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Cuando Pedro y Mateo se hicieron amigos.




Cuando Pedro y Mateo se hicieron amigos.

Una vez estaba Jesús con sus Apóstoles, y aunque estaba un poco, Pedro, renegado, porque había cogido a Mateo, el recaudador de impuestos… pues Mateo le dio las gracias a Jesús y Jesús le dijo; quiero cenar esta noche en tu casa.
Los Apóstoles se acercaron a Él y le dijeron; pero Jesús, ¿cómo puedes cenar con un pecador, con un republicano? A demás es recaudador de impuestos, nos está robando a nosotros.
Y Jesús dijo; Yo no he venido a sanar a los que están buenos, he venido a sanar a los que están enfermos.
Hasta ahí lo entendieron bien.
Jesús llegó por la tarde y entró en la casa de Mateo, Jesús les invitó también a ellos, a los Apóstoles, pero los Apóstoles se quedaron en la puerta. Jesús entró y entonces se puso a comer, y Mateo le dijo; ¿por qué no nos hablas de eso que vas enseñando por ahí?
Y dice; de a cuerdo, os voy a contar una historia;
Una vez había un padre que tenía dos hijos, y uno de estos hijos, más joven, era el más nervioso, y uno de los días le dice a su padre; ¿padre, por qué no me das la parte de herencia que me corresponde?
Y el padre le dijo; ¿para qué quieres la herencia hijo?
Y el hijo le contestó; ¿para qué la quiero después cuando esté viejo y me vaya a morir? Pues ahora que la puedo disfrutar.
El otro hijo no estaba a favor, se puso en contra. Pero bueno, el padre le dijo; bueno, pues si tú quieres, como te pertenece, puedes hacer con ella lo que quieras. Le dio sus tiendas, le dio una piara de ovejas, y esclavos. Bueno, se fue.
Este hijo empezó a vivir una vida de pecado, empezó a malgastar el dinero, vendió las ovejas, vendió los esclavos y las esclavas, y vivía una vida lujuriosa, derrochando todo lo que tenia, “hasta que se quedó sin nada” claro cuando se quedó sin nada, ya no podía vivir como vivía hasta hoy, y entonces pensando dijo; pues yo era pastor allí con mi padre, ¿por qué no puedo serlo aquí?
Empezó a buscar de pastor, pero no le daban de pastor, no encontraba, se le acabó todo lo último que le quedaba y cuando vino por allí por aquella época mucha, mucha pobreza, no se criaba nada, una sequedad. Todo estaba seco, todo estaba mal, “no le daban trabajo de nada” más una vez había un hombre que tenía una piara de cerdos, por aquel entonces, pastor de cerdos era lo más bajo que había, nadie lo quería, lo detestaba, pero bueno como no había otra cosa, pues se puso de pastor de cerdos. Ganas le daban de saciarse con las arrobas, “pero ni eso le daba”, “ni eso le estaba permitido”.
Un día se puso a pensar; en la casa de mi padre, yo tenía ropas limpias, nuevas, sandalias, yo tenía todo lo que quería, “hasta el esclavo más bajo que tenía mi padre, está mejor que yo”, Dijo; voy a ir a mi padre y le voy a pedir que me contrate cómo jornalero, por lo menos estaré mejor que aquí.
Así lo hizo, dejo aquella tierra y se fue en busca de su padre. Su padre que apenas ya podía ver, un esclavo a lo lejos vio a su hijo y le dijo; ¡señor, su hijo viene!¿Cuál de ellos?
¡Aquél que se fue, aquel que se fue!,¡Llévame hasta él!
Lo cogió del brazo y lo llevó hasta él, cuando llegó hasta él, el hijo se arrodilló ante el padre y le dijo; padre, he pecado contra el cielo y contra ti, no merezco ser hijo tuyo, he venido a pedirte que me contrates como jornalero.
Su padre lo cogió y le dijo; levántate hijo mío, lo que buscas no lo encontraras en el suelo. Lo abrezó, lo besó, dijo; “ay mi hijo” estaba perdido y ha sido encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida.
¡Pronto! Le dijo ¡pronto! Al esclavo; ¡ve a la tienda, tráele las mejores ropas, las mejores sandalias nuevas, ponle un anillo, lavarlo, ponle un anillo en el dedo, mata al ternero mejor cebado y vamos a celebrarlo!
A esto que el otro hijo volvía de traer al rebaño, porque también era pastor, y oyó música y cantos en la casa de su padre, le preguntó a uno de los jornaleros; ¿qué pasa en mi casa?
Le contestaron; tú hermano, el perdido, que ha vuelto.
Salió corriendo y cuando entró en la tienda de su padre, toda la música se paró, todos se quedaron mudos, y le dijo; ¡padre, cómo has cogido a este, no merece ser hijo tuyo, te ha deshonrado, ha cogido y a malgastado tu herencia ¿y ahora que vuelve, a por la mía?!
Su hermano se puso de rodillas y le dijo; perdóname.
Su padre lo cogió y le dijo; hijo mío, quiero que entiendas, te lo ruego, tu hermano estaba perdido y ha sido encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida.
Entonces, Jesús, cuando acabó de decir aquella historia, cogió a Pedro y le dijo; ¿quieres matar a tu hermano? ¿Quieres matar al recaudador de impuestos?... ¡mátalo!
Y Pedro, llorando como un niño, le dijo; maestro, perdóname.
Cogió y se abrazó a Mateo y le dijo; Mateo, perdóname.
Desde aquél día se hicieron los amigos mejores de todo los Apóstoles.

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