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El efecto de las Revelaciones





El efecto de las Revelaciones

Aquí, ante esta palabra, no hay hombre que no se estremezca dentro y fuera de su
ser, es decir, en el espíritu y en la carne. Aquí, al escucharme, es cuando piensa en la
vida, en la muerte, en la justicia divina, en la eternidad, en la vida espiritual, en el
bien y en el mal.
Aquí es donde al oír mi voz, siente en sí la presencia de su espíritu. y recuerda de
dónde procede.
Oyéndome, se siente en esos momentos identificado con todos sus semejantes,
reconociéndolos en el fondo de su ser como a sus verdaderos hermanos. Hermanos en
la eternidad espiritual, más próximos aún que los que lo son solamente por la carne,
ya que ésta es pasajera en la Tierra.
No hay hombre ni mujer que escuchándome no se sienta contemplado por Mí, por
lo tanto, nadie se atreve a ocultar o a disimular delante de Mí sus manchas; y Yo las
muestro pero sin señalar a ninguno públicamente, porque soy el Juez que jamás
delata.
Os digo que entre vosotros descubro adulterios, infanticidios, hurtos, vicios y lacras
que son como lepra en el espíritu de quienes han pecado. Mas no sólo vengo a
probaros la verdad de mi palabra demostrándoos que sé descubrir las faltas de vuestro
corazón, quiero también probaros el poder de mis lecciones, dándoos las armas para
vencer el mal y las tentaciones, enseñándoos a lograr la regeneración, despertando en
vuestro ser un anhelo por lo bueno, lo elevado y lo puro y una repulsión absoluta por
todo lo innoble, por todo lo falso y por todo lo malo al espíritu.
Hoy aún vivís los días sombríos que precederán a la luz, sin embargo, esa luz,
aprovechando los pequeños claros de vuestro cielo nebuloso, lo atraviesa con rayos
fugaces que llegan a algunos puntos de la Tierra, tocando corazones, estremeciendo y
despertando a los espíritus.
Todos los que han sido sorprendidos por esta luz, se han detenido en su camino
para preguntar. ¿Quién sois? Y Yo les he respondido: "Soy la luz del Mundo; soy la
luz de la eternidad, soy la verdad y el amor. Soy Aquél que prometió volver a
hablaros, Aquél de quien se dijo que era el Verbo de Dios".
Como Saulo en el camino de Damasco, han humillado toda su soberbia, han
abatido su orgullo, e inclinado humildemente su faz, para decirme con el corazón:
"Padre y Señor mío, perdóname, ahora comprendo que sin darme cuenta os estaba
persiguiendo".
Desde ese instante, esos corazones se han convertido en pequeños seguidores,
porque en este Tercer Tiempo, hasta este instante, no ha aparecido entre mis nuevos
discípulos un apóstol de la elevación de aquél que tanto me persiguió en mis
discípulos, para después amarme con tanta intensidad.
Las religiones duermen un sueño de siglos de rutina y estancamiento, mientras la
verdad ha permanecido oculta. Mas aquéllos que conozcan los mandamientos de
Jehová y la palabra del Divino Maestro, tendrán que reconocer en esta voz que os
habla ahora, a la voz del Espíritu de Verdad, prometido para estos tiempos. (92, 71)
Yo sé que muchos habrán de escandalizarse cuando conozcan esta palabra, pero
serán aquéllos que en su confusión no quieran reconocer que en el hombre existen
además de la naturaleza humana la parte espiritual, o aquéllos que, creyendo en el
espíritu humano, aferrados a la rutina de sus tradiciones y de sus creencias, nieguen
que exista un camino de infinita evolución para el espíritu.
Estas palabras las dejaré escritas, y llegarán a mis discípulos del futuro, y ellos, al
estudiarlas, las encontrarán frescas, vivas, y su espíritu se estremecerá de gozo al
sentir que es su Maestro el que les habla en ese instante.
¿Creéis que todo lo que os he dicho, sea solamente para los que me han
escuchado? No, pueblo amado. Con mi palabra estoy hablando para los presentes y
para los ausentes; para hoy, mañana y siempre; para los que murieron; para los que
viven y para los que han de nacer.

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