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Voluntad de Dios para la redención




Voluntad de Dios para la redención

Si en el mundo no hubiese ignorancia, si no corriese la sangre, si no existiese el
dolor y la miseria, no habría razón para que mi Espíritu se materializara haciéndose
perceptible a vuestros sentidos; pero me necesitáis, sé que sólo mi amor puede en
estos instantes salvaros, y por eso he venido.
Si no os amase, ¿Qué importaría que os perdieseis y qué importaría vuestro dolor?
Mas soy vuestro Padre, un Padre que siente en sí el dolor del hijo, porque cada hijo es
una partícula suya; por eso vengo a daros en cada una de mis palabras e inspiraciones,
la luz de la verdad que representa la vida para el espíritu.
Heme aquí entre vosotros llamando a vuestro corazón. ¿Creéis que mi paz es
completa cuando os contemplo en constantes guerras? Por eso he venido como un
gran guerrero, para luchar contra las tinieblas y el mal y conmigo han venido también,
los espíritus del bien, el Mundo Espiritual, para consumar mi obra. ¿Cuánto tiempo
durará esta lucha? Hasta que todos mis hijos hayan sido salvos. Mas no he traído
dolor, sólo quiero transformaros con amor.
Mi palabra volverá a incomodar a los hombres como en los tiempos pasados, mas
les diré la verdad. Sin delatar a nadie, dije hipócrita al hipócrita, adúltero al adúltero e
inicuo al inicuo. Había sido vejada la verdad y era menester que resplandeciera, tal
como ahora en que la verdad ha sido ocultada, y por ello tiene que surgir nuevamente
ante los ojos de los hombres.
No una vez, sino varias y en diversas formas, anuncié y prometí mi nueva venida a
mis discípulos; les profeticé las señales que habían de anunciar mi llegada; señales en
la naturaleza, acontecimientos entre la humanidad; guerras mundiales, el pecado en su
mayor altura. Para que el mundo no se contundiera esperándome nuevamente como
hombre, les hice saber que Cristo vendría sobre la nube, es decir, en Espíritu.
Cumplida ha quedado aquella promesa, he aquí el Maestro en Espíritu, hablando al
mundo. He aquí al poseedor de la paz y del reino de luz, quien viene a formar un arca
inmensamente grande, donde puedan refugiarse los hombres y salvarse, como en los
primeros tiempos, cuando Noé hizo el arca para rescatar la simiente humana.
La forma en que Yo he venido a manifestarme en este tiempo, es diferente a la del
Segundo Tiempo, mas mi propósito es el mismo: Salvar a la humanidad, apartarla de
ese torbellino que ha encontrado a su paso y del cual no ha podido librarse.
La tentación se ha desatado con toda su fuerza y el hombre ha caído como un débil
niño y ha conocido grandes penalidades; apura su cáliz de amargura y en medio de su
confusión me clama, y el Padre ha estado con él.
Todavía quedan en el cáliz las heces, mas Yo os ayudaré a soportar esos dolores,
que son consecuencia de vuestra desobediencia. ¡Bienaventurados vosotros que me
oís, porque seréis fuertes! Más ¿Qué harán los demás cuando ese gran dolor llegue a
ellos? ¿Sucumbirá su espíritu por la falta de fe? La oración de Israel* ha de
sostenerlos.
Vengo a buscaros con amor infinito. He puesto en vuestro espíritu tanta gracia y
tantos dones, que no estoy dispuesto a perder a ninguno de mis hijos. Sois parte de mi
Espíritu, sois algo de mi ser, ¿Está mal el que os busque con tanto afán y tanto amor?
Siempre que desciendo a daros mi palabra, encuentro postreros entre las
multitudes, son los que más me preguntan en su corazón, mas Yo les complazco
respondiendo siempre a sus interrogaciones.
Hoy, los postreros me preguntan cuál es la finalidad de mi nueva venida, a lo cual
Yo contesto que el fin es el de capacitar al hombre para que por sí mismo retorne a su
original pureza.

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