; para ello debéis
usar mi verdad, esgrimir como arma mi palabra y vivir en mi enseñanza.
Yo no tengo preferencia para una o por otra religión; no seré Yo, sois vosotros los
que debéis estar de parte mía, porque si así lo hacéis habréis logrado uniros todos en
espíritu.
Mi Doctrina, plena de espiritualidad, germinará en el corazón de este pueblo para
que en el futuro, dé sus frutos de verdad y de vida. Mi palabra se extenderá por la
Tierra y no dejará sitio sin purificar, sin iluminar y sin juzgar.
Entonces comenzarán los pueblos a despertar a la vida espiritual, a lo verdadero y
eterno, destruyendo la parte exterior y materialista de sus diversos cultos, para
concretarse a buscar la esencia de mi Ley.
La humanidad comprobará la fuerza que da la espiritualidad y apartará la vista de
cuanto la retuvo por siglos y siglos.
¿De qué sirve que el símbolo del cristianismo, o sea la cruz, se encuentre por
millones en la Tierra, si los hombres no son de buena voluntad, ni se aman los unos a
los otros?
Ningún poder tiene ya lo externo sobre los hombres: ya no existe respeto, ni fe, ni
pesar de haber ofendido. Por eso os digo que los símbolos y las formas desaparecerán,
porque su tiempo ha pasado y será el culto interior el que levante al hombre a la luz,
lo eleve y lo conduzca hacia Mí.

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