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Palabras de consuelo y de promesa.




Bendiciones

Bienaventurado el que lleve con paciencia sus penas, porque en su misma
mansedumbre hallará fuerza para continuar cargando su cruz en el camino de su
evolución.
Bendito sea aquél que soporte con humildad la humillación y sepa perdonar a
quienes lo hayan ofendido, porque Yo lo justificaré; mas ¡Ay de los que juzgan los
actos de sus hermanos, porque ellos a su vez serán juzgados!
Bendito sea el que cumpliendo el primer precepto de la ley, me ame sobre todo lo
creado.
Bendito sea el que deje que Yo juzgue su causa justa o injusta.
Bienaventurado el que se humillare en la Tierra, porque Yo lo ensalzaré en el Más
Allá. Bienaventurado el que perdonare, porque Yo lo perdonaré. Bienaventurado el
calumniado, porque Yo testificaré su inocencia. Bienaventurado el que dé testimonio
de Mí, porque Yo le bendeciré. Y al que fuere desconocido por practicar mi Doctrina,
Yo le reconoceré.
Bienaventurados los que cayendo y levantándose, van llorando y bendiciéndome,
los heridos por sus propios hermanos, confían en Mí muy dentro de su corazón. Esos
pequeños y tristes, escarnecidos, pero mansos y por lo mismo fuertes de espíritu, son
verdaderamente mis discípulos.
Bienaventurado el que bendice la voluntad de su Señor, bienaventurado el que
bendice su propia amargura sabiendo que ella lavará sus manchas, porque ése está
afirmando sus pasos para ascender la montaña espiritual.
Todos esperan la luz de un nuevo día, la aurora de la paz que sea principio de una
era mejor. Los oprimidos esperan el día de su liberación, los enfermos esperan un
bálsamo que les devuelva la salud, la fuerza y la alegría.
Bienaventurados los que sepan esperar hasta el último instante, porque a ellos se les
dará con creces cuanto hayan perdido. Esa espera Yo la bendigo, porque es prueba de
su fe en Mí.
Bienaventurados los fieles; benditos los que permanecen fuertes hasta el final de
las pruebas. Benditos los que no han desechado la fortaleza que les imparte mi
enseñanza, porque ellos, en los tiempos de amargura que se avecinan, pasarán con
fortaleza y con luz las vicisitudes de la vida.
Benditos los que me bendicen en el altar de la Creación y los que saben recibir
con humildad las consecuencias de sus faltas, sin atribuirlas a castigos divinos.
Benditos los que saben hacer mi voluntad y aceptan con humildad sus pruebas.
Todos ellos me amarán.

Exhortaciones para el desarrollo

Benditos sean los que piden con humildad y fe para el progreso de su espíritu,
porque ellos recibirán lo que soliciten de su Padre.
Benditos los que saben esperar, porque a sus manos llegará mi caridad en el
instante oportuno.
Aprended a pedir y también a esperar, sabiendo que nada escapa a mi caridad;
confiad en que mi voluntad se manifieste en cada una de vuestras necesidades y
pruebas.
Benditos seáis los que soñáis con un paraíso de paz y armonía.
Bienaventurados aquéllos que han despreciado y visto con indiferencia las
trivialidades de lo superfluo, las vanidades y pasiones que ningún bien le dan al
hombre y menos al espíritu.
Benditos los que han apartado las prácticas fanáticas que a nada conducen y han
alejado antiguas y erróneas creencias, para abrazar la verdad absoluta, desnuda y
limpia.
Yo bendigo a quienes van renunciando a lo exterior para penetrar en la
meditación, en el amor y en la paz interior, porque van comprendiendo que la paz no
la da el mundo; que la podéis encontrar dentro de vosotros mismos.
Benditos vosotros a quienes la verdad no atemoriza, ni os habéis escandalizado
ante ella, porque de cierto os digo, que la luz caerá como cascada sobre vuestro
espíritu para mitigar por siempre vuestra sed de luz.
Bienaventurado el que escuche, asimile y practique mis enseñanzas, porque él
sabrá vivir en el mundo, sabrá morir para el mundo y llegada su hora sabrá resucitar
en la eternidad.
Bendito el que se profundiza en mi palabra porque ha llegado a comprender el por
qué del dolor, el sentido de la restitución y de la expiación y, en lugar de desesperarse
o blasfemar, aumentando con ello su pena, se yergue lleno de fe y de esperanza para
luchar, para que el peso de sus culpas se haga más liviano cada día y su cáliz sea
menos amargo.
La serenidad y la paz es de los hombres de fe, de los conformes con la voluntad de
su Padre.
Vuestro adelanto o evolución os permitirá encontrar mi verdad y percibir mi
presencia divina, así en lo espiritual como en cada una de mis obras. Entonces os diré:
"Bienaventurados los que saben verme en todas partes, porque son los que
verdaderamente me amarán". "Bienaventurados los que saben sentirme con el espíritu
y aun con la materia, porque son los que han dado sensibilidad a todo su ser, los que
en verdad se han espiritualizado"
Vosotros sabéis que desde mi alto solio envuelvo el Universo en mi paz y en mis
bendiciones.
Todo es bendito por Mí a toda hora, en todo instante.
De Mí no ha brotado ni brotará maldición o abominación alguna para mis hijos;
por eso sin contemplar justos ni pecadores, hago descender sobre todos mi bendición,
mi ósculo de amor y mi paz.

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