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Luz y sombra en las congregaciones de la Revelació





Luz y sombra en las congregaciones de la Revelació

Si mi palabra la hubiese dado en todas las naciones, la mayoría la hubiera
rechazado, porque la vanidad, el materialismo y la falsa grandeza de los hombres, no
hubiera aceptado una doctrina que habla de espiritualidad, de humildad y fraternidad.
El mundo no está preparado aún para entender el amor, por lo tanto no todos hubieran
sido sensibles a mi presencia bajo esta forma.
Así como Cristo en aquel tiempo buscó el hueco de la roca para nacer como
hombre, hoy encontré este rincón de la tierra dispuesto a oírme, el cual tiene
semejanza con la gruta y el pesebre, que recibieron en aquella noche bendita al Hijo
de Dios.
El ejemplo de este pueblo humilde que conduce sus pasos sin ministros que lo
guíen y que me rinde culto sin ceremonias ni símbolos, será un llamado que despierte
a los que duermen su noche de siglos, y será un estímulo para la regeneración y
depuración de muchos de mis hijos.
Bajo la sombra de mi Doctrina, no se construirán tronos, desde los cuales puedan
los hombres engrandecidos dominar a los espíritus de sus hermanos; nadie se
coronará ni cubrirá con manto de púrpura, tratando de ocupar el sitio del Señor, ni
surgirán confesores que juzguen, perdonen, condenen o sentencien sobre los actos de
la humanidad. Para juzgar desde un tribunal justo y perfecto a un espíritu, sólo Yo
puedo hacerlo.
Yo puedo enviar a quienes corrijan, enseñen y guíen, mas no mandaré a quienes
juzguen y sancionen. He enviado a quienes han sido pastores de la humanidad, mas
no señores ni padres. El único Padre por el espíritu soy Yo.
Yo formaré en este tiempo un pueblo que sea celoso de mi Ley, amante de la
verdad y de la caridad. Ese pueblo será como un espejo en el cual los demás podrán
ver reflejados los errores en que hayan incurrido. No será el juez de nadie, pero sus
virtudes, obras y cumplimiento irán tocando al espíritu de todos los que se crucen en
su camino, e irán señalándoles sus errores a todos los que falten a mi Ley.
Cuando este pueblo sea fuerte y numeroso, atraerá sobre sí la atención de sus
semejantes, porque la limpidez de sus obras y la sinceridad de su culto tendrán que
sorprender a la humanidad; entonces se preguntarán los hombres: ¿Quiénes son éstos
que sin tener templos saben orar de tal manera? ¿Quién ha enseñado a estas
multitudes a orar, adorando a su Dios, sin que sientan la necesidad de elevar altares
para su culto? ¿De dónde han salido estos caminantes y misioneros que a semejanza
de las aves no siembran, ni cosechan, ni hilan y sin embargo subsisten?
Y Yo les diré: este pueblo pobre y humilde, pero celoso de mi Ley y fuerte contra
las pasiones del mundo, no ha sido preparado por hombre alguno. Estas multitudes
que gozan haciendo el bien, a las que ilumina la inspiración y saben llevar a los
corazones el mensaje de paz y la gota de bálsamo, no han sido enseñadas por
maestros o ministros de ningún culto de la Tierra, porque de cierto os digo que, en
este tiempo no existe un solo hombre en vuestro mundo, que sepa o que pudiera
enseñar el culto de Dios, bajo la verdadera espiritualidad. No es en el esplendor de los
ritos o de las ceremonias, ni en la riqueza o en el poder terrenal donde radica la
verdad que por ser humilde, busca como templo a los corazones limpios, nobles,
sinceros, amantes de lo puro. ¿En dónde están esos corazones?
He llamado a muchos de mis hijos para darles diferentes cargos, diversas misiones
dentro de esta Obra y os los he dado según vuestro adelanto y vuestros dones, y con
todos he formado mi pueblo, mi nuevo apostolado.
A unos les he dado cargo de guías y para que su tarea no sea dura y penosa, he
dividido al pueblo en congregaciones.
A otros he confiado el don de portavoces, para que trasmitan mi inspiración hecha
palabra humana a estas multitudes que se reúnen para recibir este prodigio.
He dado el privilegio de la videncia a algunos para haceros profetas y anunciar
por su conducto lo que ha de venir.
También han recibido la misión de columnas aquellas que han de ayudar al pueblo
en su peregrinaje y han de ser de los guías como un cirineo que ayude a soportar el
peso de la cruz de sus multitudes.
Otros han sido agraciados con el don de facultad y éstos como instrumentos del
Mundo Espiritual, han sido preparados para trasmitir sus mensajes, el análisis de mi
Obra y también como poseedores del bálsamo de curación, del consuelo para los
enfermos, para que unidos, derramen caridad en los necesitados, por medio de sanas
emanaciones espirituales.
He nombrado pluma de oro al que ha de imprimir en el Libro que he de dejaros,
mis revelaciones, enseñanzas y profecías de este tiempo.
He dado el cargo de Piedra Fundamental a aquéllos que han de ser ejemplo de
firmeza, de estabilidad y fortaleza entre el pueblo. En éstos, su palabra, su consuelo y
ejemplo será invariable, como lo es la roca.
Ahora que se encuentra en su final esta etapa de mi comunicación, estoy juzgando
todos los cargos, y a todos aquellos que fueron escogidos para recibir tan grandes
misiones, les estoy haciendo un llamado para que penetren en profundo estudio y
conozcan el resultado de sus obras. Yo a todos acompaño en esta hora de meditación.
Como en todos los tiempos, muchos fueron los llamados y pocos los escogidos,
porque sólo escojo a los que están a tiempo de cumplir su misión y a los demás, les
doy una luz para que sepan esperar el tiempo en que también sean escogidos.
¡Cuántos que sólo han sido llamados, sin que aún fuese el tiempo de elegirlos para
un cargo, han tomado parte entre mis discípulos y labriegos, sin que su espíritu
tuviese la evolución indispensable para soportar el peso de esta cruz, ni su
entendimiento tuviera la luz necesaria para dejar pasar mi inspiración! ¿Qué han
hecho muchos de ellos, una vez estando entre las filas de los escogidos? Profanar,
envenenar el ambiente, contaminar de sus malas inclinaciones a los demás, mintiendo,
sembrando discordia, lucrando con mi nombre y con los dones que he depositado en
mis discípulos.
Nadie trate de descubrir quiénes son, porque no podríais. Sólo mi mirada
penetrante de Juez no les pierde de vista y a su conciencia hago llegar mi palabra que
les dice: Velad y orad, para que podáis a tiempo arrepentiros de vuestras faltas, que si
así lo hicieseis, Yo os prometo que presto os sentaré espiritualmente a mi mesa y haré
fiesta de reconciliación y de perdón.
Ésa es la verdad, no todos se aman en mi obra, aun cuando se encuentran en ella,
ni todos la han llegado a comprender, por lo cual puedo deciros que unos son de mi
obra y otros hacen la suya.
Los que me vienen siguiendo por amor, aman mi palabra, porque saben que ella
les corrige sin que llegue a herirles y les señala sus defectos, sin que les delate. Eso
los hace que perseveren en el perfeccionamiento de sus prácticas.
Los que en lugar de tratar de alcanzar ese perfeccionamiento, lo que persiguen es
únicamente la adulación, la superioridad, el halago o el medio de qué vivir, en lugar
de buscar el perfeccionamiento del espíritu, esos no resisten mi palabra cuando les
señala sus defectos; entonces tienen que crear una obra distinta a la mía, en donde
sean libres para hacer su voluntad. No han llegado a comprender que lo único que
deben hacer las multitudes en el tiempo que dure mi manifestación, es escucharme
con la mayor elevación, para después poder analizar mi mensaje.
Yo he dicho que llegará el tiempo de la confusión, de la desobediencia, en el cual
el labriego se levantará diciendo que mi comunicación a través del entendimiento
humano no cesará, mas tendrá que llegar el instante en que mi palabra se cumpla
aunque el hombre quiera interponerse a mi voluntad.
Cuántos errores en el camino han cometido muchos de aquéllos a quienes he
confiado un cargo y una gracia. Cuánta incomprensión contemplo que se va a desatar
en mis hijos para después del año de 1950.
Con la incomprensión y la necedad el hombre, retiene mi caridad, y la potestad y
la gracia y se encuentra fuera del camino verdadero de la Ley, de la armonía, y de la
verdad.
Una vez más Israel se desconocerá, tribu con tribu; una vez más se desgarrará y
querrá pisotear la Ley limpia y pura que en sus manos entregué; una vez más Israel
buscará los caminos de antaño para caer en idolatría y fanatismo; buscará las sectas y
entrará en confusión, en tiniebla, y se recreará con la palabra florida y falsa que el
hombre le ha de entregar.
Los hombres de las religiones y sectas al contemplar que Israel se divide, que
Israel se desconoce y debilita, buscarán motivos para arrebatar la joya de incalculable
valor, para arrebatar el arca de la nueva alianza y decir el mañana que ellos son los
verdaderos enviados entre la humanidad y los representantes de mi Divinidad.

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