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José, el hijo de Jacob.




José, el hijo de Jacob.

Una vez estaba José, el hijo de Jacob, con sus hermanos, pero sus hermanos le tenían mucha envidia porque era el preferido de Jacob. Y entonces, una vez se fue con ellos a pastar con el rebaño, y entonces les contó un sueño que había tenido a los hermanos. Decía que había soñado con muchas espigas, y que las espigas se inclinaban ante él. Los hermanos lo tomaron como que ellos no se iban a inclinar ante él, por la envidia que le tenían. Entonces Esaú quería matarlo, pero los demás hermanos se opusieron, lo tiraron a un pozo seco y estuvo toda la noche allí. Después al otro día por la mañana, los hermanos se habían ido. Echaron una cuerda y subieron a José, y eran unos mercaderes, lo habían comprado como esclavo a José. Sus hermanos habían recibido una suma de dinero a cambio de su hermano. Se llevaron a José a Egipto y lo vendieron, y entonces lo compro un hombre de poder, y la mujer quiso abusar de él. Lo volvieron a meter en la cárcel otra vez. En la cárcel avía un hombre que decía que era bueno y que era el que le llevaba la comida y la bebida al faraón. Entonces tuvo un sueño y se lo contó a José, y José le dijo que en tres días iba a salir. A los tres días salió. Entonces el faraón tuvo unos sueños que no lo dejaban en paz, y este hombre, el que le preparaba la comida, “el cocinero”, le dijo que había un hombre que sabía interpretar los sueños, porque todos sus magos no podían hacer nada. Entonces mandaron a José y el faraón dijo: este es el sueño; he tenido un sueño en el que veía siete vacas muy gordas, muy hermosas y otras siete vacas muy flacas. Las flacas se comían a las gordas. Y siete espigas rebosantes de salud que se marchitaban, se secaban y se morían. Entonces José dijo; esta es la interpretación: las siete vacas gordas son siete años de abundancia y las siete vacas flacas son siete años de hambruna. Vendrá sobre Egipto un hambre, sobre todo el país. Y entonces dijo; y las siete espigas son los siete años de abundancia, y las siete espigas secas son los siete años de hambruna. Las siete espigas es; siete años habrá de abundancia, en los graneros de los Dioses, se puede almacenar, para que en los siete años en que las espigas se marchiten y se pudran y se sequen, pues, no pueda pasar hambre Egipto. Entonces lo llamó “el salvador”. Y le dio un sello, y le dio poder sobre todo Egipto.

Cuando llegaron los hermanos de José, no lo conocieron. Como había ya mucha hambre, pues él administraba todo el trigo, la cebada, todo lo que tenían. Entonces les dijo; vosotros sois espías. No, no, nosotros no somos espías, somos de la tierra de Canaán. Venimos porque hay hambre, y nos han dicho que aquí en Egipto podemos comprar comida. Entonces les dijo; bueno. Les dio el trigo, les vendió, y la bolsa del dinero la metió en uno de los sacos. Entonces llegaron los soldados y se los llevaron, y les dijo: ¡me habéis robado, os doy el trigo y me robáis el dinero, no me pagáis! No, no, no, nosotros no hemos hecho eso. Total que se excusaron, y José les dijo; ¿Cuántos hermanos sois? Dijo: somos siete hermanos. Dice; ¿cómo es que habéis aquí seis? Dice; porque nuestro hermano pequeño, el menor, benjamín, se ha quedado con nuestro padre porque… y entonces dijo; ¿por qué? Dice; porque uno de nuestros hermanos murió, una fiera lo devoró. Y nuestro padre no quiere que vuelva a pasar esto. Entonces dijo; Esaú se va a quedar aquí prisionero hasta que me traigáis a benjamín. Se fueron todos y le dijeron al padre lo que había pasado, y el padre dijo; ¡es una trampa! Entonces dijeron; Aunque sea una trampa, no podemos dejar a Esaú nuestro hermano allí. Entonces el padre aceptó y se llevaron a benjamín. Entonces les dio de comer cuando llegaron, y José les dijo: cuéntame más sobre vuestro hermano José. Y entonces unos se miraban a otros; ¿quien le ha dicho el nombre, como sabe el nombre...? se lo había comido una fiera. Y José les dijo; ¡eso es mentira, vosotros lo vendisteis como esclavo! Todos se quedaron atónitos; ¡nosotros no queríamos, no, no, fue Esaú! Entonces José se quitó la corona y le dijo a Esaú: yo te perdono Esaú, Hermano. Se quedó Esaú mirando y dijo; José, perdóname. Y se abrazó a él, y todos los hermanos se abrazaron a él, de tanta alegría de que habían encontrado a su hermano, “y los perdonó a todos. Entonces les dijo que se trajeran a su padre y a toda la familia, a Egipto. Y allí estuvieron viviendo muchos años hasta que murió el faraón, y otro faraón entró “malo”. Fue cuando metieron prisioneros a todos los hebreos, para hacer las pirámides y todo aquello, hasta que llegó Moisés.

José sufrió mucho, pero al final les dijo a sus hermanos: me vendisteis como esclavo, y todo lo que he pasado ha sido porque Dios lo quiso así, para que yo pudiera hacer que vinierais aquí conmigo, para estar aquí felices todos, y juntos. Y estar bien, porque Dios lo quiso así.

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