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Sobre las mujeres




Sobre las mujeres

Dame cualquier llaga, pero no llaga del corazón.
Dame cualquier maldad, pero no maldad de mujer.
Cualquier desgracia, pero no de manos de los que me aborrecen
cualquier venganza, pero no venganza de enemigo.
No hay veneno peor que el de la serpiente
no hay cólera como la del enemigo.
Preferiría vivir con un león y un dragón
antes que con una mujer malvada,
La maldad de la mujer altera su semblante
y oscurece su rostro como el de un oso.
En medio de los enemigos se sienta su marido,
y sin querer suspira amargamente,
Toda maldad es poca comparada con la de la mujer:
la suerte del pecador caiga sobre ella.
Cuesta arenosa para pies de anciano
es la mujer deslenguada para un marido pacifico.
No te dejes seducir por la belleza de una mujer, y no la desees.
Esclavitud, ignominia y vergüenza grande
es que la mujer mantenga a su marido.
Corazón afligido, rostro entristecido y herida de corazón
es la mujer perversa.
Manos inertes y rodillas vacilantes,
Tal es la mujer que no hace dichoso a su mando.
Por la mujer comenzó el pecado,
y por ella morimos todos.
No des salida al agua,
ni a la mujer mala libertad de hablar.
Si no va como tú quieres,
sepárate de ella y despídela.
Dichoso el marido de una mujer buena;
el número de sus días se duplicará.
La mujer animosa es la alegría del mando,
que llenará de paz sus años.
La mujer buena es una gran herencia;
será dada en dote a los que temen al Señor;
sea rico, sea pobre, su corazón estará alegre,
con semblante siempre gozoso.
Tres cosas me dan miedo,
y una cuarta me espanta:
la calumnia que va por la ciudad, un motín popular
y la falsa acusación.
Las tres son peores que la muerte.
Aflicción de corazón y duelo es la mujer celosa de otra,
y azote de lengua para cuantos con ella viven.
Yugo de bueyes mal ajustado es la mujer mala;
intentar dominarla es como coger un escorpión.
La mujer borracha es motivo de profunda irritación
no podrá ocultar su vergüenza.
La desvergüenza de una mujer se muestra en su mirar descarado
y se reconoce en el movimiento de sus párpados.
Con la Hija desenvuelta redobla tu vigilancia;
no sea que, hallando ocasión propicia la aproveche.
Vigila con cuidado a la de ojos atrevidos,
y no te extrañes si te falla.
Como viandante sediento abre ella su boca
y bebe de todas las aguas que encuentra;
se sienta en cualquier parte
y ofrece su cuerpo a la lujuria.
La gracia de la mujer alegra a su marido,
y su saber le vigoriza los huesos.
Don del Señor es la mujer reservada,
la persona bien educada no tiene precio.
La mujer honesta es gracia sobre gracia,
la recatada es de valor inestimable.
Como el sol que se alza en los más altos montes
es la hermosura de la mujer buena en una casa bien cuidada.
Como lámpara que brilla sobre candelabro santo,
así es la belleza de un rostro femenino sobre cuerpo bien formado.
Como columnas de oro sobre base de plata,
así son las piernas graciosas sobre firmes talones.

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