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La Ley Divina (La Ley de Dios).




El poder de la Ley Divina

Hay muchos hombres que juzgan fuera de época mi Doctrina, mas es porque su
materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones.
Mi Ley es inmutable; son los hombres los que pasan, con sus culturas, sus
civilizaciones y sus leyes, quedando de todo ello sólo lo que el espíritu ha construido
con sus obras de amor y caridad. Él es quien después de cada jornada, de cada prueba,
al interrogar al Arcano, contempla la piedra inconmovible de mi Ley y el libro
siempre abierto que contiene la Doctrina del Espíritu.
Sobre todos los hombres he derramado mi luz revelándoles la única verdad
existente, pero ya miráis cómo cada hombre y cada pueblo, siente, piensa, cree e
interpreta de diversa manera.
Estos diferentes modos de pensar de los hombres, han originado sus divisiones, ya
que cada pueblo o raza sigue diferentes caminos y alimenta distintos ideales.
La mayoría se ha alejado del sendero luminoso y verdadero, creyendo que el dar
cumplimiento a la Ley divina implica sacrificios, renunciaciones y esfuerzos sobrehumanos,
prefiriendo crear para ellos mismos religiones y sectas, cuyo cumplimiento
y prácticas les sean más fáciles de desempeñar, creyendo, calmar así las necesidades
de luz y elevación que en su espíritu sienten.
Muchos siglos y muchas eras han pasado sin que los hombres se den cuenta de que
no es un sacrificio humano el cumplimiento de mi Ley y que, en cambio, sí sacrifican
carne y espíritu en el mundo al rehuir a mis mandamientos. No se han dado cuenta, no
han querido comprender que, quien cumple con mi palabra, tiene que encontrar la
verdadera felicidad, la paz, la sabiduría y la grandeza que de tan diferente manera
conciben los hombres materializados.
El mundo moral y científico que os rodea, ha sido la obra de hombres de ideales
materiales, de hombres que sólo han buscado el mejoramiento material de la
humanidad y Yo les he permitido hacer su obra, llevarla hasta su límite, conocer sus
resultados y recoger sus frutos para que en ello puedan recoger la luz de la
experiencia. En esa luz se manifestará mi justicia, y en esa justicia estará presente mi
Ley que es el Amor.
Si Yo conviniese con vosotros que aplicaseis mi doctrina a vuestra vida según
vuestra voluntad y no según la mía, de cierto os digo que jamás saldríais de vuestro
estancamiento espiritual y nunca permitiríais a vuestro espíritu su desenvolvimiento,
su desarrollo y perfeccionamiento.
Ahí tenéis a la humanidad aletargada en sus religiones, sin dar un paso hacia la luz,
porque no se han sometido a lo que ordena la divina ley; sino que han tratado de
someter la ley a su voluntad, llenándola de mitos y de errores.
Ha sido menester que muchos hombres de este tiempo se emancipen de toda
religión para poder buscarme con el espíritu y poder desarrollar todo aquellos
atributos, dones y potencias, que sienten latir en lo más íntimo de su ser.

El mandamiento de amor de Dios en la Obra

Es vuestro Dios quien os habla, mi voz es la Ley; hoy la escucháis nuevamente sin
que sea necesario labrarla en piedra, ni tener que enviaros a mi Verbo encarnado entre
vosotros. Es mi voz divina la que llega a vuestro espíritu y le revela el principio de
una era en la cual el hombre se justificará, se reconciliará con su Creador y se
purificará como está escrito.
La lección perfecta os di a través de Jesús. Analizad mi paso por el mundo en
cuanto hombre desde el nacimiento hasta la muerte y tendréis explicado el amor en
forma viva y perfecta.
Yo no vengo a pediros que seáis iguales a Jesús, porque en Él hubo algo que
vosotros no podéis alcanzar; Ser perfecto en cuanto hombre; ya que quien estuvo en
Él fue el mismo Dios en forma limitada, pero sí os digo que debéis imitarle.
Mi Ley eterna os ha hablado siempre de ese amor. Os dije en los primeros
tiempos: "Amarás a Dios de todo corazón y espíritu", "amarás a tu prójimo como a ti
mismo".
Mas tarde os di estas inspiraciones: "Amad a vuestros hermanos como el Padre os
ha amado", "amaos los unos a los otros".
En este tiempo os he revelado que améis a Dios antes que a todo lo creado, que
améis a Dios en todo lo existente y a lo existente en Dios; que practiquéis caridad y
más caridad con vuestros hermanos para que veáis al Padre en todo su esplendor,
porque la caridad es amor.
Ni siquiera os digo que esta Doctrina Espiritualista será la religión mundial,
porque nunca he entregado religión, sino ley; Yo sólo me concreto a deciros que la
ley que triunfará en la Tierra, estableciéndose en ella para iluminar la existencia de los
hombres, será la Ley del amor que con mi Doctrina os he explicado para que la
conozcáis plenamente.
La humanidad aún hará muchas falsas obras de amor y caridad, mientras aprende
a amar y hacer la caridad verdadera, y muchos aún tendrán que andar de religión en
religión, hasta que su espíritu se eleve en conocimientos y lleguen a comprender que
la Ley única, la Doctrina Universal y eterna del espíritu, es la del amor, a la cual todos
llegarán.
Todas las religiones desaparecerán y sólo quedará brillando dentro y fuera del
hombre, la luz del Templo de Dios, en el cual rendiréis todos un solo culto de
obediencia, de amor, de Fe y buena voluntad.

El desacato a los mandamientos divinos

En esta alba de conmemoración os pregunto ¿Qué habéis hecho de la Ley que por
conducto de Moisés envié a la humanidad? ¿Acaso esos mandamientos fueron dados
solamente para los hombres de aquel tiempo?
En verdad os digo que aquella bendita simiente no está en el corazón de los
hombres, porque no me aman, ni se aman los unos a los otros; no honran a sus padres
ni respetan lo ajeno y sí, en cambio, se quitan la vida, adulteran y se causan deshonra.
¿No escucháis en todos los labios la mentira? ¿No os habéis dado cuenta de cómo
un pueblo le roba la paz a otros pueblos?... y sin embargo, la humanidad dice conocer
mi Ley. ¿Qué sería de los hombres si olvidasen por completo mis mandatos?
En el Segundo Tiempo, habiendo penetrado Jesús en Jerusalén, encontró que el
templo, el lugar consagrado para la oración y el culto, había sido convertido en
mercado, y el Maestro lleno de celo arrojó a los que así profanaban diciéndoles: "La
casa de mi Padre no es lugar de comercio". Estos eran menos culpables que los
encargados de guiar al espíritu de los hombres en el cumplimiento de la ley de Dios.
Los sacerdotes habían convertido el templo en un lugar donde reinaban las
ambiciones y' la grandeza, y ese reinado fue destruido.
Hoy no he tomado látigo para castigar a los que profanan mi ley, he dejado que las
consecuencias de sus propias faltas se hagan sentir en la humanidad para que sepan
interpretar su sentido y comprendan que mi ley es inflexible e inmutable. He señalado
el camino al hombre, camino recto y si de él se aparta, se expone a los riesgos de una
ley justa porque en ella se manifiesta mi amor.
Vengo a reconstruir mi templo, un templo sin muros ni torres, porque está en el
corazón del hombre.
La Torre de Babel, aún divide a la humanidad, mas sus cimientos serán destruidos
en el corazón de los hombres.
La idolatría y el fanatismo religioso, han elevado también sus altas torres, pero
ellas son endebles y tendrán que caer.
En verdad os digo que mis leyes tanto divinas como humanas son sagradas y ellas
mismas juzgarán al mundo.
No cree la humanidad ser idólatra y en verdad os digo, que está adorando todavía
al "becerro de oro".
Ha vuelto el caos porque la virtud no existe, y donde no hay virtud no puede haber
verdad. No es que la Ley que el Padre confiara a Moisés no tuviera fuerza, ni que la
Doctrina de Jesús sólo fuera aplicable a los tiempos pasados. Una y otra en su esencia
son leyes eternas, mas reconoced que son como una fuente de cuyas aguas no se
obliga a beber a nadie, sino que todo el que se acerca a ese manantial de amor lo hace
por su propia voluntad.
Interpretad justamente mi enseñanza, no penséis que mi Espíritu pueda gozar
viendo vuestros sufrimientos en la Tierra, o que Yo venga a privaros de todo lo que os
es grato, para gozarme con ello. Yo vengo a haceros reconocer y respetar mis leyes,
porque son dignas de vuestro respeto y de vuestro acatamiento y porque obedecerlas,
os traerá la felicidad.
Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para
los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tienen que ofrecerle. Y si al
menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que
habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha
convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.
Estudiad cuan distinta es mi Ley, que no ata al cuerpo ni al espíritu; sólo os
persuade con amor y os guía con dulzura; todo os lo da sin interés y egoísmo y todo lo
premia y os lo compensa a lo largo del camino.

El cumplimiento del mandamiento supremo

Si os dijo" el Señor: "Amarás a Dios de todo corazón y espíritu y a tu semejantes
como a ti mismo", y si el Maestro os predicó la Doctrina del amor, esta voz espiritual
que proviene de la misma fuente, viene a deciros que os abracéis a la Ley del Amor,
porque ella tiene una fuerza que no encontraréis en los mayores ejércitos del mundo, y
que sus conquistas serán firmes y duraderas, porque todo lo que construyáis sobre
cimientos de amor, tendrá vida eterna.
Os estoy demostrando la vida verdadera del espíritu, para que no viváis bajo
injustas amenazas, que no cumpláis con mi Ley sólo por el temor al castigo del que os
han hablado, los que no han sabido interpretar mi palabra.
Tomad mi ley, no es complicada ni difícil de entender. Todo el que la conoce y se
rige por ella, no se confunde ni da cabida a palabras o pronósticos falsos, a ideas
erróneas ni a malas interpretaciones.
Mi ley es sencilla, señala siempre el camino que debéis de seguir, confiad en Mí.
Yo soy el camino que os conducirá a la ciudad blanca, la tierra prometida, la cual
tiene abiertas sus puertas, esperando vuestra llegada.
¿Hasta cuándo vais a convenceros de que sólo en el cumplimiento de mi ley
podéis encontrar la salud, la felicidad y la vida?
Reconocéis que en la vida material existen principios a los que tenéis que
apegaros para poder sobrevivir; pero os habéis olvidado de que también en lo
espiritual hay principios que es necesario respetar, para que el hombre logre disfrutar
de la fuente de vida eterna que existe en lo divino.
Recordad que sólo Yo soy vuestra salvación. En los tiempos pasados, en los
presentes y en los venideros, mi Ley fue, es y será el camino y guía de vuestro
espíritu.
Benditos sean los que confíen en mi Ley porque jamás se perderán en las
encrucijadas del camino. Llegarán a la Tierra Prometida y entonarán el himno del
triunfo.
Yo sé que mientras mayor sea vuestro conocimiento, más grande será vuestro
amor hacia Mí.
Cuando os digo: "Amadme", ¿Sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la
verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera.
Quiero que como Yo os amo, os améis los unos a los otros, y también a vosotros
mismos, porque os he concedido no sólo la guía y dirección de una porción, sino que
el primer deber que tenéis para Conmigo es velar por vosotros mismos; debéis
amaros, reconociendo que sois la imagen viva de vuestro Creador.
La misión, que he encomendado a mi pueblo en la Tierra, es grande y muy
delicada; por eso lo he buscado en cada era, para inspirarlo con mi palabra y revelarle
algo más del contenido de la ley.
La ley de amor, de bien y de justicia, ha sido la herencia espiritual que en todos
los tiempos le he traído. De lección en lección he llevado a la humanidad a la
comprensión de que la ley se puede resumir en un solo mandamiento: Amor. Amad al
Padre, que es el autor de la vida, amad al hermano, que es parte del Padre, amad a
todo cuanto ha creado y ordenado el Señor.
El amor es causa, principio, simiente de sabiduría, de grandeza, de fuerza, de
elevación y de vida. Ése es el verdadero camino que ha trazado el Creador al espíritu,
para que de peldaño en peldaño y de morada en morada vaya sintiendo cada vez más
el acercamiento a Mí.
Si el hombre desde el principio de los tiempos hubiese hecho del amor espiritual
un culto, en lugar de caer en ritos idólatras y en el fanatismo religioso, este mundo,
hoy convertido en valle de lágrimas por la angustia y miseria de los hombres, sería un
valle de paz, en el cual los espíritus vendrían a hacer méritos, para alcanzar después
de esta vida aquellas moradas espirituales a donde el espíritu en su camino de
elevación debe penetrar.

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