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Miseria de la vida humana




Miseria de la vida humana

Una penosa tarea se impuso a todo hombre,
y un yugo pesado a los hijos de Adán,
desde el día que salen del seno de su madre
hasta el día que vuelven a la madre de todos,
El objeto de sus reflexiones y el temor de su corazón
es la espera ansiosa del día de la muerte.
Desde el que se sienta en trono de gloria
hasta el humillado en polvo y ceniza;
desde el que lleva púrpura y corona
hasta el que se viste de burdo paño
están sujetos a cólera, envidia, turbación,
terror, temor de la muerte, rivalidades y querellas.
Y al tiempo del descanso en su lecho,
el sueño trastorna su mente.
Apenas ha descansado un poco o nada,
lo mismo en sueño que en vigilia,
se siente turbado con las visiones de su mente,
como un fugitivo del frente de batalla.
En el preciso momento de la liberación,
se despierta maravillado de lo injustificado de sus temores.
Así es con todo ser vivo, desde el hombre a la bestia;
y para los pecadores, siete veces más.
Muerte y derramamiento de sangre, querella y espada,
calamidades, hambre, tribulación y plagas:
todas estas cosas fueron creadas para los que cometen injusticias,
y por ellos sobrevino el diluvio.
Todo lo que de la tierra proviene, a ella volverá;
y lo que proviene de las aguas, al mar retornará.
Todo soborno e injusticia serán borrados,
mas la lealtad permanece para siempre.
Las riquezas de los malvados se secarán como un torrente,
como un gran trueno se pierde entre el ruido de la lluvia.

Al abrir él sus manos se alegra
pero los pecadores irán a la ruina.
Los retoños de los malvados no se llenan de ramas,
porque sus impuras raíces están sobre suelo rocoso.
Es como caña que crece junto a las aguas y a la orilla de los ríos
será arrancada antes que toda hierba.
La generosidad es como un paraíso de bendiciones,
y la limosna permanece para siempre.
La vida del libre y del trabajador es dulce,
pero más que ambas cosas el que halla un tesoro.
Los hijos y edificar una ciudad perpetúan el nombre;
pero más que ambos, una mujer sin tacha.
vino y música alegran el corazón;
pero más que ambos, el amor de la sabiduría.
Flauta y salterio hacen agradable melodía;
pero más que ambos, una lengua afable.
Tu ojo desea gracia y belleza;
pero sobre ambas está el verdor de los campos.
Un amigo y un compañero se encuentran a su tiempo,
pero sobre ambos está la mujer con marido.
Hermanos y protectores son útiles en tiempo de aflicción,
pero más que ambos libra la limosna.
El oro y la plata dan firmeza a los pies,
pero más que ambos se estima el consejo.
Riquezas y fuerza levantan el corazón;
pero más que ambos, el temor del Señor
porque con el temor del Señor nada falta,
y con él no hay por qué buscar auxilio.
El temor del Señor es como un paraíso de bendiciones,
Y mejor que toda gloría él protege.

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