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Lugares de Revelación y sus destinatarios





Lugares de Revelación y sus destinatarios

Recordad que Yo soy el Verbo del Padre, que la esencia divina que en esta palabra
recibís, es luz de ese Espíritu Creador, que en cada uno de vosotros he dejado una
parte de mi Espíritu.
Mas al contemplar la pobreza que envuelve al grupo que ahora me escucha y la
humildad del aposento en el cual os reunís, en silencio me preguntáis: "Maestro, ¿Por
qué no elegiste para tu manifestación en este tiempo alguno de esos grandes templos o
iglesias, en donde podrían haberte ofrecido ricos altares y ceremonias solemnes
dignas de Ti?
Yo contesto a esos corazones que así piensan de su Maestro: No han sido los
hombres, los que me han traído hasta esta pobreza, he sido Yo, quien ha elegido para
mi manifestación la humilde estancia en el pobre suburbio de vuestra ciudad, para
haceros comprender con ello, que no es el tributo material, ni la ofrenda exterior, la
que Yo vengo a buscar entre vosotros, que por el contrario, si he vuelto, ha sido para
predicar una vez más la humildad, para que encontréis en ella la espiritualidad.
Hay quienes no creen en mi presencia porque juzgan la pobreza y humildad de
estos recintos y la insignificancia de los portavoces por quienes me comunico, pero si
los que así dudan estudiaran la vida de Cristo, verían que Él nunca buscó galas, ni
honores, ni riquezas.
Tan pobres y humildes pueden ser estos lugares, como el establo y la paja en que
nací en aquel tiempo.
No penséis que a última hora elegí esta nación para mi nueva manifestación, todo
había sido previsto desde la eternidad. Este suelo, esta raza, vuestros espíritus, habían
sido preparados por Mí, así como el tiempo de mi presencia también había sido
marcado por mi voluntad.
Yo dispuse iniciar mis manifestaciones entre los más humildes, entre aquéllos que
conservaban virgen el entendimiento y el espíritu. Después, dejé que a Mí viniesen
todos, porque en mi mesa no existen distinciones ni preferencias. Mi palabra
derramada sobre este pueblo, ha sido sencilla y humilde en su forma, al alcance de
vosotros, y su sentido, lleno de claridad, ha sido profundo para vuestro espíritu,
porque Yo, aunque soy el Arcano, siempre me manifiesto y me expreso con sencillez
y claridad. Yo no soy un secreto para nadie; el secreto y el misterio son hijos de
vuestra ignorancia.
Los primeros en escucharme tomaron como árbol mi Obra, cortando de él las
primeras ramas para plantarlas en diferentes comarcas. Unos interpretaron bien mis
enseñanzas, otros equivocaron el camino.
Pequeñas eran las porciones que se reunían bajo la sombra de los humildes
recintos, mas cuando éstos se multiplicaron las multitudes crecieron, les llamé a
unificación, para que todos se reconocieran como discípulos de un solo Maestro y
todos practicasen la lección en la misma forma, para que la semilla fuese sembrada,
no bajo el libre albedrío de los labriegos*, sino bajo la voluntad divina.
Ante el Arca Espiritual de la Nueva Alianza, las multitudes prometieron sumisión,
obediencia y buena voluntad, pero cuando los huracanes y los torbellinos soplaron
con fuerza y azotaron las ramas del árbol, hubo quienes debilitaron mientras otros
impasibles, siguieron firmes enseñando a los nuevos labriegos a cultivar las tierras.
Hay quienes, reconociendo la grandeza de esta revelación, han intentado penetrar
en mis arcanos, más allá de donde es mi voluntad, con el fin de adueñarse de un saber
y de una potestad que les haga superiores a los demás, mas no han tardado en
encontrarse ante mi justicia.
Otros, no sabiendo descubrir la grandeza de esta Obra en la pureza, en la sencillez,
han copiado de sectas y religiones, ritos, símbolos y ceremonias, creyendo con ello
darle solemnidad a mis manifestaciones.
Desde que esta comunicación comenzó a manifestarse, vuestro espíritu se iluminó
con mi enseñanza, aunque también surgieron los incrédulos lo mismo entre los que
han cultivado la mente, como entre los rudos e ignorantes.
¡Cuántos argumentos para desmentir esta revelación! ¡Cuántos intentos para
destruir esta palabra!
Mas nada ha detenido el curso de mi mensaje, por el contrario, mientras más se ha
combatido a esta Obra, más se ha encendido la fe de las multitudes y mientras más ha
pasado el tiempo, mayor ha sido el número de aquéllos por quienes trasmito mi
palabra.
¿Qué quiere decir esto? Que jamás el poder humano logrará impedir que el poder
divino lleve a cabo sus designios.
El Pueblo, al congregarse en el interior de estos recintos, lo ha hecho siempre sin
temor al mundo, siempre pleno de confianza en mi presencia y en mi protección, y Yo
le he probado que su fe ha estado cifrada en la verdad.
Un nuevo apostolado surgió de entre ese pueblo, formado por corazones sencillos
y humildes, pero llenos de amor y de fe para seguirme. No podía faltar entre ellos un
nuevo Tomás que necesitase ver para creer en mi presencia; un nuevo Pedro que
creyendo en Mí, me negase por temor a la humanidad y un nuevo Judas Iscariote que
me traicionase, cambiando mi palabra y mi verdad por monedas y halagos.
Las multitudes que forman este pueblo siguieron aumentando y ramificándose por
ciudades, comarcas y aldeas, y fueron surgiendo de este pueblo apóstoles de la verdad
y la rectitud, labriegos abnegados y llenos de celo en la Doctrina de su Señor y
profetas limpios de corazón que han hablado la verdad.
Todo lo he cambiado para mi nueva manifestación: sitios y medios de
comunicación, para destruir la ignorancia, la confusión y la mala interpretación que se
ha dado a mis anteriores revelaciones. Así como el sol aparece en el oriente y le veis
en el cenit al mediodía, para luego contemplar como se oculta en occidente; así la luz
de mi Espíritu ha venido de tiempo en tiempo avanzando de Oriente hacia Occidente,
para que no limitéis mi grandeza y mi poder a lugares, a hombres o a razas.
Me basta con que unos cuantos me escuchen, porque ellos llevarán mañana el
testimonio a sus hermanos; sé que si a todos les hiciese el llamado, las mayorías no
acudirían porque se encuentran ocupadas en los quehaceres del mundo: me negarían e
impedirían que el hombre de buena voluntad se acercase a escucharme.
Aquí, en el recogimiento de estos humildes lugares en que me manifiesto, estoy
haciendo que germine mi semilla. Reúno en grupos a los corazones sencillos, y una
vez alejados del bullicio de la vida materialista, les hablo del amor, de lo eterno, del
espíritu, de los verdaderos valores humanos y espirituales, haciendo que contemplen
la vida a través de la conciencia y no de los sentidos.
A estos pequeños les llamo discípulos, y ellos, que nunca han poseído nada, que
nunca han sido tomados en cuenta por sus semejantes, se han llenado de satisfacción
al verse llamados por Mí y han resucitado a una nueva vida; se han levantado con la
convicción y el gozo de que pueden ser útiles a sus semejantes, porque el Señor ha
puesto en ellos sus revelaciones y les ha descubierto el camino del amor.
Habrá quienes los nieguen y de ellos se mofen porque se dicen discípulos de
Jesús, mas en verdad os digo, que a pesar de serles negada esa gracia, seguirán siendo
mis discípulos.
El mundo está esperando que le llame mi voz, el corazón de la humanidad, aunque
muerto a la fe, aguarda que se le acerque la voz de Cristo diciéndole: "Levántate y
anda".
Los muertos, los ciegos, los enfermos y los parias, forman un pueblo muy grande,
llegaré a ellos porque los que sufren del espíritu o del cuerpo son los más sensibles a
mi presencia. Los grandes del mundo, los que tienen poder, riquezas y glorias
mundanas, creen no necesitarme y no me esperan: ¿Qué puede darles Cristo, si dicen
tenerlo todo? ¿Por ventura algunos bienes espirituales o un lugar en la eternidad? Eso
no les interesa.
Aquí tenéis la razón de por qué he buscado a estas multitudes de pobres y
enfermos del cuerpo y del espíritu para manifestar mi Doctrina ante ellas: porque me
deseaban, me buscaban; era natural que fueran quienes sintieran mi presencia cuando
llegó el tiempo de mostrarme una vez más a la humanidad.

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