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Omnipotencia, Omnipresencia de Dios y su justicia.




El poder de Dios

Si el hombre actual con toda su ciencia no es capaz de someter a su voluntad a
elementos de la Naturaleza. ¿Cómo podrá imponer su poder contra las fuerzas
espirituales?
Del mismo modo que los astros cu el Cosmos siguen su orden inalterable, sin que
la voluntad del hombre pueda hacerles cambiar su curso o su destino, así el orden que
existe en lo espiritual tampoco podrá ser variado por nadie.
Yo hice el día y la noche, es decir, Yo soy la luz y nadie más que Yo puede
retenerla. De la misma manera acontece en lo espiritual.
Si creéis en Mí, debéis confiar en que mi fuerza es infinitamente mayor que la del
pecado de los hombres y que por lo tanto cuando el pecado ceda ante la luz de la
verdad y de la justicia, el hombre y su vida tendrán que cambiar.
¿Imagináis la vida en este mundo, cuando los hombres hagan la voluntad de Dios?
Para Mí no puede ser imposible el arrepentimiento de un ser, su regeneración ni su
salvación. No sería Todopoderoso y el hombre sería más fuerte que Yo. ¿Concebís mi
poder inferior a la fuerza que tiene el mal en los hombres? ¿Consideráis a las tinieblas
humanas superiores a la luz divina? ¡Jamás! Me dice vuestro corazón.
Pensad que mi misión, después de haberos dado el ser, es la de llevaros a la
perfección y la de uniros a todos en una sola familia espiritual, y no olvidéis que mi
voluntad se cumple por sobre todo.
Yo, el Sembrador Divino, deposito invisiblemente mi simiente de amor en cada
espíritu. Sólo Yo sé en qué tiempo germinará esta semilla en toda la humanidad y sólo
Yo sé esperar con paciencia infinita el fruto de mis obras.
No vengo a humillaros con mi grandeza, ni a hacer alarde de ella; pero sí vengo a
mostrárosla en mi voluntad para que sintáis el supremo goce de tener por Padre a un
Dios todo poder, sabiduría y perfección.
Recreaos pensando que nunca llegaréis a ver el fin de mi poder y que mientras
más grande sea la elevación de vuestro espíritu mejor me contemplaréis. ¿Quién
podrá mostrarse inconforme al saber que nunca alcanzará la grandeza de su Señor?
¿Acaso en la Tierra no os habéis conformado con ser menores en edad en
comparación a vuestro padre terrestre? ¿Acaso no les habéis concedido gustosos,
experiencia y autoridad? ¿No os habéis regocijado contemplando que tenéis por padre
a un hombre más fuerte que vosotros, arrogante, valeroso y lleno de virtudes?
¿Qué significa la fuerza de los hombres ante mi poder? ¿Qué podrá la oposición
de los pueblos materialistas contra la fuerza infinita de la espiritualidad? Nada.
Yo he permitido que el hombre vaya hasta el límite de sus ambiciones y hasta la
cumbre de su soberbia para que compruebe que el don de libre albedrío de que fue
donado por su Padre, fue una verdad.
Mas allí, llegando al límite, abrirá los ojos a la luz y al amor para inclinarse ante
mi presencia, rendido ante el único poder absoluto y la única sabiduría universal que
es la de vuestro Dios.

La presencia de Dios en todo lo creado

Yo no tengo un sitio determinado o limitado para habitar en el infinito, porque mi
presencia está en todo lo que existe, lo mismo en lo divino, que en lo espiritual o en lo
material. De Mí no podréis decir en qué dirección está mi reino, y cuando elevéis
vuestra mirada a las alturas, señalando hacia los cielos hacedlo sólo como algo
simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta
nuevos cielos y nuevas alturas.
Con todo esto quiero deciros que entre vosotros y Yo, no existe ninguna distancia
y que lo único que os separa de Mí son vuestras obras ilícitas que ponéis entre mi Ley
perfecta y vuestro espíritu.
Mientras mayor sea vuestra limpidez, más elevadas vuestras obras y más
constante vuestra fe, me sentiréis más próximo, más íntimo, más accesible a vuestra
oración.
Así como también cuando más os apartéis de lo bueno, de lo justo, de lo lícito y os
entreguéis al materialismo de una vida oscura y egoísta, tendréis que sentirme cada
vez más distante de vosotros; conforme vuestro corazón se vaya apartando del
cumplimiento de mi ley, más insensible será a Mi divina presencia.
Comprended por qué he venido en este tiempo a manifestar mi palabra en esta
forma y a prepararos para la comunicación de espíritu a Espíritu.
Vosotros, creyéndome infinitamente distante, no supisteis venir a Mí, Yo os he
buscado para haceros sentir mi divina presencia y demostraros que entre el Padre y
sus hijos no hay espacios, ni distancias que les separen.
Si pensáis que he dejado mi trono por venir a comunicarme con vosotros, estáis en
un error, porque ese trono que vosotros os imagináis, no existe; los tronos son para los
hombres envanecidos y orgullosos.
Mi Espíritu, siendo infinito y omnipotente, no habita en un lugar determinado,
está en todas partes, en todos los sitios, en lo espiritual y en lo material. ¿Dónde está
ese trono que vosotros me atribuís?
Dejad de materializarme en nonos semejantes a los de la tierra; despojadme de la
forma humana que siempre me atribuís, dejad de soñar con un cielo que vuestra mente
humana está incapacitada para concebir: y cuando os libertéis de todo ello, será como
si rompieseis las cadenas que os ataban, como si una elevada muralla se derrumbase
ante vuestra vista, como si una espesa niebla se disipase, permitiéndoos contemplar
un horizonte sin límites y un firmamento infinito, luminoso, pero a la vez accesible al
espíritu.
Unos dicen: Dios está en los cielos, otros: Dios habita en el más allá; pero no
saben lo que dicen, ni conocen lo que creen. Ciertamente que habito en los cielos,
pero no en el lugar determinado que habéis imaginado; Yo habito en los cielos de la
luz, del poder, del amor, de la sabiduría, de la justicia, de la felicidad, de la
perfección.
Mi presencia universal lo llena lodo, en ningún sitio o plano del Universo, existe
el vacío, todo está saturado de Mí.
Os he dicho que me encuentro tan cerca de vosotros, que conozco hasta lo más
íntimo de vuestros pensamientos; que doquiera que os encontréis, ahí me encuentro
Yo, porque soy omnipresente. Soy la luz que ilumina vuestra mente con inspiraciones
o ideas de luz.
Yo estoy en vosotros, porque soy el Espíritu que os anima, la conciencia que os
juzga. Estoy en vuestros sentidos y en vuestra materia, porque Yo soy toda la
creación.
Sentidme más y más en vosotros y en todo cuanto os rodea, para que llegado el
momento de abandonar este, mundo, penetréis de lleno en la vida espiritual, y que no
haya perturbaciones en vuestro espíritu por las impresiones que os pudiera dejar la
materia y os acerquéis un paso más a Mí, que es la fuente de pureza infinita en la que
beberéis eternamente.
¿Sabéis, cuál es el origen de esa luz que hay en la palabra vertida por los labios de
los portavoces? Su origen está en el bien, en el amor divino, en la luz universal que
emana de Dios. Es un rayo o un destello de ese Todo luminoso que os da la vida, es
parte de la fuerza infinita que todo lo mueve y bajo la cual todo vibra, palpita y gira
sin cesar. Es eso que llamáis irradiación divina, es la luz del Espíritu Divino que
ilumina y vivifica a los espíritus.
Esa irradiación lo mismo se manifiesta sobre el espíritu que sobre la materia, lo
mismo sobre los mundos que sobre los hombres, las plantas y todos los seres de la
Creación. Es espiritual sobre el espíritu, es material sobre la materia, es inteligencia
sobre el entendimiento, es amor en los corazones. Es ciencia, es talento y es reflexión,
es instinto, es intuición y está sobre los sentidos de todos los seres, según su orden, su
condición, su especie y su grado de adelanto. Pero el principio es sólo uno: Dios, y su
esencia una sola: el amor. ¿Qué imposible puede ser entonces que Yo ilumine la
mente de estas criaturas para enviaros un mensaje de luz espiritual?
Las plantas reciben la irradiación de vida que les envía mi Espíritu para que den
frutos; los astros reciben la fuerza que sobre ellos irradia mi Espíritu para poder girar
dentro de sus órbitas; la Tierra que es el testimonio presente, vivo, al alcance de todos
vuestros sentidos, recibe sin cesar la irradiación de vida que hace brotar de su seno
tantas maravillas. ¿Por qué ha de ser imposible que el hombre, en cuyo ser brilla
como una joya la presencia de un espíritu, que es donde radica su semejanza conmigo,
no reciba directamente de mi Espíritu sobre su espíritu la divina irradiación, que es la
semilla espiritual que en él tendrá que fructificar?
Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración
deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan
desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy.
Los hombres, creyendo que por su pecado me he alejado de ellos, han llegado a
sentirme distante. ¡Ah, ignorancia humana que ha llevado tanta amargura a sus labios!
Sabed que si Yo me ausentase de alguna de mis criaturas, ellas al punto dejarían de
existir; más esto no ha sido, ni será, porque al daros el espíritu os doté a todos de vida
eterna.

Avalares del destino

No maldigáis las pruebas que os agobian a vosotros y a todo el género humanó, no
digáis que son castigo, ira o venganza de Dios, porque blasfemáis; os digo que esas
pruebas son precisamente las que están acercando a la humanidad al puerto de
salvación.
Llamadles justicia, expiación o lecciones, y estaréis en lo cierto y en lo justo. La
ira y la venganza son pasiones humanas, propias de seres distantes todavía de la
serenidad, de la armonía y de la perfección; no es justo que a mi amor por vosotros,
que es el que preside todas mis obras, le apliquéis el vulgar nombre de castigo o el
nombre indigno de venganza.
Pensad que voluntariamente habéis penetrado en sendas espinosas o en abismos
tenebrosos y que no habéis acudido a mi llamado amoroso, ni habéis escuchado la voz
de vuestra conciencia, por lo que habéis necesitado que el dolor viniese en vuestra
ayuda para despertaros, para deteneros, haceros reflexionar y regresar al camino
verdadero.
Yo no os castigo; pero soy justicia y como tal, la hago sentir en todo aquél que
contravenga mis mandatos, porque el Eterno os ha hecho conocer su Ley que nadie
puede modificar.
Ved cómo el hombre en medio de la prueba, al caer en un inmenso abismo, al ver
que la mujer llora ante la pérdida de los seres queridos, a la niñez privada de alimento
y los hogares sumidos en la miseria y en el duelo, llora, se consterna ante su
desgracia, se desespera y en lugar de orar y arrepentirse de sus culpas reniega contra
Mí, diciendo: ¿Cómo es posible que Dios me castigue en esta forma? Mientras el
Espíritu Divino en verdad, también llora por el dolor de sus hijos y sus lágrimas son
sangre de amor, de perdón y de vida.
En verdad os digo que en este tiempo, por la evolución que la humanidad ha
alcanzado, no depende solamente de mi caridad el remedio de su situación. Ella es
víctima de sí misma, mas no de mi castigo, porque mi Ley y mi luz brillan en toda
conciencia.
Mi justicia desciende a arrancar de raíz toda yerba nociva*, y las mismas fuerzas
de la Naturaleza se manifiestan como intérpretes de esa justicia. Entonces, parece que
todo se une para exterminar al hombre, cuando sólo es para su purificación, pero
habrá quienes se confundan y digan: "Si hemos de sufrir tanto dolor, ¿Por qué
venimos a este mundo?". Sin reflexionar que el dolor y el pecado no nacieron de Mí.
El hombre es responsable de permanecer en la ignorancia de lo que es justicia y de
lo que es expiación, de ahí primero su inconformidad y luego su blasfemia. Sólo el
que ha observado mi enseñanza y está atento a mi Ley, es incapaz de lanzar cargos a
su Padre.

La justicia de Dios

Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan
del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud.
Mi justicia de amor, al arrancar del árbol humano las ramas enfermas que
carcomen su corazón, lo eleva.
Cuando a un hombre le va a ser cortado un miembro de su cuerpo, gime, tiembla y
se acobarda, aun sabiendo que es para apartar de él lo que tiene enfermo, lo que está
muerto y amenaza a lo que aún puede vivir.
También los rosales, cuando sufren el corte de la poda, vierten su sabia como
lágrimas de dolor; pero luego, se cubrirán de más hermosas flores.
Mi amor, en forma infinitamente superior, corta el mal en el corazón de mis hijos,
a veces sacrificándome Yo mismo.
Cuando los hombres me crucificaron, cubrí con mi dulzura y mi perdón a mis
verdugos y les di vida. En mis palabras y en mis silencios les llené de luz, les defendí
y les salvé. Así corto el mal, deteniéndolo con mi amor y defendiendo y salvando al
malhechor. Aquellos perdones fueron, son todavía y serán eternamente veneros de
redención.
Yo no puedo daros sentencia mayor al peso de vuestras faltas, por lo cual os digo
que de Mi nada debéis temer, sino de vosotros mismos.
Sólo Yo sé la gravedad, la magnitud y la importancia de vuestras faltas; los
hombres constantemente se dejan llevar de las apariencias, y es que ellos no logran
penetrar en el corazón de sus semejantes. Yo sí penetro en los corazones y puedo
deciros que han llegado hombres delante de Mí, acusándose de graves faltas y llenos
de pesar por haberme ofendido y Yo les he encontrado limpios; por el contrario, otros
han venido para decirme que nunca han hecho mal a nadie y Yo sé que mienten,
porque, aunque sus manos no se hayan manchado con sangre de su hermano, sobre su
espíritu ha caído la sangre de sus víctimas, a quienes han mandado quitar la vida;
ellos son los que lanzan la piedra y esconden la mano. Cuando en mi palabra he
llegado a pronunciar las palabras de: "cobarde", "falso" o "traidor", todo su ser se ha
estremecido y muchas veces se han ausentado de la cátedra porque han sentido sobre
ellos una mirada que los ha estado juzgando.
Si en la justicia divina no existiese el mayor amor del Padre, si su justicia no
tuviese ese principio, no existiría ya esta humanidad, su pecado y sus ofensas
incesantes hubieran acabado con la paciencia divina; pero no ha sido así. La
humanidad sigue viviendo, los espíritus siguen reencarnando, y a cada paso, en cada
obra humana, se manifiesta mi justicia que es amor y caridad infinita.
Analizad mi palabra para que no os confundáis como muchos, ante los hechos de
mi justicia divina, cuando Yo toco con fuerza a los que cometen tan sólo una leve
falta y en cambio, aparentemente absuelvo a los que han cometido un grave error.
El Maestro os dice: Si toco con fuerza al que ha cometido una falta leve en
apariencia, es porque conozco la debilidad de los espíritus y al apartarse del sendero
del cumplimiento, ello puede ser el primer paso que lo encamine al abismo y si a otros
les absuelvo de un grave error, es porqué sé que una falta grande, es motivo de un
arrepentimiento también grande para el espíritu.
No juzguéis, no sentenciéis, no deseéis ni con el pensamiento, que mi justicia
caiga sobre aquellos que causan derramamiento de sangre entre los pueblos. Pensad
tan sólo que ellos, como vosotros, también son mis hijos, mis criaturas y tendrán que
lavar sus grandes faltas con grandes restituciones. De cierto os digo: Esos mismos, a
quienes señaláis como los que sin misericordia han destruido la paz y os conducen al
caos, esos mismos serán los que en los tiempos venideros se constituirán en los
grandes sembradores de mi paz, los grandes benefactores de la humanidad.
La sangre de millones de victimas clama mi justicia divina desde la tierra, y por
sobre la justicia humana deberá ser la mía la que llegue a cada espíritu, a cada
corazón.
La justicia de los hombres no perdona, no redime, no ama; la mía, .una, perdona,
redime, resucita, levanta e ilumina, y a esos mismos que tanto dolor han causado a la
humanidad, Yo les redimiré y les lavaré haciéndoles pasar por su gran restitución que
será el crisol en el que so purifique y en el que despertarán en plenitud a la voz de su
conciencia, para poder llegar a contemplar hasta lo más profundo de sus obras, Yo les
liare pasar por la misma senda por donde ellos hicieron cruzar a sus victimas, a sus
pueblos, pero al final, alcanzarán la pureza espiritual para poder volver a la Tierra a
restaurar, a reconstruir todo lo destruido, a restituir todo lo perdido.
Debéis saber que no será hasta que la muerte os llegue cuando os juzgue vuestro
Padre, sino que este juicio empieza en cuanto comenzáis a liaros cuenta de vuestras
obras y sentís oí llamado de vuestra conciencia.
Mi juicio está siempre sobre de vosotros. En cada paso, ya sea en la vida humana
o en vuestra vida espiritual, estáis sujetos a mi juicio, pero aquí en el mundo, en la
envoltura, el espíritu se torna insensible y sordo a los llamados de la conciencia.
Yo os juzgo para ayudaros a abrir vuestros ojos a la luz, para libertaros del pecado
y salvaros del dolor.
En mi juicio, jamás tomo en cuenta las ofensas que hayáis podido hacerme,
porque ante mi tribunal nunca hace acto de presencia el rencor, la venganza, ni
siquiera el castigo.
Cuando el dolor llega a vuestro corazón y os toca en lo más sensible, es para
señalaros algún error que estáis cometiendo, para haceros comprender mi enseñanza,
y daros una nueva y sabia lección. En el fondo de cada una de esas pruebas, está
siempre presente mi amor.
Algunas ocasiones os he permitido que comprendáis el porqué de una prueba, en
otras no podéis encontrar el sentido de aquel toque de mi justicia y es que en la Obra
del Padre y en la vida de vuestro espíritu, existen misterios profundos que la mente
humana no alcanza a descifrar.
Está lejano el tiempo en que se os dijo: "Con la vara que midas serás medido".
¡Cuántas veces se usó aquella ley para tomar venganza aquí en la Tierra, haciendo a
un lado todo sentimiento de caridad!
Ahora os digo, que esa vara de justicia, la he tomado Yo y con ella os mediré
según vosotros hayáis medido, aunque debo de aclararos que en cada uno de mis
juicios estará presente el Padre que mucho os ama, el Redentor que ha venido a
salvaros.
Es el hombre el que dicta con sus obras su sentencia, terribles sentencias algunas
veces, y es vuestro Señor el que os procura ayuda, para que encontréis la forma en
que podáis soportar vuestra expiación.
En verdad os digo, que si queréis evitaros una restitución demasiado dolorosa,
arrepentíos en tiempo oportuno y con una regeneración sincera orientad vuestra vida,
en obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos.
Comprended que Yo soy la puerta salvadora, la puerta que jamás estará cerrada
para todos los que con verdadera fe me busquen.
Ya veis que la justicia divina es de amor, no es de castigo como la vuestra. ¿Qué
sería de vosotros si Yo usara de vuestras mismas leyes para juzgaros, ante mí para
quien no valen apariencias ni falsos argumentos?
Si Yo os juzgase según vuestra maldad, y usara vuestras leyes de dureza terrible
¿qué sería de vosotros? Entonces sí me pediríais con justicia que tuviese clemencia.
Mas no debéis temer porque mi amor nunca se marchita, ni cambia, ni pasa; en
cambio, vosotros sí pasáis, morís y renacéis, os vais y luego volvéis y así vais
peregrinando, hasta que llegue el día en que reconozcáis a vuestro Padre y os sometáis
a su divina Ley.

En otra palabra de Cristo entendemos, de que con "cizaña" o "yerba nociva", Él no se
refiere a seres humanos, sino a sus malos instintos y vicios.


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