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Satanás obligado a decir la verdad




Satanás obligado a decir la verdad. 1 Encuentro.


- "Has pedido entrevistarme, aquí estoy”
- “¿Cómo es que has venido? ¿Quién te envía?”
- "He sido obligado".
- “¿Por quién?”
- “¡Por aquella!”
- Dice refiriéndose a La Santísima Virgen María, gritando esta respuesta con un desprecio y con un odio indescriptibles."
- “¡No diré jamás su nombre!'
- « ¿Te quema tanto? «
- "¡La odio infinitamente!", “Porque es la criatura más alta y más Santa…” "¡Él la ha querido así para mi desprecio, para que fuese mi más aplastante humillación!”
- ¿Cómo es posible? ¿Eres el padre de la mentira y dices una verdad tan grande? ¿No te das cuenta que ésta es una alabanza inmensa?...
- “Es ella que me obliga a hablar así, Ella me obliga a decir la verdad. Lo hace para contentarte y para humillarme. Pero tú,- recuérdalo - me las pagarás. Tú no lograrás comprender jamás qué tortura es para mí tenerla que obedecer obligándome a decir ciertas verdades. Yo odio la verdad, porque la verdad es Él, - Jesucristo - ¿comprendes? Tu permaneces horrorizado ante los tormentos a los que tantos subalternos míos someten a sus condenados políticos, recurriendo a la píldora de la verdad, al lavado de cerebro – todos son inventos míos, para que lo sepas - para llevarles a la autocrítica y a sacarles sus confesiones preestablecidas. Peor es el suplicio al que soy sometido por aquella para llevarme a escupirte en la cara ciertas verdades. Por eso, te repito que me las pagarás”.

"Es mi más implacable enemiga". “Es una terrible desbaratadora de mis planes. Es una devastadora de mi reino. No me deja conseguir una victoria y ya me prepara una derrota. Me la encuentro siempre entre los pies. Siempre ocupada en atravesarse en mí camino, a suscitar fanáticos que la ayudan a arrebatarme almas. Allí donde más clamorosas son mis conquistas, en un silencio capilar ella multiplica las suyas. Pero ahora ha llegado el tiempo en que obtendré sobre ella victorias jamás vistas... Esta vez será una victoria total. Creía estar al seguro en una fortaleza inalcanzable. Ahora os he abierto una brecha que será peor que la primera!...

“Tengo de mi parte también a los teólogos. Los mis presuntuosísimos doctores, Si fuese capaz de amar, serían mis amigos más queridos. Vuestros cultivadores del dogma van abandonando una tras otra vuestras posiciones. Los he inducido a avergonzarse de ciertas fórmulas ridículas. A avergonzarse antes que nada de creer en mi existencia y en mi trabajo en medio a vosotros: Cosa para mí comodísima". «De este modo, las fábulas de la Inmaculada Concepción, de la Maternidad Divina, de la siempre Virgen, de la omnipotente llena de gracia están siendo desmoronadas como miserables necedades. Dentro de pocos años quedará solo el recuerdo – vergonzante recuerdo - de tan estúpidas leyendas. Mucho he debido esperar pero ahora ha llegado finalmente mi tiempo. ¡Definitivamente ha llegado mí hora! ¡Si supieras lo bien que trabajan mis aliados: curas, frailes, doctores!... ¿Dónde están ahora los fanáticos de su culto, sus calenturientos simpatizantes?”

- Tú no puedes nada más de lo que te permite Dios. Te lo permite para probar a sus elegidos en el tiempo, y derrotarte para toda la eternidad”… ¿Qué es el infierno?..."
- “Imposible decírtelo". “Ni siquiera ella misma, en Fátima, supo explicarlo”. ¡Aquellos pobres niños por poco no murieron de espanto! "¿Y qué vieron... el infierno es bien distinto... Conténtate con esto”.
- Es inconcebible cómo tú y los tuyos habéis podido atreveros a un pecado de rebelión. ¿Cómo intentar apropiarse de lo que no era vuestro?

- “Porque quiso someternos a una prueba infinitamente humillante para nosotros, espíritus altísimos. Una prueba inimaginable, digna sólo de una revuelta”. "Nos impuso un obsequio muy humillante e inaceptable. Nos puso frente al diseño de la creación del mundo material, de todo el cosmos, por encima del cual os creó también a vosotros los hombres con el propósito de elevaros a la misma dignidad a la que nos había elevado a nosotros, y para colmo de todo, lo que hizo desencadenar nuestra revuelta… nos puso delante de la Encamación del Hijo, hecho hombre, revestido de una naturaleza inferior a la nuestra, y nos impuso adorarle. Nuestra inteligencia se pasmó. Millones de ángeles se sometieron vilmente a Él. Muchísimos de nosotros lo vimos como una afrenta a nuestra dignidad y nos rebelamos. El castigo explotó de inmediato. Nosotros no queremos aceptar nuestra condición de criaturas, de tener necesidad de Él, de estar sometidos a Él. Nos creímos autosuficientes - y lo éramos - de nosotros mismos... En aquel rechazo nuestro gesto es de revuelta... Y en un momento nos encontramos como somos. Su condena fue sin apelación". Tampoco nos hubiéramos sometido a su voluntad.

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