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La Divina Trinidad.




La unidad de Dios con Cristo y el Espíritu Santo

La luz de mi palabra unirá a los hombres en este Tercer Tiempo. Mi verdad brillará
en todo entendimiento haciendo desaparecer diferencias de credos y de cultos.
Hoy, mientras unos me aman en Jehová y desconocen a Cristo, otros me aman en
Cristo, ignorando a Jehová; mientras unos reconocen mi existencia como Espíritu
Santo, otros por mi Trinidad, discuten y se dividen.
Ahora bien, Yo pregunto a esta humanidad y a quienes la conducen
espiritualmente: ¿Por qué distanciaros los unos de los otros, cuando todos estáis
reconociendo al Dios verdadero? Si me amáis en Jehová, estáis en la verdad. Si me
amáis a través de Cristo, Él es el camino, la verdad y la vida. Si me amáis como
Kspíritu Santo, os acercáis a la Luz.
Un solo Dios tenéis, un solo Padre. No son tres personas divinas las que existen en
Dios, sino un solo Espíritu Divino, el cual se ha manifestado en tres fases distintas a
la humanidad y ésta, en su pequeñez, al penetrar en lo profundo, creyó mirar tres
personas donde sólo existe un solo Espíritu. Por tanto, cuando escuchéis el nombre de
Jehová, pensad en Dios como Padre y como Juez. Cuando penséis en Cristo, mirad en
Él a Dios como Maestro, como Amor y cuando tratéis de comprender de dónde
procede el Espíritu Santo, sabed que no es otro que Dios manifestando su infinita
sabiduría a los discípulos que más han adelantado.
Si a la humanidad de los primeros tiempos, la hubiese encontrado evolucionada
espiritualmente, como a ésta de ahora, Yo me habría manifestad delante de ella como
Padre, como Maestro y como Espíritu Santo, entonces los hombres no habrían visto
tres dioses donde sólo existe uno. Pero no se encontraban capacitados para interpretar
mis lecciones y se hubiesen confundido y apartado de mi senda, para seguir creando
dioses accesibles y pequeños, según su imaginación.
Cuando los hombres entiendan y acepten esta verdad, les pesará haber vivido
desconociéndose por causa de un error que con un poco de amor hubiesen evitado.
Si Cristo es el Amor ¿Podéis creer que Él sea independiente de Jehová, si Yo soy el
Amor?
Si el Espíritu Santo es la Sabiduría, ¿Creéis que ese Espíritu sea independiente a
Cristo si Yo soy la sabiduría? ¿Pensáis que el Verbo y el Espíritu Santo sean distintos
entre sí?
Basta conocer algo de la palabra que Jesús enseñó a la humanidad, para que
comprendáis que un solo Dios ha existido y será uno solo por siempre. Por eso os dije
a través de Él: "Quien conoce al Hijo conoce al Padre, porque Él está en Mí y Yo
estoy en Él". Luego, anunciando que en otro tiempo volvería entre los hombres, no
sólo dijo: "Volveré", sino que prometió enviar al Espíritu Santo, al Espíritu de
Consolación, al Espíritu de Verdad.
¿Por qué había de venir Cristo separadamente del Espíritu Santo? ¿Por ventura Él
no podría traer en su Espíritu la verdad, la luz y la consolación?
Soy vuestro Maestro, mas no me veáis separado del Padre; porque Yo soy el
Padre.
No existe diferencia entre el Hijo y el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo y el
Hijo son un solo Espíritu y ése soy Yo.
Ved en mis manifestaciones, a través de todos los tiempos a un solo Dios que es el
que os ha doctrinado a través de múltiples y diferentes lecciones. Un solo libro con
muchas páginas.

Las tres formas de la Revelación de Dios

Ya sabéis la causa por la que el Padre se ha manifestado por tres etapas, y también
sabéis el error de los hombres sobre el concepto de la Trinidad.
Ya no tratéis de darme forma material en vuestra mente, porque no existe forma
en mi Espíritu, como no tiene forma la inteligencia, el amor, ni la sabiduría.
Os digo esto, porque muchos me han representado en la forma de un anciano
cuando piensan en el Padre, y Yo no soy un anciano porque estoy fuera del tiempo,
mi Espíritu no tiene edad.
Cuando pensáis en Cristo, al instante formáis en vuestra mente la imagen corpórea
de Jesús y Yo os digo, que Cristo, el Amor Divino encarnado, mi Verbo hecho
hombre, en cuanto dejó la envoltura corpórea, se fundió en mi Espíritu, del cual había
brotado.
Mas cuando habláis del Espíritu Santo; utilizáis el símbolo de la paloma para
tratar de imaginarlo con alguna forma, y Yo os digo que el tiempo de los símbolos ha
pasado, y que por esta razón cuando os sintáis bajo la influencia del Espíritu Santo, lo
recibáis como inspiración, como luz en vuestro espíritu, como claridad que viene a
disipar incertidumbres, misterios y tinieblas.
De era en era, los hombres van teniendo una idea más clara de Mí. Los que me
han conocido a través de Cristo, tienen un concepto más aproximado a la verdad que
aquéllos que solo me conocen a través de las leyes de Moisés. Aquel Dios a quien
seguían y obedecían las multitudes por temor a su justicia, fue más tarde buscado
como Padre y como Maestro, cuando germinó en sus corazones la semilla de amor de
Cristo.
Yo estoy sobre los tiempos, sobre todo lo creado; mi divino Espíritu no está sujeto
a la evolución, Soy Eterno y Perfecto, no así vosotros que sí tenéis principio, que sí
estáis sujetos a leyes de evolución y que además sentís sobre vuestro ser el paso del
tiempo.
No digáis entonces que el Padre pertenece a una era, Cristo a otra y el Espíritu
Santo a otra porque el Padre es eterno y no pertenece a ninguna era, sino los tiempos
le pertenecen a Él y Cristo desaparecido en cuanto hombre, es Dios mismo, así como
el Espíritu Santo, que no es otro que vuestro mismo Padre quien viene preparando su
expresión más elevada ante vosotros, es decir, ya sin la ayuda de algún elemento
material.
Os he explicado que lo que llamáis Padre, es el Poder Absoluto de Dios, del
Creador Universal, el único increado. Que lo que llamáis Hijo, es Cristo, o sea la
manifestación del Amor perfecto del Padre hacia sus criaturas, y que lo que llamáis
Espíritu Santo, es la Sabiduría que Dios os envía como luz en este Tercer Tiempo, en
el cual vuestro espíritu está capacitado para comprender mejor mis revelaciones.
Esa luz del Espíritu Santo, esa sabiduría de Dios, reinará pronto en esta tercera era
que veis nacer, iluminando el pensamiento de una humanidad necesitada de
espiritualidad, sedienta de verdad y hambrienta de amor.
Tan es verdad, pueblo, que un solo Dios se ha manifestado a los hombres, aunque
bajo tres aspectos distintos; que si en las Obras del Padre en aquella primera Era,
buscáis amor lo hallaréis y si buscáis la luz de la sabiduría también la encontraréis, así
como en las obras y palabras, de Cristo, encontraréis no sólo amor, sino también
Poder y Sabiduría. ¿Qué de extraño tendría que en las obras del Espíritu Santo en este
tiempo, descubrieseis la fuerza, la ley y el poder, así como el amor, la ternura y el
bálsamo?
Ley, amor sabiduría, he ahí las tres fases con las cuales me he mostrado al hombre
para que llegue a tener plena firmeza en su camino de evolución y un completo
conocimiento de su Creador. Esas tres fases son distintas entre sí, pero todas proceden
de un solo principio y en su conjunto son la perfección absoluta.
En Mí está el Juez, el Padre y el Maestro; tres fases distintas en un solo Ser, tres
potencias y una sola esencia: clamor.
Yo soy Jehová, el que en todos los tiempos os ha librado de la muerte; Yo soy el
Dios único que os ha hablado a través de todos los tiempos. Cristo fue mi Verbo que
os habló a través de Jesús, Él os dijo: "Quien conoce al hijo conoce al Padre". Y el
Espíritu Santo que hoy os habla también soy Yo porque un solo Espíritu Santo es el
que existe, un solo Verbo y ése es el Mío.
Escuchad, discípulos: en el Primer Tiempo os di la Ley, en el Segundo os enseñé
el amor con el cual deberíais interpretar aquellos mandamientos, y ahora en esta
Tercera Era os envío la luz, para que penetréis en el sentido de cuanto os fue revelado.
¿Entonces, por qué os empeñáis en encontrar tres dioses en donde sólo existe un
Espíritu Divino, que es el Mío?
Yo di la ley a los primeros hombres y sin embargo, a Moisés le anuncié que
enviaría al Mesías. Cristo en quien os di mi palabra, os dijo cuando ya su misión
estaba concluyendo: "Yo me vuelvo al Padre de donde vine"; también os dijo: "El
Padre y Yo, somos uno solo". Y luego prometió enviaros al Espíritu de Verdad, el
cual vendría a esclarecer según mi voluntad y vuestra evolución, el misterio de mis
revelaciones.
Mas ¿Quién podrá hacer luz en mis arcanos y explicar estos misterios? ¿Quién
podrá desatar el libro de mi sabiduría, si no soy Yo?
En verdad os digo que el Espíritu Santo, al cual ahora encontráis distinto a Jehová
y a Cristo, no es sino la sabiduría que manifiesto a vuestro espíritu para haceros
entender, contemplar y sentir la verdad.
Unid en vuestra mente y espíritu mis manifestaciones en cuanto Dios revelándoos
la Ley, mis manifestaciones como Padre que os descubren mi infinito amor y mis
lecciones de Maestro, revelándoos mi sabiduría y obtendréis de todo ello una esencia,
una intención divina: la de que lleguéis a Mí, por el sendero de la luz espiritual, algo
más que una comunicación con vosotros. Quiero conduciros a mi propio Reino, donde
me tengáis por siempre presente, para siempre en vosotros.
No será la primera vez que los hombres luchen por definir una revelación divina o
por alcanzar claridad en algo que a sus ojos se presenta como un misterio. Ya en el
Segundo Tiempo, después de mi predicación en el mundo, los hombres deliberaron
sobre la personalidad de Jesús, queriendo saber si era o no divino, si era Uno con el
Padre o era una persona diferente; juzgaron y escudriñaron en todas formas mi
Doctrina.
Ahora volveré a ser objeto de análisis, de discusiones, de luchas, de escrutinio.
Se juzgará si al presentarse el Espíritu de Cristo, éste se encontraba independiente
del Espíritu del Padre, y habrá otros que digan que es el Espíritu Santo el que ha
hablado y no el Padre ni el Hijo.
Mas lo que llamáis Espíritu Santo, es la luz de Dios y lo que llamáis el Hijo es su
Verbo; por tanto, cuando escuchéis esta palabra, cuando toméis de mi Doctrina del
Segundo Tiempo o penséis en la Ley y revelaciones del Primer Tiempo, sabed que
estáis ante la presencia del Dios único, escuchando su Verbo y recibiendo la luz de su
Espíritu.

Dios como Espíritu Creador y Padre

Yo soy la esencia de todo lo creado. Todo vive por mi poder infinito. Estoy en
todo cuerpo y en toda forma. Estoy en cada uno de vosotros, pero es menester que os
preparéis y os sensibilicéis para que podáis sentirme y encontrarme.
Yo soy el aliento para todos los seres, porque soy la vida. Por eso he hecho
comprender, que si me tenéis presente en todas vuestras obras, no lince falta que
forjéis en barro o en mármol mi imagen para adorarme o sentirme próximo a vosotros.
Esa incomprensión sólo ha servido para conducir a la humanidad a la idolatría.
A través de mi palabra presentís la armonía que existe entre el Padre y todo lo
creado, comprendéis que Yo soy la esencia que alimenta todos los seres, y que
vosotros sois parte de Mí mismo.
El Espíritu del Padre es invisible, pero se manifiesta en una infinidad de formas.
Todo el Universo es tan solo una manifestación material de la Divinidad. Todo lo
creado es un reflejo de la verdad.
He rodeado la existencia de los espíritus, que son hijos de mi Divinidad, según la
morada en la que habitan, de una serie de formas en las cuales he puesto sabiduría,
belleza, esencia y buen sentido, para dar a cada una de esas moradas la prueba más
palpable de mi existencia y una idea de mi poder. Os hago notar que la esencia de la
vida consiste en amar, en saber, en poseer la verdad.
Discípulos: de Mi han brotado las tres naturalezas: la divina, la espiritual y la
material. Como Hacedor y dueño de todo lo creado puedo hablaros en forma divina y
a la vez comprensible. Si la naturaleza material nació de Mí, también puedo
materializar mi voz y mi palabra, para hacerme comprensible al hombre.
Yo soy la ciencia perfecta, el principio de todo, la causa de todas las causas y la
luz que todo lo ilumina; Yo estoy por sobre todo lo creado, sobre todas las sabidurías.
Éste es el tiempo de la comprensión, de la iluminación del espíritu y de la mente,
en el que el hombre al fin me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios no
es persona ni es imagen, sino Espíritu Universal, ilimitado y absoluto.

Cristo - el amor y la palabra de Dios

Antes de que el Padre se manifestase en Jesús a la humanidad, os enviaba sus
revelaciones, sirviéndose de formas y sucesos materiales. Por el nombre de Cristo
conocisteis a quien manifestó el amor de Dios entre los hombres, mas cuando Él vino
a la Tierra, antes ya se había manifestado como Padre, por lo tanto no debéis decir
que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo donde se albergó
Cristo.
Meditad y concluiréis por comprenderme, aceptando que antes que Jesús, ya era
Cristo, porque Cristo es el amor de Dios.
Estoy aquí, con vosotros, dándoos fortaleza para luchar por la paz eterna de
vuestro espíritu, mas en verdad os digo, que ante de que la humanidad me conociera,
Yo ya os iluminaba desde el infinito y ya le hablaba a vuestro corazón, porque siendo
uno con el Padre, siempre he estado en Él. Fue preciso que los tiempos pasaran sobre
la humanidad para que el mundo me recibiera en Jesús y escuchara la palabra de Dios,
aunque debo deciros que no todos los que escucharon mi Doctrina en aquel tiempo,
tuvieron la evolución espiritual necesaria para sentir en Cristo la presencia de Dios.
En Jehová creísteis ver a un Dios cruel, terrible y vengativo, entonces el Señor
para sacaros de vuestro error os envió a Cristo, su Divino Amor, para que
"conociendo al Hijo, conocieseis al Padre" y sin embargo, la humanidad ignorante y
envuelta de nuevo en su pecado, cree ver un Jesús airado y ofendido que sólo espera
la llegada en espíritu de quienes le han agraviado para decirles: "Apartaos de Mí que
no os conozco", y luego enviarlos a padecer los más cruentos sufrimientos en la
eternidad.
Tiempo es de que comprendáis el sentido de mis enseñanzas para que no os
confundáis: el Amor Divino no os impedirá llegar a Mí si no restituís vuestras faltas,
será el juez inexorable de vuestra conciencia quien os diga que no sois dignos de
penetrar al reino de la luz.
Quiero que seáis como vuestro Maestro, para llamaros justamente mis discípulos.
Mi herencia es de amor y de sabiduría. Fue Cristo el que vino a vosotros y es Cristo el
que os habla en estos instantes, mas no tratéis de separarme de Dios, ni mirarme fuera
de Él, porque Yo soy y he sido siempre Uno con el Padre.
Os he dicho que Cristo es el Amor Divino, por lo tanto no tratéis de separarme del
Padre. ¿Creéis que Él sea un Padre sin amor a sus hijos? ¿Cómo lo concebís? Ya es
tiempo de que lo reconozcáis.
Nadie se avergüence de llamar Padre a Dios, al Creador, porque ése es su
verdadero nombre.
En Jesús, el mundo miró a su Dios humanizado, de él sólo recibieron los hombres
lecciones de amor, enseñanzas de infinita sabiduría, pruebas de justicia perfecta, pero
nunca una palabra de violencia, un acto o una demostración de rencor; en cambio,
mirad cómo fue ofendido y escarnecido, Él tenía potestad y todo el poder en su mano,
cual no lo tiene el mundo entero, pero era menester que el mundo conociese a su
Padre en su verdadera esencia, justicia y caridad.
En Jesús, el mundo vio a un Padre que todo lo da por sus hijos, sin pedir en
cambio, nada para Él. Un Padre que perdona con infinito amor las peores ofensas, sin
ejercer nunca venganza, y un Padre que, antes de quitarle la vida a los hijos que le
ofenden, les perdona, trazando con su sangre el camino de su redención espiritual.
En lo material fue Jesús vuestro ideal y la realización de la perfección, para que en
Él tuvieseis un ejemplo digno de imitarse, quise enseñaros lo que debe ser el hombre
para asemejarse a su Dios.
Dios es uno y Cristo uno con Él, puesto que es el Verbo de la Divinidad, el único
camino por el cual podéis llegar al Padre de todo lo creado.
Discípulos: Cristo es la suprema manifestación del Amor Divino, esa luz que es la
vida en las regiones del espíritu; la luz que rasga las tinieblas y descubre la verdad
ante toda mirada espiritual, la que destruye los misterios, abre la puerta y muestra el
camino hacia la sabiduría, la eternidad y la perfección de los espíritus.

El Espíritu Santo la verdad y la sabiduría de Dios

En la sabiduría está el bálsamo y el consuelo que anhela vuestro corazón, por eso
os prometí en aquel tiempo al Espíritu de Verdad como Espíritu de Consolación.
Pero es indispensable tener fe para no detenerse en el camino ni sentir temor ante
las pruebas.
Ésta es la Era de la luz en que la sabiduría divina que es la luz del Espíritu Santo,
iluminará hasta los rincones más íntimos del corazón y del espíritu.

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