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Dar, para Recibir.




Dar, para Recibir.

No os imagináis la paz y el amor que es la caridad, cuando ayudáis a un hermano, cuando le dais a un necesitado. No se puede expresar el amor que uno siente, y la paz que uno siente. El corazón se pone “grande”, que no coge dentro del cuerpo, de la felicidad tan grande, ¿por qué? Porque Dios os regala esa felicidad.
Cada vez que ayudáis a un pobre o a un necesitado, Dios os regala un don maravilloso, es el don del amor. Porque Dios, no creáis que tiene forma, no se puede ver, Dios no lo ha visto ningún ser humano, porque no es forma, “es amor”, amor eterno y infinito, no tiene fin. Por eso se tiene que manifestar a través del Hijo, o de la Madre. Pero Dios es lo más grande.
Algunos de vosotros lo habéis sentido, ese amor, esa felicidad y esa paz, cuando habéis dado. Cuando habéis dado de corazón, claro, sino… No funciona ese aparato. Pero cuando dais de corazón sin recibir nada a cambio, uno se llena de gozo, de amor, de felicidad, y de paz, “que no le importa nada lo demás. Es que se olvida de todo, solamente quiere estar en esa paz y en esa felicidad, no salir de ahí nunca.
Es una buena demostración de amor, el poder dar, para luego poder recibir los dones de Dios. Eso es lo mejor.
Si supiera la gente lo que es dar con el corazón… la gente daría, daría todo. Pero ellos se pierden el no poder sentir esa felicidad de poder dar a la gente necesitada.
Por mucho que tú recibas, dar una sola cosa, te da mucha más felicidad. Da mucho más, da mucho más que recibir. Si tú das, se va llenando el alma, se va llenando el corazón y eso es mejor que nada ¡mejor que nada! Porque cuando llegues allí arriba, todo eso que has llenado, es lo que vas a entregar, y ese va a ser tu premio, allí en lo alto, es muy hermoso el poder dar.
Hay mucha gente que da y luego se arrepienten de dar. Hay otros que dan y cuando después le vienen los problemas, se arrepienten de haber dado lo que han dado. Hay que dar y ya vendrá lo que tiene que venir. Pero en el momento que das, la felicidad que tienes, eso no tiene precio, vale más que todos los problemas del Mundo.
Todos los hombres Santos de la historia han dado, más que han recibido han dado, y eso ha sido algo formidable. Por eso se les conoce a los hombres, por dar, no por recibir, si no por dar. A los hombres se les recuerda por todo lo bueno que han dado, y hay que aprender de todos los hombres que han dado, para que haya más hombres que puedan dar.
Mucha gente dice: bueno, ¿yo por qué voy a dar? Si al final te mueres y se ha acabado todo, y cuando llegan al otro sitio, y dicen; “pero bueno” ¿no se había acabado todo, esto que significa? Entonces es cuando empieza el verdadero sufrimiento. Por eso es mejor dar. Cuando llegues al otro lado, si no te crees que haya otro Mundo y otra vida, por lo menos da, y si hay otra vida, cuando llegues allí, por lo menos estarás preparado. Porque como dice; vendrá como un ladrón en la noche. Nadie lo espera, nadie. Todo el mundo se acuesta y creen que van a despertar al otro día, pero… nadie sabe a quién le va a tocar hoy, o mañana, o al otro. Nadie lo sabe, por eso, cada día, cada día que sea el último, que esté bien, bien, bien cumplido, porque ese día no vendrá más.

El dar, eso es lo que más vale, cuando te llenas de felicidad, de paz, de amor, eso es algo que la gente tenía que experimentar. Dicen que el amor no existe, pero ése es el verdadero amor. El dar sin esperar nada a cambio. Eso que te llena, ese amor que te llena eso, ese es el verdadero amor. Pero claro, muy pocas personas entienden esto, no pueden entender porque dudan, cierran su corazón, se vuelven insensibles, como si tuvieran el corazón de piedra, entonces no pueden disfrutar de recibir ese amor, esa felicidad, esa paz. Claro que volvemos siempre a lo mismo; hay que saber a quién dar también. Porque si das a una persona que es indigna y no merecedora, entonces no se puede sentir ese amor. Hay que prepararse para saber a quién dar y a quien no, quien es digno y quién no.
Recordar que no se le pueden dar las cosas sagradas a los perros ni las perlas a los cerdos, y tenéis que ser astutos como serpientes y dóciles como palomas. También hay que saber lo que se da, y también depende de lo que te pidan, porque si te piden una cosa que tú ves que lo van a tirar y lo van a pisotear… entonces una cosa sagrada no se le puede dar, si la van a pisotear, o la van a tirar.

En vez de destruir a vuestros hermanos, por lo menos ayudarles, porque la misión de cada uno de vosotros, es ayudar al más necesitado. No darle al banquero, que tiene, o al de la tienda de coches, o al frutero. No se le puede dar al que tiene, si no al que no tiene, al que está necesitado, es al que hay que darle, y entonces alimentareis vuestra fe cada vez más, y de esa manera estaréis mucho mejor, tendréis más paz y más felicidad.

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