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El milagro de los panes y los peces.




El milagro de los panes y los peces.

Otra vez iba Jesús al monte Hartag y mucha gente le seguía ¡mucha gente! - Hartag está cerca de Cafarnaúm, lo divide un rio -. Mucha gente subió la montaña, Jesús estaba orando, cada vez venia más gente y más gente, más gente, los apóstoles decían; ¿Qué vamos hacer cada vez viene más gente?
Entonces le preguntaron; ¿Pedro por qué no hablas con el maestro?
Dice; está orando no puedo molestarlo.
¿Pero y que vamos a hacer, cómo vamos a darle de comer a tanta gente?
A esto que Jesús dijo; ¿Qué pasa?
Maestro solamente tenemos dos panes y cuatro peces, ¿cómo vamos a dar de comer a tanta gente?

Dijo; poner un pez en cada cesta, los dos panes en cada una de las cestas.
Y Jesús dijo; darle de comer a toda esa gente.
Los apóstoles se quedaban incrédulos diciendo; tanta gente, si esto no tocamos ni…
Cuando empezaron a darle de comer a la gente, sacaban y no se acababa, los panes y los peces no se acababan y toda la gente bendijo a Jesús.
Los apóstoles también se llenaron de gozo aquel día, viendo el milagro de los panes y los peces.
Cuando ya comieron, Jesús les dijo; bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielo, y bienaventurados los justos, porque ellos tendrán justicia, bienaventurados los que tengan hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados, bienaventurados los sabios, porque ellos heredaran la sabiduría.

Y cuando acabó de decir las bienaventuranzas, se dirigió a sus apóstoles diciendo; bienaventurados todos aquellos que han sido perseguidos, que serán perseguidos por mi nombre, a causa por Mí, porque ellos heredaran la gloria del cielo. Bienaventurados aquellos que os ultrajen aquellos que os maltraten y os maldigan, porque ellos heredaran la tierra.
Después les dijo a sus apóstoles; todo lo que deis en mi nombre, aunque sea un vaso de agua, no quedará sin recompensa, porque Dios es justo y misericordioso.
No acumuléis riquezas en la tierra, donde el robín y la polilla las corroen y las corrompen, acumular riquezas en los cielos, porque donde está vuestro corazón está vuestra riqueza, acumular las riquezas en el cielo, porque esas son eternamente para siempre. Todo el que quiera subir al cielo, a de subir con las manos llenas, porque si no subes con las manos llenas no podrás entrar en el reino de los cielos.
Que vuestra mano esté siempre para dar limosna, porque Dios ama tanto a los pobres que no hay palabras que puedan comprender ese amor. No os deis a la avaricia y a la usura, porque eso os hará caer a lo más hondo.

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