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Milagros de Jesús.




Milagros de Jesús.

Una vez iba Jesús por Cafarnaúm, cerca de Jerusalén, y salió al encuentro un hombre; Jesús, cura a mi hijo, que el Demonio lo ha poseído.
Y salió endemoniado el hijo de este hombre, y Jesús le puso la mano, y le dijo; Satanás, Satanás, ¡Satanás! aléjate de esta criatura y déjala en paz.
Cuando Satanás vio que era el hijo de Dios le dijo; no me atormentes más, deja que nos saquemos de esta criatura y nos metamos en aquellos cerdos.
Había una piara de cerdos allí al lado y entonces se metieron en la piara de los cerdos, “porque Jesús les dio permiso”. Todos los cerdos salieron endemoniados corriendo y cayeron por un barranco y se mataron. Al ver eso, la gente del pueblo lo echaron de allí, echaron a Jesús de allí. Decían; tú trabajas para el demonio, vete de aquí, no te queremos aquí.
Y lo echaron, y Jesús se volvió y dijo; no volveré a este pueblo hasta que no digáis, vendito sea el que viene en el nombre del Señor.
Y cogió y se fue.

Otra vez estaba Jesús en Nazaret, donde vivía, “donde se había criado” y salió un hombre a su encuentro; Jesús, mi hijo está paralitico y no anda, ¿por qué no coges y lo curas Tú? Que puedes.
Cogió al paralitico, cogió las piernas y le dijo a las piernas; piernas os mando que andéis.
Y las piernas le obedecieron.
Se levantó y le dijo a aquel; muchacho, levántate y anda.
Cuando vieron que se levantó el paralitico y ando; ¡milagro, es el hijo de Dios, milagro!
Y así siguió Jesús por aquellas tierras, predicando la palabra de Dios, y haciendo curaciones, a lo que vino, lo cumplió, y todos lo rechazaron y lo negaron. Él cumplió hasta el último de los hechos y hasta la última palabra que su padre le había mandado. Tuvo sus tentaciones al final, cuando en el monte de Getsemaní iba Barrabás a prenderlo, Satanás, de odio dijo; ¡corre que vienen a prenderte, todavía estás a tiempo!
Y entonces dijo; ¡aléjate de mí Satanás!
Cayó de rodillas y le dijo; Padre, haga sé en mí según tú palabra, que no se cumpla lo que Yo diga, sino lo que Tú mandes.
Después murió en la cruz, y al tercer día resucitó entre los muertos y María Magdalena la más fiel de sus apóstoles, lo vio, y Jesús le dijo; no me toques María, porque todavía no he subido hasta el padre. Ve a mis hermanos y les dices que me has visto, y que pronto iré a verlos.
Y fue cuando pasó lo de Tomás,

Después antes de subir al Padre, los Apóstoles estaban donde estaban los pescadores, arreglando las redes para pescar, y Jesús se apareció y dijo; ¿Pedro me amas, Pedro me amas, “Pedro me amas”?
Y Pedro saltó; ¡Tú lo sabes bien!
Y Jesús le dijo; Pedro, apacienta mis corderos. Ve, y marchar, ir sobre todo el mundo y predicar la palabra que os he enseñado. Ser dóciles como palomas y astutos como serpientes. No llevareis nada, ni dinero, ni comida, “nada, solo lo puesto” dormiréis en la casa que os dé cobijo y comeréis en la casa que os de cobijo, pero en aquellas casas que no quieran escuchar la palabra, os saldréis sin mirar a tras, os sacudiréis el polvo de vuestras sandalias y Sodoma y Gomorra serán mejor tratadas que esa casa.

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