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La nueva forma de rendir culto a Dios.




La evolución del culto de adoración

Con cuánta lentitud camina la humanidad hacia la perfección en su culto a Dios.
Siempre que vengo a vosotros con una nueva lección, os parece demasiada
adelantada para vuestra evolución, mas comprended que os confío una era para que a
lo largo de ella la podáis comprender y asimilar en vuestra vida.
Las víctimas que ofrecisteis ante el altar de Jehová, fueron recibidas por Él; mas no
era la forma más adecuada para elevar vuestro espíritu al Señor; fue entonces cuando
llegué a vosotros como Jesús para enseñaros el divino mandamiento que os dice:
"Amaos los unos a los otros".
Os digo ahora que las lecciones que os enseñé en el Segundo Tiempo a través de
las obras de Jesús han sido alteradas unas veces y otras mal interpretadas; por ello he
venido como os lo anuncié, para esclareceros mi verdad. Mi sacrificio de aquel
tiempo impidió el sacrificio de muchas victimas y os enseñé un culto más perfecto.
Mí nueva manifestación de este tiempo hará que la humanidad comprenda que las
formas simbólicas no debéis tomarlos sin analizar antes su significado, ya que ellas
tan sólo son una representación de mis lecciones.
La oración es el medio espiritual que he inspirado al hombre para comunicarse con
mi Divinidad, por eso ella se manifestó desde un principio en vosotros como un
anhelo, como una necesidad del espíritu, como un refugio en las horas de prueba.
El que no conoce la verdadera oración, no conoce los deleites que ella encierra, no
sabe la fuente de salud y de bienes que en ella se encuentran; siente el impulso de
acercarse a Mí, de hablarme y presentarme su petición; pero, careciendo de
espiritualidad, le parece tan pobre la ofrenda de elevar tan sólo el pensamiento, que
busca al instante algo material que ofrecerme, creyendo que con ello me halaga mejor.
De esta manera la humanidad ha ido cayendo en idolatría, en fanatismo, en ritos y
cultos externos, ahogando a su espíritu y privándolo de aquella bendita libertad de
orar directamente a su Padre. Sólo cuando el dolor es muy intenso, cuando la pena
llega a los límites de las fuerzas humanas, es cuando el espíritu, olvidando formas y
derribando ídolos, se liberta y se eleva para gritar desde lo más profundo: "Padre mío,
Dios mío".
¿Veis en este tiempo de materialismo a los pueblos ocupados en hacerse la guerra
unos a otros? Pues Yo os digo que ahí, en medio de esas guerras, muchos hombres
han encontrado el secreto de la oración, aquella que nace del corazón para llegar a Mí
como un llamado imperioso, como una queja, como una imploración.
Cuando han visto surgir a su paso el milagro pedido, han sabido que no existe otra
forma de hablar a Dios como no sea con el lenguaje del espíritu.

Oraciones simuladas, vacías de devoción y fe

¡Ah, hijos míos de todas las creencias, no deis muerte a los más nobles
sentimientos del espíritu, ni tratéis de conformarlo con prácticas y cultos externos!
Mirad: Si una madre, no tiene nada material que ofrecer a su amado y pequeño
hijo, lo estrecha contra su corazón, lo bendice con todo su amor, le cubre de ósculos,
lo mira dulcemente, lo baña con sus lágrimas, pero jamás trata de engañarlo con actos
vacíos de amor.
¿Cómo concebís que Yo, el Divino Maestro, apruebe que os conforméis con las
prácticas vacías de toda esencia, verdad y amor, con las cuales tratáis de engañar a
vuestro espíritu, haciéndole creer que se ha sustentado, cuando en realidad cada vez se
encuentra más ignorante de la verdad?
La oración es una gracia que Dios ha entregado al hombre para que le sirva de
escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo
para ungirse y sanar de todo mal.
La verdadera oración ha desaparecido de la Tierra, los hombres ya no oran, y
cuando intentan hacerlo, en vez de hablarme con el espíritu, lo hacen con los labios,
empleando palabras vanas, ritos y artificios. ¿Cómo van a contemplar prodigios los
hombres, empleando formas y haciendo prácticas que no enseñó Jesús?
Es menester que vuelva la verdadera oración entre los hombres, y soy Yo quien
nuevamente vine a enseñárosla.
Enseñad a orar, haced comprender a vuestros hermanos que es su espíritu el que
debe comunicarse con su Creador, que comprendan que casi siempre sus oraciones
son el grito de la materia, la expresión de la angustia, la prueba de su falta de fe, de su
inconformidad o de su desconfianza hacia Mí.
Haced comprender a vuestros hermanos que no necesitan mortificar o lacerar su
cuerpo para conmover a mi Espíritu, para despertar mi piedad o mi caridad. Quienes
se procuran sufrimientos y penitencias corporales, es porque no tienen la menor
noción de cuáles son las ofrendas más agradables para Mí, ni tienen idea de mi amor
ni de la misericordia de vuestro Padre.
¿Creéis que sea necesario para Mí, ver en vuestros ojos las lágrimas y en vuestro
corazón el dolor, para apiadarme de vosotros? Eso sería atribuirme dureza,
insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y, ¿Concebís estos defectos en el Dios que
amáis?
¡Cuán poco os habéis preocupado por conocerme! Es porque no habéis educado a
vuestra mente para que piense de acuerdo con el espíritu.
Hoy, dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu.
Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de orar, por lo que no ha
fortalecido ni ha iluminado el sendero de su vida con mi amor, ya que ha orado con
sus sentidos y no con su espíritu.
La idolatría, a la que tan inclinado es el hombre, ha sido como un veneno que no
le ha dejado saborear los deleites espirituales de la oración interior.
¡Cuánta miseria han arrastrado los hombres, tan sólo por no saber orar! Y es
natural, discípulos: ¿Qué fortaleza espiritual puede tener un ser humano, para resistir
las pruebas de la vida, si no hace nada por aproximarse a la fuente de vida que existe
en mi Espíritu? Me busca en los abismos, en las sombras, pudiendo elevarse para
encontrarme en las cumbres, entre la luz.
¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas
obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que
hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver.

La oración verdadera

Yo bendigo a los que oran, mientras más espiritual es su oración, mayor es la paz
que les hago sentir.
Esto os lo podéis explicar fácilmente, porque aquél que para hacer oración
necesita postrarse delante de imágenes u objetos para sentir la presencia de lo divino,
no podrá experimentar la sensación espiritual de la presencia del Padre en su corazón.
"Bienaventurados los que sin ver, creen", dije en aquel tiempo y ahora lo digo
nuevamente, porque el que cierra sus ojos para lo del mundo, los abre para lo
espiritual y quien tiene fe en mi presencia espiritual, tiene que sentirla y gozar con
ella.
¿Hasta cuándo dejará esta humanidad de privar a su espíritu del deleite de
sentirme en su corazón, por medio de la oración directa o lo que es lo mismo, por
medio de la oración de espíritu a Espíritu? Hasta que sea mi luz la que ilumine la vida
de los hombres, conozcan la verdad y comprendan sus errores.
Éste es tiempo para orar y meditar; pero con oración libre de fanatismo y de
idolatría y con meditación serena y profunda en mi divina palabra.
Todas las horas y todos los sitios pueden ser propicios para orar y meditar; nunca
os dije en mis enseñanzas, que hubiesen lugares o momentos destinados para orar
siendo vuestro espíritu más grande que el mundo que habitáis. ¿Por qué limitarme en
imágenes y en sitios tan limitados siendo Yo infinito?
La razón más grande de la pobreza espiritual de los hombres y de sus vicisitudes
terrestres, es la forma imperfecta de orar, por lo que os digo que en necesario que este
conocimiento llegue a toda la humanidad.
No siempre oráis con la misma preparación, de ahí que tampoco experimentéis
siempre la misma paz o la misma inspiración.
Hay ocasiones en que lográis inspiraros y elevar el pensamiento, y hay otras en
que estáis completamente indiferentes. ¿Cómo queréis recibir siempre en la misma
forma mis mensajes? Debéis educar vuestra mente y aún a vuestro cuerpo a colaborar
con el espíritu en los momentos de la oración.
El espíritu siempre está dispuesto a comunicarse conmigo, pero requiere de la
buena disposición de la materia para poder elevarse y liberarse en aquellos instantes,
de todo cuanto en su vida terrestre le rodea.
Esforzaos por lograr la verdadera oración, porque quien sabe orar, lleva en sí la
llave de la paz, de la salud, de la esperanza, de la fuerza espiritual y de la vida eterna.
El escudo invisible de mi ley le protegerá, contra las acechanzas y peligros,
llevará en sus labios una espada invisible para abatir a cuantos adversarios se opongan
a su paso; un faro de luz alumbrará su ruta en medio de las tormentas; un prodigio
constante estará a su alcance siempre que necesite de él, ya sea para sí mismo o para
beneficio de sus hermanos.
Orad, practicad ese sublime don del espíritu, porque esa fuerza será la que mueva
la vida de los hombres del futuro, aquéllos que alcanzarán en materia la comunicación
de espíritu a Espíritu.
Los padres de familia se inspirarán a través de la oración para conducir a sus
hijos.
La salud la recibirán los enfermos por medio de la oración. Los gobernantes
resolverán sus grandes problemas, buscando la luz con la oración, y el hombre de
ciencia recibirá las revelaciones también por medio del don de la oración.
Discípulos, en el Segundo Tiempo mis apóstoles me preguntaron cómo debían
orar, les enseñé la oración perfecta, que vosotros llamáis el ¡Padre Nuestro!
Ahora os digo a vosotros: inspiraos en esa oración, en su sentido, en su humildad
y en su fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío, porque no serán ya los
labios materiales los que pronuncien aquellas benditas palabras, sino el espíritu el que
me hable con su propio lenguaje.
No dejéis que sean solamente los labios los que me llamen "Padre", porque
muchos soléis hacer esto maquinalmente. Quiero que cuando digáis Padre nuestro que
estás en los Cielos, santificado sea tu nombre que esa oración brote de lo más puro de
vuestro ser, meditando cada una de MIS frases para que luego quedéis inspirados y en
perfecta comunión Conmigo.
Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente acerca al
hijo hacia su Padre. Al pronunciar con unción y respeto, con elevación y amor, con fe
y esperanza la palabra Padre, las distancias desaparecen, los espacios se acortan,
porque en ese instante de comunicación de espíritu a Espíritu, ni Dios está lejos de
vos, ni vosotros os encontráis lejos de Él. Orad así y en vuestro corazón recibiréis a
manos llenas el beneficio de mi amor.

Los cuatro aspectos de la oración verdadera

Luchad, luchad, para alcanzar la perfección espiritual. Yo os he mostrado el
camino para llegar a esa meta. Os he confiado la oración como el arma más fuerte que
cualquier arma material, para defenderos de las acechanzas en el camino, pero la
mejor arma la tendréis cuando cumpláis con mi Ley.
¿En qué consiste la oración? La oración es petición, intercesión, adoración y
contemplación. Todas sus partes son necesarias y una brota de la otra, porque en
verdad os digo que la petición consiste en que el hombre me ruega le conceda sus
deseos, le satisfaga anhelos, lo que él cree más importante y sano en su vida, y en
verdad os digo mis hijos, que el Padre escucha la petición y da a cada uno lo que más
necesita, siempre que sea para su bien. Mas cuidaos de pedir lo que esté en oposición
para la salvación de vuestro espíritu; porque aquéllos que solamente piden dones
materiales, goces materiales, poder temporal, están pidiendo encadenar a su espíritu.
Los goces materiales sólo traen sufrimiento, no solamente en este mundo, sino
aún después de la transición al mundo espiritual, porque hasta allí puede llegar la
influencia de esos deseos materiales, y al no poder librarse de ellos sigue atormentado
por esos anhelos, y desea regresar una y mil veces a la Tierra para reencarnar y seguir
viviendo materialmente. Por eso, mis hijos, pedid solamente lo que en verdad
necesitéis para el bien de vuestro espíritu.
La segunda forma de la oración, la intercesión, brota del amor al prójimo, del
amor que os enseñé como Maestro cuando vine a este mundo. Rogad por vuestros
hermanos cercanos y distantes, aquéllos que en las naciones están sufriendo las
consecuencias de la guerra, que están sufriendo la tiranía de los gobiernos temporales
de este mundo.
Preparaos, ¡oh mis hijos! rogad por vuestros hermanos, pero también en esta
intercesión, debéis saber pedir, porque lo que importa es el espíritu. Si vosotros tenéis
a un hermano, a vuestros padres o a vuestros hijos enfermos, rogad por ellos, pero no
insistáis en que se queden en esta vida, si esto no es lo que el espíritu necesita. Pedid
mejor que su espíritu sea libre, que se purifique en sus sufrimientos, que el dolor
propicie la elevación espiritual. Por eso, el Maestro os ha enseñado desde el Segundo
Tiempo a decir: "Padre, cúmplase tu voluntad". Porque es el Padre el que sabe mejor
que cualquiera de sus hijos, lo que el espíritu necesita.
La tercera forma de la oración, la adoración al Espíritu Divino, significa la
adoración de todo lo que es perfecto, porque a través de esta forma de oración podéis
uniros con la perfección, con el amor que abraza a todo el Universo. En la adoración
podéis encontrar el estado perfecto que cada uno de vosotros debéis alcanzar y por la
adoración llegaréis a la contemplación que, unida a la oración, os llevará a la
unificación con el Espíritu Divino, a la fuente de la vida eterna, a la fuente que os da
fuerza día tras día para llegar al Reino del Padre.
Así debéis orar, empezando con la petición hasta llegar a la contemplación. Esto
es lo que os dará fuerza.
Cuando ya estéis bien preparados, lucharéis no sólo por vosotros sino por ayudar a
vuestros hermanos a transitar en este camino. Porque no podéis alcanzar la salvación
tan sólo para vosotros mismos, sino que debéis luchar para lograr la salvación de la
humanidad.

La íntima y espontánea oración sin palabras

Aquí tenéis, pueblo, la voz del Espíritu Santo, la manifestación espiritual de Dios
a través de vuestro entendimiento, revelándoos no una nueva ley ni una nueva
doctrina, sino una nueva forma, más adelantada, espiritual y perfecta de comunicarse
con el Padre, de recibirle y de rendirle culto.
Cuántos hay que escuchan mi palabra, que se han convertido en los grandes
analizadores y sin embargo, no son los mejores discípulos prácticos de mi Doctrina,
no cumplen con el precepto divino que os dice: "Amaos los unos a los otros".
En cambio, ved cuan fácilmente se transforma aquél que pone en práctica un
átomo de mi enseñanza. ¿Queréis un ejemplo?
Aquél que toda su vida me estuvo diciendo que me amaba a través de oraciones
verbales que otros formaron, oraciones que ni siquiera comprendía, porque estaban
hechas con palabras cuyo sentido no conocía; mas de pronto supo cuál era la forma
verdadera de orar y haciendo a un lado sus antiguos hábitos, concentróse en el fondo
de su espíritu, elevó el pensamiento hacia Dios, y por primera vez sintió aquella
presencia.
No supo qué decir a su Señor, su pecho empezó a sollozar y sus ojos a derramar
lágrimas. En su mente sólo se formó una frase que decía: "Padre mío, ¿Qué puedo
decirte, si no sé hablar contigo?"
Pero aquellas lágrimas, aquellos sollozos, aquel gozo interior y hasta su turbación,
hablaban al Padre con un lenguaje tan hermoso, como no lo podréis encontrar jamás
en vuestros idiomas humanos ni en vuestros libros.
Esos balbuceos del hombre que comienza a orar espiritualmente con su Señor, son
semejantes a las primeras palabras de los niños, las cuales son deleite y encanto para
sus padres, porque escuchan las primeras expresiones de su ser que empieza a
levantarse a la vida.
El espíritu elevado sabe que la palabra humana empobrece, empequeñece la
expresión del pensamiento espiritual, por eso hace enmudecer los labios de la materia
para elevarse y decir con el lenguaje que sólo Dios conoce, el secreto que lleve oculto
en lo más íntimo de su ser.
Cuánto gozo dais a mi Espíritu, cuando veo que eleváis vuestro pensamiento
buscando a vuestro Padre, os hago sentir mi presencia y os inundo de paz.
Buscadme, habladme, no os importe que vuestros pensamientos sean torpes para
expresar vuestra petición, Yo sabré comprenderlos. Habladme con la confianza con
que se habla a un Padre; confiadme vuestras quejas, como lo haríais con el último de
vuestros amigos. Preguntadme lo que no sepáis, todo lo que ignoréis y Yo os hablaré
con palabra de Maestro; pero orad, para que en aquel bendito instante en que vuestro
espíritu se eleve hacia Mí, recibáis la luz, la fuerza, la bendición y la paz que os
concede vuestro Padre.
Contadme en silencio vuestras penas, confiadme vuestros anhelos. Aunque todo lo
sé, quiero que vayáis aprendiendo a formar vuestra propia oración, hasta que lleguéis
a practicar la comunicación perfecta de vuestro espíritu con el Padre.
La oración puede ser larga o breve, según sea necesario. Podréis, si así lo deseáis,
pasar horas enteras dentro de aquel deleite espiritual, si vuestra materia no se fatiga o
si algún otro deber no reclama vuestra atención. Y puede ser tan breve que se concrete
a un segundo, si os encontráis sujetos a alguna prueba que de pronto os haya
sorprendido.
No son las palabras con que vuestra mente trate de formar la oración lo que llega a
Mí, sino el amor, la fe, o la necesidad con la que os presentáis ante Mí, por eso os
digo que habrá casos en que vuestra oración sea de un segundo, porque no habrá
tiempo a formular pensamientos, frases e ideas, como acostumbráis.
Doquiera podréis invocarme, porque para Mí, es indiferente el sitio, ya que lo que
busco es a vuestro espíritu.
En el Segundo Tiempo, cuando una mujer preguntó a Jesús si era en Jerusalén el
lugar en donde debía de adorar a Dios, el Maestro le contestó: Se aproxima el tiempo
en el que ni Jerusalén, ni ningún otro lugar sean el sitio indicado para adorar a Dios,
porque será adorado en espíritu y en verdad, o sea, de espíritu a Espíritu.
Cuando mis discípulos me pidieron que les enseñara a orar, Yo les di como norma
la oración que llamáis el Padre Nuestro, haciéndoles comprender que la oración, la
verdadera, la perfecta, será aquella que a semejanza de la de Jesús, nazca espontánea
del corazón y se eleve hasta llegar al Padre. Debe encerrar obediencia, humildad,
confesión, gratitud, fe, esperanza y adoración.

La oración diaria

Amados discípulos: Practicad diariamente la oración espiritual, poniendo en ella
todo el propósito de llegar a perfeccionaros.
Mirad que además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de
experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión
para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de
todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal. Encontraréis la
forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una
confusión. En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos
vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien.
No dejéis de practicar la oración aún cuando sea tan breve que sólo dure cinco
minutos, pero que en ella sepáis hacer un buen examen con la luz de vuestra
conciencia, a fin de que observéis vuestras obras y sepáis de lo que tenéis que
corregiros.
Si perdieseis la noción del tiempo al elevaros en oración, será señal de
espiritualidad, ya que lograsteis aunque sea por unos instantes saliros del tiempo, ese
tiempo que los esclavos del materialismo sólo quieren para sus placeres o para
aumentar sus caudales.
El que diariamente se examina, tendrá que mejorar su manera de pensar, de vivir,
de hablar y de sentir.
Os he enseñado que por la oración se adquiere sabiduría, mas no por ello quiero
que prolonguéis vuestras oraciones. Os he pedido la oración de cinco minutos y con
ello quiero deciros que oréis brevemente para que en esos instantes os entreguéis
verdaderamente a vuestro Padre y el resto de vuestro tiempo lo consagréis a vuestros
deberes espirituales y materiales para con vuestros hermanos.
Yo voy a enseñaros una forma de prepararos para que vuestras obras de cada día
estén todas inspiradas por nobles sentimientos y para que las vicisitudes y dificultades
no os detengan ni os hagan retroceder; cuando abráis vuestros ojos a la luz del nuevo
día, orad, aproximaos a Mí a través del pensamiento, formad entonces vuestro plan ya
inspirados con mi luz y levantaos a luchar, ¡imponiéndoos ser tuertes y no faltar un
solo instante a la obediencia y a la Fe
En verdad os digo que no pasara mucho tiempo sin que os maravilléis de vuestra
fortaleza y del resultado de vuestras obras.

El día de descanso como jornada de reflexión

Desde el Primer Tiempo os enseñé a consagrarme el séptimo día. Si durante seis
días el hombre se entregaba al cumplimiento de sus deberes humanos justo era que
cuando menos uno, lo dedicase al servicio de su Señor. No le pedí que me consagrara
el primer día, sino el último para que en él descansara de sus labores y se entregara a
la meditación, dando a su espíritu la ocasión de acercarse a su Padre para conversar
con Él a través de la oración.
El día de descanso se instituyó para que el hombre, al olvidar aunque lucra por un
momento la dura lucha terrestre, dejara que su conciencia le hablara, le recordara la
Ley, y se examinara a sí mismo, se arrepintiera de sus faltas y formara dentro de su
corazón nobles propósitos de arrepentimiento.
El sábado fue el día que anteriormente estaba dedicado al descanso, a la oración, y
al estudio de la Ley, pero el pueblo al cumplir con la tradición, olvidó los
sentimientos hacia la humanidad y los deberes espirituales que tenía para con sus
semejantes.
Los tiempos pasaron, la humanidad evolucionó espiritualmente y Cristo vino a
enseñaros que aún en los días de reposo debéis de practicar la caridad y todas las
buenas obras.
Jesús quiso deciros que un día estaba dedicado a la meditación y al reposo físico,
pero debíais comprender que para el desempeño de la misión del espíritu, no podía
señalarse día y hora.
A pesar de haberos hablado el Maestro con suma claridad, los hombres se
distanciaron buscando cada cual el día que para ellos fuera el más propicio y así,
mientras unos siguieron conservando el sábado como día dedicado al reposo, otros
adoptaron el domingo para celebrar sus cultos.
Hoy vengo a hablaros una vez más y mis enseñanzas os traen nuevos
conocimientos; habéis vivido muchas experiencias y habéis evolucionado. Hoy no
tiene importancia el día que dediquéis al descanso de la fatiga terrestre, pero sí la
tiene el que sepáis que todos los días debéis caminar por la senda que Yo os he
trazado. Comprended que no existe hora señalada para que elevéis vuestra oración,
porque todo tiempo es propicio para que oréis y practiquéis mi Doctrina en favor de
vuestros hermanos.

Pedid, que se os concederá

Todos traéis una herida en el corazón ¿Quién como Yo para penetrar en vuestro
interior? Sé vuestra amargura, vuestra tristeza y desaliento ante tanta injusticia e
ingratitud que existe en vuestro mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y
luchado en la Tierra y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo; sé del
vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: "Pedid, que se
os dará", porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mí, ya sea compañía,
tranquilidad, bálsamo, misiones o luz.
No temáis a la miseria. La miseria es pasajera y en ella debéis orar imitando en la
paciencia a Job. Volverá la abundancia y no tendréis palabras con qué darme gracias.
Cuando la enfermedad os agobie, ¡oh enfermos benditos! no desesperéis; no está
enfermo vuestro espíritu, elevaos en oración a Mí y vuestra fe y espiritualidad os
devolverán la salud del cuerpo. Orad en la forma en que Yo os he enseñado:
espiritualmente.
Orad en los momentos de prueba, con una oración breve pero limpia y sincera, y
os sentiréis confortados, y cuando logréis estar en armonía con vuestro Señor, podré
deciros que mi voluntad es la vuestra y vuestra voluntad es la mía.
Orad, pero que vuestra oración esté formada con vuestras intenciones y obras del
día, esa será vuestra mejor oración; mas si queréis dirigirme un pensamiento,
formulando con él una petición, decidme entonces: "Padre, hágase en mí tu voluntad".
En ella estaréis pidiendo aún más de lo que podríais entender y esperar, y esa sencilla
frase, ese pensamiento, simplificará aquel "Padre nuestro", que me pedisteis en otro
tiempo.
Ahí tenéis la oración que todo lo pide y que mejor hablará por vosotros. Mas no la
digan vuestros labios, sino que la sienta vuestro corazón, porque decir no es sentir y si
lo sentís, no necesitáis decírmelo. Yo sé escuchar la voz del espíritu y entiendo su
lenguaje. ¿Qué mayor alegría para vosotros que saber esto? ¿Acaso creéis que Yo
necesitaba que me dijeseis lo que tengo que hacer?
Os he enseñado a orar y a pedir por los demás, pero también os escucho cuando
pedís por lo vuestro. Recibo esa oración. Mas os digo que el tiempo en que Yo os
daba según vuestra petición, ha pasado, porque erais pequeños; ahora quiero que
obréis como discípulos, presentándome vuestro espíritu y vuestro corazón al orar,
pero dejando que Yo lea en ellos y haga mi voluntad.
Cuando me interroguéis o me pidáis, no os esforcéis en tratar de explicarme con
claridad vuestro problema, ni os esmeréis buscando en la mente las frases mejor
construidas; a Mí me basta que vuestro espíritu se desprenda del mundo en ese
instante y que deje limpios al corazón y al entendimiento, para que ellos puedan
recibir mi inspiración. ¿De qué os servirá decirme muy bellas palabras si no sois
capaces de sentir mi presencia en vuestro interior? Yo todo lo sé y no tenéis que
explicarme nada, para que Yo os pueda comprender.
Si sabéis comprender mi Doctrina, ella os ofrecerá muchas satisfacciones, muchas
oportunidades de poderos elevar, Aprended a orar antes de tomar cualquiera
determinación, porque la oración es la forma perfecta de pedir a vuestro Padre, ya que
en medio de ella estaréis demandando luz y fortaleza para salir avante en la lucha.
Al orar, pronto llegará a vuestro entendimiento la iluminación que os permita
distinguir con claridad el bien del mal, lo conveniente y lo que no debéis hacer, y ello
será la prueba más palpable de que supisteis prepararos para escuchar la voz de la
conciencia.
Sufrid con paciencia las penalidades y si no alcanzáis a comprender el significado
de vuestras pruebas, orad y Yo os revelaré su sentido, para que seáis conformes.
Cada vez que vuestros labios o vuestro pensamiento me dice: Señor, no me
niegues tu perdón, estáis probando vuestra ignorancia, vuestra confusión y lo poco
que me conocéis.
¿Decirme a Mí que me apiade de vuestro dolor? ¿Pedirme que tenga misericordia
de mis hijos? ¿Suplicarme a Mí, que perdone vuestros pecados, a Mí que soy el amor,
la clemencia, la caridad, el perdón y la piedad?
Bien está que tratéis de conmover a quienes en la Tierra tengan duro el corazón y
que tratéis de mover a piedad con lágrimas y súplicas a quienes no tengan un átomo
de caridad hacia sus semejantes, pero no uséis esas formas o esos pensamientos para
tratar de conmover a quien os creó por amor y para amaros eternamente.
Sed conformes con las grandes caridades que el Padre os ha confiado para todo lo
que se relaciona con la vida humana sobre el haz de la Tierra, ni pidáis lo que pueda
dar ocasión a la perdición de vuestro espíritu y materia. Yo tengo más que daros que
vosotros que pedirme, mas Yo soy el que sabe lo que verdaderamente os hace falta en
el camino. Yo os he dicho: que si sabéis cumplir con mi Ley, me contemplaréis en
todo mi esplendor.

La bendición de la intercesión

No acostumbréis orar únicamente con palabras, orad con el espíritu. También os
digo: Bendecid con la oración, enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos, no
pidáis nada para vosotros, recordad que quien se ocupe de lo mío, siempre me tendrá
velando por él.
La semilla que sembréis con amor, la recibiréis multiplicada.
No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad
también cuando estéis en paz, porque entonces será cuando vuestro corazón y
pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os
han hecho bien o por aquéllos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo
meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen
causado perjuicios.
¿Qué os enseño ahora? A bendecir de corazón y espíritu a todo y a todos, porque
quien bendice así, es semejante a su Padre, al hacer llegar su calor a todos. Por eso os
digo: Aprended a bendecir con el espíritu, con el pensamiento, con el corazón, y
vuestra paz, vuestra fuerza y vuestro calor llegarán a aquél a quien se lo enviéis, por
distante que lo creáis.
¿Qué pasaría, si todos los hombres se bendijesen, aun sin conocerse ni haberse
visto nunca? Que reinaría la paz perfecta en la Tierra, sería inconcebible la guerra.
Para que ese milagro se realice, es menester que elevéis vuestro espíritu, por
medio de la perseverancia en la virtud. ¿Lo juzgáis acaso imposible?
Pedid y se os dará. Todo lo que deseéis en caridad para vuestros hermanos,
pedídmelo. Orad, unid vuestro ruego al del necesitado y os concederé lo que
solicitéis.

La necesidad de la oración

Velad y orad, os repito con frecuencia, pero no quiero que os familiaricéis con
este dulce consejo, sino que lo estudiéis y lo pongáis en práctica.
Os digo que oréis, porque aquél que no ora, se entrega a pensamientos
superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y
alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento cómo si fuera
espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están
aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las
fuerzas del mal.
La humanidad siempre ha estado demasiado ocupada en las grandezas de la
Tierra, para considerar la importancia que tiene orar y meditar en lo que está más allá
de esta vida, a fin de que pudiera descubrir la esencia de ella misma. El que ora,
conversa con el Padre y si interroga, recibe al instante la respuesta. La ignorancia de
los hombres sobre lo espiritual, procede de su falta de oración.
Os acercáis a un tiempo en el que sabréis dar en justicia lo que corresponde a
vuestro espíritu y al mundo lo que a él le pertenece. Tiempo de verdadera oración, de
culto libre de fanatismo, en el que sabréis orar antes de cada empresa, en el que
sabréis velar por lo que os haya sido confiado.
¿Cómo podrá equivocarse el hombre, cuando en lugar de hacer su voluntad se
anticipe a interrogar a su Padre a través de la oración? Quien sabe orar vive en
contacto con Dios, sabe el valor de los beneficios que de su Padre recibe y a la vez
comprende oí sentido o la finalidad de las pruebas por las que atraviesa.

Los efectos benéficos de la práctica de oración

A través de las eras os he dicho: orad. Hoy os digo que por medio de la oración
podéis alcanzar la sabiduría. Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de
luz trazada por Mí. Por la oración, sanarían a los enfermos, no habría más incrédulos
y volvería la paz a los espíritus.
¿Corno puede ser feliz el hombre si ha rechazado mi gracia? ¿Acaso piensa que
el amor, la caridad y la mansedumbre no son atributos del corazón humano?
Sabed que la palabra que no lleva amor, no tiene vida ni poder. Me preguntáis
cómo podéis empezar a amar y qué debéis hacer para que en vuestro corazón se
despierte este sentimiento, y Yo os digo: Por lo que debéis empezar, es por saber orar.
La oración os acercará al Maestro y ese Maestro soy Yo.
En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce
satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y
vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación
espiritual y de bendiciones.
Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y
depositad en Mí, las penas que haya en vuestro corazón, y Yo os aconsejaré el mejor
camino, la solución que buscáis.
Si vuestro espíritu se encuentra agobiado por los pesares, es porque habéis
pecado, Yo os recibiré y seré benévolo en mi juicio, fortificaré vuestro propósito de
enmienda y os devolveré las fuerzas perdidas.
Sólo la práctica de mis enseñanzas os conservará en gracia y salud espiritual y
corporal, la experiencia que recojáis será luz que iréis acumulando en vuestro espíritu.
El espíritu que sabe velar, no se aparta nunca de la ruta que su Señor le ha
trazado y está en aptitud de emplear su heredad y sus dones, hasta alcanzar su
elevación.
Ese ser tendrá que salir avante en sus pruebas, porque vive alerta y nunca se deja
dominar por la materia. El que vela y ora saldrá triunfante siempre de los trances
difíciles y sabrá caminar con paso firme por la senda de la vida.
¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar!
Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he
puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber. Es el que no escucha la voz interior
que le habla a través de la intuición, de la conciencia y de los sueños; pero el corazón
y la mente no entienden ese lenguaje y no dan crédito al mensaje de su propio
espíritu.
La oración es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con
vuestras interrogaciones, con vuestras inquietudes y vuestros anhelos de luz. A través
de esa comunicación podréis disipar vuestras dudas y descorrer el velo que oculte
algún misterio.
La oración es el principio de la comunicación de espíritu a Espíritu que en los
tiempos venideros florecerá y dará frutos entre esta humanidad.
Hoy le he revelado todo esto al pueblo que me escucha, para que sea el precursor
del tiempo de la espiritualidad.

El poder de la oración

Cuando uno de vosotros ora, no se da cuenta de lo que con su pensamiento
alcanza en lo espiritual, y es menester que sepáis que cuando oráis por vuestros
hermanos, por aquellos pueblos que están destrozándose en la guerra, en esos instante
vuestro espíritu libra también una batalla mental en contra del mal y que vuestra
espada que es paz, razón, justicia y anhelo de bien para ellos, choca contra las armas
del odio, de la venganza, del orgullo.
Éste será el tiempo en que los hombres se den cuenta del poder de la oración;
para que la oración tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis
a Mí.
El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza
superior a toda fuerza humana.
En la oración el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se
ilumina, el torpe se despeja.
El espíritu, cuando ha logrado armonizar con la mente para alcanzar la verdadera
oración, se convierte en un soldado invisible, el cual, apartándose momentáneamente
de lo que a su ser toca, se traslada a otros sitios, se liberta de la influencia de la
materia y se entrega a su lucha de hacer el bien, de conjurar males y peligros, de
llevar un destello de luz, una gota de bálsamo o un hálito de paz a los necesitados.
Por todo lo que os digo, comprended cuánto podréis hacer con el espíritu y con
la mente en medio del caos que ha envuelto a esta humanidad. Estáis en un mundo de
pensamientos e ideas encontradas, donde las pasiones palpitan por el materialismo y
los espíritus navegan entre tinieblas.
Sólo el que por medio de la oración haya aprendido a elevarse en pensamiento y
espíritu a las regiones de la luz, a las moradas de la paz, podrá penetrar en el mundo
de contiendas, donde se reflejan todas las humanas pasiones, sin salir vencido y
dejando en cambio algo de provecho para los que han menester de la luz del espíritu.
Aprended a orar, porque con la oración también podréis hacer mucho bien, así
como también podréis defender de las acechanzas. Es la oración escudo y arma, si
tenéis enemigos, con la oración os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir
ni lastimar a nadie, porque su única misión será brillar en las tinieblas.
Los elementos están desatados en contra del hombre, vosotros no debéis temer,
porque sabéis que os he dado una potestad para vencer el mal y proteger a vuestros
hermanos. Podéis ordenar a esos elementos de destrucción que se detengan y ellos
obedecerán. Si permanecéis orando y velando, podréis hacer prodigios y sorprender al
mundo.
Orad con limpidez, haced comunión con mi Espíritu, no busquéis para ello
determinado lugar. Orad bajo un árbol, en un camino, en la cumbre de una montaña, o
en el rincón de vuestra alcoba Yo descenderé a conversar con vosotros, a iluminaros y
a daros fortaleza.
De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, en pensamiento y en
intención, bastaría sólo vuestra oración para detener a las naciones que viven
preparando la hora de lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais
obstáculo para todos los malos proyectos de vuestros hermanos, seríais como
invisibles espada venciendo a los fuertes, y como escudo defendiendo a los débiles.
La humanidad, ante esas pruebas reveladoras de un poder superior, se detendría
un instante a meditar y esta meditación le evitaría muchos de los grandes toques y
pruebas que a través de la Naturaleza y sus elementos tendrá que recibir.
Si vosotros tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de
la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le
habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os
dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.
¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desate la guerra
más inhumana de todas vuestras guerras? ¿No comprendéis que en ese milagro
influyen millones de oraciones de hombres, de mujeres y de niños, que con su espíritu
combaten las tinieblas y luchan contra la influencia de la guerra? Seguid orando,
seguid velando; pero poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces.
Orad, pueblo, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended el manto de paz de
vuestros pensamientos, formando con ellos un escudo, bajo cuyo amparo, se iluminen
y refugien vuestros hermanos.

Amor a Dios y al prójimo como veneración a Dios

Sabed, mis nuevos discípulos, que vuestro homenaje y vuestro tributo al Señor
deben de ser constantes, sin esperar fechas o días determinados para ofrecerlos, como
constante es el amor de vuestro Padre para vosotros; mas si queréis saber cómo debéis
recordar cada día mis obras de amor, sin caer en fanatismo, Yo os lo diré: vuestra vida
debe ser un continuo homenaje a quien lo ha creado todo, amándoos los unos a los
otros.
Hacedlo así y Yo os concederé lo que me pedís humildemente, que vuestras
faltas os sean perdonadas. Yo os conforto y os alivio, mas os digo: cuando descubráis
vuestros errores y vuestra conciencia os juzgue, orad, enmendad vuestro error,
revestíos de fortaleza para que no volváis a caer en la misma falta y no tengáis que
pedirme repetidas veces que os perdone; mi palabra os enseña para que escaléis y deis
paso a la luz y a la espiritualidad.
Sed tengo, dije a aquella turba que no entendía mis palabras y que gozaba con mi
agonía. ¿Qué podré deciros ahora, cuando veo que no es una turba, sino que es el
mundo entero el que hiere mi Espíritu sin darse cuenta de mi dolor?
Mi sed es infinita, incomprensible, y sólo vuestro amor podrá apagarla; ¿Por qué
en vez de amor me ofrecéis un culto exterior? ¿No sabéis que al pediros agua, me
estáis ofreciendo hiel y vinagre?
En verdad os digo que éstos que sufrieron y me ofendieron mucho, serán los que
más fervientemente me amen; de su corazón brotará constante la ofrenda a mi
Divinidad. No serán ofrendas materiales ni salmos, ni altares de la tierra; ellos saben
que la ofrenda y el culto más agradable para Mí son las obras de amor que hagan con
sus hermanos.
Día tras día llega hasta Mí vuestra oración espiritual, cuyo lenguaje no conoce
vuestra materia porque no son palabras pronunciadas por vuestros labios ni son ideas
formuladas por vuestra mente. La oración del espíritu es tan profunda, que está más
allá de la potencias y de los sentidos humanos.
En esa oración el espíritu llega a las regiones de la luz y de la paz donde moran
espíritus elevados, y ahí saturándose de aquella esencia, retorna a su cuerpo pasajero
para transmitirle la fortaleza.
Pueblo: El tiempo en que debéis saber orar ha llegado entre vosotros. Hoy no
vengo a deciros que os postréis en tierra, no vengo a enseñaros que oréis con vuestros
labios o que me claméis con palabras floridas en hermosas oraciones; hoy vengo a
deciros: Buscadme con el pensamiento, elevad vuestro espíritu y descenderé siempre
para haceros sentir mi presencia. Si no sabéis hablar con vuestro Dios, me bastará el
arrepentimiento, vuestro pensamiento, vuestro dolor, me bastará vuestro amor.
Éste es el lenguaje que Yo escucho, el que Yo entiendo, el lenguaje sin palabras,
el de la verdad y la sinceridad, ésa es la oración que he venido a enseñaros en este
Tercer Tiempo.
Siempre que habéis hecho una buena obra, habéis sentido mi paz, la tranquilidad
y la esperanza y es que el Padre está muy cerca de vosotros.
Rehuyo todo lo que sea vanidad y pompa humana, porque a mi Espíritu sólo
llega lo que es espiritual, lo que es noble y elevado, lo limpio y eterno. Recordad que
dije a la mujer de Samaria "Dios es Espíritu y es necesario que le adoren en espíritu y
en verdad". Buscadme en lo infinito, en lo puro y allí me encontraréis.
¿Por qué ofrecerme lo que Yo he hecho para vosotros? ¿Por qué me dais flores,
si vosotros no las hacéis? En cambio si me presentáis obras de amor, de caridad, de
perdón, de justicia, de ayuda hacia vuestros semejantes, ese tributo sí será espiritual y
se elevará al Padre como una caricia, como un ósculo que desde la Tierra, los hijos
enviarán a su Señor.
Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque
aprisionaréis vuestro espíritu y no lo dejaréis abrir sus alas, para conquistar la
eternidad.
El altar que os dejo para que celebréis en él el culto que Yo espero, es la vida, sin
limitación alguna, más allá de todas las religiones, de todas las iglesias y las sectas,
porque existe en lo espiritual, en lo eterno, en lo divino.

La plática de conciencia entre Dios y el hombre

Hoy vengo hasta vosotros con una enseñanza que aunque al mundo le parezca
imposible practicarla, una vez que es comprendida, es la más fácil de cumplir. Vengo
a enseñaros el culto del amor a Dios a través de vuestra vida, de vuestras obras y de la
oración espiritual, la que no es pronunciada por los labios en un sitio determinado, ni
necesita de formas o imágenes para inspirarse.
Mientras los hombres han querido ver en Mí un Dios distante, remoto, Yo me he
propuesto demostrarles que estoy más cerca de ellos que las pestañas de sus ojos.
Rezan maquinalmente y si no ven realizado todo lo que pidieron en forma
inmediata, exclaman desalentados: "Dios no nos ha oído".
Si ellos supiesen orar, si unieran la mente con el corazón a su espíritu,
escucharían en su conciencia la voz divina del Señor y sentirían que su presencia
estaba muy cerca de ellos, pero ¿Cómo quieren sentir mi presencia si me piden a
través de cultos materializados? ¿Cómo es posible que logren sensibilizar su espíritu,
si hasta a su Señor lo adoran en imágenes hechas con sus manos?
Quiero que comprendáis que me tenéis muy cerca, que os podéis comunicar
fácilmente Conmigo, así como sentirme y recibir mis inspiraciones.
Practicad el silencio que favorece al espíritu para que pueda encontrar a su Dios,
ese silencio es como una fuente de conocimientos y todos los que en él penetran se
llenan de la claridad de mi sabiduría. El silencio es como un lugar cerrado con
murallas indestructibles, al que sólo tiene acceso el espíritu. El hombre lleva
constantemente en su interior, el conocimiento del lugar secreto en el que podrá
comunicarse con Dios.
No importa el lugar donde os encontréis, doquiera podréis comunicaros con
vuestro Señor, ya sea que estéis en la cumbre de la montaña o que os encontréis en la
profundidad de un valle, en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio
de una lucha; si me buscáis en el interior de vuestro santuario en medio del silencio
profundo de vuestra elevación, al instante las puertas del recinto universal e invisible
se abrirán para que os sintáis verdaderamente en la casa de vuestro Padre, la cual
existe en cada espíritu.
Cuando el dolor de las pruebas os agobie y las penas de la vida aniquilen a
vuestros sentidos, si experimentáis un deseo intenso de alcanzar un poco de paz,
retiraos a vuestra alcoba o buscad el silencio, la soledad de los campos, ahí elevad
vuestro espíritu guiado por la conciencia y entrad en meditación. El silencio es el
reino del espíritu, reino que es invisible a los ojos materiales.
En el instante de penetrar al éxtasis espiritual, es cuando se logra que despierten
los sentidos superiores, surge la intuición, la inspiración brilla, el futuro se presiente y
la vida espiritual palpa lo distante y hace posible lo que antes le parecía inalcanzable.
Si queréis penetrar en el silencio de este santuario, de esta arca, vosotros mismos
debéis ser los que preparéis el camino, porque sólo con verdadera pureza podréis
penetrar en él.
Es necesario que se levanten de nuevo mis profetas para amonestar a los
hombres, porque mientras hay pueblos que se destrozan cegados por la ambición y la
violencia, los que han recibido mi luz y serenamente juzgan a la humanidad, temen
levantarse a dar la buena nueva.
Si esta humanidad supiese orar con el espíritu, escucharía mi voz, recibiría mi
inspiración, pero cada vez que ora pone un velo en sus ojos que le oculta la luz de mi
presencia. Tengo que venir hacia los hombres en los instantes en que sus cuerpos
descansan para despertar a su espíritu, llamarlo y conversar con él. Es Cristo que cual
ladrón en medio de la noche, penetra en vuestro corazón para sembrar en él mi
simiente de amor.
Aprended a orar y a meditar a la vez, para que surja en cada uno de vosotros el
conocimiento y la comprensión.
Espiritualidad es libertad; por eso los que me escuchan ahora y han comprendido
el sentido de esta Doctrina libertadora, ven abrirse delante de ellos ese extenso valle
en el que lucharán y darán testimonio de que llegó el tiempo en que Dios, Creador
Omnipotente, ha venido a establecer comunicación entre Él y el hombre.
La doctrina de Cristo fue espiritual, mas el hombre la rodeó de ritos y de formas
para ponerla al alcance de los espíritus de escasa elevación.
Habéis penetrado en el tiempo del Espíritu, el de las grandes revelaciones, en el
que desaparecerá de todo culto la materialización, la impostura y la imperfección, en
que todo hombre, a través de su espíritu, reconocerá a su Dios que es todo Espíritu, y
por ese camino encontrará la forma de la comunicación perfecta.
Cuando los hombres hayan aprendido a comunicarse con mi Espíritu, ya nada
tendrán que consultar en libros, ni qué preguntar.
Hoy todavía preguntan a quienes creen que saben más, o van tras de textos y
libros, ansiosos de encontrar la verdad.
Si aprendieseis a meditar unos instantes cada día y que vuestra meditación fuese
sobre la vida espiritual, descubriríais infinidad de explicaciones y recibiríais
revelaciones que por ningún otro medio podríais obtener.
Vuestro espíritu tiene ya la luz suficiente para interrogarme, así como para
recibir mi respuesta. El espíritu de la Humanidad ha alcanzado ya gran elevación.
Observad a hermanos vuestros de condición humilde quienes, a pesar de su pobreza
de conocimientos sorprenden con sus profundas observaciones, así como la forma
clara con que se explican lo que para muchos otros es algo inexplicable. ¿Acaso ellos
acuden a libros o a escuelas? No, pero han descubierto por intuición o por necesidad
el don de la meditación que es parte de la oración espiritual. En su soledad, aislados
de influencias y prejuicios, han descubierto la forma de penetrar en comunión con lo
eterno, con lo espiritual, con lo verdadero, y unos más, otros menos, todos los que han
meditado en la verdadera esencia de la vida, han recibido luz espiritual en su
entendimiento.
Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: En permitir que vuestro
espíritu se eleve libremente hacia el Padre, en entregaros con plena confianza y fe en
aquel acto; en recibir en el corazón y en la mente las sensaciones recogidas por el
espíritu; en aceptar con verdadera humildad la voluntad del Padre, el que ora de esta
manera, goza de mi presencia en cualquier instante de su vida y jamás se siente
menesteroso.
Allí, en lo más puro de su ser, en el espíritu, será donde escriba Yo mi Ley en
este tiempo, donde haga escuchar mi voz, donde levante mi templo, porque lo que no
exista en el interior del hombre, lo que no esté en su espíritu, es como si no existiese.
Así levante enormes templos materiales en mi honor, así me ofrezca festines y
ceremonias llenas de esplendor, su ofrenda no llegará a Mí, porque no es del espíritu.
Todo culto externo lleva siempre vanidad y ostentación, en cambio, la ofrenda
callada, aquella que no ve el mundo y que me ofrecéis de espíritu a Espíritu, esa llega
hacia Mí por su humildad, por su sinceridad, por su verdad, en un palabra: porque
brotó del espíritu.
Repasad aquella parábola mía dada en el Segundo Tiempo y que es conocida
como la parábola del fariseo y el publicano y entonces comprenderéis que mi
enseñanza, en todos los tiempos ha sido una sola.
¿Sabéis que hay quienes son amados sin merecerlo? Así os amo Yo. Dadme
vuestra cruz, dadme vuestras tristezas, dadme vuestras esperanzas que han fracasado,
dadme la pesada carga que lleváis, Yo puedo con todos los dolores. Sentíos libres de
vuestro fardo para que seáis felices, penetrad en el santuario de mi amor y guardad
silencio ante el altar del Universo, para que vuestro espíritu pueda conversar con el
Padre en el más hermoso de los lenguajes: el del amor.

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