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El miedo no existe, lo creamos nosotros.




El miedo no existe, lo creamos nosotros.

No tienes que tener dudas, si tienes dudas te vendrá el miedo y te caerás, y echarás los brazos para que tu Madre te vuelva a levantar, no serás capaz de levantarte tu solo, porque el miedo paraliza los reflejos. El que está conmigo no debe de tener miedo. ¿Por qué? Porque Yo soy el que soy, y el que es os manda; no tengáis miedo, aunque os caigáis u os levantéis solos.
¿Qué es lo que pasa cuando un hijo se cae, llora y dice?; mamá levántame. Y le dice la Madre; levántate, levántate tu solo. No puedo. Y la Madre le dice; Si, puede, levántate. Y el hijo se levanta. Así debéis de ser vosotros, como el hijo, y la Madre estará ahí siempre con vosotros para deciros; levántate, no tengas miedo que Yo estoy aquí contigo para levantarte.
Principalmente el miedo viene de la desconfianza, de no sentirse protegido, de no tener una protección, y si no tienes una protección, quiere decir que no crees. Pero eso le pasa a mucha gente.
Se debe de tener un aprendizaje, un aprendizaje que te lleva hasta que tú digas “basta”, y superes. Hasta que superes tus miedos.
El miedo es libre, no existe para nosotros el miedo. ¡Bueno, para nosotros los Ángeles¡ Los humanos se inventan el miedo y se lo creen, y cogen del miedo lo que quieren, la porción que quieren, en cada momento la cogen, pero en realidad no existe. Es un algo que creáis vosotros por medio de los pensamientos y de las dudas, y ese miedo os lo creéis. Por eso lo creáis, porque os lo creéis, pero no existe. Si en vez de crear eso ¿no estaríais mejor creando a Dios…? Estaríais más seguros, porque os creeríais que Dios existe, que está ahí. Entonces os daría confianza y no tendríais miedo, y estaríais más seguros, porque Yo me siento seguro teniendo a mi Dios. No tengo miedo porque no existe para Mí el miedo, solo existe Dios. Dios me da lo que me tiene que dar, y ya está.
Todo se basa en la confianza, ¿y la confianza de donde viene…? De no pensar. Del corazón, es de donde viene la confianza. ¿La desconfianza de dónde viene? De los pensamientos.
¿Dónde está el miedo…? ¿Tú crees en el miedo? Pues entonces, si crees en el miedo, un poco, ese poco es el que no crees en Dios. No se pueden tener a dos Dioses. O se tiene a Dios o se tiene al miedo, una de dos. Pero a los dos no se pueden tener. ¿Y cómo te puedes quitar el miedo? No pensando. Pero si no pensaras, ¿cómo ibas a afrontar tu miedo? ¿Cómo ibas a saber que es el miedo, si no piensas? Tendrás que pensar para saber qué es el miedo, y una vez que sepas qué es el miedo, tendrás que poner remedio para defenderte de ése miedo. ¿Sabes ya cuál es tu miedo? Suele ser solo uno, solamente que tú lo divides en varias partes, pero es solo uno, es el mismo.
¿A qué tienes miedo, a no afrontar tu miedo? ¿Por qué? ¿Por qué eres distinto a los demás…? ¿Qué diferencia hay, tú entre los demás…? Yo te veo que tienes una cabeza, dos brazos y dos piernas, y un cuerpo. No veo diferencia, veo un corazón y una cabeza igual que todos. ¿Entonces dime cual es la diferencia? Ninguna. Todos sois iguales, ¿diferencia? Yo no veo ninguna. Ahora, que unos quieran una cosa u otra… eso, ya me callo. Pero eso es escoger, usar la libertad de escoger. ¿Pero diferencia? No. ¿Por qué? ¿Hay unos más feos y otros más guapos…? No. ¿Hay unos más listos y otros más tontos…? ¿Hay unos que son más capaces que otros? No. Todos son lo mismo de capaces, o sois lo mismo de capaces. Y todos sois guapos, y todos sois fuertes, ahora, que penséis que no sois guapos, que sois feos, que no servís para nada, que no hacéis las cosas bien, que no sabéis como vais a hacerlo, que no teníais que estar en este Mundo, que para estar así mejor que dios os lleve…
Esa es la diferencia entre el bien y el mal. El bien te dice: eres guapo, eres capaz, eres fuerte, eres listo, sigue a delante. Lo malo te dice: ¿pero no ves que no sirves para nada, no ves que todo el mundo te dice?: ¿Es que eres tonto? No sirves para nada, no sabes hacer las cosas… todos esos pensamientos son los que hacen obstaculizar tus movimientos. Y ya lo último, lo malo: anda, para estar aquí, ¿para qué vas a estar aquí así? Nadie te quiere, nadie te va a echar de menos y nadie… bueno, lo que tienes que hacer es ser fuerte y seguir adelante. Y intentar hacer las cosas, no te guíes por nadie, y lo que tengas que hacer, hazlo. Las cosas que te den en tu corazón, pues hazlas. Y los Mandamientos siempre delante, y no te olvides de visitar el Sagrario. No pienses, y no te dejes llevar por las gentes, que las gentes te van a hacer caer. Abre tu corazón y déjate llevar por él, porque en el corazón está Dios y estoy Yo. Y Yo siempre, siempre, siempre, voy a estar contigo, hasta el fin de los días.

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