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Obras de caridad y significado central del amor.




La gracia retroactiva de las buenas obras

Observad todos los casos de miseria humana, de dolor, de necesidad y dejad que
ante la vista del dolor, que por todas partes os rodea, vuestro corazón se vaya
sensibilizando.
Cuando ya sintáis en lo más profundo de vuestro ser un generoso y noble impulso
de hacer el bien, dejad que ese impulso se desborde y manifieste. Es el espíritu que va
a entregar su mensaje porque ha encontrado preparado y dispuesto a su cuerpo.
Haced que la caridad sea entre vuestras aspiraciones, la primera, y no os
arrepentiréis nunca de haber sido caritativos, porque a través de esa virtud tendréis las
mayores satisfacciones y dichas de vuestra existencia y obtendréis al mismo tiempo
toda la sabiduría, la fuerza y la elevación que anhela todo espíritu noble.
Por medio de la caridad hacia vuestros hermanos, purificaréis vuestro espíritu,
saldando en esa forma antiguas deudas, ennobleceréis vuestra vida humana y
elevaréis vuestra vida espiritual.
Cuando lleguéis delante de la puerta a la que todos vendréis a llamar, será muy
grande vuestra dicha, porque escucharéis la voz de bienvenida que el mundo espiritual
os dará, bendiciéndoos y llamándoos en la Obra de regeneración y espiritualidad.
Mas Yo os digo: Benditos sean aquellos de mis labriegos que sepan sentir en su
corazón la pena de los que viven privados de la libertad o de la salud, y les visiten y
les conforten, porque un día volverán a encontrarse, sea en ésta o en otra vida, y
entonces no sabéis si ellos tengan más salud, mayor libertad y luz que aquéllos que les
llevaron el mensaje de amor a un presidio o a un hospital, y entonces les correspondan
con su gratitud, tendiendo la mano a quien en otro tiempo supo tendérsela.
Aquel instante en que hicisteis llegar mi palabra a su corazón aquel momento en
que pasasteis vuestra mano sobre su frente y los hicisteis pensar en Mi y sentirme,
jamás se borrará de su espíritu, como no se borrará de su mente ni vuestra faz, ni
vuestra voz de hermano, por lo que os reconocerán doquiera que os encontrasen.
Así como la brisa y el sol os acarician, pueblo, acariciad vosotros a vuestros
semejantes. Éste es el tiempo en que los necesitados y los menesterosos abundan.
Comprended que aquél que os pide el favor, os está concediendo la gracia de que
seáis útiles a los demás y de que trabajéis por vuestra salvación. Él os da la
oportunidad de que seáis misericordiosos y con ello os asemejéis a vuestro Padre;
porque el hombre ha nacido para regar por el mundo la semilla del bien. Comprended
entonces que quien os pide, os favorece.

Beneficencia verdadera y falsa

¡Oh discípulos, vuestra más alta misión será la de la caridad! Muchas veces la
entregaréis secretamente, sin ostentación, no dejando que la mano izquierda sepa lo
que ha dado la derecha, pero habrá ocasiones en que vuestra caridad tenga que ser
vista por vuestros hermanos para que aprendan a impartirla.
Descuidad el pago, Yo soy el Padre que premia con justicia las obras de sus hijos,
sin olvidar una sola.
Os he dicho que si un vaso de agua diereis con verdadera caridad, ese no quedará
sin galardón.
Bienaventurados los que al llegar a Mí me digan: "Señor, nada espero en pago de
mis obras, me basta existir y saber que soy vuestro hijo para que mi espíritu se llene
de felicidad".
No alimentéis intereses egoístas pensando tan sólo en vuestra salvación y en
vuestro galardón, porque vuestro desengaño será muy doloroso cuando os presentéis
en espíritu, porque encontraréis que en realidad no supisteis labraros ningún galardón.
Para que mejor comprendáis lo que quiero deciros, os doy el siguiente ejemplo:
Existen y han existido siempre hombres y mujeres que han procurado hacer obras de
caridad entre sus hermanos y que, sin embargo, cuando llegan ante Mí, no me han
hecho presente méritos para su felicidad espiritual: ¿A qué se debió esto? ¿Podéis
concebir que ellos hayan sido víctimas de una injusticia por parte de su Padre? La
respuesta es sencilla, discípulos: No pudieron recoger un bien para sí, porque sus
obras no fueron sinceras, porque cuando extendieron su mano para dar algo, nunca lo
hicieron movidos por un verdadero sentimiento de caridad hacia el que sufre, sino
pensando en sí mismos, en su salvación, en su premio. A unos les movió el interés, a
otros la vanidad, y esa no es caridad verdadera porque no fue sentida ni desinteresada
y Yo os digo que el que no lleva sinceridad y amor, no está sembrando la verdad ni
está labrándose un galardón.
La caridad aparente podrá proporcionaros en la Tierra algunas satisfacciones que
provengan de la admiración que despertéis y de la adulación que recibáis, pero lo
aparente no llega a mí Reino, ahí solo llega lo verdadero. Allí todos llegaréis sin
poder ocultar la menor mancha o impureza; porque antes de presentaros ante Dios os
habréis despojado de mantos, coronas, insignias, títulos, y todo cuanto al mundo
pertenezca, para presentaros delante del Supremo Juez , como simples espíritus que
van a responder ante el Creador de la misión, a ellos encomendada.
El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien ni alguna de
las múltiples sendas que ofrece la vida, ése sabe que es un ser que debe prestarse para
ser utilizado por la voluntad divina para fines muy elevados. Yo quiero que vosotros
lleguéis a saber, ¡oh discípulos! para que seáis los que libertéis de sus fumes a quienes
han perdido la senda de la evolución.
El amor verdadero, aquél que está más allá del corazón, es el fruto de la sabiduría.
Ved cómo Yo, en mi palabra, siembro sabiduría en vuestro entendimiento y luego
espero el fruto de vuestro amor.
Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir,
todas son expresiones del amor, que es uno solo, del amor, que es sabiduría del
espíritu.
Unos podrán ir por el camino de la ciencia, otros por el del espíritu, otros por el
sentimiento y el conjunto de todos será la armonía espiritual.

Actos de amor, espirituales y materiales

Si estáis pobres materialmente y por esa causa no podéis ayudar a vuestros
semejantes, no temáis, orad y Yo haré que donde no haya nada, brote luz y haya paz.
La caridad verdadera de donde nace la piedad, es la mejor dádiva que podréis
depositar en los necesitados. Si al dar una moneda, un pan o un vaso de agua, no
tuvieseis en vuestro corazón el sentimiento de amor hacia vuestros hermanos, en
verdad os digo que nada habréis dado, que más os vale no desprenderos de aquello
que dais.
¿Hasta cuándo, humanidad, queréis conocer el poder del amor? Nunca hasta ahora
habéis hecho uso de esa fuerza que es el principio de la vida.
No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo
para que deis ejemplo de perdón y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad
vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.
Sanad a los enfermos, volved la razón a los extraviados, apartad a los espíritus que
nublan la inteligencia y haced que ambos recobren la luz que han perdido.
Discípulos: Aquella máxima que os enseñé en el Segundo Tiempo de amaros los
unos a los otros, es aplicable a todos los actos de vuestra vida.
Hay quienes me dicen: "Maestro, ¿Cómo podré amar a mis semejantes, si soy un
ser insignificante, que vive entregado al trabajo material?"
A estos pequeños míos Yo les digo, que aún dentro de ese trabajo material, en
apariencia sin importancia, podéis amar a vuestros semejantes, si vuestras labores las
hacéis con el deseo de servir a vuestros hermanos.
Imaginaos lo hermosa que sería vuestra vida si cada hombre trabajase pensando
en hacer bien y en unir su pequeño esfuerzo al de los demás. De cierto os digo que la
miseria no se conocería, mas la verdad es que cada quien trabaja para sí, pensando en
sí y si acaso en los suyos.
Todos necesitáis saber que nadie puede bastarse a sí mismo y que necesita de los
demás; todos debéis saber que estáis íntimamente ligados a una misión universal que
debéis cumplir unidos pero no unidos por obligaciones materiales, sino por intención,
por inspiración e ideal, en una palabra: Por el amor de los unos hacia los otros. El
fruto entonces será en beneficio de todos.
Os digo, discípulos, en mi Ley de amor, que si no podéis hacer obras perfectas
como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a
ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad por imitarme y un poco
de amor hacia vuestros semejantes, para que Yo os ayude y manifieste mi gracia y mi
poder a vuestro paso.
Nunca estaréis solos en la lucha. Si no os dejo solos cuando vais doblegados bajo
el peso de vuestros pecados, ¿Creéis que os abandone cuando vayáis caminando bajo
el peso de la cruz de esta misión de amor?

El significado integral del amor

En todos los tiempos mi Doctrina os ha mostrado que su esencia es el amor.
El amor es la esencia de Dios, de esa fuerza toman todos los seres para vivir; de
ella surgió la vida toda y la creación: El amor es el principio y el fin en el destino de
todo lo hecho por el Padre.
Ante esa fuerza que todo lo mueve, lo ilumina y vivifica, desaparece la muerte, se
esfuma el pecado, se desvanecen las pasiones, le lavan las impurezas y se perfecciona
todo lo que es imperfecto.
Yo os he revelado mi existencia y el por qué de la vuestra; os he descubierto que
el fuego que da vida y todo lo anima, es el amor; es el principio de donde han brotado
todas las naturalezas.
He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por
amor y seréis en la eternidad por amor.
El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, ¡oh humanidad! ¿Cómo
podríais vivir sin ese don? Creedme, hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros
que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. El bálsamo que a muchos ha
salvado, ha sido el amor y el don divino que resucita a la vida verdadera, que redime y
que eleva, es también el amor.
Amad, el que no ama lleva en sí una tristeza profunda: la de no poseer, de no
sentir lo más bello y elevado de la vida.
Eso fue lo que Jesús vino a enseñaros con su vida y con su muerte, y lo que os
legó en su divina palabra condensada en la frase de "Amaos los unos a los otros, con
ese amor que Yo os he enseñado".
Día llegará en que los que no han amado, despojándose de su amargura y sus
prejuicios vengan y descansen en Mí, donde volverán a la vida escuchando mi palabra
dulce, de infinita ternura.
En verdad os digo: que en el amor está mi fuerza, mi sabiduría y mi verdad. Es
como una escala infinita que se presenta bajo distintas formas desde las inferiores de
los humanos, hasta las más elevadas de los espíritus que han alcanzado la perfección.
Amad, aunque sea a vuestra manera, pero amad siempre. No odiéis, porque el
odio deja una cauda de muerte, mientras que por amor se perdona y se borra todo
rencor.
Os digo que quien no ama, no manifiesta su amor en la forma más elevada y con
absoluta pureza; carecerá del verdadero saber y muy poco será lo que posea. En
cambio el que ame con todo su espíritu y con todas las potencias de que ha sido
dotado, ese llevará en sí la luz de la sabiduría y sentirá que realmente es el dueño de
todo lo que le rodea, porque lo que el Padre posee, es también propiedad de sus hijos.
El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente
por los escabrosos caminos de la ciencia.
Dejad que el Maestro os guíe en todos los actos, palabras y pensamientos.
Preparaos bajo su dulce y amoroso ejemplo y manifestaréis el amor divino, así os
sentiréis cerca de Dios, porque estaréis en armonía con Él.
Si amáis, lograréis ser mansos, como Jesús lo fue.
Quien ama comprende, quien estudia tiene voluntad; quien tiene voluntad puede
hacer mucho. Yo os digo que ni elevación, ni sabiduría tendrá, ni hará obras grandes,
quien no ame con toda la potencia de su espíritu.
No dejéis engreír vuestro corazón, porque él simboliza el fuego de la eternidad del
que todo brotó y donde todo se vivifica.
El espíritu se sirve del corazón para amar a través de la materia. Si amáis sólo por
la ley de la materia, vuestro amor será pasajero, porque ella es limitada, mas cuando
amáis espiritualmente, ese sentimiento se asemeja al del Padre, que es eterno, perfecto
e inmutable.
Toda la vida y todo lo creado están relacionados con el espíritu, porque él posee
vida eterna. No os limitéis, amadme y amaos, ya que poseéis esa chispa del Ser que
no tiene límites para amar, que es Dios mismo.
Elevaos en la senda que os conduce a la cima de la montaña y cada paso que deis
iréis comprendiendo mejor mis enseñanzas, e iréis perfeccionándoos, para interpretar
el lenguaje divino.
¿Cuál es el idioma del espíritu? Es el amor. El amor es el idioma universal de
todos los espíritus. ¿No veis que también el amor humano habla? Muchas veces no
necesita palabras, habla mejor con hechos, con los pensamientos. Si así se manifiesta
el amor humano, ¿Cómo será vuestro lenguaje cuando os perfeccionéis en mi Ley?
Si vosotros contempláis que Yo soy la Sabiduría, esa sabiduría brota del amor. Si
me reconocéis como Juez, esa justicia se basa en el amor. Si me tenéis por poderoso,
mi poder está fincado en el amor. Si sabéis que soy eterno, mi eternidad proviene del
amor, porque éste es vida y la vida hace inmortales a los espíritus.
El amor es luz, es vida y saber. Y esa semilla os la he dado desde el principio de
los tiempos, la única que Yo, como labrador perfecto, he sembrado en las tierras que
son vuestros corazones.

El poder del amor

¡Oh varones y mujeres del mundo que habéis olvidado en vuestras ciencias lo
único que puede haceros sabios y felices; os habéis olvidado del amor que todo lo
inspira, del amor que todo lo puede y todo lo transforma! Vivís dentro del dolor y de
las tinieblas, porque al no practicar el amor que os enseño, origináis vuestro
sufrimiento material o espiritual.
Para descubrir y comprender mis mensajes, necesitáis primero ser bondadosos y
mansos de corazón, virtudes que existen en todo espíritu desde el instante de su
formación, mas para llegar a sentir el verdadero sentimiento elevado del amor,
necesitáis espiritualizaros, cultivando vuestros buenos sentimientos; pero todo habéis
querido tener en la vida, menos amor espiritual.
En todos los tiempos habéis tenido guías que os han enseñado la fuerza del amor.
Han sido hermanos vuestros más adelantados, con mayor conocimiento de mi Ley y
mayor pureza en sus obras. Han venido a daros ejemplo de fortaleza, de amor y de
humildad, al cambiar su vida de errores y pecados por una existencia consagrada al
bien, al sacrificio y a la caridad.
Desde la infancia hasta la ancianidad, tenéis ejemplos claros de todo lo que se
logra con amor y de las penas que originan la falta de caridad; pero vosotros, más
insensibles que las rocas, no habéis sabido aprender las enseñanzas y ejemplos que os
da el diario vivir.
¿Habéis observado alguna vez cómo las mismas fieras, responden mansamente a
un llamado de amor? Pues de la misma manera pueden responder los elementos, las
fuerzas de la Naturaleza, todo lo que existe en el mundo material y espiritual.
Por eso os digo que todo lo bendigáis con amor en el nombre del Padre y Creador
del Universo.
Bendecir quiere decir saturar. Bendecir es sentir el bien, decirlo y entregarlo.
Bendecir es impregnar lodo lo que os rodea, de pensamientos de amor.
En verdad os digo que el amor es la potencia inmutable que mueve al Universo. El
amor es el principio y la esencia de la vida.
Estoy iniciando un tiempo de resurrección espiritual para todos, tiempo en el que
haré florecer aquella bendita semilla de amor que derramé sobre el mundo desde lo
alto de una cruz, anunciándoos que, cuando los hombres se amen como Yo os enseñé,
la muerte habrá sido desalojada del mundo y en su lugar la vida será la que reine
sobre los hombres y se manifieste en todas sus obras.

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