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La trascendencia de la nueva Revelación





La trascendencia de la nueva Revelación

En apariencia, esta revelación no encierra grandeza alguna, mas ya veréis en el
futuro la trascendencia que tendrá entre la humanidad.
Entre este pueblo, hay discípulos de toda índole; unos vislumbran la magnitud de
esta obra y presienten la conmoción que su aparición provocará en el mundo, otros se
conforman con creer que éste es un buen camino, y hay también quienes no logran
descubrir la grandeza de esta Doctrina y dudan de su triunfo y de su establecimiento
en el corazón de los hombres. Yo os digo que es un joya la que os he confiado, cuyos
divinos destellos no habéis querido ver porque no habéis analizado mi enseñanza.
No olvidéis que ya en aquel tiempo se dudó de la palabra de Cristo, porque los
hombres se detuvieron a juzgar su origen y el atavío de Jesús, y que al encontrar que
era hijo de un carpintero nazareno y de una mujer humilde, que más tarde se habría de
levantar en unión de un grupo de pobres pescadores galileos a predicar una Doctrina
que les parecía extraña, no podían creer que aquel caminante que iba de aldea en aldea
mostrando la humildad de sus vestiduras, fuera el Rey que había prometido el Señor
al pueblo de Israel.
Os hago estas aclaraciones, porque los hombres son dados a buscar el brillo
exterior que deslumbra los sentidos, para creer en la grandeza de lo que sólo debe
mirarse y sentirse con el espíritu.
Tuve que verter mi sangre, entregar mi vida y resucitar para que los hombres
abriesen los ojos, ¿Qué cáliz queréis que beba ahora mi Espíritu para que me creáis?
Humanidad: ¿Qué no haría Yo por veros a salvo?
Quien llegara a decir que mi Doctrina es un peligro para el progreso material de la
humanidad, comete con ello un grave error; Yo, el Maestro de maestros, vengo a
enseñar a la humanidad el camino de su evolución y del progreso verdadero. Mi
palabra no sólo habla al espíritu, también habla a la mente, a la razón y aún a los
mismos sentidos. Mi Doctrina no sólo viene a inspiraros y a enseñaros la vida
espiritual, sino que viene a hacer la luz en toda ciencia y en todas las sendas, porque
mi enseñanza no se concreta a encaminar a todos los espíritus hacia la mansión que
está más allá de esta existencia, también llega al corazón del hombre, para inspirarle a
vivir en este planeta una vida grata, digna y provechosa.
El Tercer Tiempo, en el que estáis viviendo, es el tiempo del esclarecimiento de
los grandes misterios. Sabios y teólogos tendrán que rectificar sus conocimientos ante
la verdad que estoy revelándoos.
Éste es el Tiempo en el que la humanidad abrirá sus ojos a la luz de mi sabiduría,
luz que he hecho Doctrina para que, a través de ella, resucitéis espiritualmente a la
vida verdadera.
Los hombres tratarán de negarle verdad a mi revelación, pero los hechos, las
pruebas, los acontecimientos, estarán dando voces y testimonio de la verdad que en
labios de mi pueblo llegará, como el gran mensaje del Tercer Tiempo. Y también por
medio de escritos se extenderá por el mundo mi Doctrina, porque es un medio lícito
que desde los primeros tiempos inspiré a mis enviados. Sólo quiero que seáis celosos
de mi verdad y la llevéis a los corazones en la forma más limpia y sencilla.
En aquel Segundo Tiempo mi venida-en cuanto hombre, sólo fue creída por unos
cuantos corazones, sin embargo, la humanidad tomó después el nacimiento del
Salvador como el comienzo de una nueva era; así en este tiempo, el principio de mi
comunicación con vosotros, o sea mi advenimiento en cuanto Espíritu Santo, será
mañana tomado como el principio de otra era.
Escuchad lo que os dice Cristo, la manifestación del amor divino. Paz a los
hombres de buena voluntad, a los que aman la verdad y siembran la semilla del amor.

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