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Comprensión y esperanza de la Nueva Palabra





Comprensión y esperanza de la Nueva Palabra

Soy el Verbo de Amor que viene a consolar al que sufre, al turbado, al que llora,
al pecador y al que me ha buscado. Y es mi palabra en esos corazones, el río de la
vida donde calman su sed y limpian sus impurezas, es también el camino que conduce
a la morada eterna del descanso y la paz.
¿Cómo podéis imaginar que la lucha en la vida, sus sacrificios, vicisitudes, y
pruebas, terminen con la muerte sin hallar una justa compensación en la eternidad?
Por eso mi Ley y mi Doctrina con sus revelaciones y promesas son en vuestro corazón
el aliciente, la caricia y el bálsamo en la jornada. Sólo cuando os apartáis de mis
enseñanzas os sentís hambrientos y débiles.
En mi amor divino por las criaturas humanas, les permití que escudriñaran mis
obras y tomasen de todo lo creado, para que nunca tuvieran motivo para decir que
Dios es injusto porque oculta su sabiduría a sus hijos.
Si Yo os formé y os di el don del libre albedrío, y lo he respetado, a pesar de que
el hombre abusando de esa libertad, me ha ofendido profanando mi Ley.
Hoy vengo a hacerle sentir la caricia de mi perdón, iluminando a su espíritu con la
luz de mi sabiduría, para que uno a uno de mis hijos vuelvan al sendero de la verdad.
El Espíritu de Verdad, que es mi luz, brilla en las conciencias, porque os
encontráis en los tiempos anunciados en que todo misterio os será esclarecido, para
que comprendáis lo que hasta ahora no ha sido debidamente interpretado.
He venido a comunicarme en este punto de la Tierra, y dejaré mi palabra como un
don para todos los hombres, este don apartará la pobreza espiritual de la humanidad.
Yo inspiraré a todos la forma verdadera de adoración a Dios y también la forma
de vivir, de acuerdo con la ley divina, cuyo cumplimiento es el único que el Señor
reconocerá a cada uno de vosotros.
Por fin conoceréis el contenido o esencia de mi palabra, ¡oh humanidad! Entonces
encontraréis que mi Doctrina no es sólo la voz divina que habla a los hombres, sino
también la expresión de todos los espíritus.
Es mi palabra la voz que anima, es el grito de libertad, es el ancla salvadora.

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