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Apostolado verdadero - nuevos Apóstoles





Apostolado verdadero - nuevos Apóstoles

No tratéis de limitar esta Obra que es universal e infinita, ni de poner límites a
vuestro desenvolvimiento espiritual, porque cuanto más os profundicéis en el camino
de las buenas obras y del estudio, mayores revelaciones iréis recibiendo. La Obra
divina la veréis surgir de lo más sencillo, la veréis manifiesta en todo lo creado, la
sentiréis latir en vuestro ser.
Ésta es la sencillez con que vengo a doctrinar al discípulo espiritualista, para que
él también sea sencillo, como su Maestro. Que sepa el discípulo persuadir y convertir
con la verdad de sus palabras y la fuerza de sus obras, sin querer sorprender a nadie
con poderes misteriosos o facultades extraordinarias.
El discípulo verdadero, será grande por su sencillez. Comprenderá a su Maestro y
a la vez se hará comprender de sus hermanos.
El discípulo de Jesús, es aquél que subyuga con la palabra que persuade y
consuela, que levanta y resucita, haciendo del vencido un vencedor de sí mismo y de
la adversidad.
El apóstol de Cristo no puede albergar egoísmo en su corazón, pensando
solamente en sus propios sufrimientos o preocupaciones; él desatiende lo suyo para
pensar en los demás, con la confianza absoluta de que nada ha quedado desatendido,
porque de inmediato el Padre asiste a quien ha abandonado lo suyo por atender a un
hijo del Señor que necesita el sustento del espíritu. Y aquél que supo olvidarse de sí
mismo para llevar a un semejante una sonrisa de esperanza, un consuelo a su tristeza,
una gota de bálsamo a su dolor, al retornar a su hogar, lo encuentra iluminado con una
luz que es bendición, alegría y paz.
En mi mesa de este tiempo, lo mismo será apóstol el varón que la mujer; a esta
mesa sentaré a vuestro espíritu.
Han sido las mujeres las que en este tiempo han levantado el estandarte
espiritualista delante de las muchedumbres; ellas han ido dejando en el camino la
huella del apóstol celoso de la Ley del Señor.
En mi nuevo apostolado estará la mujer al lado del varón y no habrá edades para
servirme; lo mismo lo hará el adulto que el niño o el anciano; lo mismo la doncella
que la madre, porque vuelvo a deciros que es a vuestro espíritu al que busco y que él,
tiempo ha que ha dejado su infancia.
Si os dije en el Segundo Tiempo que mi Reino no está en este mundo, ahora os
digo que tampoco se encuentra aquí el vuestro, porque esta morada, como ya lo
sabéis, es transitoria para el hombre.
Vengo a enseñaros la verdadera vida, la que nunca ha estado basada en el
materialismo. Por eso volverán a levantarse en contra de mi Doctrina eterna, con mi
enseñanza de siempre que es de amor, de sabiduría y justicia; sin embargo, no será
comprendida inmediatamente, la humanidad volverá a juzgarme, volverá a ponerme
en la cruz, mas yo sé que deberá pasar mi enseñanza por sobre todo esto, para que sea
reconocida y amada. Yo sé que mis más tenaces perseguidores serán después mis más
fieles y abnegados sembradores, porque pruebas muy grandes les daré de mi verdad.
Aquel Nicodemo del Segundo Tiempo, príncipe entre los sacerdotes, el cual buscó
a Jesús para conversar con Él de enseñanzas sabias y profundas, seguirá nuevamente
en este tiempo, para analizar serenamente mi Obra y convertirse a ella.
Aquel Saulo, llamado Pablo, el que después de perseguirme con saña, se convirtió
en uno de mis más grandes apóstoles, volverá a aparecer en mi camino, y de todas
partes surgirán mis nuevos discípulos, fervientes unos, abnegados otros. La hora
presente es de gran trascendencia, el tiempo del que os estoy hablando se acerca a
vosotros.
Las multitudes necesitan de aquéllos que saben ser firmes en las pruebas, de los
que están acostumbrados a las grandes luchas del mundo y del espíritu. Ellos son los
que podrán orientar y conducir a la humanidad, porque en su corazón no habrá el
deseo de oprimir, ni de dominar a nadie; no podrán dar albergue al egoísmo porque en
sus instantes de elevación habrán sentido la caridad del Señor colmándoles de amor,
para que de esa caridad den a sus hermanos.
Los enviados de Dios en todo el mundo y todos los tiempos
Los pueblos de la Tierra nunca han estado menesterosos de luz espiritual. De
cierto os digo, que no sólo este pueblo ha tenido profetas y enviados, sino que a todos
les he enviado emisarios a despertarlos.
Por la luz y la verdad de sus doctrinas, así como por la semejanza con lo que os he
revelado, podréis juzgar de sus palabras.
Unos llegaron antes de la venida del Mesías, otros han sido posteriores a mi
presencia en cuanto hombre, pero todos han llevado un mensaje espiritual a los
hombres.
Esas doctrinas al igual que la mía, han sufrido profanaciones, porque cuando no se
ha alterado su esencia, se les ha mutilado o las han ocultado a los hombres
hambrientos de verdad.
Una sola verdad y una sola moral, es la que se ha revelado a los hombres, a través
de enviados, profetas y siervos; ¿Por qué tienen los pueblos diferentes conceptos
acerca de la verdad, de la moral y de la vida?
Esa verdad, falseada a través de los tiempos por la humanidad, será restablecida y
su luz resplandecerá con tanta fuerza que les parecerá a los hombres como si fuese
algo nuevo, siendo la misma luz que siempre ha iluminado el camino de evolución a
los hijos de mi Divinidad.
Muchos son los que han muerto por decir la verdad, muchos también los que han
sido sujetos a tormentos por no querer callar la voz que en ellos hablaba.
No penséis que el cielo sólo ha enviado a los que os han hablado de espíritu, de
amor, de moral; no, también ha enviado a los que os han ofrecido buenos frutos de la
ciencia, aquellos conocimientos que hacen luz en la vida de los hombres, que aligeran
sus cargas y alivian sus penas. Todos ellos han sido enviados míos.
Hay otros también que, sin traer doctrinas de moral espiritual, ni revelaciones
científicas, traen el mensaje que enseña a sentir y admirar las bellezas de la creación;
son mensajeros míos que tienen la misión de llevar deleite y bálsamo al corazón de
los que lloran.
Todos ellos han bebido la amargura al darse cuenta de la incomprensión de un
mundo ciego a la verdad, de una humanidad insensible a lo bello y a lo bueno. Sin
embargo, si os he dicho que en esta era todo será restaurado, si os he anunciado que
todo volverá a su cauce y que a todas mis enseñanzas les será restituida su original
esencia, podéis creer que está próximo un tiempo de esplendor espiritual en este
mundo, aunque no debéis olvidar que antes que eso acontezca, todo será juzgado y
purificado.
Siempre que alguna revelación está por llegar a iluminar a los hombres, les he
enviado precursores o profetas a prepararles con el fin de que aquella luz pueda ser
contemplada por ellos; mas no creáis que sólo son enviados míos aquéllos que traen
mensajes para el espíritu, no, discípulos, todo aquél que entre la humanidad siembra
el bien en cualquiera de sus formas, es enviado mío.
A esos emisarios podéis encontrarlos en todos los caminos de vuestra vida, lo
mismo en las religiones, que en las ciencias, entre los hombres que gobiernan o en
aquéllos que imparten buenas enseñanzas.
El verdadero siervo mío, nunca se aparta del sendero que debe recorrer, prefiere
morir en el camino que retroceder. Su ejemplo es semilla de luz en la vida de sus
semejantes y sus obras son ejemplos para los demás. ¡Ah, si la humanidad supiese
comprender los mensajes que a través de ellos le envío! Mas no es así, porque existen
muchos hombres que teniendo delicadas misiones en el mundo, desvían sus miradas
de aquellos grandes ejemplos, para tomar el camino que mejor les place.
Mas, ¿Qué habéis hecho, humanidad, de aquellos hombres que os he enviado para
que os recuerden mi camino, el camino de la fe, que es el de la sabiduría, del amor y
la paz?
Nada quisisteis saber de sus mensajes, combatiéndoles con la fe hipócrita que
tenéis por vuestras teorías y religiones.
No quisieron vuestros ojos contemplar la luz que como mensaje de amor os
trajeron cada uno de mis enviados, así les llaméis profetas, videntes, iluminados,
doctores, filósofos, científicos o pastores.
Esos hombres han brillado y no habéis querido ver su luz, han ido delante de
vosotros y no habéis querido seguir sus pasos.
Os dejaron el ejemplo del camino del sacrificio, del dolor, de la caridad y tuvisteis
miedo de imitarles, sin saber que el dolor de los que me siguen es alegría del espíritu,
es camino de flores y horizonte lleno de promesas.
Ellos no vinieron a aspirar el aroma de las flores de la Tierra, ni a embriagarse en
los placeres fugaces del mundo, porque la aspiración de su espíritu ya no era hacia lo
impuro, sino hacia lo elevado.
Sufrieron, pero no buscaron ser consolados, porque sabían que habían venido para
consolar. No esperaban nada del mundo, porque estaban esperando para después de la
lucha, la alegría de contemplar la resurrección a la fe y a la vida de los espíritus, de
todos aquéllos que habían muerto a la verdad.
¿Quiénes son estos seres de los que os hablo? Os digo que se trata de todos
aquellos que os han traído mensajes de luz, de amor, de esperanza, de salud, de fe, de
salvación. No importa el nombre que hayan tenido, ni el camino por donde les hayáis
visto aparecer, ni el título que en la Tierra hayan ostentado.
Es necesario que una vez más os diga que este pueblo que estáis formando en
torno a mi manifestación, no es un pueblo al que el Padre distinga con su amor sobre
los demás pueblos de la Tierra, si el Señor ha puesto su mirada en él, es porque lo ha
formado con espíritus que han estado en el mundo siempre que ha descendido una
nueva revelación divina. Son hijos espirituales de aquel pueblo de Israel: pueblo de
profetas, de enviados, de videntes y patriarcas.
¿Quiénes mejor que ellos podrían recibirme en este tiempo, comprender la nueva
forma de mi manifestación y testificar el cumplimiento de mis promesas?
He descendido en el seno del pueblo de Israel, estableciendo en su mayor número
en esta nación, los demás están diseminados en todas las naciones, enviados por Mí, y
con ellos me he comunicado espiritualmente. Estos son mis escogidos, los que se han
conservado fieles a Mí, no se ha contaminado su corazón y su espíritu puede percibir
mis inspiraciones. Por su conducto estoy entregando al mundo, un caudal de
sabiduría.
Hijos amados que en corto número habéis llegado, en verdad os digo: Mi mirada
perspicaz descubre por doquiera a mis escogidos, los cuales sienten en su espíritu que
ya es el tiempo de mi presencia, ellos no han escuchado mi palabra como vosotros,
mas en su espíritu escuchan una voz que les dice que estoy nuevamente entre la
humanidad, que he venido espiritualmente sobre la nube; a los unos les concederé
contemplarme con los ojos de su espíritu, a otros a través del presentimiento, a los
demás les hago sentir grandemente mi amor para que sientan la presencia de mi
Espíritu.
Pronto se levantarán los intuitivos, los inspirados, los sensibles de espíritu,
testificando en las naciones lo que ven con el espíritu, lo que sienten, lo que escuchan
y reciben. Yo os digo una vez más, que mi pueblo no se reduce a los que me han
escuchado a través de estos portavoces, sino que he enviado a mis siervos a diversos
puntos de la Tierra a preparar los caminos y a limpiar los campos donde más tarde
habrán de llegar los sembradores.
Yo les fortalezco y les bendigo, porque su jornada es penosa, su senda erizada de
espinos. La burla, el escarnio, la calumnia y la impiedad les siguen por doquier; pero
ellos, intuitivos e inspirados, saben que han sido enviados por Mí y están dispuestos a
llegar al fin del camino en cumplimiento de su misión.
Os invito a penetrar a mi Reino. Estoy llamando a todos lo pueblos de la Tierra sin
distinción alguna, mas sé que no todos me escucharán.
La humanidad ha apagado su lámpara y camina entre tinieblas, mas ahí donde se
advierta confusión, surgirá un iluminado mío que haga luz en derredor suyo, un
guardián espiritual que vele y espere mi señal para dar la voz de alerta que despierte y
conmueva.
Dejad que sea el amor de esos enviados, semilla fructífera en vuestro corazón, no
los desconozcáis si se presentan ante vosotros con la pobreza exterior, oídlos porque
van en nombre mío a entregaros la oración perfecta, os librarán de los lazos de
materialismo con que estáis atados, os ayudarán a lograr la libertad espiritual que os
eleve a Mí.
Si apareciese algún hombre diciendo ser Cristo, encarnado nuevamente, no le
creáis, porque al anunciaros que volvería, os di a entender que sería en espíritu. Si
alguno os dijera: Soy el enviado de Dios, desconfiad de él, porque los verdaderos
emisarios no hacen alarde, ni pregonan la misión que Yo les confío, solamente dan
pruebas con sus obras. ¿A los hombres corresponde decir que el árbol por sus frutos
sería reconocido?
No os prohíbo que probéis los frutos de los árboles, pero es menester que estéis
preparados para que sepáis distinguir el fruto bueno del malo.
A los que aman la verdad, les pondré como lámparas para que alumbren el
sendero de sus hermanos.
Los tiempos en que necesitabais de un guía espiritual en el mundo, han pasado;
desde ahora, todo el que penetre en este sendero, no tendrá más camino que el de mi
Ley, ni más guía que su propia conciencia.
No por esto dejará de haber varones y mujeres de gran luz y gran fortaleza que
ayuden con su ejemplo y con su inspiración a las multitudes.
Si fuese de otra manera, ya os habría enviado a la Tierra espíritus como Moisés o
como Elías, a que os trazasen el camino y os recordasen a cada paso la Ley. Ellos os
ayudan, os vigilan y acompañan, mas ya no a través de una forma humana, sino desde
lo espiritual.
¿Quién los ve? Nadie, pero si os preparáis, sentiréis sobre vuestro ser la presencia
de los grandes espíritus que han tenido siempre relación con la humanidad y en ella
grandes misiones que cumplir.

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