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El reino de Paz de Cristo y la culminación de la c




El poder determinante en el Reino de Paz de Cristo

Así como os anuncié estos tiempos de grande amargura, también os digo, que
pasada esta confusión, vendrá la armonía entre la humanidad.
Los soberbios, los engrandecidos, los faltos de caridad y de justicia, serán retenidos
un tiempo en el más allá, para que el bien, la paz y la justicia progresen en la Tierra y
dentro de ella crezcan la espiritualidad y la buena ciencia.
En la vida de los hombres siempre ha estado el mal sobre el bien; vuelvo a deciros
que el mal no prevalecerá, sino que mi ley de amor y justicia reinará sobre la
humanidad.
Los espíritus que encarnen en la humanidad de aquellos días, en su mayoría serán
fieles al bien, de tal manera que cuando surjan hombres inclinados al mal, por fuertes
que sean, tendrán que doblegarse ante la luz de la verdad que aquéllos les presentarán.
Muy al contrario de lo que ahora acontece, porque, abundando más los perversos, han
hecho del mal una fuerza que ahoga, contamina y envuelve a los buenos.
En ese tiempo, ¡oh discípulos!, estará la Nueva Jerusalén en el corazón de los
hombres. Alcanzaréis altos grados de espiritualidad, y no sólo enviaré a encarnar
entre vosotros a espíritus de grande evolución para que os traigan mis mensajes.
También os enviaré a los espíritus necesitados de vuestra virtud, que al encontrarse
entre vosotros se limpien de sus pecados.
En esos tiempos acontecerá lo contrario de hoy, en que os envío espíritus limpios y
me los devolvéis manchados.

El hombre nuevo

Los hombres surgirán de la escoria, del fango y del pecado a la Ley y a la virtud, y
andarán por los caminos del amor y de la gracia. Doquiera será sentido mi Espíritu,
todo ojo me verá, todo oído me escuchará y todo entendimiento comprenderá mis
revelaciones e inspiraciones.
Hombres tenidos por torpes y rudos se verán de pronto iluminados y convertidos en
mis profetas; de sus labios brotarán palabras que serán como agua cristalina sobre los
corazones marchitos.
Esa agua la tomarán los profetas de la fuente de sabiduría y verdad que soy Yo; en
ella encontrarán salud, limpidez y vida eterna.
Mi Reino está reservado a los hijos de buena voluntad que abracen su cruz por
amor a su Padre y a sus semejantes. Ese Reino de que os hablo, no se encuentra en
sitio determinado, lo mismo puede existir en la Tierra que habitáis que en cualquiera
de las moradas espirituales, porque mi Reino lo forman la paz, la luz la gracia, el
poder, la armonía y todo eso podréis lograrlo, aunque sea en parte desde esta vida; la
plenitud espiritual sólo la lograréis más allá de este mundo que ahora habitáis.
En verdad os digo: que si hoy los hombres son más materia que espíritu, mañana
serán más espíritu que materia.
Los hombres han tratado de materializar absolutamente a su espíritu, mas esa
completa materialización no la lograrán; porque el espíritu es como un brillante y un
brillante nunca dejará de serlo, aún cuando haya caído en el cieno.
Los hombres, sin apartarse de sus deberes, de sus misiones en el mundo, pondrán
al servicio de mi causa divina su ciencia, su fortaleza, su talento y su corazón.
Buscarán los goces sanos, los que sean saludables para su espíritu y su materia.
Lucharán por su regeneración y por su libertad, no se contaminarán, no tomarán lo
que no les sea necesario. Será entonces cuando desaparezca de la Tierra la maldad, la
frivolidad; entonces el espíritu habrá alcanzado el dominio absoluto sobre su
envoltura, y habitando todavía en una materia hará una vida espiritual de amor, de
fraternidad y de paz.

Ése será el tiempo en que las guerras desaparecerán, cuando haya respeto y
caridad de unos a otros, cuando reconozcáis que ya no podéis disponer de la vida de
un semejante, ni de la propia; sabréis entonces que no sois dueños de vuestra vida, ni
de la de vuestros hijos y esposos, ni de esta Tierra, sino que Yo soy el dueño de toda
la Creación; pero que siendo vosotros mis hijos muy amados, sois también poseedores
de todo lo que es Mío.
Y siendo Yo el dueño y poseedor de todo lo creado, soy incapaz de dar muerte a
mis criaturas, de herir o causar dolor a nadie. ¿Por qué entonces los que no son
dueños de la vida han tomado lo que no es suyo para disponer de ello?
Cuando esta enseñanza sea comprendida por los hombres, habrán escalado en su
evolución espiritual y este mundo será una morada de espíritus adelantados.
No sabéis si después de este tiempo volveréis a habitar este planeta. Yo señalaré a
aquéllos que habrán de mirar esos tiempos de gracia, a los que habrán de venir a
contemplar este valle que en otra época fuera un valle de lágrimas, de destrucción y
de muerte.
Esos mares, montes y campos que fueran testigos de tanto dolor, después estarán
convertidos en una morada de paz, en una imagen del Más Allá.
Yo os he anunciado que cuando las luchas cesen, mi Reino estará ya cerca de
vosotros y que vuestro espíritu florecerá en virtudes; mi Doctrina estará presente en
todos los espíritus y por conducto de hombres y mujeres me manifestaré.
Yo he preparado una era en la cual la humanidad se levantará con obediencia y los
hijos de vuestros hijos han de contemplar la grandeza que voy a derramar en esta
Tierra.
Porque ha de cumplirse mi voluntad en este mundo que os entregué como un
paraíso terrenal y llegará el tiempo en el cual vendrán a este planeta los espíritus que
en gran manera han evolucionado, que han luchado y mi luz divina bañará la Tierra y
será en ella el cumplimiento de mi Ley.

EL mundo como tierra de promisión y reflejo

Esta Tierra profanada con el pecado, manchada con ' crímenes y mancillada por la
codicia y el odio, tendrá que recobrar su pureza. La vida humana que ha sido una
lucha incesante entre el bien y el mal, será el hogar de los hijos de Dios, un hogar de
paz, de fraternidad, de comprensión y de nobles anhelos; mas para alcanzar ese ideal,
es necesario que los hombres pasen por las pruebas que los despierten de su letargo
espiritual.
No levantaré un mundo nuevo sobre los pecados, odios y vicios; lo levantaré
sobre firmes cimientos de regeneración, de experiencia, de arrepentimiento; Yo todo
lo transformaré en vosotros. De las mismas tinieblas surgirá la luz, y de la muerte haré
brotar la vida.
Si los hombres han manchado y profanado la Tierra, mañana con sus buenas obras
dignificarán esta morada, la cual será vista como tierra de promisión para venir a ella
a desempeñar nobles misiones. ¿Quién podrá dudar entonces de la conversión del
mundo?
Estoy construyendo el templo del Espíritu Santo; mas cuando éste haya sido
construido, no existirán o habrán perdido su razón de ser los recintos, los templos y
santuarios, junto con sus símbolos, sus ritos y sus tradiciones; entonces sentiréis mi
grandeza y mi presencia, reconoceréis por templo el universo y por culto el amor a
vuestros semejantes.
Del seno de la madre naturaleza brotarán nuevas luces, que harán de vuestra
ciencia un camino de bonanza, porque estará encausada por la conciencia que es la
voz de Dios.
No será ya el cerebro el señor del mundo, sino el colaborador del espíritu, quien le
guiará y le iluminará.
Cuando el mundo alcance su nueva liberación y guiado por la luz de Elías, penetre
en esa vida justa y buena, tendréis aquí en la Tierra un reflejo de la vida espiritual,
que os aguarda más allá de esta vida para gozar eternamente de la paz y de la luz de
vuestro Padre.

Mas si os preguntáis ¿Cómo se llegarán a unir todas las naciones en un solo
pueblo, como lo estaban aquellas tribus que integraron el pueblo de Israel? Yo os
digo: No temáis, porque una vez llevadas todas al desierto, las unirán las pruebas, y
cuando esto sea, un nuevo maná descenderá del cielo a cada uno de los corazones
necesitados.
Así como se repartió al pueblo de Israel la Tierra Prometida, así se repartirá toda
la Tierra a la humanidad. Esto sucederá cuando el tiempo sea propicio, después de la
depuración. Como es mi voluntad que haga esa repartición, en ello habrá justicia y
equidad, para que todos los hombres puedan trabajar unidos en una misma obra.
Pensad en el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad;
imaginad una humanidad sin límites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos
los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos.
Tratad de imaginar lo que será la ciencia humana, cuando ella tenga por ideal el
amor de los unos a los otros, cuando el hombre obtenga a través de la oración los
conocimientos que busca.
Pensad en lo grato que será para Mí recibir de los hombres el culto del amor, de la
fe, de la obediencia y la humildad, a través de su vida, sin que tengan que recurrir a
ritos ni a cultos externos.
Esa sí será vida para los hombres, porque dentro de ella respirarán paz, gozarán de
libertad y se sustentarán solamente con aquello que encierre verdad.
Los pecados de los hombres se habrán borrado y todo parecerá como nuevo. Una
luz de pureza y de virginidad iluminará a todas las criaturas, una nueva armonía
saludará a aquella humanidad, y entonces comenzará a elevarse del espíritu del
hombre hacia su Señor un himno de amor, que por tanto tiempo he esperado.
La madre tierra, que desde los primeros tiempos ha sido profanada por sus hijos,
volverá a ataviarse con sus galas más hermosas y los hombres no la volverán a llamar
valle de lágrimas, ni la convertirán en campo de sangre y de muerte.
Este mundo será como un pequeño santuario en medio del Universo, desde el cual
los hombres eleven su espíritu al infinito, en una comunicación llena de humildad y
amor con su Padre Celestial.

Mis hijos llevarán impresa mi ley en su espíritu y mi palabra en su corazón, y si la
humanidad en los tiempos pasados encontró deleite en la maldad y gozó en el pecado,
para entonces no tendrá más ideal que el bien, ni encontrará más placer que el
transitar por mi camino.
Mas no penséis que por ello el hombre vaya a renunciar a su ciencia ni a su
civilización, refugiándose en los valles y en los montes, para hacer una vida primitiva;
no, aún tendrá que saborear los frutos del árbol de la ciencia que con tanto interés ha
cultivado, y cuando su espiritualidad sea mayor, también lo será su ciencia.
Mas al final de los tiempos, cuando el hombre haya recorrido todo ese camino
y haya arrancado del árbol el último fruto, reconocerá la pequeñez de sus obras que
antes le parecieron tan grandes y comprenderá y sentirá la vida espiritual, y a través
de ella, admirará como nunca la obra del Creador. Recibirá por inspiración las
grandes revelaciones, y su vida será un retorno a la sencillez, a la naturalidad, a la
espiritualidad. Aún falta tiempo para que ese día llegue, mas todos mis hijos lo verán.

La consumación de la Creación

Estoy preparando el valle donde he de reunir a todos mis hijos para el Gran Juicio
Universal. Yo juzgaré con perfección, mi amor y caridad envolverán a la Humanidad
y en ese día encontraréis salvación y bálsamo para todos vuestros males.
Si hoy expiáis vuestras faltas, dejad que el espíritu se purifique, así estaréis
preparados para recibir de Mí, la herencia que tengo destinada para cada uno de
vosotros.
Mi amor fundirá a todos los hombres y a todos los mundos. Ante Mí
desaparecerán las diferencias de razas, lenguas y linajes y aun las diferencias que
existen en la evolución espiritual.
Mi Espíritu se ha derramado sobre todo espíritu y mis ángeles están diseminados
en el universo, cumpliendo con mis mandatos de ordenarlo todo y volverlo a su cauce.
Y cuando todos hayan cumplido su misión, la ignorancia habrá desaparecido, el mal
ya no existirá y sólo el bien reinará sobre este planeta.
Todos los mundos en los cuales mis hijos se están perfeccionando, son como un
huerto infinito; hoy sois tiernos arbustos, pero Yo os prometo que las aguas cristalinas
de mis enseñanzas no os faltarán, y que con su riego iréis creciendo en sabiduría y
amor, hasta que algún día en la eternidad, cuando los árboles estén colmados de frutos
en plena madurez, el Divino Hortelano puede recrearse en su obra, probando los
frutos de su propio amor.
Quiero que al final de la lucha, cuando todos mis hijos se hayan reunido para una
eternidad en el hogar espiritual, participen de mi dicha infinita como Creador,
teniendo en cuenta que cada uno de vosotros tomó parte en la Obra Divina,
construyendo o reconstruyendo.
Sólo en lo espiritual encontraréis que de todo lo que he creado desde el principio,
nada se ha perdido, que en Mí todo resucita, todo surge y se renueva.
Así, si tantos seres estuvieron por mucho tiempo perdidos, si muchos en vez de
hacer obras de vida, hicieron obras destructoras, encontrarán que el tiempo de su
turbación fue pasajero y que sus obras, por malas que hayan sido, tendrán reparación
en la vida eterna, para quedar convertidos en colaboradores de mi Obra
incesantemente creadora.

¿Qué serán unos siglos de pecado y de tinieblas como los ha tenido la humanidad
en la Tierra, si les comparáis con la eternidad, con un tiempo sin fin de evolución y de
paz? Os alejasteis de Mí, en virtud de vuestro libre albedrío y retornaréis inducidos
por la conciencia.
Este mundo no es eterno, ni se necesita que lo sea. Cuando esta morada deje de
tener la razón que ahora tiene para existir, desaparecerá.
Cuando vuestro espíritu ya no necesite las lecciones que da esta vida, porque otras
más elevadas le esperan en otro mundo, entonces, con la luz adquirida en esta lucha,
dirá: Con cuánta claridad comprendo ahora que todas las vicisitudes de esta vida sólo
fueron experiencia y lecciones que Yo necesitaba para comprender mejor. Cuan larga
me parecía esa jornada cuando los sufrimientos me agobiaban; en cambio ahora, que
todo ha pasado, cuan breve y fugaz me parece ante la eternidad.
He recibido el tributo de toda la Creación, desde los astros mayores hasta los seres
menos perceptibles a vuestra mirada.
Todo está sujeto a evolución, todo camina, todo avanza. Todo se transforma, se
eleva y se perfecciona.
Cuando haya alcanzado la cumbre de la perfección, mi sonrisa espiritual, como
una aurora infinita será en todo el Universo, del que habrá desaparecido toda mancha,
miseria, dolor e imperfección.

El canto de alabanza de la armonía restituida

En mi Espíritu existe un himno cuyas notas nadie ha escuchado, nadie lo conoce
en el Cielo, ni en la Tierra.
Ese canto será escuchado en todo el Universo cuando el dolor, la miseria, las
tinieblas y el pecado hayan quedado extinguidos.
Aquellas divinas notas encontrarán eco en todos los espíritus, uniéndose el Padre
y los hijos en ese canto de armonía y felicidad.
Quiero en vosotros levantarme triunfador; quiero que vosotros contempléis al Rey
de los Ejércitos como a vuestro Padre, victorioso sobre vuestra maldad y a vosotros
como soldados llenos de dignidad espiritual, llenos de satisfacción y de paz.
Entonces se escuchará el himno de la armonía universal en la mayor de las
victorias, de ese triunfo que ha de venir, pero del cual ni vuestro Padre, ni vosotros os
enfadaréis de tener vencidos bajo vuestro amor.
Nuestros vencidos no serán los espíritus, será el mal, todas las tinieblas, pecados e
imperfecciones.
El triunfo del Padre estará en la salvación de todos los espíritus retrasados,
arraigados en la tiniebla y en el mal.
Estáis en un error si creéis que alguno se perderá, dejaría de ser Dios si un solo
espíritu no encontrara salvación.
Todos aquéllos que vosotros llamáis demonios, también son espíritus que han
brotado de Dios y si hoy se encuentran confundidos, ellos también encontrarán
salvación.
¿Cuándo será la verdadera luz en ellos? Cuándo vosotros unidos a las legiones
espirituales de luz, combatáis su ignorancia y su pecado con vuestra oración y
vuestras obras de amor y caridad.
La dicha perfecta del Padre y de vosotros, será el gran día del
Señor. El festín universal será cuando todos os alimentéis en su mesa con el pan de
vida eterna.
¿No os he dicho que sois los herederos de mi Gloria? Pues sólo falta que hagáis
méritos para que sea vuestra y la gocéis.
Todo lo que he creado no ha sido para Mí, sino para mis hijos. Yo sólo quiero
vuestro gozo, vuestra felicidad eterna.
Toda la fuerza que animó a los seres y dio vida a los organismos volverá a Mí;
toda la luz que iluminó a los mundos, retornará a Mí, y toda la belleza que fue
derramada en los reinos de la Creación, será en el Espíritu del Padre, y una vez más
en Mí, aquella vida se transformará en esencia espiritual, la cual será derramada sobre
todos los seres espirituales, en los hijos del Señor, porque de los dones que os di
nunca seréis desheredados.
Sabiduría, vida eterna, armonía, belleza infinita, bondad, todo esto y más será en
los hijos del Señor cuando habiten con Él la morada perfecta.

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