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Esperanzas y expectativas sobre Jesús






Esperanzas y expectativas sobre Jesús

Después de mi partida en el Segundo Tiempo, de generación en generación era
esperada mi llegada entre los que guardaban fe en Mí. De padres a Hijos se iban
transmitiendo la divina promesa y mi palabra mantenía vivo el deseo de contemplar
mi retorno.
Cada generación creía ser la agraciada, esperando que en ella se cumpliese la
palabra de su Señor.
Así los tiempos pasaron y las generaciones también, y de los corazones se fue
borrando mi promesa, olvidándose de la oración y la vigilia.
El mundo está sujeto a prueba, las naciones sienten todo el peso de mi justicia que
cae sobre ellas. Y mi luz, mi voz que os llama, se deja sentir en toda la humanidad.
Los hombres sienten mi presencia, perciben mi rayo universal que desciende y
descansa sobre ellos; me presienten, sin conocer esta Obra*, sin haber oído mi palabra
y elevan hacia Mí su espíritu para preguntarme: Señor, ¿En qué tiempo nos
encontramos? ¿Estas pruebas y amarguras que han llegado a los hombres, qué
significan, Padre? ¿Acaso no escucháis el clamor de este inundo? Tú dijiste que
volverías. ¿Hasta cuándo vas a venir oh Señor? Y en cada secta y religión, se eleva el
espíritu de mis hijos y me buscan, me invocan, me preguntan y me esperan.
Los hombres me interrogan y me dicen: Señor, si vos existís, ¿Por qué no os
manifestáis entre nosotros si en otros tiempos habéis descendido hasta nuestra
morada? ¿Por qué hoy no venís? ¿Es ahora tan grande nuestra iniquidad que os
impide venir a salvarnos? Siempre buscasteis al perdido, al ciego, al leproso, de ésos
ahora está lleno el mundo, ¿Acaso ya no os inspiramos piedad?
Vos dijisteis a vuestros apóstoles que volveríais entre los hombres y que daríais
señales de vuestra llegada las cuales creemos estar contemplando. ¿Por qué no nos
mostráis vuestra faz?
He ahí a los hombres esperándome sin sentir que estoy entre ellos. Estoy delante
de sus ojos y no me ven, les hablo y no oyen mi voz, y cuando por un instante llegan a
mirarme, me niegan, mas Yo sigo dando testimonio de Mí, y a los que me esperan les
sigo esperando.
Y en verdad que las señales de mi manifestación en esta era han sido grandes; la
misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la tierra, ha marcado
el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo.
Nadie debería sorprenderse de mi presencia; ya a través de Jesús os señalé los
acontecimientos que anunciarían mi manifestación como Espíritu de Verdad; también
os dije que mi llegada sería en espíritu para que nadie estuviera en espera de
manifestaciones materiales, que nunca han de llegar.
Mirad al pueblo judío esperando aún al Mesías, sin que éste llegue en la forma
que ellos esperan, porque el verdadero ya estuvo con ellos y no lo reconocieron.
¿Queréis, human id, desconocer mi nueva manifestación para seguir esperándome
según vuestra creencia y no conforme a lo que Yo os prometí?
Que no espere el mundo un nuevo Mesías; si os prometí volver, también os di a
entender que mi venida sería espiritual, mas la humanidad nunca ha sabido prepararse
para recibirme.
En aquel tiempo los hombres dudaron de que Dios pudiera ocultarse en Jesús, al
que juzgaban un hombre igual a los demás y tan pobre como el que más. Sin
embargo, después, y ante las obras poderosas de Cristo, la humanidad se convenció de
que en aquel hombre que nació, creció y murió en el mundo, estuvo el Verbo de Dios.
Y sin embargo, en este tiempo, muchos hombres sólo aceptarían mi venida si fuese
humanizada como en el Segundo Tiempo.
30. Las pruebas de que vengo en Espíritu a comunicarme con la humanidad no serán
por todos aceptadas, a pesar de los testimonios, porque el materialismo será como
venda de oscuridad ante los ojos de algunos.
Cuántos quisieran volver a ver a Cristo padecer en el mundo y recibir de Él el
milagro, para creer en su presencia o en su existencia; mas de cierto os digo que en
esta Tierra no volverá a haber un pesebre que me vea nacer como hombre, ni otro
Gólgota que me vea expirar. Ahora me sentirán nacer en su corazón todos los que
resuciten a la vida verdadera, como también me sentirán morir en su corazón todos los
que se obstinen en el pecado.
Ved a mucha gente en este tiempo escudriñando las escrituras de los tiempos
pasados, meditando sobre los profetas y tratando de penetrar en las promesas que
Cristo hiciera de volver.
Oídles como dicen: "El Maestro está cerca", "El Señor ya está" o "no tarda en
llegar", y añaden: "Las señales de su regreso son claras y palpables".
Unos me buscan y me llaman, otros sienten mi presencia, otros más presienten mi
venida en Espíritu.
¡Ah, si en todos fuese ya esa sed de conocimientos, si todos tuvieran ese anhelo de
conocer la suprema verdad!
Ved como en todas las religiones y sectas, los hombres escudriñan el tiempo, la
vida y los sucesos, con la esperanza de descubrir las señales que anuncien mi llegada.
Son los inocentes que no saben que ha tiempo me estoy manifestando, y que está a
punto de terminar esta forma de comunicación.
Mas también os digo que muchos de los que con tanta ansiedad me esperan, si
presenciaran la forma en que me he venido a comunicar no me reconocerían, antes
bien, me negarían rotundamente.
A ellos sólo llegarán los testimonios y por medio de ellos si creerán que estuve
entre mis hijos.
También vosotros íntimamente me esperabais con impaciencia, mas Yo sabía que
me reconoceríais y seríais de mis labriegos en este tiempo.

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