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Palabras de advertencia a los escuchas de la obra





Palabras de advertencia a los escuchas de la obra

Quiero que cuando mi comunicación haya concluido, tengáis una idea bien
definida de lo que es esta Doctrina, para que le deis su debido cumplimiento, porque
hasta el presente no han surgido los espiritualistas verdaderos entre las multitudes que
han oído mi palabra. Hasta ahora no ha sido Espiritualismo lo que habéis practicado,
sino una forma que habéis concebido de lo que es mi Obra, pero que dista mucho de
la verdadera espiritualidad.
Necesitáis revestiros de fuerza para aceptar que os habéis confundido; debéis
levantaros para enmendar vuestras prácticas, buscando con ahínco que brille entre
vosotros la verdad y la pureza de esta Doctrina.
No temáis cambiar la parte exterior de vuestras prácticas y de vuestro culto,
mientras no alteréis la esencia de mis enseñanzas.
Aprovechad el tiempo que aún tenéis para escuchar mi enseñanza, para que ella os
llene de luz, y de gracia, para que deis el paso firme hacia la espiritualidad, paso que
no habéis dado porque habéis continuado dentro de un culto lleno de materialismo y
de errores.
Hasta ahora os ha faltado fe para renunciar a vuestras formas, ritos y símbolos y
buscarme espiritualmente en el infinito. Os ha faltado valor para ser espiritualistas y
habéis ideado una forma de aparentar espiritualidad, ocultando tras de ella vuestra
materialidad y vuestros errores.
No os quiero hipócritas, sino sinceros y amantes de la verdad; por eso os hablo
con suma claridad, para É que depuréis vuestra vida y mostréis al mundo la verdad de
esta Obra. ¿Os decís espiritualistas? Pues sedlo verdaderamente. No habléis de mi
Doctrina mientras hagáis todo lo contrario, porque sólo confundiréis con vuestras
obras a la humanidad.
Ante todo tened conocimiento de lo que es mi Obra, de lo que significa mi Ley, de
cuál es vuestra misión y cómo debéis desempeñarla, para que si en vuestra senda no
tenéis un guía digno de conducir vuestros pasos, os guiéis por la conciencia y por el
conocimiento que en mi Doctrina hayáis adquirido. Así no podréis hacer responsable
a nadie de algún tropiezo o de algún error.
Desde que se inició mi comunicación por el entendimiento humano, quise que
fueseis poniendo en práctica vuestros dones y que fueseis dando principio a vuestra
misión espiritual, para que al llegar el día de mi partida, hubieseis recorrido parte del
camino y no fueseis a sentiros débiles para iniciaros en cumplir tan delicado mandato.
Algunos han sabido interpretar la idea divina y se han esforzado por llevarla al
cumplimiento; pero también los hay, y estos son en su mayor parte, los que han
equivocado el sentido de esta Obra.
Estos son los errores que vengo a reclamar a este pueblo, porque no quiero que la
humanidad venga a burlarse de quienes por tanto tiempo han sido doctrinados.
Mientras a unos sólo les interesó la esencia de mi palabra y anhelaron siempre el
progreso y la evolución de su espíritu, a otros les agradó más el culto exterior, así
mientras los primeros se recreaban recibiendo enseñanzas sobre espiritualidad, a otros
les molestaba que sus errores fueran mencionados.
Sólo Yo sé quiénes me responderán de todo lo que, debiendo haber sido conocido
a través de mis portavoces, haya sido retenido.
Meditad y comprenderéis que la unificación que necesitáis es espiritual, la cual
alcanzaréis cuando os elevéis por sobre vuestras pasiones y vuestros fanatismos.
¿Cómo podréis crear una paz cuando cada quien va proclamando lo suyo como
único verdadero y combatiendo al mismo tiempo lo de los demás, como falso?
El fanatismo es tiniebla, es ceguedad, es ignorancia y sus frutos nunca podrán ser
de luz.
De cierto os digo que si no os unificáis como es mi voluntad, la humanidad os
dispersará, y os arrojará de su seno si viese que vuestra vida se aparta de lo que
predicáis.
¿Qué pasará si los hombres descubren que en cada recinto existe un culto
diferente y una diversa forma de practicar mi Doctrina?
Os confío los tres últimos años de mi comunicación para que trabajéis por la
unión de este pueblo, unificación que abarque lo que sea espiritual así como lo
exterior, para que vuestra labor, plena de armonía y de igualdad, sea la prueba más
grande, de que a todos vosotros, en diferentes recintos y en diversas comarcas, os
doctrinó un solo Maestro: DIOS.

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