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La transmisión de las manifestaciones Divinas





La transmisión de las manifestaciones Divinas

El que dude de esta comunicación a través del entendimiento humano es como si
negase su condición de ser superior entre las demás criaturas, es como si negase a su
propio espíritu y no quisiera darse cuenta del nivel espiritual y mental que ha
alcanzado a través de pruebas sin fin, amarguras y luchas.
Negar que Yo me comunique por medio de vuestro entendimiento o de vuestro
espíritu, es negarse a sí mismo y colocarse en el lugar de las criaturas inferiores.
¿Quién ignora que el hombre es hijo de Dios? ¿Quién no sabe que en sí lleva un
espíritu? Entonces ¿Por qué no pensar que entre el Padre y sus hijos debe haber una o
algunas formas para comunicarse entre ambos?
Si Yo soy inteligencia, os busco por medio de vuestro entendimiento; si soy
Espíritu os busco a través de vuestro espíritu. Mas ¿Cómo van a comprender y a
aceptar esta verdad los que niegan mi comunicación, si nunca han querido mirarme y
conocerme como espíritu? En su corazón han dado cuerpo a muchas creencias
erróneas, como la de pensar que Yo soy ser divino con forma humana, al que hay que
representar con símbolos e imágenes para comunicarse conmigo a través de ellas.
En el transcurso de los siglos la humanidad que así me ha buscado, se ha
acostumbrado al mutismo de sus imágenes y formas ante las cuales ora y ofrece ritos.
Y ha llegado ha formarse en su corazón la idea de que nadie es digno de mirar, oír ni
sentir a Dios. Con decir que Yo soy infinitamente alto para aproximarme a los
hombres, creen éstos rendirme un homenaje de admiración y se equivocan, porque
quien diga que Yo soy muy grande para fijarme en criaturas tan pequeñas como es el
hombre, ése es un ignorante que está negando lo más hermoso que mi Espíritu os ha
revelado: la humildad.
Si creéis en Cristo, si sostenéis que sois cristianos, no debéis alimentar ideas tan
absurdas como la de pensar que sois indignos de que vuestro Señor se acerque a
vosotros. ¿Olvidáis que precisamente vuestra fe cristiana está cimentada en aquella
prueba de amor divino, al hacerse hombre el Verbo de Dios? ¿Qué aproximación más
palpable y humana podíais pedir de Mí? ¿Qué comunicación más al alcance de los
hombres pecadores y carnales, oscuros de espíritu y cerrados de entendimiento, que
aquélla en que les hacía escuchar mi voz divina traducida en palabra humana?
Aquella fue la prueba más grande de amor, de humildad y de piedad hacia los
hombres, que vine a sellar con sangre, para que eternamente tuvieseis presente que
nadie es indigno de Mí, ya que, ciertamente por quienes más perdidos se encontraban
en el fango, en las tinieblas y en los vicios, vine a humanizar mi Verbo y a derramar
la savia de mi sangre.
¿Por qué entonces, los mismos que creen en todo aquello, niegan ahora mi
presencia y comunicación? ¿Por qué tratan de sostener que no es posible esto, porque
Dios es infinito y el hombre es muy bajo, muy pequeño y muy indigno? En verdad os
digo que quien niegue mi comunicación de este tiempo, estará negando mi presencia
en el mundo en aquel Segundo Tiempo y también, estará negando mi amor y mi
humildad.
Vosotros, pecadores, es natural que en vuestro pecado os sintáis alejados de Mí,
en cambio Yo siento que a medida que más errores cometéis y más mancháis vuestro
espíritu, más necesito acercarme a vosotros, para daros la luz, para tenderos la mano,
para sanaros y poneros a salvo.
Yo sabía que cuando volviese a comunicarme con mis hijos, muchos me negarían
y por eso, desde aquel tiempo anuncié mi retorno, pero al mismo tiempo di a
comprender que mi presencia sería en espíritu, más si lo dudáis, recurrid al testimonio
de aquellos cuatro discípulos que en los Evangelios escribieron mis palabras.
43. Aquí me tenéis, en espíritu, desde la nube luminosa, enviándoos mi palabra,
humanizándola a través de estos portavoces, como una lección preparatoria para
aquella comunicación a la que todos habréis de llegar: la comunicación de espíritu a
Espíritu.
El pensamiento divino a través de mis portavoces en éxtasis, se ha traducido en
palabras que unidas en frases, han formado y definido una doctrina espiritual llena de
revelaciones y de enseñanzas perfectas.
Éste es el Consolador prometido, éste es aquel Espíritu de Verdad anunciado que
vendría a decíroslo todo. La preparación va a iniciarse ya, llegan los tiempos en que
necesitáis de aquel que teniendo fuerza en su espíritu, os guíe con la nobleza y la
sencillez de su corazón, con sabiduría y con caridad.
Viene mi enseñanza para hacer luz en los entendimientos, mas no os asombréis de
la forma en que he venido a vosotros en este tiempo; no os confundáis ni os
familiarizáis.
Cuando mi luz divina viene al entendimiento del hombre que me sirve de
portavoz, se limita en vibraciones que se traducen en palabras de sabiduría y de amor.
¡Cuantos peldaños de la escala tiene que descender mi Espíritu para llegar en esa
forma hasta vosotros! Y aun he tenido que enviaros a mi Mundo Espiritual para que
os dé amplia explicación de mis enseñanzas.
Yo me comunico a través del entendimiento humano, porque el cerebro es el
aparato perfecto hecho por el creador, para que en él se manifieste la inteligencia, que
es la luz del espíritu.
Ese aparato es el modelo que jamás podréis igualar con toda vuestra ciencia.
Tomaréis su forma y su construcción como un modelo para vuestras creaciones, pero
jamás llegaréis a la perfección que tienen las obras de vuestro Padre. ¿Por qué dudáis
de que pueda Yo usar lo que he formado?
En todos los tiempos, mi amor de Maestro, ha estado pendiente de la lección que
los hombres necesitan y he llegado siempre a ellos para hablarles de acuerdo con su
elevación de espíritu y su evolución mental.
He venido a vosotros porque he visto que la palabra humana y las doctrinas que
habéis creado, no calman la sed ardiente de vuestro espíritu; sed de luz; sed de verdad,
de eternidad y amor. Por ello me he presentado ante vosotros, sirviéndome de
hombres humildes, ignorantes y rudos de entendimiento, haciéndolos penetrar en el
éxtasis de la mente y del espíritu, para que de sus bocas brotase el mensaje del Tercer
Tiempo.
Ellos, para ser dignos de recibir y transmitir mis divinos pensamientos, tuvieron
que luchar contra la materialidad y las tentaciones del mundo. Así renunciando a la
propia personalidad y castigando su vanidad, han hecho una entrega total de su ser en
los momentos de prestar su entendimiento a la inspiración divina, permitiendo que de
sus labios brote una palabra llena de sabiduría, de ternura, de justicia, de bálsamo y de
paz.
Siempre habrá quienes no acierten a comprender como es que, sin descender mi
Espíritu hasta estos cerebros y tan sólo iluminándolos un rayo de mi luz, puedan
expresar tanto saber en la palabra y derramar tanta esencia sobre el espíritu de las
multitudes, a los cual Yo os digo que tampoco el Astro Rey, como llamáis al sol,
precisa de llegar hasta la Tierra para iluminarla, bastándole la luz que desde distancia
envía a vuestro planeta para bañarlo de claridad, de calor y de vida.
Así, el Espíritu del Padre, como un sol de infinito poder, todo lo ilumina y vivifica
por medio de la luz que envía sobre todas las criaturas, lo mismo espirituales que
materiales.
Comprended entonces que donde está mi luz, ahí está presente mi Espíritu.
Una chispa de luz de mi Espíritu, un destello del Verbo Divino, es lo que se posa
en la conciencia del portavoz por el cual os hago escuchar mi mensaje. ¿Qué portavoz
humano podría recibir toda la potencia del Verbo? Ninguno. Y en verdad os digo que
aún no sabéis lo que es el Verbo.
El Verbo es la Vida, es Amor, es Palabra de Dios; mas de todo ello sólo un átomo
puede recibir él portavoz; pero ahí, en ese rayo de luz, en esa esencia, podréis
encontrar lo infinito, lo absoluto, lo eterno.
Para hablaros de Mí lo mismo puedo hacerlo a través de grandes obras como de
pequeñas y limitadas manifestaciones. Yo en todo estoy, todo habla de Mí, tan
perfecto es lo grande como lo pequeño. Sólo hace talla que el hombre sepa observar,
meditar y estudiar.
No vino mi verbo a encarnarse nuevamente. Estoy en este tiempo sobre la nube,
símbolo del Más Allá, de donde brota mi Rayo que ilumina la mente del portavoz.
Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta.
Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo
formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme
en él.
¡El hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia,
voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la
eternidad.
Muchas veces, sois mas pequeños de lo que habéis creído y otras, sois más
grandes de lo que podéis imaginar.
Si meditáis un poco y estudiáis las escrituras, veréis cómo a través de todos los
profetas, una sola fue la esencia que en su palabra entregaron a los hombres. Ellos
dieron a la humanidad amonestaciones, revelaciones y mensajes, sin los errores del
culto materializado que profesaba el pueblo en aquellos tiempos. Enseñando a
obedecer la Ley y la palabra de Dios, ayudaron a la humanidad a ponerse en contacto
con su Padre Celestial.
Pueblo: ¿No encontráis gran semejanza entre aquellos profetas y estos portavoces
por medio de los cuales os estoy hablando ahora? También en los labios de estos
últimos, pongo la esencia de mi Ley, también llega a vosotros mi inspiración a través
de sus palabras y de ellas surge vibrante la enseñanza que invita a las multitudes a
buscar a su Señor por los medios más puros; hablan sin temer que entre las multitudes
que los escuchan existen escudriñadores o fanáticos. Cumplen con su misión
entregándose al servició de su Padre para que por su conducto Él hable a la
humanidad, y entregue estas lecciones que abrirán nuevas sendas de luz a los
hombres.
65. Pueblo: No sólo existe una gran semejanza entre aquellos profetas y estos
portavoces, sino que también hay una perfecta relación entre ellos. Aquéllos
anunciaron a éstos y lo que aquéllos pronosticaron ha mucho tiempo, lo están
contemplando ahora estos siervos.
No todos mis portavoces han sabido o han querido disponerse para servirme y
muchas veces he tenido que enviar mi luz sobre sus entendimientos impuros ocupados
en lo superfluo, cuando no en lo pecaminoso. Ellos en su falta, han llevado mi
justicia, porque su mente se ha visto privada de toda inspiración y sus labios de toda
elocuencia para expresar el divino mensaje.
En esos casos la multitud ha cerrado sus oídos ante aquellas pobres
manifestaciones, pero en cambio ha abierto su espíritu para sentir en él mi presencia y
recibir mi esencia. El pueblo se sustentó con la esencia que en aquel instante mi
caridad le envió, pero el pedestal retuvo un mensaje que no brotó a través de sus
labios, obligando a la multitud a comunicarse de espíritu a Espíritu con su Maestro,
cuando aún no estaba preparada para recibir mi inspiración en esa forma.

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