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Triunfo y reconocimiento de la obra espiritual de




Difusión del Espiritualismo a través de enviados

Mi Ley será el arca de salvación en este tiempo; cuando las aguas del diluvio de
maldades, de dolores y miserias se hayan desatado, en verdad os digo que los
hombres de otras naciones, en caravanas llegarán a este país atraídos por su
espiritualidad, su hospitalidad y paz, y cuando hayan conocido esta revelación y
tengan fe en lo que dije en mi nueva venida como Espíritu Santo, les nombraré
también israelitas por el espíritu.
Entre esas multitudes estarán mis emisarios, a quienes haré retornar a sus pueblos
para llevar a sus hermanos el divino mensaje de mi palabra.
Mas no todos vendrán a esta nación para conocer la enseñanza que os traje, porque
muchos la recibirán espiritualmente.
Todos recibiréis la paz, según la hayáis labrado, mas os prometo mejores tiempos.
Después de la depuración que ha de hacerse en la Tierra, vendrán seres enviados
por Mí, espíritus virtuosos con grandes misiones a formar la familia obediente.
Cuatro generaciones después de la vuestra pasarán, para que mi Doctrina se
extienda por el Orbe y recoja hermosos frutos.

La lucha por el reconocimiento de la Nueva Palabra

Hoy es una corta porción la que me circunda, pero mañana serán inmensas las
multitudes que me rodeen; entre ellas vendrán los fariseos, los hipócritas, buscando
errores en mi Doctrina para excitar el ánimo de las turbas contra mi Obra. Ellos no
saben que antes de que escudriñen mi palabra, ellos serán escudriñados.
En aquel tiempo me juzgaron tres jueces: Anas, Pilatos y Herodes, y el pueblo
cumplió en Mí la sentencia. Ahora os digo que son muchos mis jueces y mayor
número los que me harán sentir el dolor en este tiempo.
Pero cuando más abominen los hombres de mi Ley y mi Doctrina, cuando sea más
perseguido y negado, surgirá la voz de los hombres de fe, porque no sucederá lo que
en el Segundo Tiempo, ahora no estaré solo.
Habrá un instante en que mi palabra dada en este tiempo, aparentemente quede
borrada del haz de la Tierra.
Entonces se levantarán los hombres inventando doctrinas espiritualistas,
enseñando nuevas leyes y preceptos, se dirán maestros, apóstoles, profetas y enviados,
y Yo, por un tiempo, les dejaré hablar y sembrar, les dejaré cultivar su simiente, a fin
de que al recoger el fruto, sepan qué fue lo que sembraron.
El tiempo y los elementos pasarán sobre sus siembras y su paso será como un
juicio para cada uno de esos seres.
Es menester que el mundo sepa de la impostura, para que reconozca la verdad.
Entonces, la verdad y la esencia que en este tiempo os entregué, volverán a resurgir
entre la humanidad en toda su pureza y espiritualidad.

El poder de la Doctrina del Espíritu Santo

Una nueva era se ha abierto para la humanidad, es la era de la luz, cuya presencia
marcará un alto en el camino espiritual de todos los hombres, a fin de que despierten,
mediten, se despojen del fardo pesado de sus tradiciones, de su fanatismo y de sus
errores, para después levantarse a una nueva vida.
Unas antes y otras después, todas las religiones y sectas irán llegando ante el
Templo invisible, ante el Templo del Espíritu Santo que está firme como una columna
que se eleva al infinito, en espera de los hombres de todos los pueblos y linajes.
Cuando todos hayan penetrado al interior de mi santuario para orar y meditar,
alcanzarán unos y otros el mismo conocimiento de mi verdad; por lo que una vez
terminado ese ALTO en el camino, todos se levantarán unidos en una misma Ley y
tendrán una misma forma de rendir culto a su Padre.
Yo, en unión del pueblo que estoy formando y al cual saqué de la oscuridad y la
ignorancia, daré cumplimiento a las profecías dadas en los tiempos pasados y ante mis
pruebas y prodigios se estremecerá el mundo y los teólogos e intérpretes de las
profecías quemarán sus libros y se prepararán para estudiar esta revelación. Hombres
con título, hombres de ciencia, hombres de cetro y corona, se detendrán a escuchar mi
Doctrina y muchos dirán: ¡Cristo, el Salvador, ha vuelto!
De cierto os digo que mi palabra hará cambiar la faz de vuestro mundo actual y de
toda vuestra vida.
Para los hombres de este tiempo, el mundo y sus placeres son la razón de su vida,
más pronto sabrán anteponer el espíritu al cuerpo, y el cuerpo al vestido, y en vez de
ir tras las glorias mundanas, buscarán la inmortalidad del espíritu.
Habrá al principio fanatismo por lo espiritual, el cumplimiento será llevado al
extremo; mas luego se serenarán los corazones y la espiritualidad surgirá llena de
verdad y de pureza.

Mi Doctrina causará grandes revoluciones en el mundo, habrá grandes
transformaciones en las costumbres e ideas y hasta en la Naturaleza habrá cambios;
todo esto señalará la entrada de una nueva era para la humanidad y los espíritus que
en breve tiempo enviaré a la Tierra, hablarán de todas estas profecías para ayudar a la
restauración y elevación de este mundo, explicarán mi palabra y analizarán los
hechos.
Un nuevo canto surgirá del espíritu de todos los que no podían contemplarme y
que al fin me vieron, porque a pesar de sus imperfecciones, me buscaban, y ya sabéis
que el que me busca siempre me encuentra.
En cuanto a los que me han negado, a los que han huido de Mí, a los que han
callado mi nombre, a los que desmienten mi presencia, serán puestas en su camino
aquellas pruebas que les hagan abrir los ojos y contemplar también la verdad.
Como un río que corre con ímpetu arrastrándolo todo, así será el torrente que
formen las multitudes espiritualistas, río que nadie podrá detener porque su fuerza
será invencible, mas aquél que a su paso quisiera interponerse como obstáculo, será
arrastrado por la corriente.
¿Quién podrá tener en la Tierra potestad para detener la evolución de los espíritus
o el curso de los planes de Dios? Nadie; el único Ser absoluto en poder y en justicia es
vuestro Padre y Él ha ordenado que todo espíritu avance hacia la perfección.
Si por instantes mis leyes divinas han sido desobedecidas por los hombres, hago
que mi voz, cual si fuese el eco de una campana sonora, sea escuchada hasta por los
muertos a la vida espiritual.
Cuando la Humanidad conozca mi Enseñanza y penetre en su sentido, depositará
en ella su confianza y se afirmará en la creencia de que es el certero camino, la guía
para todo ser que quiera vivir en la justicia, en el amor y en el respeto hacia sus
semejantes.
Cuando esta doctrina se asiente en el corazón de los hombres, se iluminará la vida
del hogar, fortaleciendo a los padres en la virtud, a los matrimonios en la fidelidad, a
los hijos en la obediencia y colmará de sabiduría a los maestros, hará magnánimos a
los gobernantes e inspirará a los jueces, para que hagan verdadera justicia; los
científicos se verán iluminados y esta luz les revelará grandes secretos para el bien de
la Humanidad y para su evolución espiritual. Así empezará una nueva era de paz y de
progreso.

La aceptación del regreso de Cristo

Cuando el hombre haya descendido al fondo del abismo y cansado de luchar y
sufrir ya no tenga fuerzas ni para salvarse a sí mismo, verá maravillado cómo surge
del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, una fuerza
desconocida que es la que emana del espíritu, el cual al darse cuanta de que ha llegado
la hora de su liberación, batiendo las alas se levantará de los escombros de un mundo
de vanidades, de egoísmo y de mentiras para decir: ahí está Jesús el repudiado, Él
vive, en vano le hemos querido matar a cada paso y en cada día; vive y viene para
salvarnos y darnos todo su amor.
En verdad os digo, que si en aquel tiempo hasta los reyes se maravillaron de la
humildad en que nací, en este tiempo también habrá sorpresa cuando todos sepan el
medio humilde que elegí para entregaros mi palabra.
Ahora se encuentra la humanidad en preparación. Es mi justicia la que le prepara,
sin que todavía los hombres se enteren de ello, porque en su soberbia, en su orgulloso
materialismo, todos los acontecimientos de su vida que le son inexorables, los
atribuye al acaso.
Pero ya llegará mi llamado a los corazones y entonces se acercarán contritos a
pedirme que su orgullo y sus errores les sean perdonados.
Esa será la hora crucial para el espíritu de la humanidad, en la que por un instante
experimente el vacío absoluto, después de sus grandes desengaños, cuando
compruebe lo falso de su grandeza, lo frágil de su poder, lo erróneo de sus ideologías.
Mas ese estado de confusión no se prolongará mucho, porque para entonces mis
emisarios estarán avanzando, extendiendo mi nuevo mensaje.
Otra vez, como en tiempos pasados, en que del Oriente avanzaban los misioneros
de mi Doctrina extendiendo el conocimiento de mi palabra hacia el Occidente, así en
este tiempo, volverá el mundo a ver a mis emisarios, llevando a los pueblos y a los
hogares la luz de este mensaje.

¿Le extrañaría a los hombres que ahora la luz vaya de Occidente hacia Oriente?
¿Irán por esta causa a desconocer el mensaje que mis portadores les llevan en mi
nombre?
Hay razas enteras que no me reconocen, hay pueblos que se obstinan en apartarse
de mis leyes, en no conocer mi Doctrina, en oponerse a ella juzgándola impropia de
este tiempo.
Son los que no me han comprendido, son los obstinados en las libertades
terrestres; son los que muchas veces practican el bien por conveniencia propia y no
por elevación del espíritu.
Mas para cada pueblo y raza, preparada está mi justicia y las pruebas, y ellas están
llegando día tras día para al fin fortalecer su corazón y espíritu, como si fuesen tierras
laborables, y una vez preparadas depositar en sus entrañas la semilla, la simiente
eterna de mi amor, de mi justicia y de mi luz.
¡Y esos pueblos hablarán con amor de Mí, esas razas nacerán para la esperanza en
Mí y habrá cánticos en el espíritu de todos los pueblos de esta humanidad, coros de
alabanza y de amor al único Señor de todos los hombres!

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